Sábado, 21 de enero de 2017

| 1996/11/11 00:00

LAS VERDADES DE HERRERA

Las impactantes revelaciones de la confesión de Pacho Herrera permiten apreciar el tamaño de los negocios del cartel de Cali desde comienzos de los 80.

LAS VERDADES DE HERRERA

Helmer Herrera Buitrago, el hombre de los mil rostros, se entregó a las autoridades el pasado primero de septiembre en la iglesia de Yumbo, Valle del Cauca. De inmediato fue recluido en la cárcel de máxima seguridad de Palmira. Desde entonces ha rendido indagatoria en tres ocasiones ante fiscales sin rostro enviados desde Bogotá. En sus primeras declaraciones Herrera ha revelado en detalle los mecanismos utilizados por el cartel de Cali para la exportación de cocaína y el traslado desde Estados Unidos a Colombia de cientos de millones de dólares como producto de ese ilícito negocio. SEMANA reproduce textualmente apartes de sus tres indagatorias. "Cuando llegué a Estados Unidos _aproximadamente en 1975_ comencé a trabajar en la empresa Nemac Corporation, en Nueva York. Era una empresa de mecánica de precisión donde se elaboraban piezas de aviones. En ese entonces el trabajo que se hacía era para los aviones de guerra de Estados Unidos. Como yo era mecánico industrial y logré sacar el Social Security, comencé a trabajar legalmente en Nemac. Era un trabajo dispendioso. Cada seis meses se elaboraban 100 piezas de precisión. Uno se podía demorar haciendo una sola pieza de éstas entre tres y cuatro meses. Cuando el trabajo estaba terminado iban oficiales del FBI y de la Aeronáutica Civil para revisar la calidad del trabajo. Me acuerdo que en ese entonces el salario era entre 60 y 70 centavos de dólar. Cuando yo entré a Nemac logré que me pagaran a siete dólares la hora. En esa empresa trabajé hasta 1979". (...). "Los dólares que traía de Estados Unidos eran del narcotráfico y también de algunos industriales, ya que por la situación cambiaria que había en ese tiempo no era posible que ellos los trajeran legalmente. Pero la mayoría de los dólares que yo traía eran de personas que trabajaban en actividades ilícitas". (...). "Nunca tuve en claridad a cuántas de esas personas les traía los dólares, porque uno en este negocio no puede preguntar ni pedir que le hagan aclaraciones". (...). "Creo que en esta actividad comencé hace 13 años. Entre 1983 y 1990 pude haber traído una cantidad cercana entre los 80 y 100 millones de dólares". (...). "En 1983, cuando yo me vine de Estados Unidos, en mi equipaje traje unos destapadores a los cuales les saqué por dentro todo el sistema de funcionamiento y los rellené con dólares. Si mal no recuerdo, le metí a cada destapador entre 30 y 35.000 dólares. Me acuerdo mucho que en esa oportunidad también traje unas ollas pitadoras, y a cada una de ellas le cabían entre 20 y 40.000 dólares. En ese primer viaje traje cerca de 200.000 dólares". (...). "Cuando llegué a la aduana me nació por primera vez la idea de montar este negocio de la traída de dólares. En esa oportunidad ni siquiera las tulas, donde venían esos electrodomésticos con la plata, me fueron tocadas y fue para mí una gran sorpresa, al igual que de felicidad, por la facilidad con que había entrado este dinero". (...). Crece el negocio "Ese mismo año Hugo Valencia, uno de mis socios, me pidió el favor de que le trajera 300.000 dólares. Yo utilicé una persona para traerlos. Lo hice en tres viajes, cada uno con 100.000 dólares utilizando el mismo método que había usado meses atrás. Cuando la cantidad de dólares se hizo más importante, con mi hermano Ramiro y otros dos socios hacíamos el trabajo. Primero conseguíamos personas que vivían en Estados Unidos y que querían visitar a sus familiares en Colombia. Después de contactarlas mirábamos el equipaje y los electrodomésticos que podrían traer al país. Así fue como en televisores, en ollas, en la ropa, en los bolsillos de los sacos, metíamos el dinero y arreglábamos a los aforadores de la aduana para que no molestaran por la cantidad de equipaje que se traía. Por mucho tiempo, yo personalmente iba al aeropuerto y recibía a esos pasajeros". (...). "Cuando los socios me enviaban entre dos y tres pasajeros el mismo día utilizábamos los vuelos de las aerolíneas Eastern, Air France, American o Avianca. Usualmente esos aviones salían de Nueva York hacia las ocho o nueve de la mañana. Hacían escala en Miami y llegaban a Cali entre las ocho y las 11 de la noche, y esas horas eran muy buenas para trabajar". (...). "En 1986 la cantidad de dólares para traer era enorme. Muchas veces se llegó a mandar el dinero desde Estados Unidos apenas envuelto entre la ropa. En algunas oportunidades la tula donde venían los dólares era descubierta. Y las personas encargadas del equipaje en Nueva York o en Miami se la robaban sin denunciar nada. Pero cuando la DEA y la aduana de Estados Unidos descubrieron este sistema las cosas se complicaron". (...).

