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| 4/10/2014 12:00:00 AM

Las razones de Santos para insistir en la reconciliación

“La paz es el mayor compromiso que podemos ofrecer a nuestras víctimas”, dice.

El presidente Juan Manuel Santos les reiteró este jueves a todas las víctimas del conflicto armado el porqué de su insistencia en buscar la reconciliación entre los colombianos: “La paz es el mayor compromiso que podemos ofrecer a nuestras víctimas”, dijo el mandatario durante la Instalación del Seminario Internacional ‘Las víctimas le caminan a la Paz’, en el Centro de Convenciones ‘Gonzalo Jiménez de Quesada’, de Bogotá. 

En la segunda jornada de conmemoración del Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas, Santos les dijo a los colombianos que más sufren el conflicto que ellos merecen la reparación, justicia, y verdad, “también quieren saber que nunca más serán victimizadas”, pero sobre todo la paz. 

El jefe de Estado recordó testimonios de víctimas de distintas partes del país, “de tantos colombianos que han perdido algo, que tienen algo que lamentar”.

“Yo no quiero seguir oyendo ese tipo de testimonios… Esto no puede ni debe seguir pasando. Por eso queremos el fin del conflicto y, si lo podemos lograr por el diálogo, es necesario ¡es imperativo intentarlo!”, expresó.

Las siguientes son las ideas expuestas por el mandatario en esta jornada en la que aprovechó para hacer un balance de lo que hasta ahora se ha acordado con las FARC en La Habana:

“¡Cuánto daño nos ha hecho la guerra! ¡Cuántas vidas truncadas!¡cuántas familias separadas! ¡Cuántas lágrimas! ¡Cuánto dolor!

Han sido 50, 60 años, en que colombianos han matado a colombianos. Los han desplazado, los han torturado, nos han torturado por imponer unas ideas, por robar unas tierras, por el absurdo espiral de la violencia y la venganza.

Por eso hoy, ante este auditorio en el que nos acompañan cientos de víctimas de esta etapa terrible de nuestra historia, quiero comenzar con una afirmación tajante y poderosa:

La paz es el mayor compromiso que podemos ofrecer a nuestras víctimas.

Por supuesto, la reparación; por supuesto, la justicia; por supuesto, la verdad.

Las víctimas de Colombia aquí representadas, que se cuentan por millones, quieren y merecen todo esto.

Pero, ante todo, la paz. También quieren ustedes y merecen la paz.

También quieren saber que nunca más serán victimizadas.
También quieren –con generosidad– que ningún otro compatriota sufra lo que estas víctimas sufrieron.

Hay aquí en Colombia quienes prefieren la guerra, y es cierto, podríamos proseguir la guerra, sin hacer el esfuerzo de la paz, y en algunos años, después de muchos miles de muertos más, de muchos miles de heridos más, tal vez, nos impondríamos sobre el enemigo.

Pero creo que hablo en nombre de la mayoría de los colombianos, creo que interpreto el sentir de los que estamos aquí reunidos, cuando digo lo siguiente: ¡no queremos esperar muchos años para conseguir esa paz!

¡No queremos esperar miles de muertos, no queremos que sigan produciéndose víctimas en este país!

El otro día, el año pasado, en un evento se me acercó una señora con los ojos llenos de angustia, y me dijo: 
“Presidente, ayúdeme”.

Yo le pregunté: “¿Qué le pasa, señora?”

Y me respondió: “Soy desplazada del Urabá y perdí a mi marido. Lo mató la guerrilla. Y los paramilitares se llevaron a mis tres de mis hijos: uno murió y de los otros dos nunca volví a saber. Se los llevaron a la fuerza. Ayúdeme, Presidente, a encontrarlos”.

¡Qué tristeza! Les confieso que se me salieron las lágrimas.

Y unas semanas después, dos semanas después, estuve en Neiva, estábamos en el programa de las viviendas gratis, entregando las llaves de la casa a un señor que había perdido una pierna —me acuerdo de su nombre—, José Lutarco Valencia, digno, y se acercó, sin una pierna, y le pregunté: “¿Qué le pasó en la pierna?”

Me dijo: “presidente, la perdí en esta guerra, en el conflicto. Yo soy desplazado del Putumayo” me dijo.

