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| 12/29/1997 12:00:00 AM

LO QUE JACQUIN NUNCA HABIA DICHO

La primera dama se destapa en una entrevista para SEMANA.

El pais sabe desde hace mucho tiempo que detrás de Ernesto Samper, ha estado el apoyo incondicional de Jacquin Strouss de Samper. Pero lo que el país desconoce es qué piensa y siente la primera dama de la Nación. Semana la entrevistó para conocer el papel que ha jugado durante la presidencia de Ernesto Samper.
Semana: ¿Cuál fue el momento más tenso durante este gobierno?
Jacquin Strouss de Samper: Yo creo que lo más duro de toda esta crisis fue cuando le quitaron la visa a Ernesto.
Semana: ¿Personalmente fue el momento más difícil?
J.S. de S.: Sí, más que las traiciones de los amigos o las deslealtades.
Semana: ¿A cuáles amistades se refiere, a las amistades cercanas o a las políticas?
J.S. de S.: Eso es lo que uno aprende a distinguir porque estando en el poder se tratan de confundir las amistades cercanas, personales y las amistades políticas. Las amistades políticas juegan el juego de sus propios intereses y las cercanas y personales nunca están en un doble juego.
Semana: Volvamos al tema de la visa. ¿Cuando usted se enteró de la noticia qué le dijo al Presidente?
J.S. de S.: Lo primero que yo le dije fue: "Eso no es un insulto a ti sino al país". Pero sí, fue un momento muy duro, yo no lo podía creer.
Semana: Muchas personas dicen que en los momentos más duros de la crisis él hubiera renunciado pero que usted no lo dejó. Que usted era la fuerza interna que le hacía seguir. ¿Cómo fue eso?
J.S. de S.: Como todo, fue un proceso. No es una decisión que se tome de la noche a la mañana. Yo sabía que tenía la fortaleza para acompañarlo en el seno del hogar, con los niños. Si yo me desbarataba, desbarataba a Ernesto. Siempre trataba de tranquilizarlo, de decirle que mirara todas las alternativas. Hubo noches en que él pasaba en vela. El sabía que no podía llevarse por delante al país por mantenerse en el poder. Lo teníamos muy claro. Pero tampoco se podía echar por delante su vida. Estaba su futuro, las expectativas que tenía para cumplir con sus responsabilidades como Presidente de los colombianos.
Semana: ¿En algunos momentos pensó usted en que era mejor irse?
J.S. de S.: Sí, pero muy pocos. Fue difícil porque todos los acontecimientos se sucedían en una forma tan rápida. Pensaba que él tenía el derecho a la defensa, que nosotros teníamos el derecho a la defensa. Y era un derecho que no nos podían quitar por más que fuéramos, en cierto sentido, una familia privilegiada porque estábamos ejerciendo la Presidencia de la República. Yo pensaba que había que seguir batallando para demostrar lo que luego quedó demostrado, y no dejar tampoco el país a la deriva.
Semana: ¿Quién más la acompañaba en la línea de que había que seguir? ¿Quién más era de la línea suya?
J.S. de S.: En ciertos momentos la decisión depende de una sola persona, que es quien finalmente tiene que tomar la decisión: el Presidente. Entonces los amigos venían a acompañarnos y a ser solidarios, pero a esperar que él liderara una decisión. En ese sentido, como decía el maestro Valencia, el poder es como una cima helada en donde uno está completamente solo y las decisiones solamente dependen de uno.
Semana: ¿Pero quiénes eran los que le decían que siguiera?
J.S. de S.: Serpa. Serpa era, digamos de la 'línea dura'. "Nosotros no nos podemos doblegar", decía. Hubo otras personas, como los ministros que luego salieron acusados, que eran también de la 'línea dura': Turbay y Pardo.
Semana: ¿Y fue por ellos que el Presidente decidió quedarse?
J.S. de S.: El toma sus propias decisiones. Eso es algo que la gente no conoce de su parte interna. Luego consulta. Puede que esas decisiones las cambie, pero él ya tiene una idea fija en la cabeza. Más que todo trata de deliberar y convencernos a los demás de que la decisión es acertada
Semana: ¿Y quiénes estaban del otro lado?
