Jueves, 19 de enero de 2017

| 1998/08/17 00:00

LO QUE VI Y VIVI EN MAINZ

LO QUE VI Y VIVI EN MAINZ

El Procurador General de la Nación tomó la bocina del teléfono, sabiendo muy bien de qué se trataba. Desde una peluquería, donde el señor Werner Mauss lo había llevado a que le quitaran el bigote despoblado, tipo guerrilla latinoamericana, que desde hacía mucho tiempo venía acompañándolo en su vida en el monte, Pablo Beltrán, tercer comandante en jefe del ELN, estaba llamándolo para verificar que todo marchaba de acuerdo con lo programado.

Cosas del destino
Lo programado era, ni más ni menos, un encuentro de la plana mayor del ELN en Mainz, Alemania, con representantes de la llamada sociedad civil. O de la mal llamada sociedad civil, un término que a muchos no termina de gustarles, por la abierta exclusión que plantea de los miembros del gobierno y de las fuerzas del orden, como si ni unos ni otros hicieran parte de la sociedad que integra a ese país llamado Colombia.
Pero, en fin, lo acordado era este encuentro con la sociedad civil y la subversión, fruto de un proceso iniciado seis meses atrás en Cartagena por una de esas casualidades del destino. Ese destino quiso que el 31 de diciembre de 1997 el presidente de Fenalco, Sabas Pretelt, estuviera bailando en el mismo sitio en que lo hacían el señor Werner Mauss, o Jurgen Seidel, o Norbert Schroder o Klauss Molner o Peter Richter, con su esposa Isabel Seidel, o Silvia Schroder o Michaela Molner o Ida María Letitia Veltri. Y que Pretelt, en un acto de muy fructífera audacia, le hubiera 'comido cuento' a Mauss, un controvertido personaje que acababa de salir de una cárcel colombiana acusado de negociar secuestros: según Mauss, en sus manos estaba iniciar un proceso de diálogo con el ELN.
De manera que cuando el Procurador y Pablo Beltrán entraron en comunicación, línea peluquería-Procuraduría, ya habían pasado muchas cosas. Ya se habían producido varios viajes a Alemania por parte de los encargados de los preparativos, ya se había entrado en contacto con la Conferencia Episcopal de dicho país para que sirviera de 'facilitadora' del encuentro, ya se había confirmado que los esposos Mauss contaban con el aval del gobierno alemán y que tenían línea directa con el ELN, ya habían llenado el apartamento de Sabas Pretelt de sofisticados aparatos de comunicación vía satélite, con los cuales ya se había cerciorado de qué tan seria era la decisión del ELN de acudir a este encuentro, y ya se había hecho la lista de los invitados.
Esta última, fruto de un 'tire y afloje' entre la llamada sociedad civil y la guerrilla, quedó conformada por un grupo de personas representativas de diversos sectores de la sociedad. Y aunque podría decirse que predominaba la representación de la izquierda, los invitados 'del sistema', aunque minoritarios, tenían un peso específico suficiente. En ella figuraban cinco presidentes de gremio: Fenalco, Andi, Acopi, Fedegan y Colfecar, que habrían de ponerle el punto, desde el otro lado del espectro ideológico, a las conclusiones de esta reunión."Aló, señor Procurador... Si Pablo, ¿cómo está? ...Bien gracias. Llamo para decirle que confío en usted... Yo también ...¿Entonces no vemos en Alemania?... Sí, nos vemos en Alemania".

Los protagonistas
La Iglesia alemana lo tenía todo previsto, con la valiosa complicidad de dos emisarios del episcopado colombiano, monseñor Luis Augusto Castro, a quien había conocido durante los tensos acontecimientos que precedieron a la entrega de los soldados en el Caguán, y a quien varios años de servicio en el Caquetá le permitían que los problemas de la violencia y del abandono del Estado le cupieran en la cabeza. Y del padre Jorge Martínez, que sirvió durante todo el encuentro como cordial moderador, aunque con una regañadera de internado que por momentos desesperaba, al tiempo que disciplinaba la reunión: que cierren la puerta, que se sienten, que no armen corrillos; señor Mauss, que apague el celular, que no hay permiso para el descanso, que pidan turno para hablar...

