Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1999/03/15 00:00

LEYVA CONTRAATACA

Un acuerdo político, liderado por Alvaro Leyva y aceptado a regañadientes por el gobierno, busca <BR>descongelar el proceso de paz.

LEYVA CONTRAATACA

El proceso de paz enfrenta cada día más tropiezos. Esto se ha hecho evidente ahora que la
prórroga del despeje no ha conducido a las Farc a descongelar los diálogos. Por eso, y con el fin de tratar de
desempantanar el proceso, la semana pasada se dieron los primeros pasos para poner en marcha la firma de
un acuerdo entre las distintas fuerzas políticas del país. Lo curioso es que los contactos con los dirigentes
llamados a formar parte de un acuerdo de esa naturaleza no fueron adelantados por representantes del
gobierno sino por emisarios de Alvaro Leyva Durán. Para bien o para mal, cada vez que las Farc ponen una
nueva condición para avanzar hacia los diálogos de paz aparece la mano de Leyva. Nadie como él sabe mejor
qué quieren las Farc para permanecer en la mesa de diálogo. Esto no resulta extraño en la medida en que
Leyva es el político que más conoce a ese movimiento guerrillero y el único que tiene la confianza plena del
secretariado. El sabe bien qué quieren y en qué residen sus preocupaciones, de modo que las estrategias que
diseña para que los procesos avancen cuentan con esa fortaleza. Pero también acusan esa debilidad.Hoy
Leyva lidera, detrás de bambalinas, el acuerdo político para desempantanar el proceso de paz. En realidad se
trata de una condición que han puesto las Farc para volver a la mesa. Sin un acuerdo entre las distintas
fuerzas políticas, opina ese movimiento guerrillero, la política de paz no tiene suficientes cimientos para
seguir adelante.
Abrir el proceso y cambiar de comisionado
Hace una semana el propio Leyva se comunicó con el jefe del Partido Liberal, Horacio Serpa Uribe, y con la
ex candidata Noemí Sanín y les anunció la visita de delegados suyos. En efecto, durante la semana pasada
Jorge Sedano y Juan Manuel Ospina llevaron el mensaje de Leyva a numerosos dirigentes, entre quienes se
contaban los mencionados y dos de los negociadores, Fabio Valencia Cossio, presidente del Senado, y
Nicanor Restrepo, cabeza del Sindicato Antioqueño. Los enviados de Leyva traían un mensaje en apariencia
muy sencillo: hay que salvar el proceso, y para lograrlo hay que abrirlo. Y eso se consigue, dijeron, no
arrebatándole la iniciativa al gobierno pero sí propiciando un acuerdo político que le garantice estabilidad.
Afirmaron también que un proceso de paz no puede depender de una persona, en una clara alusión a Víctor G.
Ricardo. Y por último dijeron que todo lo anterior era una consecuencia de buscar estructurar una verdadera
política de Estado.Uno de los temas que ha llamado la atención de los mensajes de Leyva ha sido la alusión a
Víctor G. Ricardo, quien se ha convertido en un blanco no sólo de los militares sino también del ex ministro.
Los emisarios subrayaron la necesidad de que el alto comisionado no sea nombrado por el Presidente
sino por los firmantes del acuerdo político. Para algunos esto parece más el diseño de una pista de
aterrizaje para el propio Leyva que una iniciativa realizable .La idea de Leyva es la de propiciar un acuerdo
político alrededor de temas que hacían parte de las mesas de diálogo. "Los temas del acuerdo político serían
cinco", dijo a SEMANA uno de los emisarios. "Primero, se hace necesario unificar los dos procesos, el de
las Farc y el del ELN. Segundo, se requiere un acuerdo para acogerse al Derecho Internacional
Humanitario. Tercero, el Estado tiene Que comprometerse en la lucha contra los paramilitares. Cuarto, debe
existir un acuerdo para la erradicación de cultivos ilícitos. Y por último, debe haber un acuerdo sobre el tema
del canje".
Acuerdo de unidad nacional Algunos analistas piensan que lo que ha ocurrido es que el gobierno ha intentado
avanzar en un proceso de paz tomando alguna distancia respecto de Alvaro Leyva. La consecuencia de esa
búsqueda de autonomía por parte del Ejecutivo sería la iniciativa de Leyva de propiciar un acuerdo político a
espaldas del Presidente. Aun aclarando que tal acuerdo requiere la presencia del gobierno, moverse en esa
dirección sin la luz verde del Presidente resulta arriesgado, por decir lo menos. El origen de la molestia de
Leyva no sería sólo un problema de protagonismo. En el fondo hay razones más trascendentales, sobre todo
para las Farc. Una de ellas es la necesidad de contar con la presencia de la mayor cantidad de
representantes de los distintos poderes en la mesa de diálogo. Las Farc creen, desde la administración
Betancur, que un gobierno no es capaz de comprometer por sí solo a una base suficientemente amplia como
para garantizar que el proceso de paz no termine en algo parecido a la eliminación sistemática de los
militantes de la Unión Patriótica.Pero lo que para las Farc resulta indispensable como seguro de vida
conlleva para el gobierno un riesgo enorme en la medida en que pierde una buena parte de la iniciativa. Y eso
es algo que ha preocupado a los presidentes desde mediados de los años 80.Sin embargo hay quienes
piensan que el acuerdo político que impulsa Leyva no es del todo ajeno a la iniciativa presidencial. Lo cierto
es que aun antes de que Leyva pusiera en marcha las conversaciones con los dirigentes políticos el
Presidente había hablado del acuerdo político en una entrevista publicada por el diario ABC de España a
comienzos de la semana pasada pero concedida la semana anterior. A finales de la semana pasada el
Presidente habló de nuevo sobre el acuerdo político al que se refería en su entrevista al diario español. En
un discurso pronunciado el viernes en Cartagena, Pastrana aprovechó la oportunidad para incluir una breve
referencia al tema. Allí enumeró por encima los temas que a su juicio harían parte del acuerdo.
"Desarrollaremos compromisos acerca del respeto a los derechos humanos, el paramilitarismo, la
corrupción y la sustitución de cultivos ilícitos, que serán tratados en las mesas de diálogo con la insurgencia",
dijo el Presidente. Entre lo dicho por Pastrana y el mensaje de Leyva hay diferencias que sirven para
entender la manera como se desarrollarán los acontecimientos alrededor del proceso de paz esta semana.
Por una parte el Presidente no habló de la unificación de los procesos con el ELN y las Farc. Y por otra no
hizo referencia alguna al tema del nombramiento del alto comisionado.Nadie sabe si el discurso del
Presidente basta para que las Farc consideren la posibilidad de descongelar los diálogos. Quizás, al igual que
en el pasado, las Farc decidan afirmar que sólo regresarán a la mesa si se cumplen todos los puntos que
enumeraron los enviados de Leyva. Si así fuere, el proceso regresaría a un punto muerto. Al que tristemente
empieza a acostumbrarse la opinión.

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