Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/01/23 22:00

Cartagena: trancón en el mar

En la Dimar hay 16 solicitudes para construir marinas en Cartagena. Se necesita modernizar el equipamiento náutico, pero ¿pueden caber todas sin afectar el equilibrio urbanístico y natural de La Heroica?

Dentro de las propuestas hay varias para hacer grandes marinas cerca a las playas, como la que se hizo en Santa Marta, o en mar abierto. Foto: Marina de Santa Marta

Si alguna vocación tiene Cartagena casi desde su fundación es la de ser un puerto comercial y turístico. Lo es, en gran parte, por la seguridad que ofrecen los 82 kilómetros cuadrados de la bahía y por la profundidad de las aguas, de entre 14 y 19 metros, que hoy permiten maniobrar a todo tipo de embarcaciones.

Pese a estas ventajas, sorprende que en Cartagena solo existan algunas viejas y pequeñas marinas a las que pueden arribar unos pocos yates, veleros y embarcaciones privadas de menor tamaño, ya sea de paso o para fondear en la temporada de huracanes o durante el invierno en el hemisferio norte.

Hasta el año pasado, para poder tramitar con éxito una concesión para construir una marina, era necesario presentar tal cantidad de requisitos y trámites, que hacían desistir a los empresarios. En un proceso que podía tardar entre cinco y siete años, los interesados tenían que invertir grandes cantidades de dinero en estudios de ingeniería de detalle, vientos, corrientes y mareas, así como en impacto ambiental, para encontrar al final que los rechazaban las comunidades, o el distrito, en el caso de Cartagena, se los devolvía por cualquier defecto. Así quedó en evidencia en una investigación realizada por los gerentes de las marinas existentes en el país.

Para darle un vuelco al tema, el vicepresidente de la República, Germán Vargas Lleras, en una reunión con autoridades de los ministerios de Transporte, Comercio y Turismo, la Dirección Marítima y Portuaria y otras entidades, acordaron expedir una resolución que facilitara los trámites iniciales y crear una etapa de prefactibilidad de cada uno de los proyectos.

Expidieron entonces la Resolución 489 de agosto de 2015 que reglamenta el Decreto Ley 2324 de 1984. Ahora la Dimar debe evaluar el proyecto en un corto tiempo, citar a los proponentes a reunión para discutirlo y enviar comunicaciones a la Alcaldía, a los ministerios de Ambiente, Transporte, a la dirección de consulta previa del Ministerio del Interior y a la autoridad que vela por el patrimonio arquitectónico o antropológico para que hagan los trámites correspondientes.

A los tres días de expedida la resolución, el 21 de agosto, llegó la primera solicitud de concesión para una marina en el sector de El Laguito, hoy altamente sedimentado. En los días y semanas siguientes apareció una avalancha de solicitudes en la Dimar, y hoy 16 están en trámite.

De ellas, dos en la laguna de San Lázaro, entre las murallas de Getsemaní, la orilla de Manga y el puente Román. Otras dos para la zona costera de la avenida Miramar, en el barrio de Manga, donde ya existen tres de las marinas más antiguas de Cartagena. En la zona de Bocagrande se encuentran en la fase de prefactibilidad tres marinas, dos en El Laguito, una de ellas en el sector de La Escollera, otra en la zona del hotel Hilton y la tercera cerca al Club Naval de Castillogrande, donde están solicitando un poco más de seis hectáreas sobre la bahía, lo que en opinión de algunos expertos marítimos podría generar dificultades en el canal navegable.

En la zona de Tierra Bomba otros interesados registraron dos propuestas más y en Barú otro par, sobre la bahía de Barbacoa. Finalmente, otras propuestas buscan construir dos marinas en la rotonda a la entrada de Bocagrande frente a la estatua de Santander, en mar abierto, y una tercera en la zona de Manzanillo del Mar. Si se otorgaran todas las concesiones, las inversiones superarían fácilmente 150 millones de dólares y generarían más de 800 empleos directos.

Con toda esta avalancha de propuestas quedó al descubierto que ni la Dimar ni la ciudad ni el gobierno estaban preparados para afrontarlas, y ahora hay serias dudas sobre la forma como se van a estudiar y aprobar. Incluso, se ha cuestionado el hecho de que el gobierno haya cambiado las condiciones sin tener un estudio que mostrara cuántas y en qué sitio deberían hacerse estas obras.

A esto se suma la resistencia creciente entre los habitantes de varias zonas de La Heroica a que se construyan nuevas marinas, a pesar de su vocación náutica y turística. En los últimos 20 años la ciudad ha crecido desordenadamente y los cartageneros atribuyen la responsabilidad a los curadores urbanos y a Planeación Distrital, que otorgaron licencias para construir enormes edificios en Bocagrande y Manga, que hoy tienen problemas de densidad poblacional y dificultades cada vez más apremiantes en movilidad, ruido y contaminación visual y ambiental.



En las próximas semanas, las solicitudes pasarán a la fase de edicto, en la que se podrán presentar oposiciones, y los responsables de los proyectos que avancen deberán aclarar la forma como intervendrán el espacio público. Deberán presentar estudios de capacidad de carga y movilidad de tráfico, definir planos de ingeniería de detalle e impacto urbano sobre el paisajismo, entre otros.

Si bien no todas las solicitudes serán aprobadas y algunas quedarán en el camino ante los requisitos, la administración de la ciudad y la dirección marítima y portuaria deberán hacer un trabajo conjunto para que una fuente de inversión, ingresos y trabajo no se convierta en otra maldición para la ciudad.

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