J.S. de S.: Al principio personas que estaban dentro del gobierno y que lo abandonaron, como Perry. Dentro de la familia yo creo que Daniel. El venía de España a aconsejar a Ernesto con la tesis de que no valía la pena seguir luchando. Pero es que a Daniel nunca le ha interesado ni la política ni el poder. El decía "el poder no sirve para nada, no sirve sino para traer problemas". Le decía a Ernesto: "Agarre sus chinos, agarre a Jacquin y váyase y no se quede aquí aguantando críticas". Digamos que eran las dos posiciones dentro de la familia.
Semana: ¿Y en la familia había alguien de la 'línea dura'?
J.S. de S.: La mamá de Ernesto también influyó mucho, en el sentido de que ella es una persona de edad con suficiente experiencia, que le ha pasado de todo en la vida, entonces le decía "usted nunca se perdonará a sí mismo abandonar el barco en la mitad del camino. Tiene que acabar el camino y luego tome la decisión. En medio de un incendio usted no puede salir corriendo y esconderse". Su hermano Juan Francisco también era de la 'línea dura'.
Semana: Haciendo un corte a hoy, ¿cree que la decisión fue la correcta?
J.S. de S.: Yo pienso que la decisión fue la correcta. Porque nunca nos hubiéramos perdonado. Ni por el país ni por nosotros mismos ni por nuestra integridad. ¿Qué hubiera pasado con el país si pasa un desastre? Siempre hubieran dicho: "Samper se fue y nos dejó aquí botados, y se fue a esconderse".
Semana: ¿Para usted cuál ha sido el mayor caso de deslealtad?
J.S. de S.: Me impresionó muy desfavorablemente la actitud del vicepresidente De la Calle. Políticamente me pareció que no tenía sentido de la lealtad.
Semana: ¿Usted de verdad cree que él estaba conspirando?
J.S. de S.: Sí. Yo creo que más que un estratega de la conspiración era un usufructuario directo. Cuando ya se dio cuenta que podía no ser él el beneficiario de la crisis, sino que se estaba pensando en que fuera un tercero, se fue.
Semana: ¿Y usted alguna vez lo enfrentó? ¿Le dijo a él lo que nos está diciendo ahora?
J.S. de S.: Nunca. Nosotros nunca tuvimos una relación fluida. Nunca pudimos hablar, con Humberto de la Calle era muy difícil, él era receloso, ambiguo en todas sus actitudes.
Semana: ¿De la decisión de haberse quedado qué fue lo más difícil?
J.S. de S.: Era asumir una responsabilidad y seguir trabajando, sobre todo en los momentos más duros de la crisis, como si no pasara nada. La procesión iba por dentro y yo tenía que salir y darle la cara a la gente. No podía estar escondida en mi casa. Muy importante fue una reunión que tuvimos con los niños cuando la confesión de Botero, que fue como a mediados de enero, y ellos entraban al colegio como a los ocho días. Nos reunimos con ellos y hablamos sobre la necesidad de que estuvieran desde el primer día a las 8 de la mañana en el colegio. Si todos estábamos enfrentando la crisis, ellos tenían que dar la cara dentro de su medio.
Semana: ¿Cuál ha sido la pregunta más difícil que le ha hecho uno de sus hijos?
J.S. de S.: Digamos que ellos son muy inteligentes y me hacen las preguntas en forma indirecta. Como todos los niños, ellos están tratando de deducir por sí mismos qué es lo que está sucediendo, no como una verdad impuesta sino la propia de ellos. Además hay cosas que no se atreven a preguntar.
Semana: ¿Cuando confesó Botero ustedes dónde estaban? ¿Sabían que iba a hablar?
J.S. de S.: Nos cayó totalmente por sorpresa. Estaba en ese momento con mi hermana y mi cuñado, estábamos haciendo cuentas de una casita que tenemos en Ubaque, y estábamos sumando y restando. Me llamó Ernesto y me dijo que iba a aparecer algo en la televisión. A mí no me pareció nada significativo. Terminé las cuentas y mi hermana prendió la televisión. Vi la primera parte con ellos y luego bajamos a la oficina de Ernesto, porque para mí fue como si hubieran cogido el televisor y me lo hubieran tirado en la cabeza.
Semana: ¿Se lo esperaba?
J.S. de S.: De Botero se puede esperar cualquier cosa. Y yo lo esperaba desde mucho tiempo atrás. Tenía la intuición de que él iba a hacer cualquier cosa que le salvara el pellejo porque estaba desesperado. Era una persona recelosa, un ser extraño al cual yo nunca le tuve confianza.
