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| 1/9/2005 12:00:00 AM

Lío Granda

La captura del 'Canciller' de las Farc ha levantado una polvareda diplomática que pone al descubierto las operaciones encubiertas y la desconfianza de los organismos de inteligencia.

A las 3:00 de la tarde del 13 de diciembre pasado, en una de las 20 mesas de la cafetería Los Caobos, de la Clínica Razzetti, a unos pocos metros del Museo de Bellas Artes de Caracas, se encontraron dos hombres. Uno de ellos era el periodista colombiano Omar Roberto Rodríguez, colaborador habitual de los periódicos Le Monde Diplomatique (versión colombiana) y Desde Abajo. El otro, Ricardo González, conocido como Rodrigo Granda, miembro del equipo internacional de las Farc desde hace 17 años, compadre y amigo cercano de Raúl Reyes, uno de los más reconocidos líderes de esa organización insurgente. Rodríguez llevaba casi una hora entrevistando al guerrillero cuando, aproximadamente a las 3:55, Granda recibió una llamada y salió a contestarla a la calle. Allí lo esperaban por lo menos 16 hombres que portaban uniformes y carnés de la policía secreta de Venezuela (Disip), quienes lo detuvieron, esposaron e introdujeron en un campero verde (Nissan o Vitara) cuyas placas podrían ser DAE-53C o DAE-63C. José Pinilla, el mesero que estaba de turno esa tarde, le dijo a SEMANA: "Sólo recuerdo haber visto un alboroto a las puertas del cafetín porque metieron a la fuerza a un señor en un carro. No me acuerdo de más nada". Testimonios como este de algunos vendedores ambulantes que fueron testigos del hecho, de personas cercanas a Granda y la propia indagatoria del guerrillero sirvieron para que empezara a circular esta versión que desmiente a la Policía colombiana, que el 15 de diciembre presentó a Granda como 'un pez gordo' de las Farc capturado en Cúcuta. En ese momento las versiones de la Policía de Norte de Santander no coincidían con las del general Castro. Mientras los unos decían que el insurgente había sido detenido en un hotel, Castro dijo que había sido capturado en una calle. Y desde ese mismo día fuentes oficiales les filtraron a varios medios de comunicación el dato de que la captura del guerrillero se habría producido en Caracas. De inmediato el portal de Internet Rebelión, Carlos Lozano, director del periódico comunista Voz, y el propio abogado de Granda, Miguel González, empezaron a hablar de que el dirigente guerrillero había sido secuestrado en Caracas y llevado por carretera en el baúl de varios carros que atravesaron sin problemas cerca de 10 retenes de la Guardia Nacional y la frontera, hasta llegar a Cúcuta en la madrugada del 14 de diciembre. Allí, según estas versiones, fue detenido oficialmente y presentado ante los medios de comunicación. Los rumores de que la captura de Granda se había producido en Caracas se fueron ahogando en las fiestas navideñas, por lo que las Farc le echaron leña al fuego y avivaron de nuevo la hoguera. El 2 de enero ese grupo publicó un comunicado donde afirma que "Ricardo participó del segundo Congreso Bolivariano de los Pueblos, realizado en Caracas, los días 8 y 9 de diciembre por invitación de las organizaciones bolivarianas concentradas en Venezuela con el aval de las autoridades del gobierno de este país". De inmediato el ministro del Interior de ese país, Jesse Chacón, desmintió que el gobierno tuviese conocimiento de la presencia de Granda en el país. Sin embargo, horas después en un nuevo comunicado confirmó que el guerrillero estuvo en diciembre en Venezuela y dice que "existen fuertes indicios de que el ciudadano Rodrigo Granda fue secuestrado en las inmediaciones de la Estación de Bellas Artes del Metro de Caracas y de la Clínica Razzetti". A renglón seguido agrega que funcionarios o ex funcionarios policiales venezolanos podrían estar involucrados en el hecho. Como corresponde en estos casos, se anunció una investigación del gobierno y otra de la Asamblea Nacional de Venezuela