El claustro
Pero el tono del padre Martínez estaba prácticamente acorde con las circunstancias. De la comodidad inicial del Hilton de Mainz, con vista sobre el Rhin, donde después de prácticamente 15 horas de viaje jamás logré registrarme, todos los citados fuimos trasladados a un monasterio a dos horas de Mainz, en la ciudad de Würzburg, su nombre es 'Himmelspfroten', o 'Puertas del Cielo', que desde el año 1250 habían manejado las monjas cistercenses, y que en la actualidad pertenece a la Conferencia Episcopal alemana.
El internado se hizo evidente desde el principio. Unas cómodas y limpias celdas de monasterio para los invitados, con servicios sanitarios comunales y duchas a dos corredores de distancia, a donde disciplinadamente acudí todos los días, jabón en mano y toalla al cuello. En una de esas oportunidades me tropecé con José Noé Ríos en calzoncillos, en camino para lo mismo. Gajes del oficio, pensé. La ducha de señoras quedaba al frente de la habitación del magistrado de la Corte Constitucional Carlos Gaviria, quien notó la feliz coincidencia desde el primer día. A la directora de El Colombiano, Ana Mercedes Gómez, el padre Martínez le hizo el milagro. Le cambió el cuarto, y la nueva feliz inquilina tuvo la tranquilidad de contar con uno de los pocos baños privados del establecimiento.

La bienvenida
A la llegada al monasterio nos esperaba el comité de bienvenida. Lo presidía el padre Hans Lagendorfer, un hombre alto y cordial pero estricto hasta los tuétanos, que según pienso, fue el responsable de haber sacado el encuentro de Mainz a Würzburg, con el objeto de garantizar el control de la prensa (solo el último día fue permitido algún contacto oficial con los periodistas. El uso de celulares estaba restringido para la sociedad civil, y únicamente la guerrilla y los esposos Mauss tenían libre acceso a los suyos propios). En compañía del padre Lagendorfer, saludaban a los recién llegados Pablo Beltrán, libre de su bigote; Milton Hernández, de la dirección del ELN, y un tercer representante de la guerrilla, del equipo de trabajo internacional, Juan Vásquez.
Desde el principio fue evidente que el que mandaba en el paseo era Pablo, un hombre bajito, imperturbable, que se daba el lujo de no alzar nunca la voz y de hablar muy poco.Ingeniero santandereano, en privado era cordial aunque distante, y en público, autoritario y tajante. Me impresionaron su organización mental, que le permitía seguir rigurosamente el orden del día, sin alterarlo en el más mínimo de los detalles, y su capacidad de negociación, que utilizaba colocándose al comienzo de cualquier discusión en el punto más extremo de un argumento, para ir cediendo levemente, y sobre todo, lentamente.En una de sus más sorprendentes declaraciones afirmó: "Yo sé cuáles fuerzas mataron a Alvaro Gómez. Son las mismas que asesinaron a Eduardo Umaña, a María Arango y a los investigadores del Cinep. Estas fuerzas ya no solo atacan a la insurgencia, sino a la élite gobernante. Es el símbolo más peligroso del descontrol que estamos viviendo en Colombia". Y más adelante dijo: "Coincido con Alvaro Gómez en que el régimen está podrido".Milton Hernández, un hombre bajito y afable, era un poco más abierto, menos 'retacado', y desde el principio se quiso integrar con los invitados a la reunión. La misma noche de la llegada al convento el padre Lagendorfer nos introdujo a un bar subterráneo con una cava de vinos jóvenes de la región, que generosamente fue abierta para que los invitados la utilizáramos como nuestra propia 'zona de distensión'.

