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| 7/25/2009 12:00:00 AM

Las tiraron al río

La terrible historia de tres mujeres que fueron picadas en pedazos por órdenes de un mayor de la Policía, según el testimonio de un agente que devolvió los dos millones de pesos que le dieron para callarlo y contó todo lo ocurrido.

Era un viernes aburrido de mayo y Yudi, Laura y Jennifer habían decidido quedarse en la casa sin hacer mucho. Las dos primeras, de 17 años, se pusieron a hacer las tareas del colegio (estaban en grado 11) y prefirieron, mejor, salir el sábado porque varias emisoras habían anunciado rumba con orquesta en el parque de la Estrella, un municipio conectado con el sur de Medellín. Y Jennifer, de 18 y quien no conocía a las otras dos, pensaba quedarse a esperar a que su mamá regresara del trabajo.

Pero una llamada durante la noche les cambió los planes a las tres. Los planes y la vida.

Diego Mejía, conocido con el alias de '28' y jefe de una de las bandas de sicarios más poderosas del Valle de Aburrá, llamó a Laura Echeverri para invitarla a un partido de fútbol en Sabaneta. Le dijo, además, que le comentara a Yudi Castillo por si quería ir. Según los familiares de las menores, hacía un mes que un amigo en común les había presentado a '28', pero no habían preguntado a qué se dedicaba. Las dos aceptaron y, antes de las 8 de la noche, un Mazda 6 último modelo de color gris y blindado las recogió en las puertas de sus casas. El mismo auto en el que -minutos más tarde- se montó Jennifer Puerta. A diferencia de Yudi y Laura, que avisaron en sus casas, Jennifer no le dijo nada a su mamá. Pensó que sería cuestión de dos o tres horas y que no había necesidad. Horas que se alargaron hasta el sábado 18 de julio, cuando las mamás supieron lo peor: que sus hijas habían sido asesinadas, picadas y arrojadas al río Cauca.

La noticia fue conocida en plena audiencia de imputación de cargos al comandante de Policía de Itagüí, el mayor Luis Augusto Manrique Mantilla, y a tres agentes más. Los cuatro habían sido destituidos el día anterior después de que se conocieron los resultados de una investigación de la propia Policía.

El aterrador caso, sin duda, tiene que ver con la delicada situación que vive hoy Itagüí, pues ocupa el primer lugar en Antioquia por muertes violentas: 200 en lo que va corrido del año, el doble que en el mismo período del año pasado. ¿La razón? Este municipio de 250.000 habitantes y epicentro de la industria textil se ha convertido en el último año (desde la extradición de 'Don Berna', quien comenzó allí su carrera en la mafia) en el campo de batalla de dos temibles bandas: 'La Unión' y 'Calatrava'. Se sabe que hasta hace unos meses '28' pertenecía a 'La Unión', pero este año había tomado la decisión de cambiarse a 'Calatrava'. Esa mudanza, al parecer, se convirtió en su sentencia de muerte.

Hoy las dos bandas se disputan, cuadra por cuadra, todos los negocios del narcotráfico: desde las llamadas "prepagos" hasta los jíbaros y las rutas de la droga. Desde la extradición de 'Don Berna', Leonardo Muñoz, alias 'Douglas', trató de heredar su poder, pero su captura hace tres meses hizo que la situación de violencia de Itagüí, y de Medellín, se disparara.

El relato de los hechos de las tres mujeres, hecho por un agente de Policía que presenció buena parte de lo ocurrido y que hoy es testigo de la Fiscalía, no podría ser más escabroso. Según él, después de que '28' recogió a las tres muchachas, un teniente de la estación de la Estrella le informó al mayor Manrique la ubicación y las placas del Mazda. En ese momento, agentes de la Policía de Itagüí improvisaron un retén en la carretera y detuvieron el auto. El mayor reconoció a '28', lo hizo bajar, junto con las tres mujeres, y los acostó bocabajo en el asfalto. Luego, dio la orden de trasladarlos a la Estación para interrogarlos. Una vez allí, el comandante hizo llamadas por celular, los volvió a montar a la patrulla, dieron cinco o seis vueltas por los barrios hasta cuando se encontraron con una camioneta Toyota a la que fue trasladado '28'. Entonces le preguntaron al mayor: "¿Y esas viejas qué?". A lo que respondió, según el testigo, que tocaba "tumbarlas" porque conocían a mucha gente. Esa fue la última vez que vieron a los cuatro con vida.

Según el testigo, una semana más tarde, cuando vio las fotos de las tres mujeres en el periódico local Q'hubo, le preguntó a su jefe por la suerte de ellas. La respuesta lo dejó frío y dijo que lo había motivado a denunciar el hecho y a entregar los dos millones de pesos que el mayor le había entregado para que se quedara callado: "Esas fueron picadas al igual que '28' y tiradas al río Cauca, por Caucasia (...) el carro también".

Nadie, hasta ese punto, sabía ese final trágico de la historia y cuando el Fiscal encargado leyó esta parte del relato, sólo se escucharon gritos de dolor en el recinto de la Fiscalía. Eran casi las 5 de la tarde y habían transcurrido siete horas desde cuando comenzó la audiencia. Luz Amparo Mira, mamá de Yudi, fue la única que permaneció en silencio. Lloró, sí, pero fue un lloriqueo mudo. Estaba pálida y con la cabeza hacia abajo. "Eso que escuché era una historia de ficción ¿cierto?", le preguntó como incrédula a uno de los investigadores después de salir de la audiencia. A la mamá de Jennifer, Beatriz Saldarriaga, también le costó creer que su única hija pudiera estar en pedazos por un río. Ella se salió del salón para llorar a solas. "El diablo estuvo suelto ese viernes y mi hija se lo encontró (...) me acabaron de arrancar un pedazo de mi corazón", le dijo Beatriz a SEMANA y, al igual que las otras dos mamás, no entiende por qué un policía podría ser capaz de hacer esto.

Sin embargo, algunos investigadores manejan la hipótesis según la cual la historia del río puede ser un sofisma de distracción del mayor. Según ellos, sería muy difícil desplazar a las cuatro personas hasta Caucasia en pleno Bajo Cauca, una zona que no sólo es la más militarizada de Antioquia, sino en la que también hay disputa entre otras bandas. La próxima audiencia, que se espera sea en menos de un mes, podría aclarar muchas preguntas que hoy se hacen los investigadores, la sociedad, pero, sobre todo, los familiares. "A lo mejor el cuerpo de mi niña no está en un río. A lo mejor está en por ahí enterrada en Medellín o cerquita", le dijo a SEMANA Luz Amparo, la mamá de Yudi.

El caso puede provocar todo un revolcón en la Policía del Valle de Aburrá. El viernes, el director de la institución, general Óscar Naranjo, retiró de su cargo al comandante del Área Metropolitana, al brigadier general Dagoberto García, y lo trasladó a Villavicencio. Así mismo, por parte de la Fiscalía se esperan más capturas.

Hoy el mayor comandante, el subteniente y los dos patrulleros están en la cárcel de Bellavista mientras avanza el juicio. Los investigadores tratarán de responder si el mayor de la Policía le estaba haciendo un trabajo a la mafia.
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