Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1993/11/22 00:00

Looking for Pablo

En la persecución a Pablo Escobar no solo ha fracasado el Bloque de Búsqueda.También los agentes gringos.

Looking for Pablo

UNOS DIAS DESPUES DE que Pablo Escobar se fugara de la cárcel de La Catedral, la sede en Colombia de la Agencia Federal Antidrogas de Estados Unidos (DEA) entregó un informe confidencial a su Gobierno en el que señalaba que había serios indicios de corrupción en el interior de la Policía y del Ejército colombianos por parte del narcotráfico y que la probabilidad de capturar de nuevo al jefe del cartel de Medellín era mínima. En dicho informe se recomendaba la necesidad de que Estados Unidos participara de manera más directa en el plan de búsqueda de Escobar que en ese entonces diseñaban las autoridades colombianas.
Fue así como dos semanas después de que el Bloque de Búsqueda montara su cuartel en la escuela Carlos Holguín, de Medellín, un avión Hércules de matrícula estadounidense y procedente de la base Howard, en Panamá, aterrizó en el aeropuerto de Rionegro (Antioquia). De sus entrañas descendió un pequeño grupo de hombres vestidos de civil y posteriormente fueron descargadas cajas de madera cuyo destino final fue una amplia oficina de la Carlos Holguín.
Los hombres que llegaron en ese mismo vuelo venían de muy lejos. Algunos habían hecho parte del grupo de inteligencia electrónica, más conocido como Fuerza Delta, que participó en la reciente guerra del Golfo Pérsico, donde lograron las máximas condecoraciones por su trabajo. Con sus equipos de reconocimiento, operados a través de satélites, ubicaron los sitios claves del control central de las fuerzas armadas de Irak, lo que condujo a la inmovilización de la mismas y facilitó la victoria cstadounidense.
El reto de esos mismos hombres en Medellín era localizar, en menos de 48 horas, a Pablo Escobar. Para lograr su objetivo tenían más de una provisión. En primer lugar, en una de las paredes de su oficina montaron un mapa de Antioquia hecho con base en fotografías tomadas desde un satélite. En otra pegaron las aerofotos tomadas días antes desde un Casa de matrícula estadounidense que sobrevoló los municipios de Envigado, La Estrella y Sabaneta, lugares que por entonces eran los corredores de seguridad del capo. Además de las fotos, instalaron modernos equipos de rastreo de llamadas, manejados desde aviones, King Air, dotados de un radar de ocho metros de diámetro montado sobre el lomo del fuselaje -en cuestión de segundos, y por medio de un ordenador eléctronico, los operadores lograban ubicar el sitio exacto de donde se hacía una llamada telefónica-. No contentos con esta ayuda, los hombres de la Fuerza Delta y sus compañeros instalaron otro aparato con un sistema infrarrojo capaz de detectar en la noche el movimiento de una persona en un área selvática. El avión que se utilizó para este trabajo fue P-3C Orión, con capacidad para sobrevolar un blanco durante 17 horas seguidas.
Asi se inició la cuenta regresiva de las 48 horas para encontrar a Pablo Escobar en cualquiera de sus escondites en Medellín o en una de sus fincas localizadas en el valle del Aburrá. Pero las horas pasaban y los operadores estadounidenses permanecían pegados a sus equipos sin lograr resultado alguno. Y no precisamente porque el jefe del cartel de Medellín hubiera cortado su comunicación telefónica o no se estuviera movilizando de un refugio a otro. A lo largo de esas 48 horas fueron muchas las veces que oyeron su voz. Sólo que, una vez identificado el lugar mediante el ordenador electrónico, los grupos de asalto del Bloque de Búsqueda, conformado únicamente por policías y soldados colombianos, montaban operativos relámpagos, pero sin éxito alguno.
EL OBSTACULO
