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| 4/18/2015 10:00:00 PM

¡Llegaron los drones a Colombia!

Tanto militares como civiles usan cada vez más aviones remotamente tripulados (ART) en Colombia. Este es el panorama actual de los drones en el país.

No se ven, no se oyen, pero ahí están, arriba, vigilando desde el cielo. Los hay de 50 dólares y de 50 millones de dólares. Aunque la mayoría están en manos de militares, cada vez más civiles los usan. En Colombia, los drones, o Aeronaves Remotamente Tripuladas (ART), ya son parte del paisaje. En Semana Santa la Policía y la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) desplegaron este tipo de dispositivos en las principales carreteras del país y para controlar las concentraciones de feligreses. Esa operación será cada vez más normal pues el sector se agranda día a día.

En Colombia los primeros ART empezaron a volar hace una década con pequeños aviones que vigilaban bases. Fue el punto de partida para una de las flotas más experimentadas de América Latina. Como le dijo a SEMANA el coronel Eliot Benavides, jefe de  la Dirección de Aeronaves Remotamente Tripuladas de la FAC, “tuvimos la oportunidad de darle un uso prematuro a esta tecnología y decidimos profundizar. Se hicieron grandes inversiones, se formó personal, reorganizamos la fuerza y preparamos las instalaciones. Sabíamos que era una tecnología que llegó para quedarse”.

Ahora, 24 horas al día hay operativos con drones, que cubren 45 por ciento del espacio aéreo. Más de 300 militares de las FAC trabajan solamente con ART en siete bases del país, además de decenas más en Aviación del Ejército y en la oficina de Telemática de la Policía. Aunque la cifra es confidencial, habría en Colombia entre 100 y 150 aeronaves de este tipo que realizan toda clase de misiones. Erich Saumeth, consultor en Defensa, explicó que “aquí se han usado de manera intensiva en operaciones contrainsurgentes, antinarcóticos y antiterroristas con bastante éxito”.

Y es que sus ventajas saltan a la vista. El costo de una hora de vuelo es 55 por ciento menor al de un avión tradicional. Al combinar varios aparatos, se puede vigilar una zona por más de 24 horas seguidas, cuando un avión tradicional no da para más de cinco horas. Se reducen además los riesgos para las tripulaciones. Y por su tamaño, es posible llegar a zonas que hasta ahora eran de imposible acceso. En la FAC incluso prevén que para 2030, harán el 50 por ciento de sus misiones con ART.

Un boom que también va a contagiar el sector civil. Para Rafael Padilla, de la Asociación de Aeronaves Remotamente Tripuladas de Colombia (ARTC) los drones actualizarán predios, levantarán planes de riesgo en los municipios, vigilarán la deforestación, fumigarán, serán herramientas claves para la agricultura de precisión, trazarán mapas más precisos, entre muchas más funciones con gastos hasta tres veces más bajos. La ARTC calcula que, solo en el Valle del Cauca, la utilización masiva de drones podría crear 1.400 empleos y un impacto de 25.000 millones de pesos. El problema por ahora es que, como dijo Padilla, “legislación muy quedada respecto a la tecnología”. Aerocivil viene desarrollando una normatividad que permitiría un crecimiento ordenado, urgente para seguir avanzando y evitar sucesos como cuando en pleno Carnaval de Barranquilla un dron se accidentó sobre líneas de alta tensión.

A futuro el otro camino es desarrollar tecnología propia. La FAC desde ya planea tener una flota ‘hecha en Colombia’ en 2020. En noviembre pasado se presentó oficialmente el Iris, un ART producido por la Corporación de la Industria Aeronáutica Colombiana (CIAC), la FAC y la Dirección de Ciencia, Tecnología e Innovación del Ministerio de Defensa. Por ahora lo están probando en la base de Apiay en el Meta, pero equipará la FAC y se podría convertir en un producto de exportación. Este grupo también desarrolla el ART Quimbaya, un prototipo que volaría en 2016. Y Colombia trabaja además en un dron multinacional con socios de Unasur.

Así pues, pase lo que pase en La Habana con las FARC, los ART seguirán adelante. A nivel militar piensan usarlos para identificar terrenos minados, luchar contra el robo de gasolina, operaciones de rescate e incluso acompañar la política de restitución de tierras. Para el resto, algunos apuestan que en unos años cada familia tendrá su dron para hacer mercado, para hacer vueltas, para filmar su boda o mandar un recado. El futuro no tiene tripulación a bordo.

¿Sin control?


Hace un mes la hamburguesería El Oeste en Medellín lanzó con bombos y platillos su nuevo servicio de domicilios: comida rápida entregada con un avión no tripulado. Pero Aeronáutica Civil no dejó que el robot volador tuviera su primer cliente. El caso ilustra el vacío normativo de Colombia con los aviones no tripulados, pues estos por ahora siguen las mismas reglas del aeromodelismo, algo que no se ajusta a su uso. Por eso Aerocivil y la FAC trabajan en un marco que esperan entre en función el próximo año. Lo primero que preocupa es la amenaza para la seguridad nacional y el uso de drones para espiar bases militares, hacer atentados o llevar droga, como ya pasó en México. Lo segundo es la seguridad aérea, si un dron, por pequeño que sea, se estrella con un avión, podría provocar una catástrofe. Y lo tercero es la repartición del espectro electromagnético. Para el futuro se busca identificar todos los actores que usan la tecnología, exigir certificaciones para navegar ART, tal vez prohibir vuelos sobre áreas pobladas y definir responsabilidades legales en caso de accidente.

Las reglas actuales:

  • Está prohibición de volar sobre edificaciones o persona, con vientos fuertes, con carga, o a proximidad de un aeropuerto.
  • No pueden ir por encima de los 150 metros y a más de 750 metros de su operador. Este no puede perder el contacto visual con su aparato.
  • Su peso máximo es de 25 kilos.
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