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| 2/27/2013 12:00:00 AM

“Liberales reducen su proyecto a estar al lado de Santos”

El expresidente Ernesto Samper cuestiona al Partido Liberal, pide sentarse con el ELN y convocar el Consejo Nacional de Paz.

El expresidente Ernesto Samper, quien parece marginado de la actividad política, se pronuncia sobre la paz y el Partido Liberal. Señala los tres vacíos de las negociaciones de La Habana y califica a los liberales de reducir su proyecto político a adueñarse del pase del presidente Juan Manuel Santos.

Semana.com: No se dejó ver en la fiesta del Procurador…


Ernesto Samper: Como no estaba investigado ni tengo ningún tipo de interés político activo no califique para la lista.

Semana.com: Si hubiera clasificado, ¿hubiera ido?

E. S.: Si a uno lo convoca el director de un órgano de control me parece que es una invitación bastante obligante. Más que una invitación parece una citación.  

Semana.com: ¿Y cómo vio esa citación?

E. S.: Me preocupa que la política en Colombia gire alrededor de eso. Estamos en un proceso de paz que está a punto de quebrarse y la política la estamos haciendo en las páginas de las revistas del corazón.
La política se hace en el Congreso. Los partidos nacieron con la perspectiva de servir de intermediarios de la gente frente a los mecanismos del Estado. Pero la política se ha clientelizado, se ha reducido a una simple tarea mecánica de colocar gente y buscar puestos. Y mientras tanto, están asesinando campesinos, 50 % de los combatientes en la guerrilla son menores, hay bombardeos a hospitales a escuelas, pero el país se engolosina con una misa en latín.

Semana.com: ¿Porque se ha trivializado la política?

E. S.: Tiene que ver con la superficialidad mediática. El pasado miércoles se reunieron 5.000 personas convocadas por la Marcha Patriótica para examinar los temas de la agenda de La Habana. No lo cubrió un solo medio.

Semana.com: ¿Cree que la política colombiana se ha reducido a lo que haga o deje de hacer Uribe?

E. S.: No me disgusta el papel que está jugando Uribe porque él está legitimando, desde la extrema derecha, lo que está haciendo el presidente Santos en función de la paz. Pero la manera de concretar esas diferencias no es en el enfrentamiento del día a día sino es discutir los temas de fondo. Nos estamos concentrando en el día a día y eso le está haciendo daño a la política.

Semana.com: ¿Qué proyecto cree que se impondrá, la salida negociada o la guerra?

E. S.: Los colombianos quieren la paz. Todas las encuestas de los últimos 20 años lo reflejan. Si hay un hecho consistente que se ha mantenido contra todos los cambios es que la gente cree mayoritariamente que la salida al conflicto es por la vía pacífica. Ahora, cuando uno le pregunta a la gente qué se le puede dar a las FARC a cambio de esa salida pacífica, la gente no quiere darle nada a esa organización. Por eso hay que construir una propuesta de postconflicto. La reconciliación entre colombianos será una tarea de muchos años.

Semana.com: Usted intentó la paz, ¿por qué no se atrevió?  

E. S.: Yo no alcance a asomarme a la paz porque los factores que estaban conspirando contra mi gobierno eran tan fuertes que, de alguna manera, impidieron que se llegara a concretar una agenda de paz. Tampoco lo entendieron las FARC. Si hubieran entendido que la única alternativa que la opinión hubiera respaldado sólidamente era simplemente poner al país en función de luchar contra el narcotráfico seguramente la paz la hubiéramos hecho.

Semana.com: ¿Cree que el proceso de paz está empantanado?

E. S.: El Gobierno y las FARC deben entender que la paz se construye con confianza. Pero si cada uno está dedicado a buscar acuerdos en La Habana y hace actos de desacuerdo en público no habrá confianza. Quitarle las tierras a ‘Jojoy’ o la retención de los policías necesariamente influye sobre los resultados de La Habana. Estoy de acuerdo en que no haya un cese al fuego bilateral porque de lo contrario se va caguanizar el proceso. Pero si no hay límite de tiempo y no hay afán resultante de las presiones del combate, nos vamos a quedar cinco años en La Habana. Creo que hay dos condiciones para que el proceso funcione. Primero,  humanizar el conflicto. ¿Cómo le decimos a la gente que aquí no se aplica el derecho internacional humanitario?  Y segundo, bajarle al lenguaje de los hechos y de las palabras. No podemos seguir tratándonos como criminales como terroristas o como oligarcas.

Semana.com: ¿Están a tiempo de cambiar el lenguaje?

E. S.: A diferencia de otros procesos hay un rumbo. Todos los otros procesos comenzaron por buscar una agenda y en eso se les iba todo el tiempo. Y hay una determinación de no levantarse de la mesa, una especie de compromiso. A eso se deberían agregar unos acuerdos para humanizar el conflicto y para crear un entorno amable a las negociaciones. Si unos están negociando en La Habana, pues que los otros no estén provocándolos por fuera no va a funcionar.