para esclarecer si hubo violación de la soberanía nacional. Dos preguntas flotaban la semana pasada en el ambiente. De un lado, cuál era el estatus de Granda en Venezuela. El abogado del guerrillero reveló que tiene cédula en los dos países, y que de tiempo atrás vivía en ese país. Diversas fuentes en Colombia y Venezuela confirmaron que Granda ha vivido por temporadas largas en el vecino país, pero que se mueve con diversas identidades por toda América Latina. Posteriormente el ex presidente del Congreso venezolano Cristóbal Fernández Daló presentó pruebas de que en julio pasado Granda se naturalizó en Venezuela. También quedó claro que en los primeros días de diciembre el guerrillero participó en dos eventos públicos a nombre de las Farc. Del 2 al 7 de diciembre, en el Encuentro Mundial de Intelectuales y Artistas, donde se habría entrevistado entre otros con el premio Nobel de Literatura José Saramago y con el premio Nobel de Paz Adolfo Pérez Esquivel. Posteriormente, del 7 al 9 de diciembre participó en el II Congreso Bolivariano de los Pueblos. Marelis Pérez, diputada del Movimiento Quinta República, que fue una de las organizadoras del evento, confirmó que Granda asistió "sin invitación" a una de las sesiones realizada el 7 de diciembre en un hotel de Maturín, ciudad ubicada a 500 kilómetros de Caracas. "Me dijo que era del movimiento revolucionario de Colombia, solicitó hablar como ponente y le dije que no podía intervenir a nombre de una organización revolucionaria en armas", dijo la diputada. Luego vino su captura, oficialmente realizada en Cúcuta. ¿Llegó Granda a esta ciudad por su propios medios o maniatado en el baúl de un carro? Acciones encubiertas o secuestro El debate de la semana pasada ha hecho que tome fuerza la versión de que el insurgente habría sido capturado de manera ilegal en Venezuela, con colaboración de miembros de los servicios de seguridad de ese país. Pero si se llega a probar que Granda fue capturado en la cafetería Razzetti, con anuencia o no del gobierno de Chávez, ¿se enfrentará Colombia a otro lío diplomático con Venezuela? Muy difícil. En realidad, más que de un secuestro, pudo tratarse de una captura ilegal hecha con operaciones encubiertas. Este es uno de los modus operandi frecuentes entre organismos secretos, cuestionable por razones éticas y porque dan al traste con los pactos internacionales y el debido proceso de los capturados, aunque se trate de criminales de la peor talla. Tal vez el ejemplo legendario corrió por cuenta del Mossad, cuando en 1960 secuestró en una casa del barrio Garibaldi de Buenos Aires, Argentina, al nazi Adolf Eichmann, y lo trasladó clandestinamente a Israel, donde fue detenido y juzgado. Aun tratándose de un reconocido genocida, miles de voces se alzaron en contra de esta acción. Pero nada impidió que, un año después, Eichmann fuera sentenciado a la pena de muerte. Un episodio similar se repitió en 1999, cuando Abdullah Ocalan, líder guerrillero kurdo, fue capturado en la embajada de Grecia, en Nairobi, por agentes secretos de Turquía. La detención causó miles de protestas, pero Ocalan sigue en la cárcel. De hecho Estados Unidos ha enfrentado varios litigios con el gobierno mexicano (como el famoso caso del médico Humberto Álvarez Machain) por capturar en territorio azteca a narcotraficantes pedidos por la justicia norteamericana y llevarlos clandestinamente hasta territorio de ese país, donde son oficialmente detenidos. Sin mencionar que a esta hora miles de agentes gringos se mueven en el mundo tras la huella de Osama Ben Laden. Con estas acciones encubiertas, los organismos secretos se ahorran los procedimientos jurídicos. Y como con frecuencia los capturados en estas acciones son grandes criminales, ningún Estado se desgasta en hacer un lío diplomático que termine favoreciendo a terroristas o genocidas. ¿Es esto lo que ocurrió con Granda? ¿Está el gobierno colombiano haciendo acciones encubiertas en los países