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| 8/21/2000 12:00:00 AM

Los años maravillosos

Con Andrés Pastrana también llegaron al poder varios de sus antiguos compañeros en la Universidad del Rosario. El hecho generó controversia. ¿En qué cargos están algunos de ellos?

Una mañana de abril de 1973 el entonces estudiante de primer año de derecho en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, Andrés Pastrana Arango, aprovechó un descuido del profesor de derecho constitucional colombiano, Luis Carlos Sáchica, para hacerle un anuncio a sus compañeros de última fila. Con voz pausada y sin ocultar una risita nerviosa les dijo: “Hoy es un día histórico porque por primera vez está reunido el futuro presidente de Colombia con su gabinete”.

El tiempo se encargó de demostrar que el fuerte de Pastrana no era prever el futuro. Su premonición se cumplió a medias. Aunque él sí llegó a la Presidencia, de sus amigos de última fila sólo uno llegó a ocupar un puesto en el consejo de ministros, pero no como jefe de cartera sino como secretario general de Palacio: Juan Hernández, su mejor amigo desde entonces.

Esa mañana de abril fue la única vez que Pastrana confesó a sus compañeros sus aspiraciones. Pero que el hijo de Misael Pastrana no hiciera alusión de sus deseos de reemplazar a su padre en un futuro no significaba que sus condiscípulos no hicieran cábalas sobre el delfín. “Nunca tuve dudas de que llegaría a la Presidencia”, dijo a SEMANA Ricardo García, uno de los de la última fila, hoy asesor de televisión.

Pero García no es el único. Lo mismo piensan Diego Caicedo, Sergio Quiroz, Martha Victoria Sáchica, Alvaro Mantilla, Gabriel Merchán, María Isabel Restrepo, Silvia Fernández de Castro, Angela Robayo, Martha Sofía Serrano, Leonor Perdomo, María Eva Palacios y Consuelo Caldas, algunos de sus antiguos compañeros de curso. Hasta los profesores coinciden en esa apreciación. “Era muy difícil no imaginar que el joven Pastrana llegaría a tan alta distinción”, dijo uno de sus maestros.

Aunque Sáchica no es tan contundente el constitucionalista sostiene que “Pastrana no era un alumno del montón. Tenía condiciones de líder y yo pensaba que iba a ser una figura pública, no necesariamente presidente”.

La segunda vez que el fantasma de la Presidencia se le atravesó al estudiante Pastrana en esos años de derecho fue durante el examen final de economía, que dictaba el profesor Pablo Salazar de Heredia, a quien se le ocurrió preguntarle a sus estudiantes,“¿cuáles serían las políticas económicas que usted implementaría si fuera presidente de la República?”. Ninguno de sus compañeros recuerda las respuestas de Pastrana pero tienen claro que deberían ser distintas a las que está aplicando hoy en la Casa de Nariño.



Años dorados

Los estudiantes de jurisprudencia del Rosario no eran distintos a los demás de la ciudad. Todos seguían arropados por el espíritu rebelde de los 60 y embelesados con los Beatles y la nueva ola. Vicky cantaba Adiós gorrión, Oscar Golden hacía suspirar con El cacique y la cautiva y hasta una compañera de curso —María Elena Giraldo, hoy consejera de Estado— era la voz cantante del grupo Viva la Gente, la versión criolla de Mocedades. Eran los años go go , de jóvenes con el cabello largo y el bigote incipiente y de niñas de minifalda y bota campana. Los padres, entre tanto, empezaban a envidiar la bonanza petrolera de Venezuela y se rompían la cabeza tratando de entender el Upac, puesto en marcha por el gobierno de Misael Pastrana.

En esa época los estudiantes del Rosario eran quizás un poco más conservadores que los de las otras facultades. Esa tradición se mantuvo hasta que llegó la que habría de ser la promoción de 1977. “Cuando nosotros llegamos en 1973 cambiamos muchas costumbres. Le quitamos la formalidad y acabamos con el paraguas, el chaleco y con la caspa en la solapa”, afirma Alvaro Mantilla, ex director de Invías y compañero de trasnochos del Presidente en sus años de estudiante.

En esos años el Presidente era —como hoy— un hombre muy amable y simpático, que empezaba a construir su imagen con base en su carisma más que en su preparación. El joven Pastrana no era un intelectual de conceptos profundos. Su fórmula para el éxito mezclaba una pequeña dosis de estudio complementada con actividades sociales, como las caminatas de la solidaridad, las visitas a los barrios pobres con Antonio Cervantes, ‘Kid Pambelé’, entonces el mejor boxeador del mundo libra por libra, y los toros.

