Lunes, 23 de enero de 2017

| 1990/09/10 00:00

LAS NUEVAS CARAS

Con uno que otro desconocido, fue bien recibido el gabinete.

LAS NUEVAS CARAS

Aún para un Presidente como César Gaviria, que empezaba su gobierno con casi todos los ases en la mano, no resultaba fácil integrar el gabinete. Habla que conjugar la calidad de los personajes con los intereses regionales. Tenía que garantizar una presencia equilibrada entre la juventud y la experiencia. No podía pasar por alto la representación de la mujer. Y la decisión de integrar a todos los partidos políticos al gobierno lo colocaba necesariamente ante las divisiones internas de los mismos. En plata blanca el ajedrez del nuevo presidente incluía gavirismo, galanismo, samperismo, duranismo, alvarismo, pastranismo y M-19.

Sin embargo, las cosas le salieron bien y la opinión general sobre el primer equipo ministerial de Gaviria es buena. Acostumbrado a ciertas audacias, el entonces Presidente electo se anticipó a nombrar, dos semanas antes de su posesión, a los cuatro principales ministros en cabeza de cuatro liberales, tres de ellos con aspiraciones presidenciales y mucho sabor cachaco. Julio César sánchez, en Gobierno; Luis Fernando Jaramillo, en Relaciones Exteriores; Ernesto Samper, en Desarrollo y Rudy Hommes, en Hacienda, fueron recibidos con bombos y platillos. Pero el mismo impacto que produjeron estos nombramientos, por tratarse de un grupo de primera categoría con dimensión presidencial, hizo que los nueve restantes, nombrados a 24 horas de la posesión, no despertaran el mismo entusiasmo, aunque a todos ellos se les reconociera su idoneidad.

Como la cuota cachaca ya era grande con los cuatro primeros, había que equilibrar las cargas buscando gente en provincia. Y aunque en provincia es fácil encontrar profesionales estudiosos y capaces, es muy difícil que resulten consagrados ante la opinión pública, ya que ese es un privilegio de los bogotanos o los bogotanizados. Por lo general lo que ocurre es que son personajes competitivos, pero relativamente anónimos que no suscitan la misma expectativa de las figuras nacionales lanzadas desde Bogotá.

En todo caso, cuadrada la proporción política y asegurada la representación regional, el gabinete nació sin mayores traumatismos. Algunos de los nueve ministros nombrados en la segunda etapa, se veían venir. No hubo sorpresa alguna, por ejemplo, en el nombramiento de Alberto Casas Santamaría, para el ministerio de Comunicaciones a pesar de su retiro de la política. Desde hace cuatro años cuando Casas salió del Congreso y, más adelanle, cuando comenzó a presumirse la desaparición del alvarismo todo parecía indicar que este popular personaje quedaría definitivamente relegado al periodismo y la publicidad Pero como en Colombia no hay muertos políticos y en política nunca faltan las sorpresas, Casas vuelve ahora a la arena y vuelve pisando fuerte. Su cercanía con el presidente Gaviria, su sentido del humor, su inteligencia y su intuición política, unidos al resurgimiento del alvarismo, hacen que las credenciales de Casas no tengan rival.

Tampoco fue extraño el nombramiento del jurista y académico caldense Jaime Giraldo Angel, aunque su condición de conservador "a secas," provocó una pequeña tempestad entre el pastranismo cuando se filtró la posibilidad de que Giraldo Angel llenara una de las cuotas conservadoras. La verdad es que quienes pensaron que el veto pastranista sacaba a Giraldo del sonajero, se equivocaron; lo que hizo fue confirmarlo. Pero si en política conservadora, el nuevo ministro de Justicia está más allá del bien y del mal, en cuanto a las funciones que ahora ha asumido si tiene suficiente claridad. Como ha trajinado el tema de la justicia no existen dudas sobre lo que sabe y lo que se propone. En términos generales, Giraldo Angel es partidario de institucionalizar muchas de las normas que actualmente se aplican bajo el Estado de Sitio. Su orientación general tiende a darle más énfasis a la instrucción criminal en manos de la Policía Judicial y menos en manos de los jueces como sucede hoy. Quienes mejor lo conocen opinan que si algún ministro milita en lo que se ha denominado la Nueva Derecha, no hay duda de que es él. Como tampoco hay duda que cumplirá un papel clave ahora que una de las prioridades del nuevo gobierno es la reforma a la justicia.

