Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1988/09/19 00:00

LLOVER SOBRE MOJADO

50 mil damnificados dejan el invierno y la imprevisión en Córdoba.

LLOVER SOBRE MOJADO

Ya se ha convertido en uno de los ritos anuales que hacen parte de la serie de tragedias que azotan al país. Invariablemente, año tras año llegan las inundaciones con su trágico saldo. Lo sucedido en las últimas semanas en los departamentos de Córdoba y Sucre, con los desbordamientos de los rios Sinú y San Jorge, en mayor o menor medida estaba previsto pero, como ocurre cada año en estos casos, nadie se preocupa a tiempo por evitar los desastres. A estas alturas, lo único claro es que el desbordamiento de los dos rios ha dejado un saldo de más de 50 poblaciones en emergencia, cerca de 50 mil damnificados, pérdidas materiales incalculables, 400 mil hectáreas inundadas y por lo menos 6 personas muertas.

El caso del rio San Jorge es bastante lamentable. Anualmente este rio se desborda, inundando las poblaciones y terrenos ribereños. Sin embargo, cada año se repiten las escenas de familias evacuadas, pérdida de vidas y de cosechas, sin que se tomen las medidas adecuadas para prevenir la catástrofe. Las inundaciones anuales del San Jorge obedecen, en buena medida, a que gran parte de su ribera es cenagosa. Por lo tanto, la creciente del río hace que las ciénagas se desborden y afecten los poblados aledaños. Este es el caso de poblaciones como Ayapel, Montelíbano, Buenavista y San Marcos.

Con respecto al río Sinú, el asunto es bien diferente. Hace algo más de 20 años que el nivel del río no subía tanto y las inundaciones no eran una amenaza grande a lo largo de su ribera. Pero las cosas se complicaron a partir del 7 y el 8 de agosto, cuando las torrenciales lluvias que azotaron la región hicieron aumentar en forma desmesurada el caudal del río. Era, pese a todo, una creciente anunciada.
El viernes 5 de agosto, 48 horas antes de que se produjeran las primeras inundaciones, el puesto de observación del Himat, ubicado en Angostura de Urrá, dió la voz de alarma.

Tal vez por esta razón, el número de muertos no fue tan grande, aunque se presentó una ostensible demora por parte de las autoridades encargadas de dar la alerta a los pobladores.
Al cierre de esta edición, las ayudas en alimentos y drogas no se habían hecho llegar a la mayoría de los damnificados, que comenzaban a padecer el embate de las epidemias. En la actualidad, se han perdido cosechas como las de sorgo, y vastas extensiones de terreno dedicadas a la agricultura y a la ganadería no volverán a producir sino hasta dentro de 3 años. Lo más grave de este caso es que fácilmente podrá repetirse en los años siguientes, debido a que los controles que la naturaleza ejercia sobre el caudal del río se han ido perdiendo a medida que pasa el tiempo. La razón para que el Sinú no se desbordara en años anteriores, radicaba en que en su parte alta había una amplia extensión de tierras inundables que, en las épocas de lluvias, recogían las aguas y no permitian que el nivel del rio subiera peligrosamente cuando llegaba a las áreas bajas. Esta especie de represa natural se ha venido acabando, debido a que los campesinos de la región le han quitado, con la utilización de diques artificiales, esos terrenos al río para dedicarlos a la agricultura. Ahora, las aguas bajan de un solo golpe y sin control, pues se ha perdido el electo gradual que se tenía cuando los terrenos altos se anegaban. La situación en la zona es susceptible de empeorar si, como lo ha pronosticado el Himat, las lluvias continúan. La actual situación. parece estarle dando la razón a quienes consideran que la represa de Urrá sería la solución definitiva para el problema de aguas de la región .

Para los habitantes de las riberas del medio y bajo Magdalena las cosas tampoco pintan bien a largo plazo.
Aunque en la actualidad los niveles del rio no son en extremo peligrosos, y no ha habido inundaciones considerables, si son bastante altos para la temporada, especialmente si se tiene en cuenta que se acerca una fuerte época invernal que se iniciará a finales de septiembre. Como lo expresó a SEMANA Oscar Arango, funcionario del departamento de hidrología del Himat, "es muy posible que la temporada invernal que se avecina coja al Magdalena con unos niveles muy altos y produzca importantes inundanciones". De acuerdo con los estudios de ese instituto, por esta época el rio debería tener unos niveles bajos con tendencia a decreccr.
Sin embargo, éstos están altos y estables y, a no ser por un verano intenso en las siguientes semanas, la temporada lluviosa que comienza en la segunda semana de septiembre y que se extiende hasta noviembre, llegará con unos niveles muy altos en el rio y producirá desbordamientos a lo largo de su curso.

Por el momento, sólo resta que las autoridades tomen en cuenta las predicciones del Himat para evitar la tragedia que, año tras año, a pesar de las advertencias, se ensaña en los pobladores de las riberas. --

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