Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2010/11/21 00:00

Lluvias: ¿por qué nos llega el agua al cuello?

Hay más de 1,2 millones de damnificados por las lluvias y los recursos para atenderlos no son suficientes. La falta de previsión, la pobreza y las deficiencias en la planeación en los municipios, algunos de los factores que nos hace vulnerables.

La temporada de lluvias en Colombia deja 139 muertos, 208 heridos y 22 desaparecidos. Foto: AP

“Este ha sido el invierno más fuerte de los últimos 30 años”. Con esta frase el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, describió la temporada invernal que atraviesa el país. Y aunque todos los años Colombia tiene dos épocas de lluvias (de abril a mayo y de septiembre hasta noviembre o enero), fenómenos como el de La Niña y el cambio climático empeoran la situación.

Los millones de damnificados y las viviendas y los cultivos destruidos por inundaciones, desbordamientos de ríos y deslizamientos de tierra son tragedias anunciadas. Bolívar, Córdoba, Antioquia, Magdalena y Chocó están todos los años a la cabeza de la lista de los departamentos más afectados.

La pregunta es: Si se sabe que todos los años llueve y se conocen las zonas más vulnerables, ¿por qué la historia se repite y con consecuencias peores que las registradas en el invierno anterior?

Colombia ha tenido avances en prevención y atención de emergencias, sin embargo, para los expertos, el país no logra romper el círculo vicioso de concentrar la mayoría de sus esfuerzos en la atención de víctimas y no en diagnosticar, prever y tomar decisiones de alto impacto para evitar los riesgos o saberlos enfrentar.

Semana.com consultó a Walter Cote, director de la Cruz Roja Colombiana; Ómar Agudelo, director del Centro de Estudios de Prevención de Desastres de la Universidad Nacional (Ceprevé); y a Eduardo José González, director de Transporte y Reducción del riesgo de Desastres Asociación de Estados del Caribe, para conocer cuáles son los siete factores que hacen de Colombia una región vulnerable en época de lluvias.
 
1. Pobreza
 
Según Ómar Agudelo, director del Ceprevé, del total de muertes por todos los desastres en el mundo en los últimos 30 años, el 55 por ciento corresponde a eventos catastróficos por inundaciones. Y la mayor cuota de víctimas (96 por ciento) la ponen los países en desarrollo, como Colombia.

El 45,5 por ciento de los colombianos son pobres y eso aumenta los riesgos. A ello se suma, según Walter Cote, que este tipo de poblaciones por satisfacer sus dos necesidades más básicas, techo y agua, construyen sus viviendas en terrenos inestables, pero cerca de fuentes hídricas. “Las riberas de nuestros ríos y las pendientes son los únicos sitios que tienen disponibles para vivir”, recalca Eduardo José González.

“Sus casas son débiles, sus necesidades básicas están insatisfechas, registran deserción escolar, viven en hacinamiento y dependen de una sola persona que devenga algo de dinero. Todo eso es un amplificador del riesgo”, dice Agudelo.

2. Débiles Planes de Ordenamiento Territorial (POT)

Para Cote y Agudelo este es uno de los temas más complejos. Los 1.102 municipios del país no integran del todo en sus POT la filosofía de gestión, mitigación y reducción del riesgo. Además, agrega Cote, las políticas que se toman desde las regiones son aisladas.
 
“Los POT no deben contener sólo cómo es la distribución del suelo. Debe hacerse análisis de los riesgos, por ejemplo, saber si se le está dando un buen uso a la tierra, prever amenazas de inundaciones, eventos meteorológicos y sismos. Los municipios están obligados a eso, pero todavía estamos en duda”, explica Agudelo.

Los errores en la planeación de las ciudades, la deforestación, el mal uso del suelo, los asentamientos ilegales y la falta de políticas ambientales rigurosas abonan el problema.

“No se puede ignorar el gran daño causado por la explotación de metales preciosos en laderas y ríos. Ese material que al final es depositado en los ríos, disminuye su capacidad de almacenar y transportar agua y han colmado sus causes”, resalta Eduardo José González.
 
3. Falta de infraestructura e inversión
 
Para el director del Ceprevé, en el país hay pobreza de infraestructura y en obras de ingeniería hidráulica. Para Cote, urge hacer un buen manejo de cuencas como las de los ríos Magdalena y Cauca, canalizar la red hidráulica y poner en marcha más proyectos mancomunados entre las regiones.

Hay zonas en donde se construyen diques para evitar inundaciones cuando crece un río, y aunque mitiga el problema en ese sector, para regiones río abajo, que no lo tienen, el riesgo es peor. “Lo que es prevención para unos, aumenta el riesgo de otros”, anota Cote.
 
Este punto está atado a la inversión de recursos, “que debe ser mayor”, según los expertos. Los municipios no han asumido su responsabilidad en el cuidado y protección de los recursos hidrográficos, que deben dejar de ser una amenaza para las poblaciones y convertirse en una fuente que mejore la calidad de vida de manera sostenible.

4. Problemas culturales
 
Aunque hay avances, aún hace falta que los hogares y las instituciones públicas y privadas incluyan en su día a día la cultura y buenos hábitos de la prevención. Para Agudelo, colegios y universidades también son responsables y tienen la tarea de impartirles a niños y jóvenes la importancia de prevenir y estar preparados ante una emergencia.
 
Deforestar sin reforestar y botar basuras a los ríos aumenta el riesgo de inundaciones en esta época del año. “Personas que viven en terrenos secos rompen los diques para conseguir agua y por eso, cuando llega el invierno, se inundan”, anota Cote.
 
5. Conflicto armado

La violencia también influye. Los problemas de seguridad que generan los grupos ilegales en varias zonas del país impiden la oportuna intervención para prevenir y/o atender las emergencias. Ello, sin contar el impacto que tiene sobre el medio ambiente los cultivos ilegales de coca y amapola.
 
Las personas que deben desplazarse por la violencia a las grandes ciudades (cinco millones en los últimos diez años) por lo general llegan a asentamientos ilegales en zonas marginales y agudizan el problema.

6. Cambio climático

Para el director de la Cruz Roja, el país debe adaptarse a tres variaciones climáticas externas, además de las propias: el fenómeno del Niño y La Niña (calentamiento y enfriamiento de las aguas del Pacífico, respectivamente), la nubosidad en Brasil que influye y humedece los Llanos Orientales y la Amazonía, y los huracanes en el Caribe.

“En cuanto al cambio climático el país debe ajustarse y aportar, por ejemplo, en la reducción de gases (para evitar el efecto invernadero). Eso también hay que tenerlo en cuenta”, explica Cote.

7. Corrupción

Sin duda la corrupción en todos sus niveles bloquea los proyectos a largo plazo en las regiones, en todas sus áreas (salud, medio ambiente, transporte, entre otros), y en particular, en el manejo de los suelos. La debilidad en la gestión de las entidades se traduce en corrupción y politiquería.
 
Y en este punto, la población tiene un papel importante. Las organizaciones comunales son clave no sólo para poner en marcha proyectos que les ayude a mitigar los riesgos, sino para hacer veeduría del buen uso de los recursos económicos.
 
En 2009, según el estudio sobre Cultura Política de la Democracia en Colombia, se registró un aumento en la percepción de corrupción de los colombianos. Pasó de un 72,6 por ciento a 77,3 por ciento. Un indicador poco alentador que de mejorar, sería un aporte importante para acabar con este drama que aparece sin falta cada año.

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