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| 2/26/2002 12:00:00 AM

Las preguntas

SEMANA responde las cuestiones más apremiantes que se hacen los colombianos al romperse el proceso de paz.

9. ¿Qué va a pasar con los secuestrados?

El anuncio de la ruptura del proceso de paz con las Farc fue recibido con gran angustia por los familiares de los casi 1.000 secuestrados en poder de la guerrilla. Temen que ante la persecución de las Fuerzas Armadas las Farc los asesinen para acelerar la huida, como lo hicieron con ‘La Cacica’ Consuelo Araújo Noguera hace unos meses. Si bien esta preocupación es comprensible vale la pena saber que, como dijo Juan Francisco Mesa, director de Fondelibertad, el programa antisecuestro del Ministerio de Defensa, “el Presidente fue enfático en que las autoridades no van a dispararle a un grupo de guerrilleros que utilice a los secuestrados como escudo humano”. Hasta el momento la operación del Ejército se ha concentrado en atacar la infraestructura de antenas de radio y corredores de movilidad funcionales a la industria de secuestro que operaba desde la zona de distensión.

Por otro lado, los guerrilleros —más aún ahora cuando necesitan mayores recursos para librar una guerra abierta— siguen interesados en los dividendos económicos del secuestro y por eso velarán por la vida de sus víctimas. En todo caso, si las estadísticas del pasado son un referente, el año pasado menos del 4 por ciento de los secuestrados murieron en cautiverio, la gran mayoría de ellos en manos de la delincuencia común. Según datos de Fondelibertad los que murieron secuestrados lo hicieron durante los primeros 13 días, cuando trataban de fugarse o por enfermedades y depresión, no porque los hubieran fusilado.

Lo que sí es un hecho es que el proceso de negociación de la liberación de los secuestrados se va a complicar. Lo primero es que las familias pierden un lugar tranquilo para contactar a los guerrilleros e iniciar la negociación.

Aunque en Los Pozos nadie respondía por los secuestrados y con frecuencia les decían a los familiares que esperaran la llamada del frente respectivo, muchos rescates sí se pagaban en el Caguán, donde además se producían muchas liberaciones.

Lo segundo tiene que ver con la mecánica de la negociación. “Para quienes permanecen en cautiverio las negociaciones se van a dilatar”, dice Mesa. La razón de esto es que ya no contarán con las facilidades de la infraestructura que habían montado para realizar secuestros sistemáticos. No sólo perdieron el sistema de comunicaciones que les proporcionaba el despeje sino que ahora les resultará más fácil a las autoridades triangular las conversaciones telefónicas con los familiares de las víctimas. “Pero una vez que se sienten a hablar no van a durar meses negociando sino que lo harán más rápido y por menos dinero”, agrega el director de Fondelibertad. Como sentirán una constante presión militar ya no se podrán dar el lujo de alargar la negociación para obtener más dinero pues la probabilidad de que haya un rescate por parte de los Gaula —que con zona de distensión era del 25 por ciento— sin duda aumentará en la medida en que ya no contarán con semejante refugio.

La situación de los secuestrados políticos es ligeramente diferente. La retención de los miembros de la Fuerza Pública buscaba presionar un canje por prisioneros de la guerrilla y lo cierto es que aun sin proceso de paz las Farc no han perdido la esperanza de ese intercambio. Los policías y militares siguen siendo canjeables y por lo tanto es posible predecir que se respetará su vida. Dado que el secuestro de los policías y los soldados no ha logrado el canje que quieren las Farc por sus guerrilleros presos, este grupo insurgente ha venido secuestrando parlamentarios (ya van cinco) y es predecible que dentro de su estrategia militar esté planeada una ola de secuestros selectivos a personalidades, sobre todo dentro de la cúpula del Estado. El ‘Mono Jojoy’ ha dicho públicamente que para apretar al Establecimiento y presionar el canje la única manera es secuestrando congresistas, ministros y magistrados. Sin embargo es una estrategia eminentemente urbana, y de grandes ciudades, donde las Farc han demostrado serias debilidades en materia logística.



10. ¿Cuál va a ser la

estrategia de los paras?

Si alguien se beneficia de la ruptura de los diálogos con las Farc son las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). La hipótesis de que el proceso de paz terminaría mal era la que prevalecía en sus cálculos y se estaban preparando para esa eventualidad.

La renuncia de Carlos Castaño a la dirección única de las AUC, la recomposición de su organigrama, el intenso tráfico de armas de los últimos meses y su bajo perfil ante su inclusión en la lista de terroristas de Estados Unidos permiten deducir que los paramilitares se alistaban desde hace meses para una guerra abierta con las Farc, que les serviría para avanzar hacia su reconocimiento político en una futura negociación de paz.

Castaño abandonó la jefatura para minimizar la posibilidad de ser llevado ante la Corte Penal Internacional —que podría comenzar a operar el año próximo— a responder por las atrocidades cometidas bajo su mando, como se infiere de su libro Confesiones. “Los avances en el proceso de paz con las Farc incrementaban esa posibilidad, comenta un estudioso del fenómeno paramilitar. La guerra ayuda a diluir esas responsabilidades”.

La nueva cúpula militar de las AUC, integrada por varios comandantes, les permite una mayor iniciativa regional. Esta descentralización les otorgaría además la flexibilidad necesaria para enfrentar la estrategia guerrillera tradicional de las Farc, a la que éstas han regresado tras comprobar que los movimientos de grandes contingentes no les convienen.

Por otro lado, la lucha antiparamilitar pasa a segundo plano. Aunque el Ejército ha ganado en movilidad con los nuevos helicópteros, una guerra abierta contra la guerrilla, en la que desempeñará papel clave la defensa de la infraestructura, exige un pie de fuerza que el Ejército no tiene. Y menos aún si debe librar dos frentes con igual intensidad. Como además desaparece la presión ejercida por la guerrilla en la mesa de negociación, todo ello tendría el efecto perverso de motivar a que los particulares sigan financiando a la AUC.

Algunos expertos creen que las autodefensas por ahora no realizarán acciones espectaculares y que al principio se dedicarían a detectar puntos vulnerables en el dispositivo guerrillero. Afirman que las AUC tienen los ojos puestos en el Huila y Caquetá para controlar los cultivos de coca.

A nivel político, como confirmó Salvatore Mancuso a la Associated Press, tratarán de consolidar su presencia en el Congreso. Esto con miras a buscar favorabilidad jurídica y asiento en un futuro proceso de paz. Esta posibilidad dependerá de sus acciones futuras. Los analistas coinciden en que si intensifican la guerra sucia difícilmente lograrán un reconocimiento de la comunidad internacional que, aun en su cruzada antiterrorista, no tolerará esa barbarie. Tampoco creen que Castaño logre cumplir la aspiración de su comunicado del 15 de febrero. “Tal vez las Farc provoquen la instauración de una Alianza al mejor estilo afgano en Colombia. (…) En Colombia están las AUC para erradicar a los terroristas, y que las Fuerzas Armadas del Estado se encarguen de refrendar con su presencia y control la soberanía del Estado en los territorios que vayamos recuperando”.
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