Semana: ¿Para usted, quiénes son los directos responsables de lo que pasó en la campaña?
J.S. de S.: Uno no puede eludir la responsabilidad directa que pueda tener el candidato sobre su propia campaña. Yo creo que hay una gran responsabilidad sobre todo en una situación tan delicada. El candidato no puede estar haciendo todo, pero también tiene que supervisar a quién le delega. Y yo creo que el exceso de confianza en las personas que dependían del candidato fue una falla en la campaña. Yo creo que los directos responsables de todo lo que sucedió fueron Botero y Medina, en ese orden.
Semana: ¿Más Botero que Medina?
J.S. de S.: Sí. Porque Botero tenía una capacidad de acceso al Presidente que no tenía Medina.
Semana: Pero no es muy lógico que Fernando Botero cometiera un delito Para elegir a una tercera persona, y menos sin que el beneficiario se enterara.
J.S. de S.: Es que yo creo que Botero nunca pensó que Ernesto iba a ganar. Cuando una persona pierde no le examinan las cuentas ni miran más allá. Los reflectores se prenden para el ganador.
Semana: Eso sí sorprende. ¿Para qué llevar toda esa plata para la campaña si pensaba que iba a perder?
J.S. de S.: Esa misma pregunta me la he hecho yo. Pero es que el dinero fue desviado y utilizado para otros fines de carácter personal.
Semana: ¿Usted cree que la plata no entró a la campaña?
J.S. de S.: Yo creo que la plata no entró a la campaña y lo ha demostrado todo el proceso.
Semana: ¿Entonces alguien se robó la plata?
J.S. de S.: Sí. Sospecho que Botero robó, sospecho que Medina robó, que hubo mucha más gente, y al parecer parlamentarios, que no invirtieron la plata en la campaña. Como el caso de María Izquierdo, quien públicamente dijo que utilizó los dineros que le dieron supuestamente de la campaña para pagar el secuestro de su esposo y para pagar una finca que tenía hipotecada. Para mí eso no es la campaña Samper Presidente.
Semana: Pero piense usted por un momento cómo ve esto una persona desde afuera. Imagínese que, en el gobierno de Virgilio Barco, Germán Montoya y Gustavo Vasco le confesaran a la justicia que el Presidente había sido elegido por el narcotráfico, y con su consentimiento. ¿Cómo pretender que los colombianos crean que eso no es verdad?
J.S. de S.: La diferencia es que Gustavo Vasco y Germán Montoya eran amigos de Barco y creían en él. En este caso Botero utilizó la campaña como un trampolín para subir y Medina para sus intereses personales. Medina no era amigo nuestro, apenas era una persona conocida. Si hubiéramos tenido personas más cercanas a nosotros, si el mismo Horacio Serpa o el mismo Juan Manuel Turbay hubieran manejado y administrado los dineros de la campaña, esto nunca hubiera pasado.
Semana: Pero usted entiende que a muchas personas desde afuera se les hacen muy raras todas estas explicaciones.
J.S. de S.: Sí lo entiendo, pero alrededor de este tema hubo un gran fariseísmo. El país entero convivió con el narcotráfico desde hace muchos años. La cacería de brujas que se levantó por la presencia de dineros del narcotráfico en la campaña de Samper pudo ocurrirle a otras campañas.
Semana: Al hablar de otras campañas, ¿se refiere usted a la campaña de Andrés Pastrana?
J.S. de S.: No, de ninguna manera. Estoy haciendo un argumento filosófico. Estoy hablando es de la compenetración del narcotráfico en la economía y en todos los campos. Quienes vendían un apartamento en efectivo o un automóvil no les importaba que el comprador fuera narco. Pero cuando se presentó una filtración en una campaña, muchos se llenaron de una falsa moral y dijeron "vamos a expiar los pecados de toda una sociedad tumbando a un Presidente. Le echamos la culpa a él y salimos todos del problema".
Semana: El hecho de que sea una práctica común no le quita el hecho de que es un delito.