NUEVOS SISTEMAS
"Entonces uno de los socios, no recuerdo bien si Pedrito o José, llevó una persona que manejaba muy bien el cuero y ella fabricó las maletas de doble fondo. Con ese sistema comenzamos a traer de nuevo la plata. Como se dice en el argot nuestro, camuflamos mejor los dólares para darle una protección más adecuada". (...). "Este no fue el único sistema que utilizamos. En algunas oportunidades comprábamos los cupos de colombianos que llevaban viviendo más de cinco años en Estados Unidos y a nombre de esas personas mandábamos menajes a Cali. En esos menajes venían neveras, muebles, comedores, camas, armarios, etcétera. Nosotros aprovechábamos el envío de esos enseres para camuflar los dólares y mandarlos a Cali". (...). "También utilizamos la importación de respuestos y de motores de segunda que los comprábamos en los desguazaderos o cementerios legales que existen en Estados Unidos. A esos motores les sacábamos algunas piezas, metíamos el dinero y luego sellábamos con soldadura los compartimientos para evitar sospechas. Otro método que utilizamos fueron las mangueras de alta presión y estufas de gas". (...). "Los sistemas cada vez eran más sofisticados, porque hacia los 90 las autoridades comenzaron a coger a la gente en los aeropuertos y muchas veces esos funcionarios se robaban la plata y soltaban a las personas, porque en ese momento la movilización de dólares no era un delito en Estados Unidos. En otras ocasiones las autoridades estadounidenses allanaron apartamentos, donde encontraron más de un millón de dólares. Pero inexplicablemente soltaban a la gente diciéndoles que no se preocuparan, que no iban a judicializar el caso, ni a denunciarlos ante la Corte para que los deportaran porque la mayoría de esas personas vivían ilegalmente en Estados Unidos. A cambio de ello los agentes federales se quedaban con los dólares". (...). "Mi negocio era traer dólares. A mí me entregaban en Estados Unidos dólares y yo entregaba dólares aquí en mi país. Es decir, no los convertía en pesos. Mi comisión por el trabajo sí me la pagaban en dólares. En un principio los mandaba a cambiar a San Andresito y en otras oportunidades al Banco de la República. Fue ahí cuando descubrí que era más rentable lo segundo, porque los pagaban mejor e incluso los pagaban en efectivo. Eso fue lo que llamaron después la 'ventanilla siniestra'. Por seguridad nunca cambié más de 100.000 dólares por día. Recuerdo que en algunas oportunidades cuando restringieron el cambio y sólo lo hacían hasta por 10.000 dólares en efectivo, entonces uno llegaba al banco y allí encontraba personas que desde muy temprano hacían fila para cambiar unos pocos dólares. Entonces nosotros les dábamos una buena cantidad de dólares a esas personas para que nos hicieran la diligencia y les pagábamos unos 10.000 pesos por ese trabajo". (...). "Por mi seguridad y la de mi familia me reservo los nombres de todas las personas a las que les ofrecí mi trabajo de traer dólares de Estados Unidos". (...). "¿Qué garantía ofrecía cuando yo me responsabilizaba en la traída de dólares? Muy sencillo. Al principio, en 1983, ese negocio era muy fácil de hacer. Era un negocio de confianza por la amistad que había con algunas de esas personas. Después, yo adquirí un capital muy caudaloso y cuando me pedían que trajera dinero respaldaba la transacción con mi plata. Nunca acepté recibir encargos por los que no pudiera responder, pues no quería estar en el pellejo de aquellas personas que habían tenido problemas y después nunca pudieron responder. El éxito mío fue garantizar la entrega del dinero que siempre me confiaron. Cuando me daban los dólares en Estados Unidos a lo máximo me demoraba 24 horas en entregarlos aquí en Colombia". (...). "Sobre el negocio del envío de cocaína quiero contar lo siguiente. Inicialmente, entre el 84 y el 86, a mí me apuntaban en los grandes envíos con una cuota que oscilaba entre los 10 y 30 kilos. En 1987 participé en unas dos ocasiones con 100 kilos y en ese mismo año me apuntaron un envío de 150 kilos. En el 89, don Chepe (José Santacruz) nos llevó en un negocio en el que participamos con 200 kilos. Para 1990 yo no quería intervenir más en el envío de cocaína, ni siquiera como apuntador. Pero don Chepe utilizó mucho la organización paralela para la distribución de mercancía tanto en Miami como en Nueva York. No sé exactamente cuánta cantidad se distribuyó". (...). "No sé exactamente cuánta plata recibí como ganancia de los envíos de droga. Sin embargo en algunos años, entre el 83 y el 90, sino estoy mal, recibí 2.200.000 pesos y 2.500.000 pesos por cada kilo. Creo que eso fue en el año 87. Eso fue como ganancia. A partir de 1989 la cifra aumentó por kilo y recibía entre 2.000 y 2.400 dólares".

