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| 7/2/2011 12:00:00 AM

Los amigos del 'vice'

Cada vez hay más polémica por actuaciones del vicepresidente Angelino Garzón. ¿Está convirtiendo su cargo en un fortín político?

"Yo no tengo capacidad de ejecutar un centavo, ni tengo capacidad de contratar ni siquiera al portero de este edificio". Con este comentario, el vicepresidente de la República, Angelino Garzón, intentó ponerles punto final a las versiones que circularon la semana pasada de que estaría aprovechando su posición en el gobierno para llenar de cuotas burocráticas los programas a su cargo, con miras a una futura campaña electoral. A través de su cuenta en Twitter, Garzón dijo que "por principios, los seres humanos no debemos polemizar con los que están llenos de odio y que usan el chisme o la calumnia. Lo mejor es ignorarlos". No obstante, cada vez hay más ruido sobre eventuales contratos que se estarían otorgando con su aval.

El mayor cuestionamiento sobre su actuación está relacionado con la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR). Por ley, esta entidad es presidida por el vicepresidente o su delegado. Hasta el año pasado, Eduardo Pizarro cumplió esa función por encargo del entonces vicepresidente, Francisco Santos. Garzón, en cambio, decidió asumirla directamente. Lo que muchos no esperaban es que su llegada representara una barrida histórica de funcionarios. El año pasado, la CNRR contaba con 146 personas dedicadas a proyectos con víctimas, desmovilizados o a temas de reconciliación. Sin embargo, a 42 de ellas no se les renovó el contrato y fueron reemplazadas por 51 funcionarios nuevos. Cambiar de la noche a la mañana una tercera parte de una institución sin motivo aparente obviamente pone en riesgo la eficiencia de la misma, en un momento tan crítico para las víctimas como el actual.

Lo que más ha molestado a muchos dentro de la propia CNRR es que se cambió el reglamento para la selección de personal y se pasó por alto el proceso que se tenía hasta el año pasado, que incluía concurso de méritos, entrevistas, aplicaciones de pruebas de conocimiento y psicológicas, para finalmente contratar a quienes tenían mayor puntaje. Hoy nadie da razón sobre los criterios con los que se eligieron los nuevos funcionarios, muchos de los cuales no tienen experiencia en el campo para el que se les contrató y, por el contrario, son reconocidos amigos personales del vicepresidente o fieles seguidores de sus campañas políticas.

A esto se suma que se crearon nueve oficinas en varios departamentos, que en la práctica, en varios casos, operan con un funcionario desde su casa. Ello a pesar de que a la Comisión le queda apenas un año de vida, pues ya se están poniendo en marcha las instituciones que contempla la Ley de Víctimas para el tema de reparación. Estos cambios abruptos han generado preocupación entre las entidades de cooperación internacional que han financiado a la CNRR, pues consideran que el esfuerzo que han hecho durante más de un lustro se puede venir abajo.

Orlando Riascos, actual coordinador general de la Comisión, que es uno de los recién nombrados y que fungió como secretario de Gobierno de Garzón en el Valle, le dijo a SEMANA que él y los demás contratistas cumplen los requisitos que impone la ley, que las personas vinculadas se ajustan a los perfiles requeridos y que la decisión de abrir nuevas oficinas fue tomada antes de que se sancionara la Ley de Víctimas. No obstante, no explica por qué se cambiaron los protocolos para contratar a la gente.

El periódico digital Confidencial Colombia reveló hace dos semanas una comunicación interna en la que el vicepresidente le pide a Acción Social de manera directa que contrate a un listado de personas. Cuando esta revista buscó al vicepresidente para conocer su punto de vista, este comentó en su cuenta de Twitter que Acción Social tiene la "plena facultad" para terminar o renovar todos los contratos de la CNRR y que la mayoría de ellos se venció el 30 de junio.

Aunque Riascos asegura que Acción Social verifica los perfiles de los funcionarios y los aprueba o desaprueba, otra es la versión que hay en la agencia presidencial. Altos funcionarios de esa entidad aseguraron que ellos solo ejecutan el presupuesto tal y como se lo indican las personas a cargo de la Comisión y que no intervienen para nada en la selección de los contratistas.

En cualquier actividad es comprensible que quien llega se rodee de personas de su confianza y con las que ha trabajado. El problema es cuando hay consenso en que varias de esas personas no tienen el conocimiento que se requiere para los cargos. Por eso, la preocupación reina entre algunos de los comisionados y altos funcionarios de la CNRR, pues se teme que la poca institucionalidad que se ha construido para enfrentar la enorme tarea de reparar a las víctimas se venga abajo. Incluso, varios de los contratistas de más trayectoria contemplaron renunciar de forma masiva, con el argumento de que no querían ver cómo se le daba un entierro de tercera a la entidad que ayudaron a construir.

Tal vez por estos antecedentes es que la semana pasada el presidente Santos decidió que la oficina que manejará los beneficios jurídicos de los desmovilizados dependerá directamente de la Presidencia y no de la Vicepresidencia, como se esperaba. "Ni yo ando lagarteándole puestos al presidente, ni le ando lagarteando funciones, ni el presidente vive ofreciéndome sus responsabilidades, estos son temas de Estado y yo cumplo las funciones que el presidente me defina", dijo Garzón, buscando conjurar los rumores.

¿Tiene el vicepresidente un excesivo apetito burocrático o simplemente obra según sus convicciones y carece de tacto? Posiblemente es una mezcla de ambos. Los más suspicaces creen que tras el revolcón de puestos hay una jugada clientelista cuyo fin podría ser crearle las condiciones a una eventual campaña presidencial de Garzón para el futuro. Otros menos críticos creen que Garzón subestima la labor técnica y prefiere tener un equipo más político, que hable su lenguaje. Pero a lo que no escapa hoy el vicepresidente, en muchas de sus actuaciones, es a la percepción de que puede incurrir en un manejo demasiado político de temas tan sensibles como los derechos humanos y las víctimas, en los que la confianza en el Estado es clave y la cooperación internacional también.

Hay quienes exageran y dicen, desde ya, que Garzón está montando desde la CNRR una red política para lanzarse a la Presidencia en unos años. Algo que ya es jurídicamente viable, pero que deberá hacer con los méritos de su gestión como vicepresidente y no con las viejas prácticas que tienen harto al país. Pero esa hipótesis, que entusiasma a los críticos del vicepresidente, se cae de su peso si se tiene en cuenta que ni siquiera ha pasado un año de gobierno y en política el tiempo es el mejor aliado o el peor enemigo. Por eso es bueno que Garzón recuerde las palabras de su madre, que él mismo parafraseó en una entrevista reciente: "Mi mamá, que era una humilde vendedora de plaza de mercado de la galería Alameda de Cali, pero llena de sabiduría popular, siempre me aconsejaba: 'Mijito, no se vaya a precipitar en la vida. Uno no debe ser ni precipitado ni entrometido'. Cada día tiene su afán, por lo tanto, ahora lo que yo tengo que hacer es cumplir bien la tarea como vicepresidente".
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