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| 12/6/2014 10:00:00 PM

“Los cambios del periódico no significan crisis”

El director de ‘El Tiempo’ dialoga con SEMANA sobre el polémico editorial y los cambios en la cúpula de ese diario.

SEMANA: En muchos medios se entendió el duro editorial de El Tiempo contra la reforma tributaria como la voz de Luis Carlos Sarmiento utilizando su periódico para defender sus intereses. ¿Qué responde usted?

Roberto Pombo:
No fueron muchos medios; fueron pocos. Ni siquiera medios: fueron más bien personas.

SEMANA: Pero, ¿qué opina de esa crítica?

R. P.:
Que no es seria. El editorial de El Tiempo coincide con la opinión de Luis Carlos Sarmiento, pero también con la de una enorme cantidad de empresarios que se oponen a la reforma tributaria, cuyos argumentos no se pueden reducir a que unos millonarios mezquinos se niegan a pagar impuestos. El análisis que hace el editorial es bastante menos simple que eso.

SEMANA: ¿Quién escribió el editorial?

R. P.:
Yo.

SEMANA: Pero no negará usted que el editorial le conviene a los intereses del doctor Sarmiento.

R. P.:
Puede que sí. Pero no puede ser que por eso el periódico no pueda expresar el punto de vista de sus propios editores o de la mayoría del empresariado colombiano. Si le jalamos la pita a ese argumento, llegaríamos a la conclusión de que El Tiempo no podría estar a favor de que se construyan carreteras en Colombia porque Luis Carlos Sarmiento está en esa actividad.

SEMANA: Pero reconózcanos que hay un problema estructural de potencial conflicto de intereses cuando un medio pertenece al grupo económico más importante de un país.


R. P.:
No. El problema se genera cuando hay gente a la que le importa más hacer análisis retorcidos basándose en la presunta mala fe de los demás, que en analizar, en términos prácticos, cuáles son los argumentos en los que se basan esas posiciones. Es más fácil, más serio y más práctico discutir sobre tesis que sobre presunciones imaginarias.

SEMANA: ¿Se refiere a la columna de María Jimena Duzán contra los ricos incluyendo a Luis Carlos Sarmiento?

R. P.:
Y contra El Tiempo. Pinta un cuadro en el que el periódico y su director aparecemos como fichas de un ajedrez siniestro para que los ricos no paguen impuestos.

SEMANA: Cree que esa interpretación coincide en cierta forma con la del presidente, quien acaba de afirmar que los ricos “ponen a los columnistas a vociferar” contra la reforma para no pagar impuestos. ¿Se sintió aludido por esa declaración?

R. P.:
Yo no, aunque la afirmación es muy desafortunada, en especial si viene de quien se crio en estas lides. Pero independientemente de las pullas creo que hay que concentrarse en la sustancia. El problema es que los ricos que están pagando impuestos consideran que les cobran demasiado, y sienten que hay demasiados ricos que no pagan nada y que frente a ellos se hace muy poco.

SEMANA: Bueno, en todo caso, con el editorial sobre la reforma tributaria llamó la atención ver a El Tiempo dándole palo al gobierno.


R. P.:
A mí también me llamó la atención. Yo estaba acostumbrado a que me dieran palo por apoyar al gobierno. Ahora me critican por atacarlo. Yo creo que se pueden hacer las dos cosas, según si uno comparte o no lo que el gobierno hace. Esa ha sido nuestra posición siempre, no ahora.

SEMANA: ¿Alguna vez había levantado tanta polvareda un editorial?

R. P.:
Ha habido otros casos, claro, y sin duda los habrá en el futuro.

SEMANA: Todo parece indicar que la discusión se fue así, y que la reforma tributaria se aprobará como dice el gobierno. ¿Quiere decir que habrá una pelea permanente entre el gobierno y los empresarios?

R. P.:
No sé qué pasará específicamente con el proyecto. Lo que sí es un hecho es que la discusión sobre las necesidades del Estado y el papel de los empresarios está lejos de haber concluido. Ahora viene la parte más dura, que es el tema del posconflicto, mucho más complejo y exigente desde el punto de vista de los recursos que se requieren para afrontarlo. Por eso la clave es que el debate siga, durante y después de esta reforma tributaria.

