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| 4/5/2011 12:00:00 AM

"Las guerrillas le harán más bien a este país superando la violencia que manteniéndola"

El politólogo Juan Carlos Monedero, uno de los ideólogos del chavismo, dice que las actuaciones de la guerrilla no ayudan al movimiento social, defendió la permanencia de Chávez en el poder y cuestionó al Polo Democrático por su falta de autocrítica.

El español Juan Carlos Monedero, profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid, es considerado uno de los ideólogos del ‘socialismo del siglo XXI’. Desde hace varios el investigador y profesor dirige el Centro Internacional Miranda (Caracas), uno de los centros de pensamiento dedicado a la difusión y preservación de la revolución bolivariana. A su paso por Colombia Monedero habló con Semana.com sobre el pensamiento político de Chávez, cuestionó la lucha armada en Colombia e increpó al Polo Democrático por no haber asumido su propia crítica.

Semana.com: ¿Cómo nació su interés por el chavismo?

Juan Carlos Monedero:
Nació cuando una amiga en España, muy conservadora, se lanzó en un ataque furibundo a Chávez. Yo era el asesor del coordinador de la Izquierda Unida Gaspar Llamazares. Con la experiencia de España, un militar no nos hacía gracia. Tampoco un golpista. Lo despachamos igual que a los carapintadas de Argentina. Cuando aumentaron los ataques comencé a interesarme más.

Con el paro patronal, después del golpe, viajamos a Caracas. Era desolador. Cuatro empresas que controlan las importaciones paralizaron todo con avisos en televisión carísimos pagados por multinacionales. Pero no contaban con la reacción contraria. La gente convirtió a Chávez en una figura como la del médico José Gregorio Hernández, lo volvieron el santo que no salvó al pueblo, sino que fue salvado por el pueblo. Ahí hicimos una relación profunda. Me convertí en su asesor.

Semana.com: ¿Cuál es su relación con él?

J.C.M.:
Es de personas comprometidas con procesos políticos iguales, desde lugares diferentes. Después de que salí de Miraflores pasé a crear un think thank encargado de pensar junto con otros intelectuales del mundo, lo que era el socialismo del siglo XXI. Después estuve asesorando al ministro de planificación para armar un centro de administración pública.

Semana.com: Ese proceso político, ¿si ha estado a la altura de las expectativas que despertó?

J.C.M.:
Procuro no ser un torpe europeo que se va a vivir a Caracas la revolución que no es capaz de vivir en su país. En ese sentido, considero que la revolución bolivariana no se parece a sus sueños, pero es lo que más se asimila. Las revoluciones siempre están por debajo de los sueños. Ese discurso tan verboso del presidente Chávez cuando habla en público, es para seguir alimentando el ánimo de un pueblo que sigue esperando a que se pague la enorme deuda social.

En Venezuela la pobreza extrema se ha reducido a la mitad. Por vez primera los pobres tienen asistencia, la alfabetización de Venezuela no tiene comparación con ningún otro país. La región latinoamericana volvió a sentirse orgullosa.

Semana.com: Pero esas cifras que se presentan como avances del gobierno de Chávez están atravesadas por la lectura de la burocracia del gobierno. La prensa se queja de la falta de acceso a la información…

J.C.M.:
Como europeo te digo que las cifras mentirosas son de Grecia, son de Alemania, son de mi país. Las cifras mentirosas son las de Islandia, de los economistas de Harvard o de Yale que hicieron informes de la viabilidad de Islandia antes cayera en bancarrota, lo mismo que hicieron con Irlanda. Las cifras mentirosas son las de Moody’s o las de Standard and Poors que calificaron empresas sin darse cuenta que estaban a punto de quebrar, pero tenían intereses porque eran jueces y parte en el negocio. El cuestionamiento de las cifras es relativo.

Semana.com: Hay que admitir que hubo un descenso de la pobreza extrema, aumentó la cobertura en educación y la atención a la vejez. Entonces, ¿en qué se ha equivocado el presidente Chávez?

J.C.M.:
Cuando veo me salen tres grandes errores del presidente Chávez. El primero es que no es muy bueno eligiendo sus compañías. Cuando ganó las elecciones se alió con gente que después le dio el golpe de Estado; gente por la que ha apostado después le ha salido sinvergüenza.

Otro problema en el que no ha tenido éxito, porque no ha tenido tiempo, es en atacar los problemas endémicos del país como lo son el centralismo, el militarismo, la corrupción, la ineficiencia, el clientelismo del partido, entre otros. Y en tercer lugar el excesivo peso de la figura presidencial, que implica que el país se paraliza si él no toma decisiones. Un presidente con tanta fortaleza lleva a que los demás no hagan su tarea.

Semana.com: Eso conduce a otra pregunta: ¿el chavismo existirá sin Chávez?

J.C.M.:
Ese es el objetivo. Porque si un proceso político depende de una persona, no deja de ser un fracaso. He dicho que el éxito de Chávez depende de que haya mil Chávez dispuesto a defenderlo. Hay varios elementos en esa dirección: A Chávez le duele su pueblo, él se desesperaba porque los procesos de transformación eran desesperadamente lentos. Otro elemento esencial es que, sin necesitarlo, decidió montar un partido político con millones de afiliados, con estructuras internas de democracia. Él pudo montar un partido chavista y no lo hizo, con una honradez muy alta decidió que el proceso debe ser el socialismo está renunciando a identificar al país con su persona y lo está anclando a un corpus ideológico.