Cumplido el plazo que se habían fijado para dar con el paradero de Pablo Escobar, los asesores estadounidenses decidieron hacer un alto en el camino y detectar dónde podría haber una posible falla en sus infalibles equipos. Los revisaron uno por uno y se trazó un nuevo plan de vuelo de los aviones para buscar una mayor exactitud en la información. El trabajo se reanudó y las horas siguieron corriendo sin obtener ningún resultado positivo. Se decidió realizar una serie de pruebas para verificar el funcionamiento de los aparatos. Los oficiales del Bloque de Búsqueda escogieron un grupo de sus hombres a quienes les entregaron órdenes precisas: unos debían perderse en el área metropolitana de Medellín y los otros en la zona rural.
Cumplida la primera fase del experimento, la gente del equipo de la Fuerza Delta inició de inmediato la localización de los escuadrones. Para ello se fijó un plazo de 24 horas. Pero transcurrieron cinco días y no daba con el sitio donde se hallaban los agentes. Cuando por fin creyeron haber dado en el blanco, otro comando del Bloque salió para encontrarlos y llevarlos de regreso al cuartel. Una vez más llegaron con las manos vacías. Entonces se determinó que los hombres que estaban escondidos delataran el sitio donde se encontraban. Este distaba más o menos unos 17 kilómetros al reportado por los equipos electrónicos estadounidenses.
¿Qué estaba pasando? En principio la confusión era total. Nadie entendía cómo estos aparatos tan sofisticados, que habían sido la clave del éxito en la guerra del Golfo Pérsico, ahora no funcionaban. Necesitaron muchos días para encontrar la respuesta. Y lo que comprobraron fue que otra vez la suerte estaba del lado de Escobar. Esta vez la naturaleza le daba una mano. Según los expertos, la conformación topográfica del departamento de Antioquia, rodeada de montañas y picachos, origina un fenómeno conocido como resonancia magnética. Es algo así como un imán que atrapa la señal satelital, lo que lleva a los equipos a registrar coordenadas erróneas en la ubicación de blancos.
LA AYUDA GRINGA
A pesar de que la tecnología no dio los resultados esperados para capturar a Escobar, la ayuda por parte del Gobierno estadounidense se ha evidenciado, incluso en otros frentes. Si bien públicamente la embajada de Washington en Colombia ha negado en forma oficial y en repetidas ocasiones que no ha intervenido para nada en la búsqueda del capo, nunca ha podido explicar la presencia de asesores de ese país en los cuarteles del Bloque de Búsqueda en Medellín. Sin embargo, oficiales del Bloque consultados por SEMANA reconocieron que, efectivamente, varios hombres de la DEA se encuentran en sus dependencias realizando labores de inteligencia sin intervenir militarmente en las operaciones.
¿Cuál es el trabajo que cumplen? Para empezar, un número reducido de agentes de la DEA ha permanecido durante el año y medio que lleva la pcrsecución de Escobar en la escuela Carlos Holguín. En una pequeña oficina esperan impacientes a que el capo utilice de
nuevo los teléfonos o radios para comunicarse con sus hombres. En los últimos ocho meses sólo lo han escuchado una vez. Eso ocurrió hace dos semanas, y en buena parte por ello se llevó a cabo el espectacular operativo en Aguasfrías. Pero de nuevo no tuvieron suerte. Aquel día la base satelital, que opera desde un avión King Air, se encontraba fuera de servicio. La razón: la aeronave se había desplazado a la base Howard para reabastecerse de combustible.
Otra ayuda tecnológica que ha prestado el Gobierno estadounidense en la búsqueda de Escobar ha sido con detectores de vacíos para localizar caletas y refugios. No obstante, tampoco han sido tan efectivos como se esperaba. Se utilizaron para buscar los nichos construídos en La Catedral, unas semanas después de la evasión del jefe del cartel de Medellín. Durante tres meses expertos de Estados Unidos registraron palmo a palmo las instalaciones de la
prisión, pero sus detectores no encontraron un solo escondite. Sin embargo cuando terminó la inspección, se decidió pedir la ayuda de los antiguos lugartenientes de Escobar que se habían entregado a la justicia, con la cual en menos de tres días se encontraron todas la caletas allí construídas.
