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| 11/28/2004 12:00:00 AM

Lo bueno si breve...

Aunque tarde, Colombia entra en la tendencia mundial de reducir las carreras universitarias de cinco a cuatro años. Enhorabuena.

La reforma educativa de la Universidad Nacional, propuesta por Marco Palacios, rector de la institución, reanudó el debate sobre la conveniencia de mantener la educación superior tal como está o reestructurarla. Aunque las demás universidades no están obligadas a aplicar el proyecto de Palacios, sí deben acoger algunos parámetros que ordena el Ministerio de Educación en su plan de reforma de la educación superior.

Sin duda, el punto más candente de la discusión es la reducción de los programas universitarios de pregrado, de cinco a cuatro años. El argumento central de quienes defienden esta idea es que los profesionales calificados que el mercado laboral requiere son aquellos que saben utilizar la información y la formación que recibieron para resolver problemas y sortear situaciones. Eso, según los defensores de la propuesta, se aprende en menos de cinco años. Pero, la preocupación de que la calidad se vea sacrificada si se reduce el tiempo de preparación de los estudiantes es la bandera de los que se oponen. Para Cecilia María Vélez, ministra de Educación, la calidad de las carreras aumenta. "Para lograrlo, esta propuesta debe estar acompañada del fortalecimiento de una política de posgrados, además de concientizar a los estudiantes de la necesidad de hacer uno para mejorar su formación".

La discusión sobre la reforma no puede circunscribirse únicamente al análisis del tiempo. Jairo Humberto Cifuentes, vicerrector académico de la Universidad Javeriana, piensa que es importante "evaluar las competencias que se les están dando a los estudiantes para que, en un mundo cambiante y globalizado, puedan desempeñarse en el mundo del trabajo".

En ese marco, la propuesta de reforma va más allá. La idea es que durante los primeros dos años, los estudiantes ingresen a áreas de conocimiento más generales y después sí, a las carreras específicas. Eso les permitiría conocer más a fondo un espectro de opciones para que puedan decidir en qué programa inscribirse. Aunque esta modalidad también ha tenido contradictores que aseguran que eso acortaría aún más el tiempo de formación en un área concreta, son más los que están de acuerdo en este punto. Luis Enrique Salcedo, vicerrector de la Universidad Pedagógica, es uno de ellos. Se opone a reducir el tiempo de formación a cuatro años, pero ve como un acierto la formación inicial en competencias generales. "Que entren a áreas de conocimiento y hagan más específica su formación en los últimos años sí me parece lógico porque eso les da más oportunidad de moverse en los saberes", dice Salcedo.

Los estudiantes, que finalmente son quienes experimentan en carne propia el sistema educativo, ven importante tener opciones para elegir. "Cuando uno tiene 17 años no tiene claro a qué quiere dedicarse el resto de la vida. Por eso tener la posibilidad de acercarnos a diferentes áreas nos permite hacer una elección con conocimiento de causa", dice Andrés Fajardo, estudiante de humanidades de la Universidad Javeriana.

Aunque la propuesta ha causado revuelo, no es novedosa. Por el contrario, es una tendencia de las universidades de todo el mundo. Con el esquema de 'cuatro más uno y tres más dos' (se estudian cuatro años de pregrado y uno de posgrado, o tres de pregrado y dos de posgrado) funcionan varias universidades europeas desde hace un tiempo. Incluso, según se estableció en el Acuerdo de Boloña al que se suscribieron varios rectores de universidades del Viejo Continente, en 2010 todas deben tener adaptado este modelo. En los países anglosajones, desde mucho tiempo atrás, la educación funciona así.

En Colombia, que está bastante rezagada en esta materia, los más reacios a adoptar una reforma educativa en esta dirección son las universidades públicas. Las privadas, especialmente los Andes y la Javeriana, les llevan mucha ventaja en la reforma del sistema universitario. Durante los últimos años estas dos universidades han ido reestructurando sus programas de pregrado y aumentado la oferta en posgrado, a tal punto que en los Andes, por ejemplo, 11 de los 28 programas de pregrado ya disminuyeron su extensión a cuatro años, y el resto está en proceso de hacerlo.

Carl Langebaek, que lideró el proceso de reforma en esta última universidad y ahora hace parte del Consejo Superior Universitario de la Nacional, sabe de las críticas pero también de los resultados que arrojan este tipo de experiencias. "A los estudiantes hay que darles bases amplias y sólidas porque la universidad es sólo una parte del aprendizaje. La idea es que los cuatro años sean para formar gente con criterio; la especialización se consigue en el posgrado y con el estudio constante en la vida".

La propuesta de reforma educativa, en varias universidades públicas y privadas, sigue en discusión. Implementar una u otra es asunto de la autonomía de cada universidad. Lo cierto es que son varias las cosas que se tendrán que tener en cuenta si se quiere ganar calidad. No importa que el tiempo de los programas de pregrado se disminuya en uno o incluso en dos años. Lo que sí debe importar es que se refuerce la continuidad académica con la realización de un postgrado.

El argumento de que no cualquiera puede acceder a una especialización o a una maestría, por los costos, está desvirtuado. Hoy por hoy es más económico un semestre de posgrado que uno de pregrado. Y el modelo del 'cuatro y uno, o tres y dos' termina sumando los mismos cinco años de una carrera tradicional. La diferencia es que los profesionales saldrán con más competencias. Eso sí, si se trabaja en la calidad.

En eso, el Ministerio de Educación representa un papel fundamental. Es necesario que todos y cada uno de los 4.800 programas de pregrado que ofrecen las cerca de 300 universidades del país sean evaluados por el Consejo Nacional de Aseguramiento de la Calidad de la Educación (Conases). Generalizar la práctica de los exámenes de calidad de la educación superior (Ecaes) a todas las áreas del conocimiento es a futuro otra forma de seguimiento y evaluación de la calidad de las carreras universitarias.

Finalmente, el Observatorio de Profesionales que el Ministerio está implementando con el propósito de hacer un seguimiento a los egresados del país y al medio laboral pretende dar luces sobre las competencias y el nivel de especialización que el mercado laboral requiere. Si se consolida este proyecto, habrá más certeza sobre la dirección en la que se deberá orientar la formación de los profesionales colombianos. Por lo pronto, la decisión correcta es recortar los años de pregrado y fortalecer los posgrados.
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