Semana.com: Los colombianos no sabemos qué pasa en La Habana. ¿Eso afecta?

E. S.: El proceso tiene tres vacíos. La sociedad civil no está participando, no ha encontrado un mecanismo para que esa participación no sea simplemente mandar solicitudes respetuosas al buzón de La Habana. Para eso se debería convocar el Consejo Nacional de Paz que se creó en mi gobierno precisamente para que en cabeza del presidente de la República la sociedad pudiera participar activamente en el proceso. El segundo, es la humanización, para que esto no termine en una carnicería. Y el tercero, es la presencia del ELN. Veo muy difícil que este proceso avance sin tropiezos a menos que logren sintonizar al ELN. Puede que no entren ya, pero por lo menos que se vaya haciendo una etapa exploratoria que permita llegar a una mesa paralela.

Semana.com: ¿No es mejor llegar a un acuerdo con las FARC y después ocuparse del ELN?

E. S.: Uno no puede negociar con un tigre dentro de la jaula y dejar suelto al otro que está merodeando.

Semana.com: ¿Este proceso con las FARC está fortaleciendo al ELN?

E. S.: Por lo menos el ELN está tratando de probar fuerza, que es peor. Los fuertes demuestran su fuerza con más tranquilidad y serenidad que los débiles y desesperados.

Semana.com: ¿Cómo ve a los partidos políticos en este proceso de paz?

E. S.: Los partidos políticos no están contra el proceso, pero no están con el proceso. Van a remolque de los grandes temas. En otras circunstancias esto ha debido ser el resultado de un acuerdo de partidos para avalar el proceso, acompañarlo y participar de este. Esa es la crisis de los partidos, concretamente del mío, el Partido Liberal. Son unas personas cercanas al presidente. Pero no tienen una visión de la paz, o sobre el respeto a los espacios democráticos que se van a tener que abrir como consecuencia de los acuerdos. Los partidos están dedicados a los domicilios.

Semana.com: ¿En qué andan los liberales con Santos?

E. S.: Están compitiendo a ver quién es más santista. Los partidos de la Unidad Nacional están peleando a ver quién se queda con el pase de Santos. No he visto un solo foro que haya hecho el Partido Liberal sobre el tema de la paz. Sí, nos preocupa las víctimas y de alguna manera ha habido un protagonismo en el tema de las víctimas que sería una parte. Pero no como resultado de una concepción que tenga el partido sobre la importancia de una salida política al conflicto armado. Si el día de mañana este proceso se dañara seguramente el partido se iría para el otro lado. No representamos un espacio en el espectro ideológico.

Semana.com: ¿Pero alguna vez sí lo representaron?

E. S.: De hecho en los últimos estatutos que impuso el doctor Rafael Pardo, porque no fueron consensuados, se eliminaron los organismos ideológicos del partido, el debate político, y se sacó a la sociedad civil. Ya no es un partido de ideas.

Semana.com: ¿Los cambió el regreso al poder?

E. S.: El partido no ofrece soluciones. Cuando todos los partidos de América están tratando de buscar coaliciones con sectores sociales y de hacer una especie de alianzas populares para renovar los partidos, el Partido Liberal en sus últimos estatutos sacó a los campesinos, a los indígenas, a los afrodescendientes, sacó a todos los sectores sociales. Es un partido absolutamente parlamentarizado

Semana.com: ¿El Partido Liberal está a tiempo de cambiar?  

E. S.: No sé si quiera hacerlo, porque tener un partido así es más cómodo. No hay que lanzar ideas. Lo único que le interesa es no salirse de la foto.

Semana.com: ¿Se acabó la filosofía del Partido Liberal?  

E. S.: Una cosa es el partido como personería y otra el liberalismo. El liberalismo, como sentimiento, ahí está. Este es un país liberal, que le gusta la igualdad, la tolerancia, así lo señalan las encuestas, a pesar de que pasamos ocho años de un gobierno autocrático en el cual los valores eran el orden, la seguridad, la disciplina. Hoy la gente sigue defendiendo los valores que toda la vida han sido del Partido Liberal, otra cosa es que el partido no le interesa representarlos.

Semana.com: ¿Y por qué no quiere representarlos?

E. S.: No tenemos proyecto. Nuestro proyecto es estar bien con el gobierno, sacar a Santos adelante. Eso no puede ser un proyecto de partido. Es más no es un partido el que tenga eso por proyecto.

Semana.com: ¿Cómo ve a Santos?

E. S.: Él está de primero en la fila, eso nadie lo duda. Pero en cualquier momento puede salir un conejo del sombrero, precisamente porque las opciones no son de fondo y no nos la estamos jugando con esa opción de la paz. De alguna manera hemos avanzado en que la diferencia entre la izquierda y la derecha hoy es más clara. Ya no estamos divididos entre liberales y conservadores. Ya hay expresiones definidas de un voto de izquierda y uno de derecha. El centro sigue siendo inmenso y difuso, hay que aterrizar ese centro. Esa es la gran tarea del presidente Santos.
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