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| 8/22/1983 12:00:00 AM

LEHDER EN LA CAPITAL

Con la aspiración de Lehder al Concejo de Bogotá llegan los "dineros calientes " a la política distrital

No habían transcurrido 15 días desde que la opinión pública había conocido a Carlos Lehder como el "hombre de las bonanzas" que estaba haciendo política en el departamento del Quindío, cuando amaneció la carrera séptima de la capital de la República empapelada de arriba a abajo de afiches anunciando que Lehder aspiraba al cabildo de Bogotá. Al parecer, Lehder, embriagado por la orgía publicitaria que había despertado su debut en sociedad, llegó a la conclusión de que Armenia era un campo de acción demasiado reducido y que había llegado la hora de conquistar a Bogotá. Todo indica que Lehder es un hombre dado a saltar etapas. Si a los Kennedy les tomó dos generaciones blanquear su dinero, Lehder aspira a hacerlo en una. Y si a un político regional le toma años pasar al escenario nacional, Lehder considera que seis meses son apenas suficientes para este tránsito, aun cuando todavía no se ha dejado contar por primera vez en el Quindío. Su técnica de penetración en Bogotá parece una réplica a mayor escala de las innovaciones que estaba poniendo en práctica en Armenia: dinero y regalos para atraer a los fieles, espectáculo para distraerlos, algunos ritos y uniformes fachistoides para dar una impresión de organización, e injurias a granel a sus enemigos.
El acto de lanzamiento tuvo lugar en el Teatro Faenza y estuvo precedido de un desfile de activistas por la carrera séptima, que promocionaban el evento. Lehder se había apostado desde las 11 de la mañana en las puertas del Hotel Tequendama, donde repartía gratuitamente su periódico "Quindío Libre" .
Hacia la una de la tarde, y viendo los organizadores que el Teatro Faenza estaba vacío, procedieron a llamar la atención de los transeúntes de la congestionada calle 22, mediante la entrega de un emparedado, una cocacola y una camiseta del movimiento a los que entraran. La capacidad de 1.300 personas del teatro fue, mediante este método, fácilmente copada. A la entrada del teatro se apostaron niños con trajes de "boy scout" que ordenaban el ingreso de los curiosos e hicieron camino de honor para la entrada de Lehder.
El espectáculo fue abierto por la "Nena Jiménez" quien, con sus acostumbrados chistes de "subido tono", alegró muy pronto a los asistentes; los otros artistas programados, los "Hermanos Monroy" y Antonio Del Vilar, no pudieron actuar por fallas técnicas, ya que las cuatro cámaras de televisión llevadas por Lehder hacían que los tacos de la luz se saltaran continuamente y, además porque el programa incluía siete oradores. Continuamente se coreaban estas consignas: "Extradición es traición". "Michelsen a la cárcel, El Banco para el pueblo". "Lehder en el sillón y los banqueros pidiéndole perdón". Y continuos abucheos a El Tiempo y a la Federación de Cafeteros por la explotación a los campesinos del Quindío.
El primer orador fue Rafael Duque Naranjo, periodista que ha trabajado principalmente en "el Bogotano", quien comenzó su intervención con una acalorada defensa de Félix Marín, otro de los oradores y autor de "El Tío", y un virulento ataque a las oligarquías y a El Tiempo en particular; terminó su intervención con la siguiente consigna. "el 20 de julio de 1810 Colombia obtuvó su libertad del colonialismo español y el 20 de julio de 1983 Carlos Lehder se toma a Bogotá para exigir la nacionalización de la banca por soberanía, trabajo, paz y progreso".
Las demás intervenciones fueron del mismo corte, con fuertes ataques a las instituciones financieras y a los medios de comunicación, particularmente al diario de los Santos. El último orador fue Carlos Lehder, quien expuso sus programas y recalcó que "somos una raza formidable, dinámica, verdadera". Anunció que patrocinará las "fincas sin cuota inicial", especialmente en la zona del Putumayo.
Los observadores políticos parecen coincidir en que Lehder cometió un monumental error al decidir hacer política en la capital de la Republica. En el Quindío, no obstante la identificación del origen de sus recursos y los elementos caricaturescos de su movimiento, sus posibilidades políticas no eran descartables. Se trata de un electorado pequeño, en donde la compra de favores que puede producir una fortuna como la de Lehder constituye una ventaja enorme sobre sus rivales. En cambio en Bogotá existe un electorado atomizado, independiente, que se mueve por factores muy diferentes de los que se ven en la provincia; los pocos adeptos que pueden generar los billetes de Lehder se enfrentan a cientos de miles de ciudadanos indignados por su presencia en la capital. Los movimientos tipo Lehder podrán tener una popularidad efímera en algunos sectores del país, pero el debate moral que genera a nivel nacional asegura, tarde o temprano, su extinción.
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