vecinos? Posiblemente. La captura de Simón Trinidad hace un año ocasionó un efímero roce diplomático porque las autoridades ecuatorianas denunciaron la entrada de agentes secretos colombianos a ese país sin la debida autorización. Los roces se repitieron en agosto pasado, cuando las policías colombiana y ecuatoriana planearon con apoyo del FBI las capturas de Granda y otros importantes miembros de las Farc que viajarían a Ecuador, el 21 de agosto, al matrimonio de la hija de Granda. Una celebración que se hizo en el mejor hotel de la ciudad con todos los bombos y platillos. En el mismo hotel, agentes de seguridad de ambos países fingían estar participando en una convención, mientras esperaban que se reunieran los guerrilleros esperados. Esa misma tarde, agentes ecuatorianos detuvieron en el aeropuerto a dos colombianos, convencidos de que eran guerrilleros. Pero estos resultaron ser agentes encubiertos de otra agencia de seguridad colombiana que entraron a Ecuador a espaldas de la policía de ese país. Este episodio desató una subterránea pero intensa tormenta diplomática que fue finalmente aplacada. Sin embargo, el daño estaba hecho. El operativo para capturar a los guerrilleros se había ido al traste. También se sabe que días antes de la captura de Granda, cuatro oficiales de la Policía colombiana que estaban en una misión secreta -posiblemente la captura del guerrillero- fueron detenidos en Maracay. Trece días después recobraron la libertad. Estos antecedentes hacen pensar que los mecanismos de cooperación policial no están funcionando de manera adecuada, bien sea por desconfianza, por pragmatismo o por un poco de ambas. Sin embargo, en el caso de Venezuela, las relaciones entre los presidentes Chávez y Uribe pasan por un buen momento. Dos días después de la captura de Granda, el Ministro de Defensa de Colombia se reunió con su homólogo de Venezuela en el vecino país, un encuentro que no se había producido desde hacía cuatro años. También es claro que muchos sectores del chavismo, especialmente ex militares, son más que renuentes a las Farc, en particular desde que este grupo asesinó el año pasado a varios miembros de la Guardia Nacional y a una joven ingeniera de Petróleos de Venezuela en el estado de Apure, frontera con Arauca. Y la semana pasada, ante la polémica desatada, el presidente Uribe dijo fuera de micrófonos a un grupo de periodistas que "la culpa es de las Farc, no de Venezuela". A pesar de que son innegables las afinidades ideológicas entre las Farc y sectores del movimiento bolivariano de Venezuela (e incluso de Ecuador), no es tan probable que estos países privilegien una relación con una guerrilla arrinconada, sanguinaria y marginal, en vez de un gobierno legítimo. Por eso, más que desconfianza, lo que puede animar estas acciones encubiertas es un excesivo pragmatismo. El afán de los resultados y de ahorrarse trámites jurídicos que pueden poner en riesgo el éxito de una operación. Pero el precio que se paga es que se debilitan los mecanismos institucionales y en últimas, la democracia. La Asamblea Nacional de Venezuela anunció que investigará hasta el fondo si hubo violación a la soberanía nacional. Y si se atienen a los argumentos jurídicos, tendrían de dónde armar un lío para rato. Pero el colofón de esta historia es política y es difícil pensar que Chávez se comprometa con una pelea a fondo para defender a un guerrillero de las Farc, justo cuando trata de sacudirse del estigma de que su gobierno apoya a los rebeldes. Pero la polémica de la semana pasada demostró que en el exterior las Farc siguen tan activas como en la época del Caguán. Que sus 'embajadores' tienen roce de alto nivel con movimientos y líderes de todo el mundo. Y que con la captura de Granda y Simón Trinidad, las autoridades van acercándose a Raúl Reyes, a quien un animal grande -tal vez encubierto- le puede estar respirando cerca de la nuca en este momento.
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