Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 4/23/2011 12:00:00 AM

Llueve sobre mojado y…

Ya es hora de que el país se prepare a largo plazo para evitar que se repita la peor tragedia invernal de su historia.

A finales de noviembre de 2010, el presidente Juan Manuel Santos dijo que la catástrofe invernal en Colombia era "una tragedia que no tiene antecedentes en nuestra historia". Cinco meses después, ha vuelto a decir lo mismo para referirse a los estragos causados por la nueva temporada de lluvias que empezó hace apenas unas semanas: "Es la peor tragedia natural en la historia del país".

A muchos colombianos les cuesta trabajo entender que dos catástrofes tan graves se repitan en tan poco tiempo, que las lluvias de ahora estén volviendo a inundar las mismas zonas que quedaron bajo el agua el año pasado y, sobre todo, que el gobierno no haya hecho lo suficiente para arreglar los daños causados previamente antes de que volviera a llover con tanta fuerza.

Pero como lo explica Ricardo Lozano, director del Ideam, no son dos catástrofes distintas. "La Niña no ha dejado de impactar el país. Es como un huracán completo que entra y se queda por meses", dice. El fenómeno de La Niña, que es lo que causa niveles tan altos de pluviosidad, empezó a mediados del año pasado y dura cerca de once meses. Es decir, el invierno seguirá hasta junio -cuando escampará en la región andina-, pero en ese momento las lluvias se desplazarán a la costa.

El problema con esta nueva temporada invernal es que el país está peor ahora que cuando empezó a llover el año pasado. El 'periodo de recuperación', entre enero y febrero, fue muy corto y no estuvo ausente de lluvias. Se suponía que debía dejar de llover en esta temporada, lo cual habría permitido que el agua que inundaba los terrenos se evaporara y los suelos de las montañas se volvieran a estabilizar. Pero eso no sucedió. Los suelos colombianos están como una esponja, inestables y saturados, y por eso en los últimos días solo se han visto avalanchas, derrumbes y desprendimientos.

Más de mil municipios se han visto afectados en 28 de los 32 departamentos del país. Los peores son Antioquia, Valle del Cauca, Cundinamarca, Boyacá y los Santanderes. Diez ríos alcanzaron la alerta máxima, poniendo en grave peligro a los habitantes de municipios aledaños, entre ellos, los ríos Magdalena y Cauca, que han alcanzado niveles históricos en este último año. Varios embalses de Antioquia, Tolima y Cundinamarca alcanzaron el tope máximo, a pesar de que se han hecho descargas regularmente.

Los planes de viaje que tenían cientos de colombianos para la Semana Santa se aguaron, pues siete carreteras nacionales y 30 vías secundarias y terciarias tuvieron que ser cerradas totalmente, y en más de doscientas el paso estuvo restringido. Varios aeropuertos también permanecieron cerrados por algunas horas.

Entre enero y abril han sido afectadas más de ochenta mil personas y han muerto más de ochenta. Si se suman estas nuevas víctimas al triste saldo que dejaron las lluvias de finales del año pasado, en total habría en Colombia un poco más de 2.800.000 afectados, pero lo más seguro es que la cifra aumente. Por eso el gobierno emitió una directiva presidencial que amplía el Registro Único de Damnificados hasta el 10 de junio.

Lo peor es que algunos de los afectados por las inundaciones de noviembre han vuelto a ser víctimas ahora. Por eso salieron a protestar los pobladores de Santa Lucía, Campo de la Cruz y Suan, en el sur del Atlántico, cerca del Canal del Dique, donde llevan meses con el agua hasta el cuello porque no alcanzó a evaporarse del todo. Bloquearon la carretera oriental que comunica al departamento con Bolívar, con llantas, piedras y palos, para protestar por los arreglos que hicieron con sacos de contención de plástico, que estaban permitiendo algunas filtraciones. Uno de los sacos se rompió, se abrió un boquete y empezó a pasar el agua. Para el miércoles la situación estaba bajo control, pero el mismo ministro de Transporte, Germán Cardona, dijo que no podía asegurar que el Canal del Dique no se volviera a reventar.

Y es que, como lo explica Ricardo Lozano, hasta que no pare de llover, el gobierno solo puede tomar medidas de emergencia porque es impensable empezar una reconstrucción ahora. El gobierno emitió un paquete de decretos previendo lo que iba a pasar en esta segunda fase de La Niña y trabajó con las CAR para que tomaran algunas medidas preventivas en enero y febrero, pero en muchos lugares no se pudieron implementar puesto que los terrenos seguían anegados.

Para responder ante la emergencia, el gobierno está trabajando a través del Sistema Nacional de Prevención y Atención de Desastres, que está organizado a través de comités locales, departamentales y nacionales. "Hasta el momento estamos teniendo capacidad de respuesta", afirma Carlos Iván Márquez, director de Gestión del Riesgo del Ministerio del Interior y de Justicia, y dice que si en el país no existiera un sistema de respuesta la situación sería mucho más grave. En total son más de ochenta mil voluntarios que integran la Defensa Civil, 42.000 de la Cruz Roja y más de cuatro mil bomberos prestos a atender las emergencias que se presenten.

La prioridad es salvar vidas y brindar asistencia con alimentos, albergues y atención en salud, explica Márquez. Luego viene una evaluación de los daños estructurales para ver qué se puede arreglar de manera provisional. "Hay trabajos correctivos de Colombia Humanitaria, pero está lloviendo sobre mojado y no se puede pensar aún en grandes obras", dice Márquez.

A futuro, sin embargo, es necesario tomar medidas de largo plazo que permitan prevenir que cada cuatro años, cuando ocurre el fenómeno de La Niña, el presidente de turno tenga que volver a repetir que es la peor tragedia de Colombia. Según las mediciones climáticas que existen sobre los fenómenos meteorológicos como La Niña y El Niño, estos vienen aumentando en periodicidad y en intensidad. Aunque aún no se sabe a ciencia cierta por qué, los expertos aseguran que tiene que ver con el calentamiento global.

Además, según las Naciones Unidas, Colombia ocupa el tercer lugar en el mundo en mortalidad por desastres naturales. Además de sufrir los embates de La Niña o El Niño por su ubicación geográfica, el 80 por ciento de los colombianos vive en municipios ubicados en las cordilleras, que son zonas de riesgo sismológico, o en las costas, que están expuestas a huracanes y tsunamis.

Por eso se necesitan planes de largo plazo para enfrentar situaciones de este estilo, que, además de afectar a millones de personas directamente, impactan negativamente el desarrollo económico del país, pues las carreteras quedan inservibles, el transporte y la movilidad se paralizan, el turismo se acaba y los sectores productivos del campo sufren millonarias pérdidas.

"Colombia ya tiene suficientes lecciones aprendidas", afirma Ricardo Lozano, y por eso considera necesario que el país piense en un modelo de desarrollo que tenga en cuenta los ciclos de agua y de sequía y la vulnerabilidad de ciertas zonas. Incluso que se piense en un nuevo plan de ordenamiento territorial que se base en la incidencia de los fenómenos meteorológicos. Es hora de que el clima sea tomado en serio.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.