La polla
La primera oportunidad la tuvimos esa misma noche, cuando nos congregamos alrededor de la televisión para observar el partido final del mundial de fútbol.
Alguien, no recuerdo quién, descubrió que la imagen del científico Karl Frederich Gauss, que adorna los billetes de 10 marcos, era idéntica a la cara del señor Mauss, y ello produjo el primer momento de distensión de la reunión. De inmediato se organizó una polla en la que intervinieron los guerrilleros, los presidentes de gremio, los representantes del Partido Comunista, de la USO, de la Iglesia, del Congreso, alrededor de la unidad monetaria Mauss, que se convirtió en la moneda oficial del evento. Lograron reunirse 160 'mausses', que finalmente tuvieron que ser devueltos a sus propietarios porque nadie acertó el marcador Francia-Brasil.
Esa noche hubo apuntes para la historia. Estando sentados alrededor de Milton los presidentes de la Andi, de Fedegan y de Colfecar, uno de ellos le dijo al emisario de la guerrilla: "Aproveche, Milton, que está sentado con toda su clientela".
Tal era el ambiente de cordialidad y de optimismo que se vivía en el sótano del convento, que uno de los sacerdotes alemanes codeó a otro para decirle: "¿Y éstos por qué se pelean?".
Pero después de la calma vino la tempestad. Tres largos días de intensas y duras discusiones que culminaron con la firma del acuerdo de las 'Puertas del Cielo', que para muchos representa un valioso inicio de entendimiento con el ELN, tendiente a hacer la paz definitiva algún día. Pero que para otros, muy entendiblemente, no fue más que un acuerdo parcial sobre el cese de la violencia, muy insatisfactorio para quienes consideran que el único gesto que podemos aceptar de la guerrilla es su rendición incondicional.

Monseñor Stehle
El último de los del comité de bienvenida en el claustro era otro sacerdote alemán, monseñor Emilio Sthele, antiguo candidato al Nobel de la paz por su labor en El Salvador, quien fue el verdadero corazón de este encuentro. Un ex soldado nazi capturado por Francia a comienzos de la guerra, donde estuvo preso hasta el final de la misma, monseñor Stehle parecía en todo momento estar por encima de los acontecimientos, como en un espacio etéreo, donde aparentaban no alcanzarlo los conflictos del mundo real que se habían apoderado del monasterio.
Y sin embargo, al mismo tiempo era tan humano... Una noche entramos en una discusión acerca de su hábito de fumar tabaco, y me contó con mucha gracia que después de haber visto a unas voluptuosas mujeres negras enrollar los tabacos sobre sus piernas, su compromiso con la fe lo había obligado a dejar de fumarlos durante tres meses. Monseñor Stehle conocía muy bien a Colombia. Durante muchos años fue profesor del Colegio Andino, y aunque actualmente tiene su parroquia en Santo Domingo de los Colorados, Ecuador, un milagro hizo que se encontrara presente en Alemania cuando surgió la solicitud de Colombia de que la Iglesia alemana mediara en este encuentro. Monseñor Stehle venció la resistencia inicial de sus colegas y se ofreció a formar parte del grupo organizador. Discreto, sonriente y con un refinado sentido del humor, fue él quien proporcionó a escondidas la llave que permitió que un grupo de los presentes se escapara una noche del claustro y fuera a parar a las instalaciones de un parque de diversiones, entre ellos, además de los presidentes de gremio, nadie menos que el procurador Bernal Cuéllar. ¿Cuánto habrían pagado los medios de comunicación por una imagen suya deslizándose por la montaña rusa, o manejando los carros chocones?

