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| 4/26/2014 1:00:00 AM

Los 132 árboles de la discordia

Una de las batallas verdes más arduas de los últimos tiempos en el país llegó a su fin: un fallo dio la razón a los defensores del ‘túnel verde’ y quedó en el limbo un tramo del sistema de transporte masivo de Medellín.

En un momento en el que América Latina necesita a gritos buses articulados limpios como solución al caos vehicular, en Medellín, Metroplús –el TransMilenio de los paisas– está parado como consecuencia de una batalla jurídica por 132 árboles que quedaron en la mitad del trazado.

Era un pleito semejante al de David y Goliat. De un lado estaba un grupo de ambientalistas, muchos de los cuales no han terminado la universidad, y del otro, un staff de abogados de la Alcaldía de Envigado, Metroplús y Corantioquia. Las apuestas, por supuesto, daban por vencedor a Goliat.

Pero así como en la historia bíblica, el colectivo Túnel Verde logró que el Tribunal Administrativo de Antioquia fallara a su favor una acción popular que pretendía evitar la tala de 132 árboles que están en la mitad del tramo del sistema de transporte público que conectará a El Poblado, en Medellín, con Envigado.

Todo comenzó en junio del año pasado, cuando Metroplús, en medio de la ejecución de la obra, iba a comenzar a talar 213 árboles (luego concertaron que fueran menos) pero se encontró con un grupo de unos 20 aguerridos vecinos que se opusieron. No valió ni la lluvia ni el Esmad para disuadirlos. Como buenos soldados de la causa, acamparon durante 17 días, se pegaron a los troncos de los árboles y se organizaron para presentar una acción popular que frenara el ‘arboricidio’. El Tribunal Administrativo les concedió una medida cautelar el 4 de julio anterior y la semana pasada falló de fondo.

Lo impresionante del caso es que con el fallo, la obra, cuya construcción cuesta 17.800 millones de pesos, entró en un limbo que tendrá como consecuencia meses o incluso años de retraso, con sobrecostos millonarios que aún no han sido calculados, según Héctor Londoño, alcalde de Envigado. Sin contar lo que significa, a juicio de Metroplús, la urgencia que hay de poner a rodar una nueva solución de transporte ante los embotellamientos en una zona por donde circula el 33 por ciento de los viajes que se hacen a diario en la ciudad.

Lo que llaman el ‘túnel verde’ es una hilera de más de 500 árboles, en su mayoría chiminangos, sembrados sobre el separador de la avenida El Poblado, en la entrada de Envigado y que, por la forma en la que caen sus ramas, proyectan en el asfalto una sombra agradable durante el día. En uno de los costados del trayecto está la casa, que ahora es museo, donde vivió el filósofo Fernando González, de quien perdura una foto en la que se ven los arbolitos cuando apenas estaban naciendo.

Según el fallo del Tribunal, en el proceso se vieron amenazados los derechos colectivos al goce de un ambiente sano y a la existencia de un equilibrio ecológico, así como a la conservación de especies animales y vegetales.

El fallo no está exento de polémica. Para los ambientalistas, se trata de uno de los triunfos más importantes frente al acoso de lo que ellos llaman cemento. Pero para los críticos, no es del todo claro cuál criterio debe primar, si se tiene en cuenta que se trata de una obra que beneficiará a los usuarios del transporte público.

La situación, sin embargo, no es tan blanco y negro. Pues, según se desprende del fallo, no se trata de una defensa de los árboles per se sino que se equivocaron en los diseños de la obra al no considerar a la comunidad ni el valor patrimonial y cultural del túnel verde.

En este momento todos, incluyendo el colectivo Túnel Verde, están de acuerdo con que necesariamente hay que talar árboles. La solución que aportó el Tribunal fue ordenarle a Corantioquia realizar un nuevo concepto técnico, lo que supondría realizar otros diseños para el trazado, de manera concertada con la comunidad. Metroplús S.A., no obstante, se reafirma en que Corantioquia hizo bien su trabajo y prefirió irse a apelación ante el Consejo de Estado.

El alcalde de Envigado también tiene su posición: “Yo quiero mucho a los árboles, pero tampoco podemos vivir de romanticismos. Los árboles también mueren”, dijo, al argumentar que la obra incluye plantar 2.000 más, aunque solo haya espacio para 500.
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