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| 2/26/2002 12:00:00 AM

Llegó la pesada

El negociador del gobierno Juan Gabriel Uribe asegura que con la entrada definitiva de la comunidad internacional y la Iglesia a la mesa el proceso puede salvarse.

El proceso de paz del gobierno de Pastrana había llegado a desdibujarse tanto que desapareció por un par de semanas de las noticias diarias. Tomaron su lugar los atentados demenciales, las bombas contra civiles y las emboscadas a los soldados. La guerra desplazó la paz y la gente empezó a pensar que el proceso no llegaría vivo ni al 7 de abril, fecha límite que impuso el Presidente para que las partes acordaran un cese de fuegos y hostilidades. Y la realidad casi les da la razón.

El debate entre los voceros del gobierno, Camilo Gómez y Juan Gabriel Uribe, y las Farc en torno a la propuesta de incluir a la comunidad internacional de países amigos, las Naciones Unidas y la Iglesia como acompañantes permanentes del proceso por poco termina en ruptura. Pero después de muchas horas de debate, el jueves por la noche los voceros salieron con caras de alivio a anunciar el logro del primer punto del cronograma que se impusieron. De ahora en adelante en la mesa estarán sentados dos embajadores (quienes estén de turno como coordinadores de los 10 países amigos del proceso de paz colombiano), James Lemoyne, de la ONU, y monseñor Alberto Giraldo, de la Iglesia Católica.

Uno de los negociadores, Juan Gabriel Uribe, 40 años, conservador, periodista y político, discutió los alcances de este acuerdo y respondió a las críticas en entrevista con SEMANA. Uribe, que dejó su curul en el Senado y resolvió no volver a aspirar para metérsela toda al proceso de paz, cree que éste representa un paso gigante en las negociaciones que por fin tuvieron la suficiente madurez para darlo.

El país no apreció su importancia porque en apariencia nada cambió y la guerra se ha recrudecido. Sin embargo Uribe está convencido de que en este nuevo hecho reside la mejor esperanza para que el diálogo dé frutos y se vuelva a ganar la confianza de los colombianos.

SEMANA: ¿Cómo se diferencia este nuevo acuerdo para que la comunidad internacional y la Iglesia Católica acompañen el proceso del tipo de participación que estos actores ya venían teniendo en los últimos días?

JUAN GABRIEL URIBE: Antes era un acompañamiento de bomberos, acudían ante las crisis. Ahora será una participación permanente. Estarán sentados en la mesa y podrán participar activamente bajo unas reglas de juego establecidas. Estarán allí para escuchar lo que se dice, facilitar el diálogo, colaborar para que la mesa siga el cronograma de trabajo y hacer recomendaciones a las partes con miras a que acerquen sus posiciones. Incluso podrán traer expertos que asesoren la mesa. Fue con este tipo de acompañamiento que la comunidad internacional sacó adelante procesos tan complicados como el de Irlanda del Norte. Además le queda claro al país que el mundo nos acompaña para la paz y, no para la guerra, como algunos creen equivocadamente que lo haría.

SEMANA: ¿Qué cree que les signifique a las partes el hecho de que haya unos terceros allí presentes?

J.G.U.: Cada palabra que se diga allí será ante la comunidad internacional. La responsabilidad será mucho mayor. Los voceros allí no estarán solos, cada uno representa a su país, a su cancillería. Y Lemoyne está en permanente contacto con el secretario general de la ONU, Koffi Anan. Es el mundo observando lo que pasa en la mesa y lo que pasa afuera de ella.

SEMANA: ¿Ahora qué paso sigue?

J.G.U.: Entrar en los temas del cese de fuegos y hostilidades; la tregua, la disminución efectiva del conflicto. Cada paso que demos lo vamos a ir anunciando.

SEMANA: ¿Cómo creer que ahora sí va a haber logros concretos cuando se lleva patinando tanto tiempo?

J.G.U.: Logramos dar un salto gigante, algo que el gobierno llevaba buscando desde que inició el proceso hace tres años. Es el más claro mensaje hasta ahora de que las Farc sí van a negociar en serio.

SEMANA: Pero las Farc han escalado su guerra terrorista, ¿cómo creer que hablan en serio de disminuir el conflicto?

J.G.U.: Es cierto que el espíritu del cronograma que firmamos, y ya empezamos a cumplir con este primer acuerdo, es para desescalar el conflicto y que en muchas partes las Farc han respondido a este cronograma con balas. Pero también tengo que decir que el proceso no sólo está herido de bala sino también por las palabras. A veces estas últimas le hacen tanto daño como las primeras.

SEMANA: Si los candidatos presidenciales más opcionados no se comprometen a darle un futuro al proceso, éste está muerto desde ya. ¿Cómo pedirle a un político en campaña que apoye algo tan impopular?

J.G.U.: El proceso necesita política. Otra cosa es hacer política a costa del proceso. Esperamos que los candidatos presidenciales estén aportando a lo primero y no a lo segundo. Ellos pueden contribuir a elevar el nivel de la política en el conflicto y disminuir el de la guerra, por ejemplo, descaguanizando sus temas de campaña. Sería lamentable que fuera al revés. El proceso de paz no puede ser utilizado como un baúl de anzuelos para pescar votos.

SEMANA: Muchos colombianos creen que al insistir en el diálogo y mantener la zona de distensión, el gobierno está impidiendo que se gane la guerra porque la zona es una formidable retaguardia que les da ventaja militar a las Farc.. ¿Qué les contesta?

J.G.U.: Eso es falso de toda falsedad. Ningún gobierno ha fortalecido a las Fuerzas Armadas tanto como éste, y desde luego lo que busca con esto es que actúen en todo el territorio nacional. Sus integrantes mismos han dicho que se ha hecho más por fortalecerlo en estos tres años de lo que se ha hecho en los anteriores 40 de guerra.

SEMANA: ¿Es optimista?

J.G.U.: No se trata de que nos movamos entre el optimismo y el pesimismo. Sólo en la medida en que tengamos resultados, como el que acabamos de conseguir, el proceso recuperará su credibilidad.

SEMANA: ¿De verdad cree que habrá resultados tangibles, como el fin del secuestro o de las masacres, antes del 7 de abril próximo?

J.G.U.: Tenemos que lograrlo. Es una obligación moral con Colombia. El mundo está convencido que la salida política negociada es la perspectiva más sensata para el país. Lo dijeron el Papa y George Bush. Una guerra se sabe dónde empieza pero nunca dónde termina, como ésta que empezó hace más de 35 años y todavía no hemos sido capaces de acabarla.
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