Semana.com: Pero… eso es discutible en la medida que pretende mantenerse en el poder. ¿Hasta qué punto es favorable que Chávez no de alternativas para su relevo?

J.C.M.:
En términos de teoría política la limitación de los cargos está clara. En la teoría democrática clásica limitar los períodos es saludable. Ahora bien, Venezuela está en un proceso instituyente, una desestructuración del antiguo régimen que se llamaba la Cuarta República que surgió con el pacto de Punto Fijo. El gobierno se ha enfrentado a poderes grandísimos.

En ese proceso instituyente, lo que en teoría está bien que es la rotación de los cargos, sería un problema. ¿Qué es mejor, que ese proceso democrático se consolide, o que haya una sustitución aún con el riesgo de que ese proceso democrático se quiebre? España necesitó al menos 15 años para recuperar el pulso democrático tras la caída del franquismo.

Semana.com: Entonces, según usted, ¿cuánto tiempo debe permanecer Chávez para que haya democracia en Venezuela?

J.C.M.: Lo que el pueblo decida, primero. Chávez es presidente por voluntad del pueblo. Eso no es baladí. Él se presenta con otras personas que tienen mucho dinero, con apoyo de los medios y con el apoyo internacional. La pregunta es: ¿es mejor poner a otra persona por el solo hecho de rotar, para que llegue la oposición y eche por tierras los logros de estos 12 años? A mí no me parece.

Semana.com: ¿Cómo define la oposición, que desde su punto de vista aduce que no tiene garantías y que ha sido perseguida?

J.C.M.: La oposición es muy dañina, porque no ha terminado de entender que hay una nueva Constitución y unas nuevas reglas de juego, que en lugar de acorralar al gobierno, para que se enroque, lo que tiene es cuestionarlo desde una esfera pública virtuosa. Lo mismo ocurre con la universidad y los medios de comunicación. Los tres podrían hacer una crítica constructiva, pero lo que hacen es decir ‘váyase ya Chávez que me quiero poner yo’.

Semana.com: Chávez, después del Caracazo tuvo una audiencia continental, pero pareciera que ya no es el líder influyente. ¿Eso tiene que ver con la pérdida del poder económico de Venezuela?

J.C.M.: El presidente Chávez se merecía un descanso, después ver los avances en la integración latinoamericana. Desde el principio tuvo claro que así como en los años 20 y 30 el socialismo en un solo país era imposible, entendió que la democracia era imposible en un solo país. Tenía que acompañarse de ese compromiso con otros países, pero él solo aguantó la presión norteamericana y de Europa, y las oligarquías. ¡Cuánto le tienen que agradecer los latinoamericanos a Venezuela por poder presentar las cifras que presentan en el concierto mundial! Yo creo que es importante que Chávez ahora se dedique más a su país.

Semana.com: América Latina es como la eterna promesa, ¿Cuándo va a cuajar este proyecto?

J.C.M.: Ahora, en las capitales de América Latina, la gente al menos sabe los nombres de los presidentes de los países. Antes no. Estados Unidos se concentró en Afganistán e Irak y no se dio cuenta que este lado del continente estaba madurando, y ya se le fue de las manos. El problema es que América Latina está tratando de recuperar el control en un momento de crisis del sistema capitalista, en un momento de endurecimiento de las condiciones económicas pero tiene un momento de unidad que yo no había visto. Debe estar muy alerta porque Estados Unidos recurre a la guerra cuando le falta el petróleo y el agua.

Semana.com: Por último, ¿cómo ve la situación del Polo Democrático?

J.C.M.: Llama la atención que ese partido no haya sido incapaz de aprender de los errores de partidos de izquierda de otros pueblos, como el PT de Portugal, donde el mismo asumió la crítica. Cuando no haces tú mismo tu autocrítica, te la hace el enemigo. El Polo ha malbaratado lo que le dio este pueblo.

Semana.com: ¿Le alegró el cambio de gobierno en Colombia?

J.C.M.: Noto que se están sentando las bases para la sensatez. Creo que el hecho de que Colombia también esté sentada en UNASUR, va a ayudarle. La agenda latinoamericana tiene que ver con pagar la deuda social del continente, con la alfabetización, con la reforma agraria, cuando esos logros se escuchen repetidas veces en UNASUR le ayudará a entender que su agenda no está en el norte. El señor Santos ha entendido que los años de haber colaborado con la década ominosa del uribismo han terminado y ahora puede limpiar su cara.

Semana.com: Finalmente, ¿cómo ha visto la actuación de Santos?

J.C.M.: Yo no creo que este gobierno se haya acostado uribista y se haya levantado democrático. Desde mi experiencia creo que los cambios vienen por la presión popular. Franco murió en la cama pero fue la movilización social y obrera del 73 hasta el 77 que permitió la llegada de la democracia. En el mundo Árabe es la presión popular la que ha logrado cambios.

En Colombia la conjunción del Estado con el poder paramilitar construyó un monstruo que aterrorizó a este país. Colombia vive en una suerte de estado de excepción enmascarado, vive con una mentalidad de exiliado interior superviviente que le impide articular las fuerzas políticas y sociales para enfrentar esa situación. La existencia de la lucha armada en Colombia dificulta la superación de ese problema. Es hora de que las guerrillas entiendan que van a hacer más bien a este país superando la violencia que manteniéndola. Lo hemos visto en otros lugares. En España la violencia de ETA ha justificado gobiernos muy conservadores, incluso de la izquierda. Pero mi confianza está en el pueblo, no en Santos.

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