J.S. de S.: El delito lo determinan los jueces. Sin embargo lo que no se puede permitir es que se imponga una falsa moral. No se trata de ser maniqueos y dividir entre buenos y malos, sino iniciar el cambio de mentalidad y actitud de la sociedad hacia los dineros ilícitos. Eso es más útil que la cacería de brujas. Eso no conduce a nada. Es como el caso del cheque del fiscal Valdivieso girado por 'Don Efra'. No sacamos nada botándonos unos a otros cheques y fotografías. Perdimos el enfoque, que era perseguir un delito y a los autores de ese delito, no al Presidente de la República. Era más importante tumbar al Presidente que perseguir a los capos.
Semana: ¿Cuando escucharon los narcocasetes tuvieron ustedes alguna duda?
J.S. de S.: La primera duda era si la grabación era cierta. En una conversación se puede decir de todo. La primera reacción nuestra fue no creer. Y desde un inicio tuvimos sospechas sobre Botero y Medina. Yo sé que Botero lo sentía.
Semana: Lo que no se entiende es por qué cuando ya Botero estaba preso en la Escuela de Caballería, y ustedes sabían que todo era responsabilidad de él, lo siguieron cuidando, visitando, mandándole regalos, etcétera.
J.S. de S.: Porque Ernesto tiene una gran virtud y es que confía en la buena fe de los demás. El error más grande que se cometió es que después de conocerse los narcocasetes no se debió nombrar a Botero como ministro. Después de un año, estando ya en la cárcel, éramos víctimas todos de su chantaje emocional. El se hacía la víctima con el cuento de que habíamos llegado a la Presidencia gracias a él, y él pagaba las consecuencias.
Semana: ¿Cuándo llegó usted a la conclusión de que los cargos eran ciertos?
J.S. de S.: Muy tarde. Yo creo que cuando la rueda de prensa de Botero y Serpa.
Semana: ¿Por qué ahí?
J.S. de S.: Porque Botero inculpó a todo el mundo, lo cual demostraba que quería protegerse de algo.
Semana: ¿La misma semana de la declaración de Medina?
J.S. de S.: Sí, sobre todo porque la defensa que utilizó Botero era que él era inocente y los demás culpables. Ahí me di cuenta de que sabía más de lo que estaba diciendo.
Semana: ¿Medina nunca la buscó para hablar?
J.S. de S.: Sí, en una ocasión me buscó para que lo nombraran afuera, pero nunca me habló de lo que había pasado dentro de la campaña. Nunca.
Semana: Usted misma fue un día llamada a declarar por la Fiscalía. ¿Cómo le fue? ¿Muy difícil?
J.S. de S.: Sí, fueron 10 horas de declaratoria y realmente al final no tenían ninguna prueba contra mí, sino que era más la justicia espectáculo.
Semana: ¿Llegó a pensar en algún momento que la iban a privar de la libertad?
J.S. de S.: No. No me hubiera dejado, porque hubiera sido una gran injusticia.
Semana: ¿Qué hubiera hecho?
J.S. de S.: Rasguñar al Fiscal, patearlo.
Semana: ¿Pero llegó a creerlo en algún momento?
J.S. de S.: Nunca.
Semana: ¿Qué medios han sido injustos en el cubrimiento de todo este proceso?
J.S. de S.: Yo creo que SEMANA. Pero más que injustos, me pareció injusta la Fiscalía, porque durante el interrogatorio utilizaban los artículos de SEMANA para hacer las preguntas. Por eso me parecía que no tenían ninguna prueba. "El artículo tal de SEMANA dice tal cosa, ¿usted qué opina?". Cuando yo pensaba que las pruebas las traían ellos como jueces, la mitad del interrogatorio se fue discutiendo artículos de los medios de comunicación, específicamente de SEMANA.
Semana: ¿Qué publicación específicamente le afectó más?
J.S. de S.: Han sido varias, pero más que afectarme me envalentonaron. Eso sucedió con la conversación de la 'Monita retrechera'. Más que deprimirme me llenó de energías para seguir demostrando que nada era cierto.
Semana: ¿No deterioró su relación con el Presidente?
J.S. de S.: No. Yo creo que el propósito de la publicación era ese. Era desbaratar una de las fortalezas del Presidente, que era la unión que existe entre ambos. Yo sabía que siendo una de las fortalezas del Presidente me trataban de minar con todo.
Semana: ¿Cuál ha sido el periodista que mejor se ha portado con ustedes?