El papel del Procurador
Pero en montaña rusa de verdad, y en carros chocones de verdad, fue en lo que tuvo que montar todo el tiempo el Procurador durante el encuentro con el ELN. Como principal y casi único representante del Estado (el otro era el gobernador del Valle, Gustavo Alvarez Gardeázabal, y dos congresistas, Samuel Moreno y yo, que no íbamos en calidad de tales), Jaime Bernal Cuéllar me descrestó desde el primer día por la serenidad, por la gran firmeza con la que asumió su papel, por el humor con el que manejó algunos momentos, cuando las circunstancias lo permitieron, y por la claridad de sus planteamientos. Al anunciar como representante del Estado su compromiso con la paz, aseguró que "Colombia sobrevive a pesar de la violencia, pero no sobreviven los colombianos". De todos, era uno de los que más arriesgaba, por su papel institucional. Pero no se acobardó ante el reto, ni jamás se empequeñeció ante la dificultades. Su presencia me dio gran tranquilidad, como guardián de los límites de la legalidad.
Su máximo apunte ocurrió cuando discutía con los guerrilleros la tregua en la voladura de oleoductos, a que éstos se comprometieron durante la celebración de un foro sobre política petrolera con representantes del gobierno. Al insistir la guerrilla en que la tregua solamente sería durante el foro, y no antes ni después, Bernal Cuéllar apuntó: "¿Eso significa que entonces pueden salir a volar oleoductos durante el coffee break?".

El debate
El martes arrancó la discusión en forma. Los asistentes se dividieron en tres grupos de trabajo, que deberían examinar las causas de la actual crisis del país, y para nadie fue una sorpresa que hubiera casi total coincidencia entre los representantes del sistema y de la subversión: un Estado débil, ausente y corrupto, una falta de valores y una degradación de la cultura, una ausencia de proyectos colectivos de nación, una frustración general hacia la política y una gran inequidad en cuanto al poder y a las oportunidades educativas y económicas. Acerca del factor de la violencia, hubo especial discusión: los representantes de la guerrilla la justificaban como efecto de la crisis nacional, y los representantes del sistema la acusaban de ser retroalimentadora de la crisis. Y antes de enfrascarnos en el problema del huevo y de la gallina, si la pobreza genera violencia o si la violencia genera pobreza, todos los asistentes estuvieron de acuerdo en que cualquier solución a la violencia tiene que pasar por un tratamiento a la pobreza.

El destape
En general, ante las coincidencias en el diagnóstico, los participantes salimos muy optimistas de esta primera reunión, y después del almuerzo colectivo con panes y carnes frías volvimos al recinto a iniciar la segunda etapa del encuentro. Fue allí cuando Pablo destapó sus cartas, al revelar finalmente la gran incógnita nacional: ¿Qué es lo que quiere el ELN? Su respuesta categórica, tajante y de una franqueza sobrecogedora dejó a la mitad del auditorio 'de catre': "Somos un nuevo poder, un embrión de Estado, que ha reemplazado en muchas partes del territorio nacional al deficiente Estado colombiano. La guerrilla no se va a desmovilizar ni a desarmar porque no ha sido derrotada, sino que, al contrario, ha seguido creciendo. Y a pesar de que no queremos romper la unidad nacional, pretendemos que se nos reconozca como autoridad responsable en aquella parte del territorio donde somos nosotros los que diseñamos los planes de desarrollo, la política tributaria y los sistemas de solución de los problemas de la comunidad".
Los empresarios reviraron categóricamente. Rechazaron cualquier justificación de la violencia, y la declaración de triunfo de la guerrilla, porque, le recordaron, en 30 años de existencia no había podido tomarse el poder. Y además declararon de frente que habrían preferido que el Ejército hubiera derrotado militarmente al ELN, y hace tiempo, aunque aceptaron que si estaban allí dialogando era porque esto no había ocurrido todavía. Y entonces sucedió lo inconcebible: ambas partes se dieron calurosas gracias por la franqueza.