El ministro de Educación, Alfonso Valdivieso, por su parte, siempre sonó pero no tanto para ministro. Sonaba lógico que este abogado y economista, primo hermano del desaparecido Luis Carlos Galán Sarmiento y nacido en Bucaramanga, fuera el gobernador de Santander. Aparte de parlamentario había hecho una carrera profesional casi enteramente dedicada a su departamento, pasando por la secretaría general y la oficina de planeación de la gobernacion, la Fundación para el Desarrollo de Santander y la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Más técnico que político, Valdivieso hizo dos másteres en desarrollo económico y desarrollo regional, en Estados Unidos y Canadá, y uno en política al lado de su primo Luis Carlos en el Nuevo Liberalismo.

Para sacar adelante las reformas laborales que ya esbozó, el presidente Gaviria necesitaba no solo un "duro" sino un experto. Por eso sacó también de su retiro político a Francisco Posada De La Peña, periodista, costeño y conservador que desde las numerosas empresas privadas en donde ha estado ha manejado con éxito a trabajadores y sindicatos. Posada De La Peña nunca se imaginó volver a un cargo público, pero, curiosamente, su regreso le eleva la categoría a un ministerio que era de segunda.

María Del Rosario Sintes, valluna alvarista de 39 años, llega al ministerio de agricultura precedida por una aureola de eficacia cosechada en numerosos cargos públicos y privados entre los que se destacan el viceministerio de Obras Públicas y la vicepresidencia de Acerías Paz Del Río. Pero quizás lo que más se recordó en todos los círculos cuando se conoció su nombramiento, fueron los memoriales y voces de protesta que elevó en repelidas ocasiones ante la administración del edificio en donde vive, por las incomodidades que provocaba con sus numerosos guardaespaldas el ve cino del quinto piso: el entonces candidato liberal César Gaviria Trujillo.

El que sí resultó una sorpresa fue el ministro de minas, el barranquillero galanista Luis Fernando Vergara. Hasta para él mismo que se encontraba de vacaciones en San Andrés, fue una sorpresa el nombramiento. Es probablemente el único colombiano que llena estos tres requisitos: haber nacido en la costa, trabajar para el sindicato antioqueño y ser un lider de la industria vallecaucana. Vergara es un técnico de enorme competencia, ajeno totalmente a los forcejeos políticos que ahora tendrá que manejar desde el ministerio.

Otro empresario privado trasladado al gabinete es Juan Felipe Gaviria, presidenle de Acerías Paz Del Río y ahora ministro de Obras. Fue precisamente quien organizó la compra de esa empresa para el sindicato antioqueño. Y en cuanto al servicio público los antioqueños creen que es el hombre preciso para destrabar desde la órbita nacional el Metro de Medellín, que nació cuando él era alcalde de esa ciudad.

Sobre el ministro de Defensa, general Oscar Botero se había especulado de tiempo atrás que seguiría en el gabinete por lo menos hasta diciembre cuando normalmenle se producen novedades en las Fuerzas Armadas. Y en cuanto a Antonio Navarro Wolff, ministro de salud, se sabe que era de esos nombramientos que Gaviria tenía definidos desde cuando coronó la campaña presidencial el 27 de mayo. El mismo presidente dijo la semana pasada en la rueda de prensa con periodistas extranjeros que Navarro tenía una de las mejores hojas de vida de su gabinete. Y tanto se ha hablado de él, por el impacto de su ingreso al gobierno, que ya lo que todo el mundo piensa es que es mejor esperar los resultados de su gestión.

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