J.S. de S.: Indudablemente D'Artagnan. Hubo mucha gente que se portó bien, pero él sobresale. Tuvo que soportar muchas críticas, lo que fue muy duro para él porque no estaba a la moda. La moda era atacar al Presidente.
Semana: ¿Qué otros periodistas les dieron un respaldo decisivo?
J.S. de S.: Hubo muchos, como Darío Restrepo, Cecilia Orozco, Javier Ayala, pero no quiero enumerarlos todos para que no quede nadie por fuera. Especialmente muchos de provincia. Analizándolo, todo este proceso no ha sido un fracaso para el país, sino un fracaso para los medios.
Semana: ¿Por qué?
J.S. de S.: Porque se dejaron utilizar por la Fiscalía para filtrar todo lo que quisieron. Los grandes perdedores fueron los medios.
Semana: ¿Y los grandes ganadores fueron ustedes?
J.S. de S.: No, yo creo que el país.
Semana: ¿Qué opina de la columna de Enrique Santos?
J.S. de S.: No me la leo porque me aburren los temas.
Semana: ¿Pero reconoce que es un columnista importante, agudo, respetado y que escribe muy bien?
J.S. de S.: No. Ya no es tan respetado, al menos por mí, porque no escribe bien. Es deshilvanado en sus conceptos.
Semana: No piensan lo mismo los colombianos. Por ejemplo, hay una encuesta de la revista 'Diners' que dice que para los lectores el mejor columnista es Enrique Santos.
J.S. de S.: Es importante, pero lo cegó la pasión. Por el contrario, hay otra persona que considero el mejor columnista y que lo leo y lo admiro, que es Antonio Caballero. Es consistente, no tiene pasiones, es más agradable, es más profundo, se basa en razones históricas.
Semana: ¿Cuál es el mejor ministro que ha tenido el gobierno Samper?
J.S. de S.: El ministro estrella ha sido Serpa, pero me encantaban Rodrigo Marín y Orlando Obregón.
Semana: ¿Y cuál el peor ministro?
J.S. de S.: Perry. Yo lo analizo desde la óptica económica. Cuando el Presidente propuso en la campaña que no habría más impuestos, Perry impulsó una reforma tributaria que fracasó. Me parece que esa no era la vía desde el punto de vista económico para solucionar los problemas. Uno aprende a navegar en las debilidades y en las virtudes de los demás. Pero en general casi todos los ministros han sido sobresalientes, y ese es un reconocimiento que le debe el país al gobierno Samper.
Semana: ¿Ustedes vieron alguna vez de cerca un golpe de Estado?
J.S. de S.: Sí.
Semana: ¿Cuándo?
J.S. de S.: Cuando el atentado a Cancino. Sabíamos que iba a haber un golpe.
Semana: ¿Quién lo iba a dar?
J.S. de S.: Cuando publique mi libro les cuento.
Semana: ¿Hay un libro en cierne?
J.S. de S.: Tengo más o menos unos 13 ó 14 fólderes desde la A hasta la Z con las intimidades de muchas decisiones, sobre qué sentíamos.
Semana: ¿Quién iba a hacer el golpe? ¿Bedoya?
J.S. de S.: No, Bedoya no tiene la inteligencia para hacer un golpe de Estado.
Semana: ¿Cuál ha sido el día más feliz durante todo el gobierno?
J.S. de S.: El día en que se posesionó el vicepresidente Carlos Lemos.
Semana: ¿Quién ha sido su mejor amiga personal durante todo este tiempo?
J.S. de S.: Beatriz Ospina, una compañera mía desde el colegio que ha sido muy cercana. No tiene nada que ver con política pero ha sido un apoyo muy importante.
Semana: ¿Cuál fue la mayor decepción?
J.S. de S.: La mayor decepción fue para el país, y fue Alfonso Valdivieso. Utilizó el Estado para sus propios fines políticos.
Semana: ¿Pero no cree que inició un proceso de depuración de la política con su gestión en la Fiscalía?
J.S. de S.: Sí, pero borró con el codo lo que hizo con la mano al Lanzarse a la Presidencia.
Semana: ¿Qué fue lo más importante que usted hizo como primera dama?
J.S. de S.: Ser un apoyo para Ernesto y mantener la firmeza en el hogar.
Semana: Tenemos entendido que usted participó en el manejo de una campaña de imagen de Colombia en el exterior.