Y lo cogí y le dije: “¡Ánimo! Ánimo, don José. Usted ahora tiene su casa, aquí le entrego las llaves, su casa para que pueda disfrutarla con sus hijos”.

Y me miró a los ojos —me acuerdo perfectamente, nunca se me va a olvidar— y me dijo: “También los perdí. Mis dos hijos me los mataron, me los mató esta guerra”.

La verdad, uno se queda sin palabras. Cómo faltan las palabras, cómo nos duele el corazón, cuando escuchamos las historias de tantas víctimas aquí presentes y que no están presentes, de tantos colombianos que han perdido algo, que tienen mucho que lamentar.

Yo no quiero seguir oyendo ese tipo de testimonios. Esto no puede, ni debe seguir pasando. 

Por eso queremos el fin del conflicto y si lo podemos lograr por el diálogo, es necesario. ¡Es imperativo intentarlo!

Eso sí, mientras logramos esto, seguimos en la guerra; seguimos combatiendo con toda la firmeza a quienes amenazan la tranquilidad y las vidas de los colombianos. ¡Seguimos a la ofensiva!

Y no olvidemos –no podemos olvidar– que también nuestros soldados, que también nuestros policías, los que han muerto o han sido mutilados por esta guerra, también son víctimas que merecen respaldo.

Por eso mi mensaje a las víctimas de Colombia, a todas, es este:

Antes las negaban, como negaban el conflicto, pero hoy las reconocemos.

Hoy les damos visibilidad y queremos trabajar no solo por ustedes, sino queremos trabajar con ustedes. Por ustedes, pero con ustedes.

Y lo primero que tenemos que trabajar es la paz.

Porque las víctimas en nuestro país no son colombianos de segunda, sino colombianos con todos sus derechos, que han sufrido mucho y que tienen mucho también que aportar a la sociedad.

¿Quién nos va a enseñar a perdonar, quién tiene la autoridad moral para hablar de reconciliación, sino son ustedes las víctimas?

¿Quién nos va a recordar lo que pasó, para que no se pierda la memoria, para que nunca se repita la historia? ¿Quién, sino son ustedes?

¿Quién nos va a enseñar el coraje de levantarse, Giovanni (Mena) cuando uno se cae después de haber recibido tantos golpes, sino son ustedes?

Por eso este seminario se llama —qué lindo nombre— ‘Las Víctimas le Caminan a la Paz’, y caminan para que no haya más víctimas, para que no haya más víctimas, porque la paz se construye por ustedes, para ustedes, pero sobre todo, con ustedes.

Y ese es un punto muy importante, además, en la agenda de conversaciones de La Habana.

Porque sabemos que las víctimas, como me lo decía la semana pasada que estuvo aquí, un personaje muy especial, Martin McGuinness, hoy viceprimer ministro de Irlanda del Norte, antes jefe del IRA, comandante del IRA, me dijo: “usted está haciendo lo correcto, Presidente Santos, porque la víctimas son lo más importante en un proceso de esta naturaleza”.

De hecho, en los dos primeros puntos que ya concluimos hasta ahora, hay avances importantes en ese sentido.
En el primer punto, sobre desarrollo rural, se acordó, entre otros temas, el acceso a una serie de planes de provisión de bienes y servicios como la salud, la educación, la infraestructura, para las poblaciones rurales más afectadas por el conflicto.

Sólo una madre que es víctima sabe que una cosa es recibir una indemnización y otra muy distinta lograr que sus hijos puedan tener al mismo tiempo asegurada su educación.
En el punto dos, el punto dos se refiere a la participación política: acordamos crear unas circunscripciones especiales de paz para que las comunidades más afectadas por el conflicto tengan mayor representación en el Congreso de la República.
Estas curules no son para las Farc, como algunos han dicho, sino para las comunidades que más han sufrido la violencia y que por el conflicto no han estado representadas.
Ojalá sean las víctimas de esas comunidades las que tomen la decisión de participar en las elecciones por esos escaños en un futuro.

En cuanto al punto específico del resarcimiento de las víctimas, este no se ha empezado aún a discutir, pero quiero dejar claro, muy claro, que eso será central en el Acuerdo que esperamos lograr, así se lo hemos dicho a la guerrilla.

