Viernes, 29 de agosto de 2014

Esta es una de las peleas nocturnas clandestinas que se realizan en uno de los patios del pabellón en La Picota. Los extraditables salen de su celda alrededor de las ocho de la noche para presenciar el combate en el cual hacen apuestas.

| 2013/03/16 15:00

Las peleas clandestinas de La Picota

El pabellón de los extraditables se convierte en las noches en un ring de boxeo. Exclusivo Semana.com.



En Colombia a nadie le sorprende ya lo que ocurre dentro de las cárceles del país. Sin embargo, Semana.com descubrió algo que no tiene antecedentes en la historia de los penales. Todo ocurre, además, en la que se supone es una de las cárceles más seguras y el modelo de mostrar: la nueva cárcel de máxima seguridad de La Picota.


En ese fuerte completamente blindado hay otro lugar que, en teoría, es la joya de la corona del sistema penitenciario y el terror de los presos. Se trata del pabellón 15 del Establecimiento de Reclusión del Orden Nacional (Eron), más conocido como el patio de los extraditables. Según las autoridades, el lugar es inexpugnable a tal punto y la disciplina es tan rigurosa que es imposible encontrar a un detenido portando siquiera una aguja no autorizada. También se supone que en ese sitio se aplica el régimen más estricto de todo el sistema penal. Todo esto es en teoría. Porque la realidad de lo que pasa en el pabellón de los extraditables es muy diferente.


Semana.com obtuvo varios videos grabados en el séptimo piso del patio 15 del pabellón de los extraditables. Al caer la noche, cuando se supone que todos los detenidos deben estar en sus celdas como ordena el reglamento, ocurre todo lo contrario. Decenas de ellos salen de sus calabozos y se dirigen a un pequeño patio. Hay gritos, algarabía y pasabocas. Algunos, como si se tratara de una función cualquiera, sacan sus celulares para dejar registrado lo que está por ocurrir. ¿Por qué tienen teléfonos?

De un momento a otro los guardias del penal llegan con otros presos, algunos con condenas entre los 40 y 60 años de prisión. Amparados por la oscuridad de la noche esos reclusos provienen de otros patios para protagonizar una pelea clandestina de boxeo. Como si se tratara de gladiadores en la época del coliseo romano. Con guantes de boxeo profesional, pantaloneta y sin camiseta, el primer combate es entre un hombre a quien apodan Cerebro y otro detenido conocido como Pocho. 

Ver video de la pelea.


Los extraditables que desean presenciar el espectáculo pagan entre 20.000 y 30.000 pesos. Antes de comenzar la pelea, varios hombres, libreta en mano, registran las apuestas que hacen los cerca de 20 narcos detenidos que llegan al show. Varios contaron que en cada pelea se llega a apostar hasta 600.000 pesos por cabeza. En los videos en poder de Semana.com no se observa a ningún guardia uniformado a pesar de la algarabía y de que hay un nutrido grupo de extraditables por fuera de sus celdas en la mitad de la noche. 


Cada asalto dura aproximadamente dos minutos y uno de los detenidos hace las veces de árbitro de la contienda. Los dos combatientes luchan hasta el cansancio en medio de los gritos. Al finalizar la función reciben entre 100.000 y 200.000 pesos como pago y regresan a sus patios en otro lugar del penal. Estos combates ocurren con bastante frecuencia, generalmente entre las 8 y las 10 de la noche. En una sola de estas jornadas se realizan varios enfrentamientos.


Esto, sin embargo, no es lo único exótico que pasa. Cuando no se trata de pelas clandestinas, los extraditables, con el auspicio de la guardia, realizan hasta altas horas de la madrugada torneos de póker por fuera de sus celdas. En ellos apuestan altas sumas de dinero, como contaron varios de los reclusos. 


Es claro que tanto las peleas como las apuestas son actividades irregulares. Más aún si se tiene en cuenta que todas son en la noche. Tampoco es fácil explicar algo no menos grave. La presencia de sofisticados teléfonos inteligentes dentro del inexpugnable pabellón.


Nadie entiende tampoco como en este hermético lugar, hace tan solo dos semanas, el primero de marzo, un recluso condenado a 60 años atentó contra el italo venezolano Ernesto Maffi. Este último espera su extradición para enfrentar un juicio en una corte de Pensilvania por haber lavado cerca de 5 millones de dólares de un grupo delincuencial de Cúcuta. Maffi recibió varias cuchilladas en el cuello, la cara y la espalda. Y aunque se salvó de milagro terminó con lesiones en el hígado y el diafragma, y una gran cicatriz en la cara y el cuello. A pesar de lo grave del tema y de que era la primera vez que algo así ocurría en ese pabellón, todo quedó reducido al anuncio de una investigación interna. 


Las fuentes advierten que ni las peleas ni las apuestas son de conocimiento de la dirección general del Inpec, pero obviamente son patrocinadas por los guardianes, que se encargan de toda la logística: sacar los presos de otros pabellones, sacar los extraditables de sus celdas, recoger las apuestas y cobrar por el show.


Todo este espectáculo se puede resumir en una sola palabra: ¡vergüenza!

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