J.S. de S.: Sí, yo intervine en el manejo de la estrategia de imagen con Estados Unidos a nivel de las agencias que nos ayudaron a diseñar una estrategia y a financiarla. En eso nos ayudaron financieramente mucho la Federación Nacional de Cafeteros y Ecopetrol.
Semana: ¿Qué decisión fue difícil de tomar en materia del manejo con Estados Unidos?
J.S. de S.: Varias personas le recomendaron a Ernesto la expulsión del embajador Frechette de Colombia. Entre muchos otros Gabo y Belisario Betancur. No estuvimos de acuerdo. Siempre pensé que sería un insulto para el pueblo norteamericano, que considera al embajador como su representante directo. Eso hubiera sido contraproducente.
Semana: Si tuviera que escoger a alguno de los candidatos presidenciales que no sea Serpa, ¿por quién votaría?
J.S. de S.: Por María Mercedes Cuéllar de Martínez.
Semana: Si QAP se hubiera quedado en la licitación de televisión y usted pudiera recomendarle a la Comisión, ¿qué les habría pedido?
J.S. de S.: Que los hubiera dejado. No había necesidad de sacarlos del aire porque ellos mismos ya estaban derrotados. Es el rating el que mide si uno hace las cosas bien en televisión.
Semana: Hablando de conspiraciones, hubo un evento muy comentado sobre unas bolsitas, aparentemente con magia negra, que se encontraron en Palacio. ¿Cómo fue ese episodio?
J.S. de S.: Nos pusieron unas bolsitas en el sofá del despacho del Presidente, entre los escritorios de la secretaria privada y en otras partes. Todo surgió a raíz de una persona que se comunicó luego de ver al Presidente por televisión. Esta persona aseguró que al Presidente le habían hecho algo de esto y que podía encontrar las bolsas. De hecho, las encontró.
Semana: ¿Y descubrieron quién estaba detrás?
J.S. de S.: Sí. Al parecer fue una secretaria muy cercana a la 'Monita retrechera'.
Semana: Hablando de la Monita retrechera, ¿si la foto de Samper con la monita era real para qué decir mentiras?
J.S. de S.: Porque es falsa. Yo misma investigué eso. La mandé a analizar en México y descubrimos que era un montaje.
Semana: ¿Entonces por qué no dieron la pelea públicamente para que no quedara en el aire una mentira del Presidente?
J.S. de S.: Porque la foto no nos parecía algo grave. Esa era una señora lagarta que se podía tomar una foto con cualquier político. La foto en sí no era grave. Lagarta y relacionada con el narcotráfico, de lo cual nos enteramos mucho después.
Semana: ¿A quién responsabiliza usted de la cercanía del Presidente con ella?
J.S. de S.: Nunca hubo cercanía. El Presidente la conoció a través del coronel Osorio.
Semana: ¿Cree que Osorio es culpable de haber recibido plata de la 'Monita retrechera'?
J.S. de S.: A mí no me consta. No me gusta aplicarle a la gente la misma medicina que le aplican a uno. Yo no soy quien para decir si es inocente o no.
Semana: ¿Que más puede decir de Serpa, yendo más allá del tema de la lealtad?
J.S. de S.: Es una persona íntegra. Es que Serpa representa unos valores que yo creo que la gente está deseosa de volver a recuperar. Es un caballero, cumple su palabra, defiende sus principios, y yo creo que eso se necesita. Tiene las mismas virtudes de una persona como Carlos Lemos. Cuando aceptan una posición lo hacen como caballeros, tienen un sentido de los principios y de la responsabilidad social.
Semana: ¿Qué opina de la actitud que ha tenido Andrés Pastrana? ¿No le parece que ha sido valerosa y frentera?
J.S. de S.: Pastrana desencadenó todo este proceso y luego escondió la cara como un avestruz. Cuando lo hizo de frente no lo hizo como un buen político porque estaba resentido por no haber ganado las elecciones. Y luego apenas vio que no podía acceder al poder no siguió dando la batalla de frente.
Semana: ¿Hubo conspiración para tumbar al Presidente?
J.S. de S.: Claro que la hubo.
Semana: ¿Para usted cuál fue la injusticia más grande de todas?
J.S. de S.: Haber tenido a Valdivieso como Fiscal.
Semana: Hay una pregunta que no ha quedado clara en todo este proceso. ¿Usted conoce a los Rodríguez Orejuela?