Tener al hijo del Presidente como compañero de curso no produjo reverencia ni levantó barreras entre sus compañeros. Quizá la razón es que, así como estaba el hijo del Presidente, también se encontraban los hijos de los gobernadores del Tolima, Pilar Rocha; del Huila, Leonor Perdomo; del Magdalena, Alfredo Riascos; del Procurador General, Martha Sofía Serrano; de uno de los profesores, Martha Victoria Sáchica, entre otros. “Ser el hijo del Presidente nunca se tradujo en mejor trato para Andrés, ni por sus compañeros ni sus profesores. El nunca hizo ostentación de ello”, sostuvo Angela Robayo, su mejor amiga en la universidad.

Para sus amigos de curso el carisma personal ha sido siempre la mejor arma del Presidente. Hay hechos que muestran su capacidad para hacer aliados. Prueba de ello es que al final de la carrera, aunque no todos salieron conservadores, todos resultaron ‘andresistas’. Hoy en día varios ocupan altos cargos en la administración, como Gabriel Merchán, Sergio Quiroz, María Isabel Restrepo, María Eva Palacios y Silvia Fernández de Castro, entre otros (ver recuadros).



El poder para que

La llegada de Pastrana a la vida pública sacó a la luz a algunos de sus compañeros. El más reconocido es Juan Hernández, ex secretario de Presidencia, quien debió retirarse luego del escándalo de contratos entre el Estado y una empresa de la familia de su esposa.

Hernández fue desde los primeros años en la facultad un incondicional del Presidente. “Esa fue su opción de vida. Así como unos optamos por hacer carreras independientes, él prefirió estar a su lado. En las buenas y en las malas”, dijo un compañero de aula.

Pero con el advenimiento de Pastrana a la Presidencia empezaron a surgir versiones de que estaba premiando con puestos a sus compañeros de universidad. Uno de los más críticos ha sido el ex director del DAS Ramiro Bejarano, quien en su columna en El Espectador de mayo afirmó que “buena parte de quienes fueron compañeros universitarios del primer mandatario tienen fundadas razones para recordarlo, y en particular para agradecerle los buenos oficios que desde el alto gobierno les ha sabido dispensar”.

Como es apenas natural, la columna de Bejarano cayó muy mal en las huestes ‘andresistas’, que la calificaron de injusta y desconsiderada. No obstante el episodio que debió afrontar Eduardo Campo Soto, magistrado del Consejo Superior de la Judicatura, ex compañero rosarista de Andrés Pastrana y recomendado por éste para el cargo, hizo pensar que, a lo mejor, Bejarano tenía la razón.

Sin embargo, para todos sus antiguos compañeros de curso, el hecho de que Campo Soto deba afrontar varias demandas por haber sido escogido como magistrado del Consejo Superior de la Judicatura, al parecer sin cumplir con todos los requisitos exigidos, no significa que el Presidente haya actuado con favoritismo. “Más que por ser su amigo, lo escogió porque cumplía con los requisitos. Lo extraño no es que haya escogido a su amigo, lo sorprendente habría sido que el Presidente recomendara a uno de sus enemigos políticos”, dijo a SEMANA uno de los miembros de la promoción de 1977.

De cualquier manera el tema no es fácil de analizar. Lo que para unos —los que están en la oposición— es rosca o favoritismo, para otros —los que están en el poder— no es más que buscar la asesoría de personas capaces y de entera confianza que le permitan al Presidente poder dormir tranquilo, sabiendo que tiene a alguien muy cercano en un puesto clave del Estado, “más ahora que no es fácil encontrar gente transparente y leal”, dijo Diego Humberto Caicedo, ex compañero de curso de Pastrana, quien ejerce su profesión de abogado con éxito.

¿Capacidad profesional o favoritismo? La polémica está lejos de resolverse. Para los amigos del Presidente es claro que una de sus principales virtudes es la de saberse rodear, y si los que lo hacen son sus compañeros de universidad, a quienes les tiene plena confianza, mucho mejor. No obstante, aclaran, que no todos están con el Presidente en su gobierno. De hecho, la gran mayoría ha logrado éxitos profesionales sin su protección.

Pero para los contradictores políticos de Pastrana esa actitud del Presidente de escoger a su amigos para algunos cargos es un mal mensaje para la opinión, que aspira a encontrar en los altos cargos a los mejores y no necesariamente a los amigos del primer mandatario.

Curiosamente, tanto el Presidente como sus antiguos compañeros de curso —los que colaboran en su gobierno—, se muestran tranquilos. Al igual que en las viejas épocas de estudiantes de jurisprudencia del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, todos sienten que se están preparando para presentar su examen final dentro de dos años. El tiempo dirá si pasaron el examen o si, por el contrario, todos fueron reprobados.
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