Por primera vez, lo dijo el Senador (Juan Fernando) Cristo, las víctimas están en el centro de la solución de este conflicto y la voz de las víctimas debe ser escuchada, y haremos que sea escuchada.

Y que nadie se confunda: no se trata de negociar los derechos de las víctimas en La Habana. No.Se trata de acordar una serie de compromisos de parte y parte para la satisfacción efectiva de los derechos de las víctimas.

Aquí todos tenemos que reconocer la propia responsabilidad que nos ha cabido en el conflicto y, en consecuencia, comprometernos con el esclarecimiento, con la reparación y, claro está, por supuesto, con la no repetición de lo sucedido.
Por eso –repito– las víctimas en este proceso son protagonistas de la paz, son las principales beneficiadas de ella y deben ser también sus defensoras.

Por supuesto, ustedes saben, no nos quedamos quietos, ni esperamos al fin del conflicto para comenzar a reparar a las víctimas.

No estuvimos de acuerdo con los que querían esconder el conflicto -como si no existiera, como si fuera un fantasma- y esconder a las víctimas, como quien esconde el polvo debajo de un tapete para pretender una falsa limpieza. No. Eso lo cortamos de tajo.

Y hemos avanzado mucho, pese a que algunos también se empeñen en minimizar o negar un trabajo que ha sido monumental y que es reconocido nacional e internacionalmente.

Y somos los primeros en reconocer que, claro está, que falta un trecho inmenso. ¡Cómo no va a faltar si partimos prácticamente de cero, sin instituciones, sin juzgados agrarios, sin ley de víctimas!

Pero miren cómo estamos ahora; miren lo que tenemos hoy, que no teníamos hace unos años:

Tenemos Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras, una ley tan trascendental que el propio Secretario de Naciones Unidas (Ban Ki-moon) vino a su sanción. Y cada vez que me lo encuentro, lo primero que me pregunta es: “¿Cómo va esa ley? ¿Cómo van sus víctimas?”.

Tenemos un Comité Ejecutivo que yo mismo presido; tenemos un sector del Gobierno de Inclusión Social y Reconciliación, hicimos una transformación en la estructura del Gobierno para que esa reconciliación fuera posible, que lidera el Departamento de Prosperidad Social.

Tenemos un gran Sistema Nacional de Atención y Reparación Integral a Víctimas, coordinado por la Unidad para las Víctimas, con más de 50 entidades del Estado, y comités en cada departamento y cada municipio del país.

Tenemos la Unidad de Restitución de Tierras, y creamos, capacitamos y tenemos funcionando una jurisdicción especial agraria para adelantar los procesos.

Tenemos ya un Centro Nacional de Memoria Histórica y tenemos sus primeros informes, que han sacudido la conciencia nacional.

Tenemos –sí, aunque no quieran verlo– a más de 360.000 víctimas reparadas y le hemos invertido un presupuesto superior a los 2,2 billones de pesos.

Y se han devuelto, hasta ahora, sus tierras a más de mil familias, con sentencia judicial–, a las que estamos apoyando con sus proyectos productivos.

Sabemos que falta mucho, hay 64 mil solicitudes, que tenemos que acelerar ese proceso. Por eso en el Congreso de la República se está adelantando un proyecto de ley, se está presentando, para ver si por la vía administrativa, cuando no exista oposición, podamos acelerar ese proceso.

¿Saben cuántas restituciones se lograron, simplemente para tener una comparación, en nueve años, con el proceso llamado de Justicia y Paz? ¡Veintidós! Entonces, que no critiquen quienes no han hecho.

Y que mejor ayuden para que este proyecto de reparación de víctimas lo saquemos adelante en los 10 años que consagra la ley. Pero que vayamos cada vez más rápido, cada vez con más efectividad, cada vez con mejores resultados.

¡Claro que falta mucho! ¡Claro que quisiéramos ir más rápido!

Pero es que teníamos que pasar primero una ley, teníamos que crear y poner en marcha la institucionalidad, y ahora es cuando el proceso toma ritmo, un ritmo ¡ojo! inatajable por nuestras víctimas.

Y donde haya falencias o demoras, tenemos que mejorar. Y somos los primeros en ser autocríticos.

