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| 6/18/2001 12:00:00 AM

Llano vs Gallo

Una dura polémica doctrinaria enfrentó a los dos columnistas católicos más importantes del país.

En un pais mayoritariamente católico como Colombia era imposible que pasara inadvertida la polémica de los últimos días entre el ex sacerdote carmelita Gonzalo Gallo y el jesuita Alfonso Llano, los dos columnistas más importantes y leídos de esta religión. Fue precisamente este último quien, en su columna dominical del 13 de mayo en El Tiempo, se fue lanza en ristre contra Gallo por las opiniones que éste había expresado en el artículo ‘Sin religión’, publicado en el mismo diario a comienzos de mayo.

En su texto Gallo reiteraba ideas que ya había manifestado en febrero en su columna de renuncia a la vida religiosa: “Bueno, si usted no se identifica con un credo o lo hace sólo con lo esencial, no se afane, lo importante es que de verdad ame a Dios y cuide su alma. Cómo, dónde y de qué manera es una elección suya que ojalá sea seria y la respeten los intolerantes. Es bueno que no ande en solitario y comparta su espiritualidad con otros, mas no tiene que asistir a una iglesia determinada”. Que esto lo diga un escritor como el brasileño Paulo Coelho, a quien muchos encasillan como autor de la denominada nueva era, no le quita el sueño a nadie. Pero que el mensaje salga de la pluma de un cura reconocido, recién retirado, con voz propia y credibilidad entre la opinión pública, y con el carisma suficiente para movilizar multitudes, es otro cuento. Al fin y al cabo no hay cuña que más apriete que la del mismo palo.

En época de bárbaras naciones Gallo habría sido quemado como hereje por la inquisición. Hoy la ira santa de la Iglesia se manifiestó por medio de columna del padre Llano, quien para escribirla contó con la bendición y la anuencia de monseñor Alberto Giraldo, presidente de la Conferencia Episcopal. Esto quiere decir que la fuerte columna era avalada por la estructura eclesial en pleno contra la oveja que se separó del rebaño y el mensaje, en palabras de Llano, era claro: “Respetamos su retiro del sacerdocio y de la Iglesia sin compartirlo. Su silencio sería la conducta más indicada en este momento”. Luego añade, “máxime después de haber sido católico practicante, y sacerdote convencido y ferviente predicador que arrastra multitudes, ahora se pone de espaldas a Jesucristo y a su Iglesia, y deja ‘pegados de la brocha’ a sus seguidores y los invita a la apostasía”. Para Gloria Hurtado, sicóloga y amiga personal de Gallo, la columna fue “un ataque personal en el que la Iglesia mostró el cobre”. Orlando Zapata, periodista y asistente personal de Gallo desde hace 12 años, es más mesurado y sostiene que lo que pasó fue que “el padre Llano no ha comprendido lo que quiso decir el padre Gallo en su columna”.

El propio afectado respondió en un tono conciliador, en su columna del jueves pasado, que el objetivo de su mensaje era “dar luz a los que son espirituales sin ser religiosos, o lo son con autonomía”. Ese es el punto, que con seguridad la mayoría de los lectores de Gallo son católicos y unas palabras como las de la columna pueden sembrar en ellos más dudas de las que ya tienen respecto a su Iglesia como institución.

La Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam) sabe que el ambiente de pluralismo religioso y de exagerada oferta espiritual ha permeado a sus creyentes y por tal motivo crece el número de católicos alejados o no practicantes. Le preocupa que, según su Plan Global para los próximos años, “el número de cristianos sin Iglesia va creciendo, especialmente entre los jóvenes y, para muchas personas, la Iglesia resulta más un punto de referencia que uno de pertenencia”. En este estado de cosas para la jerarquía eclesiástica lo escrito por el ex sacerdote no es otra cosa que una chispa sobre gasolina. El temor a esta explosión explica también la enérgica reacción. Frente a esta polémica que se ha despertado no sobran las palabras de Gallo cuando dice: “Al país lo acosan problemas tan agudos que es demencial crear otro con debates religiosos”
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