Adicionalmente, los hombres de la DEA han tomado aerofotografías sobre determinados lugares de Antioquia, trabajo que se ha convertido en la piedra angular de la polémica sobre la violación del espacio aereo por parte de naves estadounidenses. Desde la entrega de Pablo Escobar, el 19 de junio de 1991, a la fecha, se han presentado 10 incidentes aéreos que han estado a punto de ocasionar más de un accidente de proporciones incalculables.
Respecto a esta delicada situación, una vez más la embajada estadounidense ha negado que aviones de la Fuerza Aérea de ese país hayan violado el espacio aéreo colombiano. Pero un informe confidencial realizado por la Aeronaútica Civil conocido por SEMANA demuestra lo contrario. Este documento no sólo registra las quejas de los pilotos de naves de matrícula comercial colombiana, que en su momento denunciaron públicamente el riesgo al que fueron expuestos, sino una enérgica protesta ante el Gobierno de Estados Unidos, y, también, una serie de sanciones a pilotos de ese país que van desde seis meses de prohibición para volar en el espacio aéreo colombiano.
El informe señala que en la mayoría de los casos los pilotos de esas aeronaves han violado todas las normas dc seguridad y desconocido a las autoridades colombianas que controlan ese espacio. Así mismo indica que, si bien en algunas oportunidades aquellos vuelos han sido autorizados por la Fuerza Aérea Colombiana (FAC), que a su turno los ha puesto en conocimiento de la Aeronáutica, en otras ocasiones ninguna autoridad nacional ha tenido información al respecto. Un ejemplo de ello fue lo ocurrido el 13 de agosto de 1992, cuando un avión Hércules de la Fuerza Aérea de Estados Unidos con matrícula M122FF voló durante cuatro horas en territorio nacional sin autorización y sin que el piloto reportara su posición a los controladores de las diferentes torres. Cerca de 10 veces los operadores trataron de comunicarse con el comandante de la nave pero este sólo atendió el llamado cinco minutos antes de abandonar a Leticia e internarse en territorio brasileño.
En esa oportunidad, el Hércules tenií como destinos la base de Howard y Trinidad (Bolivia), pero inexplicablemente terminó en Envigado a 17 mil pies de altura, donde por poco colisiona con un avión Douglas MD-83 de Avianca, con matrícula EI-CCC, que cubría la ruta Bogota-Medellín. El informe cita muchos más casos de incidentes de aviones fantasmas. Otro de esos vuelos misteriosos se presentó el 21 dc agosto de 1991. En esa ocasión una aeronave tipo Merlin III de la Fuerza Aérea de Estados Unidos voló durante cuatro horas sobre el cspacio aéreo colombiano sin reportar su posición. Estuvo en el Valle, en Antioquia, en el Magdalena Medio y de pronto se apareció en la pista del aeropuerto Eldorado, donde aterrizó sin presentar reporte alguno y sin contar con autorización .
Ante estas circunstancias, el informe confidencial de la Aeronáutica registra una serie de medidas para evitar más complicacioncs con los famosos vuelos fantasmas. Para ello se solicita las autoridades encargadas dc la vigilancia de las cárceles de Envigado e Itagüí e instalar una "línea caliente" con las torres de control de los aeropuertos del Olaya Herrera y Rionegro, con el fin de que los controladores aéreos informen oportunamente de los vuelos autorizados por la FAC sobre estas zonas. La medida permitió un mayor control. Por eso el incidente de la semana pasada, entre un avión de Sam de matrícula HK-3396 y un Hércules cstadounidense que se dirigía a la base de Howard, después de cumplir labores de rastreo autorizadas por la FAC pudo aclararse de inmediato: se encontró que el impasse fue ocasionado por una mala operación realizada por los controladores aéreos del aeropuerto de Rionegro.
De cualquier manera, este hecho dejó una vez más sobre el tapete la participación de los organismos de inteligencia estadounidenses en las operaciones de búsqueda de Escobar. Búsqueda en la que los gringos no han tenido suerte. Porque las 48 horas que se pusieron de plazo inicialmente para encontrolarlo se les han convertido en una extenuante y maratónica jornada que ya va por los 450 dias.

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