SEMANA: ¿Cómo ve a Santos?

R. P.:
Lo veo en general bien, como lo muestran los resultados. Lo veo bastante incomprendido, como lo muestra la indiferencia popular frente al proceso de paz. Y oigo con alguna frecuencia a personas en distintas partes del país que le critican su actitud distante.

SEMANA: Pasemos al otro tema del periódico que está ahora sobre el tapete. La reciente salida de tres de los hombres más importantes de la cúpula administrativa: Jon Ruiz, Jaime Gáez y Luis Gabriel Castillo. Han circulado muchos chismes. ¿Cuál es la realidad de ese revolcón?

R. P.:
La realidad es que cada uno de los tres salió del periódico por razones muy distintas, y  la coincidencia dejó una sensación de crisis que no corresponde a la realidad. Lo que sí puedo afirmar sin dudarlo es que los chismes sobre supuestos malos manejos son falsos.

SEMANA: Muchos medios se han quejado de una baja en la publicidad este año.

R. P.:
Los medios impresos han sentido ese golpe en algunos meses de este año, probablemente como resultado del Mundial de Fútbol y las elecciones, eventos que concentran la inversión publicitaria en la televisión.

SEMANA: ¿Puede tratarse del comienzo del tan advertido declinar de los medios impresos? Usted ha sido un convencido de la vigencia de los periódicos impresos. ¿Sigue igual de optimista?
R. P.: Más que optimista he sido realista. Las evidencias han mostrado que los procesos de declive vividos en los países desarrollados van a un ritmo mucho más acelerado que en Colombia. La tendencia es la misma, inevitablemente, pero los tiempos son diferentes. Es decir, para allá vamos todos pero tenemos tiempo de prepararnos.

SEMANA: En plata blanca, ¿los medios impresos tienen los días contados?

R. P.:
Los medios impresos, tal como los conocemos hoy, tienen los días contados. Es decir, se tienen que adecuar a una realidad, y esa realidad consiste en que hay una nueva forma de leer de los lectores y de anunciar de los anunciantes.

SEMANA: ¿Cuáles son esas nuevas formas?

R. P.:
En el caso de los lectores, que el lugar más apropiado para informarse será un teléfono móvil y no un periódico o una revista. Y eso tendrá implicaciones en la manera de entender esta actividad como profesión y como negocio.

SEMANA: ¿Eso implica que habrá restructuraciones en los medios impresos?

R. P.:
Por supuesto. Habrá cambios de todo orden en las estructuras de los medios actuales y en los grupos de comunicaciones como tales.

SEMANA: ¿Eso qué quiere decir?

R. P.:
Que los esfuerzos futuros estarán enfocados hacia una nueva concepción de los impresos, en una nueva forma de entender las plataformas digitales y en una nueva actitud frente a medios en los que no estamos o, si estamos, nuestra presencia es tímida.

SEMANA: ¿Se refiere a radio y televisión?

R. P.:
Sí. La competencia futura en nuestro país no será solo entre periódicos sino entre grupos de medios, de manera que la supervivencia futura depende en buena medida de lo que se haga sobre todo en radio y en televisión. Los medios impresos van a sobrevivir. Van a ser de menos tamaño pero muy poderosos, centrados en la opinión, las crónicas y el análisis. Pero vivos, muy vivos.

SEMANA: ¿Eso qué quiere decir,  que el grupo Sarmiento quiere un tercer canal o que quiere convertir CityTv en un canal nacional utilizando la plataforma del cable?

R. P.:
Todas las anteriores.

SEMANA: ¿No cree usted que el impacto del internet no solo es sobre los medios impresos sino también sobre la televisión y la radio? Al fin y al cabo la gente joven pasa todo el día es frente al computador.

R. P.:
Y cada vez más frente al teléfono móvil. Por eso se afectan todos los medios, y a todos nos está obligando  a modificar nuestro comportamiento, nuestras estrategias y nuestro lenguaje. La radio es tal vez la menos afectada, en la medida en que las nuevas tecnologías no cambian mucho la relación entre las emisoras y los oyentes: un tipo oyendo una transmisión digital en un celular es igual que un campesino de hace 50 años oyendo Radio Sutatenza en un transistor.
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