Por eso esa ley que acabo de mencionar de la Restitución de Tierras, que cuando no haya oposición vamos a hacerla por la vía más rápida sin tener que pasar por los jueces.

Que están haciendo además una labor muy meritoria. La cantidad de fallos que están estudiando y fallando todos los días es inmensa.

Además, nos preocupa mucho, muchísimo, la seguridad de los líderes de las víctimas y los procesos de restitución.

Cada líder que cae por las balas cobardes de los despojadores es una herida en el corazón al corazón de nuestro país, al corazón de Colombia.

La instrucción perentoria a la Unidad Nacional de Protección y a la Fuerza Pública ha sido la de hacer todo lo que esté a nuestro alcance. Hay un general de la Policía encargado de proteger a quienes están reclamando las tierras, a los líderes.

Todos los que se sientan amenazados van a tener protección, para que podamos tomar todas las medidas así sean excepcionales para proteger a las víctimas del desplazamiento y a los reclamantes de tierras.

La Unidad ha brindado medidas de protección a más de 1.500 víctimas y a más de 1.500 líderes de este proceso solamente en los últimos dos años, y hay que reconocer, seamos sinceros, los casos fatales han disminuido sustancialmente, aunque todavía uno para mí es demasiado.

Pero no vamos a bajar la guardia. No queremos ni podemos permitir que los usurpadores, los victimarios, sigan sembrando sangre y dolor donde solo se debe sembrar esperanza y futuro.

Cuenten con el compromiso esencial de nuestro gobierno y también de la fuerza pública.


No puedo terminar sin hacer un reconocimiento especial a todos los que, desde el Estado y desde la sociedad, muchos de ustedes aquí presentes, que trabajan incansablemente por las víctimas.

Muchas gracias a los funcionarios del Gobierno que le han puesto tanto corazón. A Gabriel Vallejo, a Paula Gaviria, a Ricardo Sabogal, a Gonzalo Sánchez, usted sabe lo que le ha costado producir todos esos relatos que nos estremecen, pero necesarios porque la verdad nos libera.

Y muchas gracias a tantas personas, y a tantos equipos, medios de comunicación, organizaciones sociales, fundaciones, que persiguen el mismo objetivo que es un país reconciliado y en paz.

Muchas gracias, senador Cristo. Muchas gracias a usted y su equipo. Aquí no está Guillermo Rivera, pero todos los legisladores, aquí hay varios de ellos, que han hecho este proceso posible.

Recuerden lo que les dije en 2010, usted se acordará, doctor Roy (Barreras): Si les cumplimos a las víctimas, si les cumplimos a ustedes, habrá valido la pena para mí haber sido Presidente y para ustedes, los congresistas aquí presentes, haber sido elegidos en sus curules.

Doctor (Iván) Cepeda, yo también tengo que reconocerle a usted el trabajo que hace todos los días, así estemos en bandos contrarios, pero usted ha hecho un trabajo que merece el reconocimiento de todas las víctimas.

Y hoy les digo: ¡Valió la pena! ¡Valió la pena!

Pero todavía nos queda mucho por hacer. Tenemos que terminar la tarea.

Tenemos que asegurar la reparación, la verdad, la justicia para millones de compatriotas.

Pero sobretodo, tenemos que lograr la paz. Esa paz que nos permitirá un futuro sin más víctimas; un futuro donde todos quepamos, donde todos trabajemos unidos por un país próspero; un país que lo acabamos de ver con unas expresiones culturales tan maravillosas, un país justo, un país sin violencia…

¡Es posible! Las víctimas de hoy deben ser las últimas víctimas de nuestra historia.

Y esa historia no la vamos a construir solos. ¡La vamos a hacer con ustedes!

Porque las víctimas de Colombia. Ustedes, todas las víctimas, le caminan a la paz. Le caminan a la paz, como dice el lema de este seminario.

Y como ustedes se la juegan por la paz, yo también me la juego –y me la seguiré jugando–me la juego entero por la paz y por ustedes, ¡hasta el último día de mi vida!

Porque la paz es ahora o nunca.

¡Y adelante! ¡Todos unidos para conseguir esa paz!

Muchas gracias”.

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