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| 10/20/2007 12:00:00 AM

Lo que está en juego

Las elecciones del domingo están amenazadas por las mafias armadas y las mafias políticas. Votar bien es el único mecanismo de defensa.

Más que las competencias por alcanzar el poder en las gobernaciones, las alcaldías y los cuerpos colegiados, en las elecciones del próximo domingo está en juego la democracia. La campaña de los últimos meses y los comicios del 28 de octubre están en el filo de la navaja entre el fortalecimiento de la institucionalidad y la amenaza de los grupos violentos o ilegales. Las grandes preguntas que definirá el electorado tienen que ver con este trascendental dilema.

Para empezar, estas son las primeras elecciones que se llevarán a cabo después del escándalo de la para-política. Es decir, después de que se destaparon las prácticas delictivas de los grupos paramilitares en las elecciones de los últimos años para imponer sus candidatos, y de las acciones que han tomado los organismos de la justicia -la Corte Suprema y la Fiscalía- para castigar a sus culpables. El próximo domingo se verá si los procesos judiciales que están en marcha contra 40 congresistas y tres gobernadores -la gran mayoría detenidos en cárceles-, y la desmovilización de las AUC, efectivamente sirvieron para desmontar sus poderosas maquinarias de presión electoral. O si, por el contrario, las denuncias que han circulado en el sentido de que los para-políticos detenidos siguen moviendo sus fichas electoreras desde las prisiones, eran ciertas.

El tema es trascendental. El país ya conoce el daño que han causado los funcionaros elegidos con la siniestra mampara del paramilitarismo. En los niveles locales, que son los gobiernos que se elegirán en esta ocasión, se han destapado funestas alianzas entre 'comandantes' paras y alcaldes de decenas de municipios. De ellas surgía una intolerable libertad de acción para las autodefensas, que gozaban de la vista gorda de los mandatarios locales. A su vez, paras y mandatarios locales se enganchaban en prácticas corruptas para saquear los presupuestos municipales. Fondos oficiales que deberían haber financiado programas de salud se desviaban hacia las arcas de los paramilitares. La elección de alcaldes, concejos, gobernadores y asambleas limpios y comprometidos con la ley es una condición necesaria para que el proceso de paz con las AUC no se limite a encontrar fórmulas de salida para la situación jurídica de los jefes, sino que produzca un desmantelamiento efectivo de las organizaciones mafiosas en las administraciones locales y regionales.

También es descomunal el desafío de los actores violentos. No es la primera vez que el país se debate entre las balas y los votos. De hecho, los innegables éxitos de la política de seguridad democrática han debilitado la capacidad de acción de la guerrilla. Las Farc no están en capacidad de atentar contra las elecciones como lo hacían en otras épocas. Pero nada de esto es suficiente para cantar victoria o para dormir sobre los laureles. Las amenazas todavía son alarmantes. Cerca de 22 candidatos han sido asesinados en la actual campaña. Aspirantes como Horacio Serpa, a la Gobernación de Santander, han sido víctimas de amenazas que buscaban su supuesto retiro de la contienda. El senador liberal Luis Fernando Velasco sufrió un atentado el pasado fin de semana en Caquetá, donde acompañaba a Álvaro Pacheco, candidato a la Gobernación. En Huila, casi al mismo tiempo, el candidato liberal a la Alcaldía, Hernán Suárez, fue víctima de un acto semejante.

Los anteriores no son hechos aislados, sino los más recientes y los de mayor impacto público, por el nivel de conocimiento de los candidatos afectados. Pero ya la Misión de Observación Electoral (MOE) había concluido que hay riesgo en 576 municipios del país. Un cálculo tal vez exagerado, pero igualmente desestimado muy a la ligera por parte del gobierno. Y que, depurado a las regiones más peligrosas, se reduce a que hay 101 municipios en riesgo grave. Cerca de un 10 por ciento del país: un número nada despreciable.

La democracia también está atacada por otros frentes. Las imperfecciones del proceso político son inquietantes. Cada uno de los 1.099 municipios que hay en el país es un microcosmos que nada tiene que ver con los demás. Los partidos y las fuerzas que se unen en un pueblo o en un departamento compiten a muerte en el municipio vecino, o en otro lugar del país. El Polo Democrático y el Partido Liberal son socios en las candidaturas de Antonio Navarro y de Horacio Serpa para las gobernaciones de Nariño y Santander, pero se enfrentan en los respaldos a Samuel Moreno y Enrique Peñalosa por la Alcaldía de Bogotá. Partidos de la coalición de gobierno -Cambio Radical, La U, el Partido Conservador, Alas-Equipo Colombia- en varias regiones están confrontados entre ellos y asociados con candidatos de la oposición. La mecánica de estos comicios es local e incoherente. Va a ser muy difícil sacar conclusiones políticas en el nivel nacional y la reforma que se hizo en 2003 para fortalecer los partidos va a ser, según parece, una de las grandes derrotadas de la jornada.

A lo anterior se agregan los vicios de siempre. Hay versiones sobre derroche de gastos difícilmente explicables y sin mayor control por parte de una Organización Electoral que para esos efectos parece desbordada. También han proliferado historias de trasteos de votos y sobre poderosas maquinarias aceitadas para ponerlas a máxima capacidad. El mecanismo del voto preferente convirtió las elecciones de asambleas y concejos en operaciones avispa institucionalizadas. Es decir, en microempresas personales en las que cada candidato compite con sus 'compañeros' de partido para conseguir más dinero y para quedarse con los votos. ¿Qué bancadas coherentes se podrán construir en el futuro con concejales y diputados elegidos de esa manera?

Hay razones, en fin, para explicar por qué en estas elecciones, como nunca antes en la historia, se han multiplicado las iniciativas para estimular el voto limpio y transparente. La OEA envió la misión de observación más grande que ha venido al país, liderada por el ex canciller argentino Dante Caputo, quien es a la vez la mano derecha del Secretario General. La Vicepresidencia de la República puso en marcha la campaña de 'voto transparente' para buscar alianzas locales entre los candidatos y las autoridades en contra de quienes practican delitos electorales. Un grupo de entidades, entre las que se encuentra SEMANA, reeditó el programa de 'Vote Bien' para informarles mejor a los electores qué hay detrás de las opciones que encontrarán en los tarjetones. El ex alcalde de Bogotá Antanas Mockus, en lugar de competir por algún cargo, se jugó por promover el 'Voto Vital': una iniciativa para hacer conciencia sobre la responsabilidad que tienen los ciudadanos y sobre lo que significa el derecho a votar.

Que existan tantas iniciativas internacionales, gubernamentales y ciudadanas da la medida de lo que está en juego. ¿Serán efectivas para contener a los interesados en manipular las elecciones? En realidad, las complejidades de estas elecciones no significan que todo está perdido. No es la primera vez que el cuadro luce sombrío antes de unas elecciones. Casi siempre el día después de la votación hay exaltaciones a la Organización Electoral, a la ciudadanía y a la madurez democrática. Es cierto que hay retos, pero también hay oportunidades. Y los votantes tienen una gran responsabilidad para que estas últimas se impongan. Por el momento, el sufragio multitudinario y en conciencia es el mejor aporte que se puede hacer para detener a quienes intentarán manipular las elecciones.
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