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| 2/22/2015 9:00:00 PM

Las jugadas políticas detrás de la elección de rector en la U de Antioquia

Pese al descontento de un sector de la universidad, Alberto Uribe quiere hacerse reelegir en la rectoría para un quinto período, luego de 12 años en el cargo.

Algo se debió tejer tras bambalinas el día que Alberto Uribe Correa decidió, en el último momento, inscribirse nuevamente como aspirante a rector de la Universidad de Antioquia, cargo en el que ajusta 12 años.
 
El año pasado, Uribe había dicho que el 2015 sería el momento de su retiro, pero sorprendió a la comunidad universitaria cuando apareció de nuevo con su hoja de vida entre el brazo, para ponerla nuevamente a consideración del Consejo Superior Universitario (CSU), ente que finalmente toma la decisión.
 
¿Qué se movió entonces para que Uribe decidiera volver a aspirar? El exmagistrado y exsenador Carlos Gaviria Díaz, egresado del Alma Mater, dice que si Uribe se lanzó otra vez es porque ya tiene asegurada la elección.
 
Esa impresión de que ya todo esto está cantado ha generado una oleada críticas. Una de las más sentidas fue la del profesor y escritor Pablo Montoya: “Su actitud —refiriéndose al interés de Uribe en la reelección— me genera rechazo y me produce una inevitable sensación de impotencia (…) Con su actitud, aparece una vez más la evidente presencia de una pesada y fantasmal maquinaria política que lo ha respaldado y quizá lo instalará nuevamente en el cargo de rector”, se lee en una carta que rodó por redes sociales.
 
Hasta la tarde del viernes, 1.355 personas habían firmado una petición para que el CSU no reeligiera a Uribe, solicitud que no se vio reflejada en las consultas que la universidad hizo a todos los estamentos, que en todo caso no son vinculantes. De 127.544 personas habilitadas para votar, sólo lo hicieron 5.302. Pese a que entre estudiantes ganó el voto en blanco, Uribe obtuvo la mayoría entre los profesores, egresados y empleados.
 
Pero ¿qué hay detrás de esta nueva designación que se decidirá este martes? Hace tres años, el actual rector fue elegido con la ayuda de los votos del gobierno nacional, apoyo del cual se apartó el gobernador Sergio Fajardo. En ese momento Fajardo dijo que la universidad necesitaba un nuevo aire y, pese a haber sido derrotado, reveló que su voto había sido para Mauricio Alviar, exdecano de la Facultad de Ciencias Económicas, hoy nuevamente candidato.
 
Pero los pulsos para esta elección pintan a otro precio. Los estatutos de la universidad —un claustro que para el 2014 contó con un presupuesto global de 709.000 millones de pesos, el más alto después de la Nacional— establecen que para ser rector se requieren por lo menos cinco de los nueve votos de los miembros del CSU, órgano que es presidido por el gobernador Fajardo.
 
Aunque independiente, el CSU es una instancia asfixiada por la política partidista, si se tiene en cuenta el origen de sus miembros. Por parte de los exrectores está Jaime Restrepo Cuartas, exdirector de Colciencias y miembro del partido Centro Democrático. Restrepo, que hasta hace unos días se vislumbraba como un posible aspirante a la Gobernación de Antioquia, dice que es proclive a que a la rectoría lleguen nuevos nombres.
 
Pero de otro lado está el voto del sector productivo, que para muchos constituye el mayor respaldo con el que cuenta Alberto Uribe. En dicha representación está Manuel Santiago Mejía, uno de los empresarios más poderosos y ricos de Antioquia, de origen conservador, el mismo que en las pasadas elecciones presidenciales apoyó a Martha Lucía Ramírez en la primera vuelta, y posteriormente ayudó a financiar la campaña de Óscar Iván Zuluaga.
 
Otro voto es el de Antonio Yepes Parra, representante del presidente de la República. Yepes, quien es al mismo tiempo la cabeza del directorio departamental del partido de la U., no ve como un problema que Uribe pretenda reelegirse, pues considera buena su gestión. No obstante, su voto depende de lo que decida la Presidencia de la República, orientación a la que también se alineará Francisco Javier Cardona, delegado de la ministra de Educación, Gina Parody.
 
Y aquí es donde el panorama podría cambiar. Parody ha estado al tanto de los pormenores de la elección, al punto de que ella misma, no un delegado, escuchó las propuestas de los siete candidatos, en un consejo extraordinario que el CSU llevó a cabo el sábado 14 de febrero en Medellín.
 
Los otros tres votos del CSU tienen nombre: Francisco Londoño, representante del Consejo Académico; Rafael Nieto, quien acude por los profesores, y Ricardo León Álvarez, representante de los egresados. Por ley, los estudiantes también tendrían derecho a un voto, pero desde hace varios años no han nombrado delegado.
 
En esos ocho votos están las aspiraciones de Uribe, Alviar y los demás candidatos: Francisco Cortés, actual director del Instituto de Filosofía; el químico farmacéutico Esteban Elías Correa; Luis Eduardo Tobón, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas, y los docentes de Comunicaciones María Helena Vivas y Édison Neira.
 
La responsabilidad que tendrá el CSU no es de menor calado. La Universidad de Antioquia, con 37.000 estudiantes de pregrado, es el patrimonio científico y cultural más importante del departamento. Es la segunda institución en importancia después de Empresas Públicas de Medellín y, según Sapiens Research, organización que analiza la dinámica investigativa de los claustros de educación superior, es la segunda de mayor producción en Colombia, luego de la Nacional. En la lista que anualmente publica Quacquarelli Symonds en torno a las mejores universidades de América Latina, la U de A aparece en el lugar 23.
 
Pero pese a estar siempre dentro del top de las mejores, el alma mater no está libre de problemas. La inseguridad dentro de la ciudad universitaria; una planta docente conformada en el 70 % por profesores de cátedra en precariedad de condiciones, son algunos de sus líos. Sin contar un mal que comparten 32 universidades públicas de todo el país: una desfinanciación de 1,2 billones de pesos, según un estudio del Sistema Universitario Estatal (SUE).
 
Por esas razones resultaría preocupante que las tensiones propias de los partidos políticos, el Gobierno y la oposición fueran las que terminaran por definir el futuro de la universidad. La reelección indefinida y el apego al poder son las criticas más ácidas que pesan sobre los hombros de Uribe. Sus cartas para mostrar son los estándares de investigación que aún exhiben los grupos de investigación, así como el proceso de regionalización que la universidad alcanzó durante sus períodos.
 
Sin embargo, es muy poco probable, dicen fuente cercanas al gobernador, que esta vez Fajardo apoye la reelección de Uribe, pese a que durante estos tres años le ha reconocido sus logros. No sería coherente que si Fajardo no lo apoyó hace tres años, esta vez cambiara de opinión. La inclinación de la balanza en el seno de el CSU dependerá, en buena medida, de la decisión que tome el gobierno nacional, una que será orientada seguramente por el análisis que Parody haga de los candidatos. La ministra, no es un secreto para nadie, es cercana a Fajardo y no se descarta que allí haya  consonancia. No es gratuito, sin embargo, que Alberto Uribe se haya sometido nuevamente al escrutinio. Como diría el profesor Carlos Caviria, si se lanzó, por algo será.
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