Baldado de agua fría
El destape de la guerrilla, por la crudeza de sus términos, había producido un gran desaliento en varios de los asistentes, que coincidió, qué ironía, con la llegada de un mensaje del Nobel García Márquez: "El mundo entero está pendiente de lo que suceda en Mainz: en sus manos estamos".
Pero ninguno de los presentes había acudido al encue0ntro para rendirse ante la primera puerta que les cerraran en sus narices. Al día siguiente se reanudó la discusión, en la que vendrían otros baldados de agua fría. Uno de ellos, la olímpica explicación de índole tributaria, capaz de ponerle a uno los pelos de punta, que el ELN da como justificación de sus secuestros: "Somos totalmente conscientes de que retener a una persona por motivos económicos viola los derechos humanos. Pero el problema de las retenciones tiene otra faceta: el de las finanzas. Que se atreva el doctor Sabas a no pagar impuestos porque lo meten en la cárcel. Eso mismo hacemos nosotros cuando retenemos a una persona".
Sin embargo, los asistentes a la reunión de 'Puerta del Cielo' estábamos conscientes de que allí no habíamos acudido para oír una declaratoria de principios de las monjas cistercienses, sino una de guerra del ELN. Habíamos acudido allí para lograr un acuerdo, un acuerdo que pusiera en marcha un proceso. Un proceso que condujera algún día a la paz incuestionable con este grupo guerrillero, que precisamente estaba hablando como guerrilla y no, lástima, eso sí, como monja cisterciense.
Nos embarcamos entonces en el último capítulo del encuentro, que debería producir un acuerdo concreto. La convocatoria a una Convención Nacional, a la que la sociedad, los representantes del Estado y de la guerrilla, y todos los demás cuerpos en conflicto violento con el sistema pudiera acudir a discutir sus diferencias en el marco de una declaración general en la que la guerrilla y la sociedad civil presentes en Alemania cedieran algo de sus respectivos espacios para poder avanzar hacia un ambiente de distensión.
Para este último punto se conformó una comisión que no se pudo poner de acuerdo, y luego una subcomisión que finalmente pudo ponerse de acuerdo a las cuatro de la mañana. En ella se presentó un magnífico espectáculo de confrontación ideológica entre la guerrilla, de un lado, y el Procurador, los gremios y el periodista Francisco Santos como abanderado del rechazo al abominable delito del secuestro por el otro. Finalmente hubo humo blanco, y pudo acordarse el texto de lo que conoceríamos como 'Acuerdo de la Puerta del Cielo', y que despertaría las consabidas controversias entre los colombianos.
Pero mientras surgía el humo blanco, los esposos Mauss, que estuvieron presentes durante todo el encuentro a pesar de la discreta incomodidad de la Iglesia alemana, propusieron una salida olímpica: que el ELN se comprometiera a no volver a secuestrar a cambio de reconocerlo como un grupo económico, se le entregara parte del territorio nacional para que se ejerciera en él una administración autónoma, y que no volviera a perseguirlo ninguna autoridad nacional o internacional.

El acuerdo
Desde luego existen, y no son pocos por fortuna, quienes comprenden el alcance de lo logrado en Mainz. Pero efectivamente, otros colombianos, que esperaban que los negociadores de Mainz regresaran a Colombia con una carta de rendición de la guerrilla en las manos, las armas en una caja, y la promesa autenticada de reintegrarse a la sociedad a cambio de unos taxis y unas becas, consideran que ahí hubo una 'mamadera de gallo': la guerrilla se comprometió a no secuestrar a niños menores de 12, mujeres embarazadas y ancianos, que pocas veces antes secuestraba por considerarlos un estorbo.
Hay varias maneras de ver las cosas. Para quienes esperaban que la guerrilla se rindiera en Mainz, el encuentro puede haber sido un absoluto fracaso. Para quienes esperaban que la paz se hiciera en Mainz, una voz de aliento: no se hizo la paz, pero de pronto ella comenzó a hacerse en Mainz. Sin embargo, para que sea cierto, los colombianos debemos tener la valentía de abrir nuestra mentalidad hacia nuevas formas, distintas de la militar, si ésta no se da, de lidiar con el problema de la violencia.
Una de ellas es la paz concertada políticamente. Y lo que se ha propuesto para lograr esta vía es una gran Convención Nacional que tendrá como virtud sentar a los más feroces enemigos alrededor de una mesa, para que arranquen por discutir sus diferencias.Si eso es así, yo les pregunto: ¿valió la pena lo de Mainz?

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.