Viernes, 19 de diciembre de 2014

| 2012/03/03 00:00

Linchamiento o justicia

El furor mediático y de las redes sociales en torno a la muerte de Luis Andrés Colmenares es una prueba de fuego para los jueces y el periodismo del país.

Las redes sociales han desencadenado un movimiento que pide condenas en el caso Colmenares, a través de mensajes virtuales y marchas. Pero el juicio contra Laura Moreno y Jessy Quintero apenas comienza.

¿Qué pudo pasar para que solo uno de los 17.459 homicidios que ocurrieron en Colombia en 2010 haya generado en la opinión pública el apasionado interés que tiene a todo el país discutiendo acaloradamente la muerte del estudiante Luis Andrés Colmenares, ocurrida hace un año y medio? Las respuestas apuntan al poder que están tomando las redes sociales, al papel de los medios de comunicación tradicionales y a la capacidad de la Justicia de mantener equilibrada su balanza frente a un caso tan publicitado como este.

Difícilmente, desde la muerte del italiano Giacomo Turra, ocurrida a comienzos de los noventa en Cartagena; la de Doris Adriana Niño, que involucró a la estrella del vallenato Diomedes Díaz, o las de los estudiantes Margarita Gómez y Mateo Matamala, en Córdoba el año pasado, un caso había despertado tanta pasión y sed de condenas como el de Colmenares, que se ha convertido en una epidemia viral con visos de reality. Solo una página de Facebook -LACE-1001 voces unidas x justicia para Luis Andrés Colmenares- tiene más de 27.000 seguidores y se ha convertido en un foro en el que se expresan desde pedidos para aclarar lo sucedido hasta opiniones condenatorias de Laura Moreno y Jessy Quintero, las dos compañeras de Colmenares que la Fiscalía ha implicado en su muerte. Mensajes de texto y en Twitter, correos electrónicos y toda clase de expresiones virtuales han contribuido a crear un ambiente plagado de rumores en el que ya la mayoría ha dictado sentencia contra las dos jóvenes, aunque el juicio apenas comienza.

El caso mismo tiene elementos de sobra. Una muerte aún confusa, en la que los padres de la víctima han movido cielo y tierra para exigir que se haga justicia y en la que están involucradas dos hermosas estudiantes de la Universidad de los Andes, donde se forma la élite del país. Hay ingredientes de rumba, trago y poder, teorías conspirativas y sensacionalismo. Y dos de los penalistas más famosos y mediáticos, Jaime Lombana y Jaime Granados, se enfrentan no solo en el estrado, sino en la palestra de los medios.

Para el analista Ómar Rincón, este caso pone al descubierto cómo las redes se alimentan de los medios y viceversa, lo que termina desencadenado olas de aceptación y repudio. El caso, además, se metió en el corazón de los usuarios de las redes, una población universitaria y joven en la que rumba, Halloween, belleza y muerte generan una reacción pasional, amparada en el anonimato de internet. "Lo que preocupa es que uno no ve en los medios esa misma pasión por seguir otros temas que tienen trascendencia para la sociedad", dice Rincón.

"Cuando poder y sensacionalismo se juntan, aparece una llama que atrapa a los periodistas, que los aleja de su condición profesional y los convierte en novelistas que persiguen pequeños episodios y no lo fundamental de la vida de un país", dice el veterano periodista y maestro de ética Javier Darío Restrepo.

Jaime Lombana cree que la indignación que ha surgido en torno a este caso apareció por el dolor de ver unos padres "engañados" por lo que consideran intentos de encubrir el asesinato de su hijo y por parte de uno o varios de sus amigos, que estarían mintiendo. Jaime Granados, por el contrario, dice que frente a este linchamiento virtual y social está el peligro de que la Justicia sacrifique la verdad con tal de no quedar en la mira de la presión mediática y de las redes sociales, las cuales se han volcado casi por entero en contra de las dos estudiantes.

Esta 'telenovela', en la que dos jóvenes mujeres podrían pasar buena parte de su vida en la cárcel, ha generado marchas en varias ciudades, ha dado pie a que algunos intenten presentarla a la luz del regionalismo (Colmenares era de La Guajira) y ha generado toda clase de mensajes falsos.

Pocos procesos como este habían puesto de presente con tanta agudeza los desafíos que enfrentan la cobertura de los medios tradicionales y la decisión de los jueces. La necesaria distancia periodística de los primeros y el buen juicio de los segundos están en la mira de ese 'quinto poder' en el que se ha convertido internet.

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