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| 6/7/2013 12:00:00 AM

Las intrigas al interior de los Verdes

En menos de tres años el Partido Verde pasó de ser la esperanza de la política a estar dividido, sin norte y sin agenda.

Cuando Enrique Peñalosa anunció su deseo de ser candidato presidencial, a través de los medios y desde Alemania, los primeros sorprendidos fueron sus compañeros del Partido Verde. Y es que desde que renunció a la Dirección Nacional en 2012, Peñalosa se alejó del partido y se dedicó a la consultoría urbana en las más importantes capitales del mundo. De paso dejó varias heridas abiertas al interior de la colectividad.

Peñalosa se encuentra en minoría al interior del partido pues solo cuenta con Alfonso Prada y Gilma Jiménez, peñalosistas de vieja data. Así las cosas, sería muy difícil que el partido del girasol lo avalara como candidato para cualquier elección. “Es un acto despótico venir a imponernos la campaña después de un año de ausencia”, dice la represente Ángela Maria Robledo, de la corriente Mockusiana.

Y es que para muchos, su decisión de aliarse con Álvaro Uribe para la campaña a la Alcaldía de Bogotá salió muy costosa y aún no se recuperan. Según varios miembros de las toldas verdes, les ha costado trabajo explicar que siguen siendo la colectividad del no todo vale, el transparente y el que promueve otra forma de hacer política. Pero otros son realistas y se dan cuenta que, mal que bien, Peñalosa es serio, buen gerente y tiene un caudal electoral de 600.000 votos en Bogota.

Quienes siguen activos en el partido tras la partida de Antanas Mockus, la disidencia de Sergio Fajardo, la ausencia de Peñalosa y la entrada al gobierno de Luis Eduardo ‘Lucho’ Garzón son quienes en realidad han llevado al partido a cuestas durante estos años. Y ahora miran con preocupación las elecciones del 2014. Es poco probable que el éxito de la Ola Verde se repita y aún no están seguros de que sean capaces de llegar al umbral, es decir, unos 450.000 votos.

Es muy difícil que logren repetir la Ola Verde pues los integrantes del girasol se dejaron llevar por pugnas internas y no han sido capaces de imponer una agenda verde, promover proyectos de ley y distinguirse por el trabajo legislativo, con algunas excepciones. El caudal electoral en 2010 fue impulsado por una consulta interna entre los tres tenores, lo cual difícilmente se repetirá. Esto se sentirá en una votación menor en el Congreso.

En la actualidad es una colectividad que adolece del abandono de sus grandes figuras y que se debate entre seguir siendo parte de la Unidad Nacional de Santos, un acercamiento con Sergio Fajardo y Alonso Salazar y la posibilidad de conformar una especie de Frente Amplio con otros partidos de centro izquierda como el movimiento Progresistas de Gustavo Petro y Antonio Navarro. En este sentido mientras la corriente santista aún no toma decisiones sobre un eventual apoyo a Juan Manuel Santos pues aún están pendientes del proceso de paz, otros buscan que la vocería del partido la asuma Alonso Salazar para reconquistar al fajardismo (el único líder verde que está gobernado y según las encuestas le va muy bien).

Todavía otra vertiente del partido está pendiente de las determinaciones de Progresistas pues existen unos verdes que son excompañeros de Petro del M-19 y la empatía y solidaridad también han creado puentes entre estas dos corrientes. Sin embargo, el dilema sobre la cercanía con Petro también pasa por su administración como alcalde. Una eventual alianza con Progresistas supondrá un apoyo a la administración de Petro, principal opositor de los verdes en la campaña del 2011.

El presidente de la colectividad, Alfonso Prada, ha sido uno de los principales críticos de la administración, incluso le ordenó a sus concejales ir en contra de uno de los principales proyectos de Petro, el Plan de Ordenamiento Territorial.

También están en la tarea de recuperar el alma del partido y hacerlo de nuevo atractivo para jóvenes e inconformes. “Lo que empezó como un sueño se convirtió en una pesadilla de peleas eternas” dice un miembro de la colectividad.  Buscarán que el partido no sea una expresión coyuntural de cuatro líderes carismáticos sino que se convierta en un movimiento a largo plazo en el cual impere una agenda y no los egos. Desde ya están trabajando para que en el Congreso verde en septiembre se reforme la dirección del partido para que no represente a los 4 líderes sino al resto de la colectividad. También quieren crear una presidencia colegiada. Están tratando de conquistar a Maria Mulata, la exalcaldesa de Cartagena y otras personalidades frescas para que engrosen las listas electorales del verde.

Aunque si existe sentimiento de culpa y el partido reconoce que el reto de cumplirle a la ola verde le quedó grande, ¿será que se merece otra oportunidad? Solo sabrán en marzo 2014, pero no es fácil. Mientras otros partidos verdes en el mundo cautivan más seguidores, el de Colombia resultó ser más una amalgama de carismas que se juntaron para una coyuntura electoral singular. Después de ahí, no han podido construir una colectividad que supere a los fundadores y que sea una opción viable de poder. Mejor dicho, después de tres años los verdes siguen biches, bien biches. Lo primero que deben lograr es saber quiénes están adentro y quienes están por fuera. Lo segundo, es aprender a aguantarse unos a otros, lo cual hasta ahora los ha superado. Sin esto, es imposible que algún día maduren a un verde oscuro.
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