Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/04/21 21:26

Néstor Humberto, la manzana de la discordia

La renuncia de María Lorena Gutiérrez puso de presente una paradoja sobre el ternado a la Corte: lo quieren los expresidentes y los grandes empresarios, pero generó una gran tensión en la casa de Nariño.

Néstor Humberto ha sido protagonista de la política nacional desde el gobierno de Virgilio Barco. Foto: Archivo particular

“Usted es un colombiano ejemplar, un hombre confiable, todo el que lo conoce lo quiere (…)”. Esas palabras las pronunció Roy Barreras, el presidente del Partido de la U, el 10 de junio del 2015, hace casi un año. Las utilizó para describir a Néstor Humberto Martínez, en ese entonces ministro de la Presidencia, quien recibía una condecoración en el Senado.

No fueron las únicas que se oyeron aquella tarde. Un desfile de senadores iba pregonando bondades del súper funcionario que estaba a pocos días de abandonar la Casa de Nariño.

“Lo necesitamos pronto en la arena política”. “Usted está hecho para cosas grandes”. “Qué pérdida tan grande para el Gobierno”. “Nos hará falta en el Congreso, pero más falta le hará al país”. “Sus éxitos no les gustaron a algunos”. “No encontramos una persona en el Gobierno que haya hecho bien la tarea como usted”. “La lealtad es una virtud que ejerce a cabalidad”. “Su capacidad de diálogo le va a hacer falta a este país”. “Usted no es un superministro, es un superamigo”.  

Parecía que, con todos esos adjetivos, el hijo del maestro Salustiano Tapias, carismático personaje de Sábados Felices, era un personaje que generaba pleno consenso. Pero resultó todo lo contrario. Su nombre puede generar por igual odios y amores y desde cuando apareció en el círculo cercano de Juan Manuel Santos produjo también mucha molestia en un sector del Gobierno.

Néstor Humberto ha sido protagonista de la política nacional desde el gobierno de Virgilio Barco, y a la vez ha escalado las más altas esferas como abogado. Fue ministro de Justicia en el gobierno Samper, y del interior en el de Pastrana. Mientras gobernaba Uribe pasó más tiempo defendiendo los intereses de los canales privados en el proceso de subasta del tercer canal, teniendo como clientes a los más poderosos que prácticamente cubren todos los sectores de la economía nacional.

Su humor fino y sarcástico, sus apuntes cachacos y su memoria, lo han convertido en un hombre carismático en cocteles y en tertulias políticas. Y de él dicen que tiene la capacidad de conquistar al que necesita de su consejo.

Néstor Humberto Martínez  no pertenecía a lo que se podía denominar el primer anillo de Juan Manuel Santos antes de que este llegara a la Casa de Nariño. Sin embargo, jugó un papel tan importante en la reelección, no sólo en estrategia sino en financiación, que de la noche a la mañana se convirtió en el principal consejero del presidente.

Esa circunstancia empezaría a generar tensiones entre los más cercanos a Santos, quienes lo habían acompañado desde su primer gobierno. A eso se suman su íntima amistad con el vicepresidente Germán Vargas Lleras y su pasado como fundador e ideólogo del partido Cambio Radical.

Por eso, cuando fue nombrado ministro de la Presidencia, los celos políticos entre la Unidad Nacional afloraron, pues consideraban que poner al socio de Vargas Lleras en la Presidencia era darles un desbordado poder a las intenciones presidencialistas del vicepresidente.

Y al interior del gabinete, la presencia de Néstor Humberto Martínez fue inquietante. Por momentos pareció pisarle la manguera al ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, y fue quien resolvía los conatos de rebeldía de los congresistas de la Unidad Nacional. Otra vez se pasó por encima al ministro de Justicia, Yesid Reyes, en la reforma al equilibrio de poderes.

Pero las mayores tensiones se produjeron de puertas para adentro de la Casa de Nariño. Muchas de sus funciones también se encontraban con las de la entonces secretaria general de Presidencia, María Lorena Gutiérrez. Ella venía siendo la dueña del computador de Palacio y quien tramitaba los asuntos con los congresistas. Martínez reclamó mayor protagonismo en esos asuntos.

Lejos de limar las diferencias, la situación se trastornó a tal punto que trascendió un choque entre Martínez y Vargas Lleras contra María Lorena y las ministras Gina Parody y Cecilia Álvarez. Eso alcanzó el límite cuando Martínez, sorpresivamente para unos, renunció al superministerio. Parecía que el pulso lo ganaba María Lorena Gutiérrez, a quien Santos encomendó las funciones que desempeñaba Martínez.

Fuera del Gobierno, Martínez siguió al frente de los asuntos de su firma, Martínez Neira, pero su nombre seguramente seguía rondando en la cabeza del presidente Santos, para ser fiscal general. Nadie dudaba de sus capacidades para aspirar a ese cargo, pero su cercanía con un aspirante a la Presidencia de la República y su condición de abogado de los más ricos y poderosos del país rodean de muchas inquietudes sobre su idoneidad para el cargo.     

El miércoles, antes de viajar a Nueva York, el presidente Santos volvió a mencionar su nombre, lo incluyó en la terna para fiscal general y poco después de pronunciarlo, se produjo el mayor sismo en el corazón de su gabinete. La mujer que mandaba en la Casa de Nariño renunciaba irrevocablemente a su cargo, como si esta vez fuera ella quien perdiera el pulso. Néstor Humberto quedó con la postulación, pero el precio para Santos fue desprenderse de su mano derecha. Para el presidente, Martínez parece ser la manzana de la discordia. 

 

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