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| 5/28/2011 12:00:00 AM

Las ilusiones perdidas

A los verdes y al Polo les llegó la misma roya que golpeó en el pasado a los partidos tradicionales y ya no representan la esperanza de un cambio político.

Hace un tiempo, no muy lejano, se habría podido pensar que el Polo Democrático y el Partido Verde competirían por el espacio que han ido dejando los desprestigiados partidos tradicionales: el Liberal y el Conservador. Ambos intentaron tomarse la bandera del cambio político y alcanzaron a generar esperanza. El cuarto de hora del Polo llegó en las elecciones presidenciales de 2006, cuando Carlos Gaviria ocupó el segundo lugar con 2,5 millones de votos, y el clímax de los verdes se produjo en la campaña del año pasado, cuando su candidato, Antanas Mockus, trepado sobre la entusiasta ola verde, alcanzó a pelear el primer lugar en la preferencia de los votantes con Juan Manuel Santos. Los dos fenómenos entusiasmaron a votantes jóvenes, urbanos y universitarios.

Pero la historia cambió de rumbo y, en las últimas semanas, el pulso entre los verdes y el Polo se ha dirigido ya no a disputarse la imagen de la renovación política, sino a quién produce más noticias sobre divisiones internas, peleas intestinas y pérdidas de figuras valiosas. La mayor iniciativa en los últimos días ha corrido por cuenta de los verdes. Los acercamientos de su candidato oficial a la Alcaldía de Bogotá, Enrique Peñalosa, al Partido de la U puso al descubierto la falta de coherencia ideológica entre su cúpula y la carencia de mecanismos internos para tramitar las diferencias. Las hipótesis de una división, o las de un retiro del propio Peñalosa o de Antanas Mockus, no se pueden descartar. El senador John Sudarsky anunció que no apoyará la candidatura de su partido y Juan Carlos Flórez se apartó de las toldas con el argumento de que "el Partido Verde se convirtió en apéndice del uribismo".

El vocero oficial, Lucho Garzón, ha dicho que el expresidente Álvaro Uribe tiene dividido el partido a punta de trinos. Lo cual significa que hay una especie de tempestad en un vaso de agua. Desde Antioquia, concentrado en su campaña para la Gobernación con carácter de favorito, Sergio Fajardo se queja por la falta de sindéresis de sus compañeros, a quienes, según dicen, se les olvida que el partido no solo existe en Bogotá. La verdad es que Peñalosa y Mockus han asumido posiciones radicales y conductas que podrían debilitar la opción de ganar la Alcaldía de Bogotá a pesar de que, según todas las encuestas, Peñalosa les lleva una ventaja amplia a todos los demás aspirantes.

El conflicto, sin embargo, es de fondo. Tiene que ver con la falta de reglas para tramitar alianzas con otras fuerzas políticas. Ya en las elecciones de 2010 los verdes fueron incapaces de construir coaliciones para la segunda vuelta presidencial. En ese entonces, el Polo y el propio Partido Liberal sintieron más afinidad con Mockus que con Santos en la segunda vuelta, pero la ausencia de consenso entre los verdes los llevó a cerrar las puertas, con un evidente costo electoral. Los puristas, encabezados por Mockus, ganaron el pulso con los pragmáticos.

Ahora se produce una nueva versión de la misma disputa. Pero en esta oportunidad el candidato es Peñalosa y las posibilidades de un pacto son con La U. Vale decir, con Uribe. Y si algún elemento contribuyó a disparar la ola verde el año pasado fue la crítica al 'todo vale', asociado con las mañas a las que acudió Uribe para buscar una segunda reelección. El hueso es muy duro de roer para los puristas. Y no solo se refiere al dilema de si se justifica ceder principios para ganar votos -que es la naturaleza de la política electoral-, sino que tiene también una dimensión ideológica: Peñalosa siempre ha sido un admirador cercano del expresidente Uribe. Por eso los acercamientos entre los verdes y  La U ponen en peligro la unidad, cosa que no sucede en otros lugares del país en los que los verdes tienen alianzas con otros partidos: en Antioquia y Boyacá, con los liberales y en Nariño, con el Polo.

Curiosamente, el conflicto entre la pureza ideológica y la necesidad de buscar apoyos por fuera del partido también ha sido una de las causas de división en el Polo Democrático. El ala radical, encabezada por la presidenta Clara López y por el senador Jorge Enrique Robledo, siempre criticó los esfuerzos del candidato Gustavo Petro durante la campaña electoral por pescar en aguas externas a las fronteras del Polo. Esa fue una de las causas de los roces que terminaron con la salida de Petro y, en su momento, también fue un punto que impidió la permanencia de Lucho Garzón. Y se fueron las dos figuras que tenían simpatía por fuera de la militancia del Polo.

Desde luego, la crisis del Polo tiene su mayor explicación en la debacle del gobierno de Samuel Moreno en Bogotá, hoy suspendido por decisión del procurador. Mientras los sectores que provienen de la izquierda tradicional y de la Anapo se cerraron a la defensa de los hermanos Moreno, Petro y un grupo de seguidores abogaron por una autocrítica, que no fue acogida por las mayorías del partido. Todo terminó con la salida del excandidato presidencial, que este martes lanzará su campaña para la Alcaldía de Bogotá, seguramente con el apoyo de algunos de sus excopartidarios.

En circunstancias tan adversas, el Polo y los verdes han perdido el brillo que alcanzaron a gozar como intérpretes de los deseos de cambio en las costumbres políticas. Aunque tienen ideologías diferentes, ese espacio lo tuvo el Polo en 2006 y después lo ganaron los verdes en 2010. Así lo demuestra el estudio anual de cultura política que encabeza la Universidad de Vanderbilt, según el cual entre un 15 y un 20 por ciento del electorado está dispuesto a apoyar a quien encarne la reforma de los hábitos políticos. Pero todo indica que las ilusiones que en ese sentido alcanzaron a generar el Polo y los verdes fueron flor de un día.
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