J.S. de S.: No los conozco.
Semana: ¿Nunca?
J.S. de S.: Una vez, hace más de 15 años, vi a Miguel Rodríguez Orejuela en un coctel, un evento en el que incluso estaba presente el entonces Presidente de la República.
Semana: ¿Botero, después de que habló, trató de hacer algún acercamiento con ustedes?
J.S. de S.: Sí, a través de razones que mandaba o comentarios que nos hacía llegar en forma indirecta.
Semana: ¿Y qué razones mandaba?
J.S. de S.: Nunca le di mucha validez a esas razones pero incluso me comentaron que Botero había dicho que la única persona honesta en todo este proceso había sido el Presidente Samper.
Semana: ¿Quieren vivir en Colombia después de esto?
J.S. de S.: Colombia es la que nos ha dado todos nuestros privilegios. Es nuestro pasado, nuestro presente y futuro. Uno puede salir de Colombia transitoriamente, pero todo se lo debemos a nuestro país y por eso si me fuera sería solo por un tiempo.
Semana: ¿Qué lugar sería ideal como escampadero?
J.S. de S.: No sé, me gustaría Londres o España, donde tenemos grandes amigos, empezando por el Rey, quien ha sido muy deferente con nosotros.
Semana: ¿Qué proyecto les gustaría hacia el futuro?
J.S. de S.: Recuperar el tiempo para nuestros hijos. Por otro lado, tanto Ernesto como yo estaríamos dispuestos a jugárnosla por un proceso que unifique a los colombianos en torno a un proceso de paz.
Semana: Se ha dicho que usted es la que maneja el baúl de los odios de Palacio.
J.S. de S.: Hubo un momento en el cual fueron tantos los recuerdos amargos, las cosas que se presentaban atropelladamente, que de pronto sí. Nos sentimos atropellados por los acontecimientos. Pero luego aprendí una cosa que sólo se aprende con la madurez, y que le aprendí a Ernesto: el problema del odio es del que odia.
Semana: ¿Ya no quedan odios? ¿Ha perdonado a todo el mundo?
J.S. de S.: Sí, y yo creo que ese tiene que ser el primer eslabón para recuperar uno la paz interior como la paz del país. De nuestros contradictores yo creo que todos han pagado más rápido de lo que yo pensaba. Lo que sembraron ya lo han cosechado.
Semana: ¿Por ejemplo?
J.S. de S.: Botero, Medina, algunos columnistas que trataron con saña este proceso y ahora han tenido que recoger lo que dijeron. Y en general los críticos han perdido vigencia. Un ejemplo es la pelea que tienen los conspiradores entre sí por intereses personales. Pero la vida me ha enseñado que las cosas sí cambian, y que todo va a salir bien.
Semana: ¿Leyó el libro de Medina?
J.S. de S.: Sí. Ernesto me discutió cuando me vio con el libro, "¿Usted por qué está leyendo eso?". Pero yo le dije que tenía que saber cómo piensan los demás.
Semana: ¿Y qué opina del libro? En la dedicatoria Medina dice que ojalá algún día Ernesto Samper le pueda contar a sus descendientes la verdad. ¿Qué verdad queda por contar?.
J.S. de S.: Yo creo que la verdad que quiere Medina es que se diga que él no hizo nada por su propia cuenta. El libro es una justificación de su responsabilidad. En el libro hay mucho de justificación y de chisme. No es un libro ameno. No me pareció bien escrito, le falta mucha profundidad y ante todo mucha veracidad.
Semana: ¿Valió la pena todo esto? ¿Valió la pena haber sido primera dama, haber hecho campaña, haber pasado por todo esto?
J.S. de S.: Sí.
Semana: ¿Si le tocara volver a escoger lo volvería a hacer?
J.S. de S.: Sí.
Semana: ¿Usted cree que para los colombianos este ha sido un buen gobierno?
J.S. de S.: En eso no puedo ser objetiva. Conozco las encuestas. Conozco cómo cambia y cómo influyen ciertas decisiones en la opinión pública, entonces no puedo ser objetiva. Para mí ha sido un gobierno valioso.
Semana: ¿Buscaron alguna ayuda metafísica para soportar todo?
J.S. de S.: Siempre confiamos en Dios y estuvimos cerca de El. Pero no teníamos tiempo para esas prácticas. Si nos poníamos en eso nos tumban.
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