Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2010/09/23 00:00

Lo que sigue para las Farc

Política y militarmente las Farc quedaron en su peor situación. Analistas aducen que vendrá un repliegue militar. ¿Por qué? ¿Significa esto la llegada de una nueva oportunidad para la paz?

Para la guerrilla de las Farc quedaron atrás los tiempos en que se ufanaban de su poderío militar.

La caída de Jorge Briceño, alias el ‘Mono Jojoy’, no sólo es el golpe más duro a la estructura militar de las Farc, sino también un revés para su estrategia política. Las deserciones, la caída del ánimo en la tropa y la percepción de que están perdiendo la guerra son algunas de sus consecuencias. Paradójicamente, una salida negociada al conflicto ahora está más lejana.

Según varios analistas consultados por Semana.com, la muerte del ‘Mono Jojoy’ es el golpe más duro para la guerrilla. A pesar de que desde hace varios meses ‘Jojoy’ estaba acorralado, según los partes de guerra del Ejército, su muerte significa la caída de una pieza emblemática de la guerrilla.

“‘Jojoy’ representaba un baluarte del funcionamiento militar, era clave en el manejo del tráfico de narcóticos y era importante en la formación de combatientes”, explicó el ex asesor de paz Carlos Eduardo Jaramillo.

Para Gabriel Bustamante, analista de la Corporación Viva la Ciudadanía, “su muerte es más importante por su significado histórico, por su imagen del guerrero, que por cualquier otra cosa”.

En este complicado escenario, las Farc tienen dos salidas: o esperar a que pase la mala hora, o agilizar una negociación con el Gobierno, con una desventaja enorme.

Según los analistas, es probable que el siguiente paso de las Farc, contrario a lo que muchos desearían, no sea el de agilizar una negociación, pues sus jefes más importantes no van a menoscabar casi 50 años de actividad. Además, las Farc ya han pasado por varios períodos de crisis y está demostrado que su forma de leer el conflicto no coincide con la de la mayoría.

“Los jefes guerrilleros van a decir que este golpe hace parte de los costos de su lucha, que no van a arredrarse”, dijo Jaramillo.

“En estos casos, los altos mandos reaccionan con base en sus posiciones ideológicas, que son radicales y durísimas”, dijo Mauricio Romero, director del Observatorio del Conflicto Armado (OCA), de la Corporación Nuevo Arco Iris.

Las consecuencias de este repliegue militar serán, posiblemente: una “cacería de brujas” para tratar de hallar responsables, un cierre de filas para proteger la información interna, un replanteamiento de su estrategia con el objetivo de desestabilizar la seguridad, y la no liberación de los policías y militares secuestrados.

“Aunque las Farc han demostrado que están encartadas con los secuestrados, no los van a soltar en el inmediato futuro porque también demostrarían debilidad”, explicó Jaramillo.

Pero, además del repliegue de sus estructuras militares, otra de las consecuencias para las Farc, en caso de que opten por aguantar, sería la deserción de guerrilleros de base en algunos frentes.

El Bloque Oriental llegó a representar el 40 por ciento de los integrantes de las Farc. Y el razonamiento de muchos guerrilleros de base, según los analistas, será: “Si esto le ocurrió a ‘Jojoy’, uno de los jefes más custodiados de la guerrilla, la guerra está perdida”.

Pero su derrota definitiva en el campo militar dependería de nuevos y continuos golpes, hasta que el último reducto se desmovilice, lo cual podría demorar todavía.

¿Hay cabida para una negociación?

Con la llegada de Santos al Gobierno, mensajes de parte y parte dejaron abierta la posibilidad de una negociación. El Gobierno puso las condiciones a la guerrilla: la entrega sin condiciones de los secuestrados, dejar de reclutar niños, dejar de poner minas antipersona y de usar armas no convencionales.

Las Farc, a través de un mensaje de su jefe máximo, Alfonso Cano, propuso una agenda política de cinco puntos para una eventual conversación: el acuerdo militar con EE.UU. que está en espera; una reforma agraria; cambios al régimen político; reformas al modelo económico; la revisión de la situación de derechos humanos y Derecho Internacional Humanitario.

Sin embargo, el escenario tras el golpe de este jueves cambió.

“El Gobierno está en una posición de fuerza desigual. Y golpes como éste desestimulan la posibilidad de una negociación”, dijo Romero.

“Salir a proponer una negociación ahora sería sinónimo de debilidad para las Farc. Y enviar ese mensaje es lo que menos quieren”, agregó Jaramillo.

La posibilidad de que las Farc puedan imponer una agenda política de negociación, como lo hicieron en el pasado, es nula. ¿La razón? Su agenda programática se redujo, pues el discurso de Santos les ha arrebatado algunas de sus reivindicaciones.

“Bases militares prestadas por Colombia a Estados Unidos, por ahora, no hay; Santos propuso una Ley de Restitución de Tierras que va en la dirección de una reforma agraria, que ha sido su principal bandera. La posibilidad de que se abran espacios políticos en el exterior con la avanzada diplomática de Santos, es muy difícil”, explicó Bustamante.

El analista se refería a la estrategia diplomática del Presidente con la que, en menos de dos meses, avanzó en la recomposición de las relaciones con Venezuela. Esta estrategia redundó en una cooperación de ese país, con el compromiso público del presidente Hugo Chávez de no intervenir en el conflicto y, antes bien, de presionar a la guerrilla para que abandone su lucha inocua.

Este hecho se sumó al cierre de los espacios políticos que las Farc podrían obtener de la mediación de países extranjeros en la liberación de los secuestrados. Tras la ‘Operación Jaque’ perdieron sus principales cartas: Íngrid Betancourt y los tres estadounidenses.

A menos que el Gobierno envíe un mensaje a las filas de la guerrilla para que en esta se imponga el ala política hastiada de la guerra, y haya una respuesta positiva, la posibilidad de una negociación está más lejana. Pero en ese hipotético caso, sería muy poco o casi nada lo que la guerrilla podría pedir, salvo una eventual discusión de una ley de justicia transicional para su desmovilización.

Antes bien, debería esperar a que el Gobierno plantee las condiciones y entregar las rutas del narcotráfico, liberar a los secuestrados y comprometerse seriamente con lo que ya le ha exigido el Gobierno.

Pero Santos, quien fue ministro de Defensa y conoce el sabor y el valor de la victoria por los golpes que dio en el pasado, anunció que no va a bajar la guardia, que van a continuar los operativos.

En otras palabras, las Farc, una de las guerrillas que alcanzaron a tener más capacidad militar e integrantes, que llegó a creer que podría tomarse el Estado y derrocar al Gobierno, está en la situación más incómoda de toda su historia. Pese a todo, el fin del fin del conflicto, sin embargo, no está tan cerca como algunos piensan.

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