Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2015/12/12 21:00

Nueva Esperanza: la línea de alta tensión que no ve salida

La línea que garantizará el suministro de energía al centro oriente del país pasaría por la mitad del nuevo aeropuerto El Dorado II. Por ahora, no se ve posible.

Para que la construcción de El Dorado II no se vea afectada, se necesita que la línea Nueva Esperanza sea desviada entre cuatro y seis kilómetros. Foto: Javier de la Torre

Desde hace varios años el gobierno viene trabajando para tender una nueva línea de alta tensión que alimente de energía eléctrica a más de 12 millones de habitantes de Cundinamarca, Meta, Guaviare, norte del Tolima y, especialmente, a Bogotá.

El crecimiento de la población y de la industria en el área ha sido tan acelerado que cálculos oficiales muestran que la demanda de energía superará la capacidad instalada, lo que podría producir apagones o racionamientos programados.

Para evitar cualquier riesgo y garantizar el suministro actual y futuro de energía, en 2010 el Ministerio de Minas y Energía, por medio de la Unidad de Planeación Minero Enérgetica (Upme) diseñó una nueva línea de transmisión y distribución que se conectara a la red eléctrica nacional desde Ubaque hasta una nueva subestación en Soacha, y de allí por el occidente de la Sabana en un nuevo tendido hasta Tabio. El proyecto se llama Nueva Esperanza.

En 2010 EPM ganó el contrato para construir la nueva subestación de Soacha y las líneas, estimado inicialmente en 170.000 millones de pesos. A su vez contrató a Siemens para hacer la subestación y a otros empresas paisas para tender la red. Sin embargo la obra, que debería estar lista en 2012, aún no está terminada y el costo ya va en 320.000 millones de pesos. Esto, porque la dificultad de definir el trazado en una zona poblada, de expansión urbana o de propiedades de alto valor, terminó por dilatar el proceso para obtener la licencia ambiental, que la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla) solo expidió el año pasado. Incluso el azar ha demorado el proyecto, pues cuando comenzó la obra de la subestación en Soacha aparecieron los vestigios de una comunidad indígena que habitó esa zona, y tomó un año rescatarlos.

Pero ahora hay un nuevo debate en torno a la línea de 500 kilovatios que EPM ya empezó a tender entre la subestación de Soacha, que ya está terminada, y Tabio. Resulta que a la par que EPM hacía los acuerdos y estudios para definirla, el gobierno nacional reactivó la vieja idea de ampliar el aeropuerto El Dorado. Después de varios estudios, en 2013 determinó que lo más conveniente era construir una nueva terminal, y en enero de este año anunció un nuevo aeropuerto, conocido como El Dorado II, ubicado entre Madrid y Facatativá, para lo que reservó 1.300 hectáreas.

SEMANA conoció que la línea de alta tensión Nueva Esperanza pasará por encima de una de las pistas de la nueva terminal, lo que ha desatado una fuerte polémica. EPM dice que como tiene un contrato en ejecución y con licencia ambiental, tenderá la línea aunque en un futuro, en caso de que el nuevo El Dorado se haga, haya que enterrarla o construir una desviación. Sin embargo, algunos expertos y altos funcionarios del gobierno consideran que se debería desviar de una vez, en un trayecto de cuatro a seis kilómetros, para no pagar dos veces por la misma obra.

Gustavo Lenis, director de la Aerocivil, dijo que un grupo del que hace parte el Ministerio de Minas y Energía, la entidad que preside y la ANI ha trabajado intensamente para conseguir que se haga esta desviación, pero no ha sido posible porque se necesitaría un nuevo diseño, comprar predios, hacer acuerdos con las comunidades y obtener la licencia ambiental, algo que podría tomar un año, lo que aumentaría los costos y pondría en riesgo el suministro de energía para 12 millones de personas.

Wilson Chinchilla, vicepresidente ejecutivo de proyectos de ingeniería de EPM, dijo que a comienzos de este año les informaron del choque entre los dos proyectos, pero que no pudieron tomar una decisión porque aún hoy no se sabe exactamente dónde van a quedar las pistas y la terminal, y el avance del proyecto, que va en 72 por ciento, hace prácticamente imposible hacer algún cambio.

Como están las cosas, por ahora se tenderá la línea Nueva Esperanza y en unos años tendrá que ser o enterrada o desviada. Es decir, los colombianos pagarán dos veces por un mismo tramo. Por eso, algunos le han pedido al gobierno que asuma el caso al más alto nivel, y busque una solución exprés con las entidades involucradas para ajustar la línea, que debe estar en servicio en el primer semestre del año próximo.

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