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| 8/8/2004 12:00:00 AM

Listas negras

La publicación de un listado de una agencia estadounidense que en 1991 vinculó a Álvaro Uribe con el cartel de Medellín pone en evidencia el daño que pueden hacer los informes de inteligencia carentes de pruebas.

Un tornado levantó en días pasados la nota de carátula de la edición latinoamericana de la revista estadounidense Newsweek, que hizo público un documento de 1991 de la Agencia de Inteligencia del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Este informe, cuya reserva fue levantada a petición de la organización no gubernamental National Security Archive, contiene un listado de integrantes del cartel de Medellín y algunos de sus supuestos cómplices, entre los cuales se mencionan al entonces senador Álvaro Uribe Vélez y a Carlos Vives, cuando era más conocido como actor.

En el documento de inteligencia se afirma que el hoy presidente Uribe estaba "dedicado a colaborar con el cartel de Medellín en altos niveles de gobierno". Sostiene el informe que Uribe estaba en un negocio asociado a actividades del narcotráfico en Estados Unidos y que su padre fue asesinado en Colombia por su conexión con los narcotraficantes. También afirma que Uribe era amigo personal de Pablo Escobar y que le ayudó en su campaña a la Cámara, cuando el capo se presentó en segundo renglón de la lista de Jairo Ortega. Por último dice el informe que desde el Senado atacó cualquier forma de extradición.

De Carlos Vives sostiene que estaba involucrado en tráfico de drogas. Esta acusación al cantante es tan absurda que no vale la pena ni discutirla.

El documento es escandaloso visto 13 años después pues pone en la misma bolsa a Uribe y Vives, reconocidas y respetadas figuras públicas, con asesinos a sueldo y narcotraficantes como Popeye, Pinina, Otto, David Prisco Lopera y el mismo Pablo Escobar, la mayoría de los cuales hoy están muertos o presos. Por eso publicarlo sin ninguna prueba o investigación adicional fue por lo menos un acto arriesgado, si no irresponsable.

El gobierno estadounidense rápidamente le restó importancia al informe. El vocero del Departamento de Estado, Robert Zimmerman, dijo: "No tenemos información creíble que substancie o corrobore las acusaciones del reporte de 1991 que no fue evaluado". Y el coronel Chris Conway, vocero del Departamento de Defensa, explicó lo que cualquiera que maneje información de inteligencia ya sabe. "La Agencia de Defensa de los Estados Unidos es parte del Departamento de Defensa de los Estados Unidos que recoge información con reportes de varias fuentes; algunas de ellas recogen buena información o en ocasiones mala".

Los rumores que vinculan a Álvaro Uribe con el cartel de Medellín no son nuevos y han sido difundidos por diversos críticos, entre ellos el mismo Joseph Contreras, autor de la nota de Newsweek, en diversos momentos de su carrera política. Estos se han originado en dos circunstancias. La amistad, reconocida por el mismo Uribe, entre su padre y Fabio Ochoa, padre de ese clan, y las pugnas políticas que se vivieron en Antioquia en los 80, cuando emergía el narcotráfico como factor de poder en ese departamento.

Por eso no es extraño que su nombre aparezca en el documento de inteligencia estadounidense, como en otro documento de inteligencia de la Policía de 1993 que también lo incluye en la lista de colaboradores políticos del cartel de Medellín. Pero el mismo hecho de que lo único que haya en contra de Uribe sean estos reportes confidenciales, cuando ha tenido una carrera de alto perfil, expuesto permanentemente al escrutinio ciudadano y a la competencia política, habla bien de él. En Colombia esos cuentos acaban quedando siempre en su dimensión real. El público siempre ha terminado por conocer la verdad de aquellos políticos que colaboraron con el narcotráfico y por ello mismo sus carreras nunca prosperaron.

La Casa de Nariño, en un comunicado de reacción ante la publicación de la revista estadounidense, afirmó que el documento en cuestión tiene varias falsedades, pues Uribe no ha tenido negocios en el extranjero, no tiene cuentas en el exterior, a su padre lo asesinaron las Farc y nunca formó parte del movimiento político que llevó a Ortega y a Pablo Escobar al Congreso. Ninguna parte del artículo de Newsweek, ni de los de otros medios que recogieron la noticia, prueba lo contrario.

Las consecuencias de haber difundido este listado por el mundo entero van mucho más allá del agravio personal contra Uribe. Siendo hoy Presidente de Colombia, el daño de un titular que lo vincula al negocio del narcotráfico tiene un impacto negativo también para el país.

A pesar de todo, el episodio deja una lección importante. Que precisamente porque estos documentos de inteligencia con frecuencia no son confiables es que urge seguir la recomendación del Alto Comisionado de las Naciones Unidas y depurar los listados confidenciales que desde hace años reposan en varios despachos de los servicios de inteligencia estatales, pues ponen en riesgo la reputación -y a veces la vida- de muchos colombianos que han sido tachados de auxiliadores de la guerrilla o del narcotráfico.

El incómodo episodio debía dejarle claro de una vez por todas al gobierno que los informantes, que tanto le gustan, no son siempre confiables, y que las listas negras son armas de doble filo que sirven más para dañar inocentes que para encontrar culpables.
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