"EL APODO DE PACHO SE LO DEBO A PABLO ESCOBAR"

Cuando Pablo Escobar tenía esa guerra contra el Estado y le dio por secuestrar a todas las personas que él creía tenían dinero en efectivo, para poder subsanar sus gastos, entonces los señores Rodríguez, más propiamente don Gilberto, un día que asistió a una reunión por allá en 1988, me dijo: 'Para tu seguridad ya que Pablo te quiere secuestrar y va a interceptar muchos teléfonos o comunicaciones y además va a buscar la manera de llegarte por todos los medios con inteligencia, entonces desde hoy cuando nos llamés, ¿cómo querés que te llamemos?'. Yo le dije: 'Como ustedes quieran, a mí eso no me molesta'. Entonces me pusieron el apodo de Pacho". "La única intervención que tuve en la persecución de Pablo Escobar fue de simple colaboración con las autoridades que en ese entonces estaban detrás de Escobar. Nuestra colaboración fue muy efectiva. Y sólo fue de inteligencia. De informaciones que nosotros pagábamos para dar con el paradero de él y su gente". "En 1989 Escobar envió una maleta con 20 kilos de cocaína al exterior y le puso en el rótulo del envío mi nombre y el teléfono de donde yo residía en esa época. Esa misma semana envió otra maleta con 20 kilos de cocaína a Londres y también le colocó mi nombre en la tarjeta del equipaje. Escobar decía que de cualquier manera debía perjudicarme y por eso trató en varias ocasiones de hacerme montajes para judicializarme...". "Escobar buscaba que la Policía me persiguiera y que la Fiscalía me sacara una boleta de captura. El decía que de esta manera mandaba a oficiales de la Policía o de otras instituciones que trabajaban con él para que me detuvieran y me pudieran llevar hasta Medellín y allí cobrarme cinco millones de dólares que según Escobar yo tenía".

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