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| 4/25/2004 12:00:00 AM

Los consejos del Presidente

Los consejos comunitarios son marca registrada del presidente Álvaro Uribe. Sin embargo, se abren preguntas sobre su conveniencia si se da la reelección.

A tres días de iniciado su mandato, el presidente Álvaro Uribe realizó el primer consejo comunitario de gobierno. Veintiún meses después, ya ha hecho 63. Pero a ellos no va solo. Casi todos los sábados, con la mayoría del gabinete, visita las regiones para oír a miles de personas que, cara a cara, le ruegan soluciones a todo tipo de problemas.

A pesar de que los consejos han servido para solucionar problemas puntuales de las comunidades, y de que han convocado a más de 30.000 colombianos a participar, hay argumentos encontrados frente a su conveniencia. Para el gobierno, los consejos desarrollan los principios del Estado comunitario que consagran que la gestión pública debe orientarse a partir de las necesidades de los ciudadanos. Para los críticos, sólo son espacios de demagogia que contribuyen a mantener los altos niveles de popularidad del Presidente.

La estrategia

Los consejos comunitarios fueron diseñados por Álvaro Uribe cuando era gobernador de Antioquia. Desde entonces, se concibieron como espacios para coordinar las acciones de tres niveles de gobierno: el nacional, el departamental y el municipal. En estas jornadas, que en promedio duran 12 horas, el Presidente, su gabinete, los gobernadores y alcaldes presentan el diagnóstico de los municipios y las regiones concentrándose en las siete estrategias de equidad social del Plan de Desarrollo: educación, salud, protección social, vías, vivienda y servicios públicos, entre otras. Después, los invitados, que en promedio son 500, exponen sus necesidades y el Presidente, que casi siempre termina siendo el moderador, asigna responsabilidades a los ministros y propone tareas a los gobernantes locales.

Los ministros llevan a los consejos los diagnósticos regionales sobre su sector, pero por razones de tiempo no hacen un trabajo previo con la Presidencia para saber las soluciones concretas exactas de lo que les van a demandar. Por eso el Presidente termina diciendo, con alguna improvisación, las respuestas que hay que dar a los problemas puntuales de los ciudadanos.

El año pasado, por ejemplo, por iniciativa presidencial, el padre Cirilo recibió en Barranquilla un microbús para movilizar a niños discapacitados de la Fundación San Camilo; Mitú recibió un camión recolector de basura que le llevó un avión Hércules de la FAC, y el representante de la asociación de exportadores de café de Marsella, Risaralda, Omer González, consiguió que la embajada de España le extendiera su visa.

A las tareas que el Presidente asigna a los funcionarios públicos se les hace seguimiento en la oficina de Asesoría Presidencial para las Regiones. Con el apoyo de tres personas, su directora, Any Vásquez, levanta las actas en las que se incluyen las propuestas explícitas del Presidente y llama permanentemente a los ministerios para revisar su estado. Para Vásquez, "algunas de estas tareas se ven desde la capital como conflictos pequeños, de los que el Presidente no se debería ocupar, pero que en las regiones son problemas muy grandes". Pero el eficiente monitoreo de las directrices presidenciales no garantiza su cumplimiento. Hasta el 12 de abril, de 1.642 tareas específicas surgidas en los consejos comunitarios se había resuelto el 11 por ciento, estaba en proceso el 66 por ciento y no se había empezado a gestionar el 23 por ciento. Además, entre las soluciones ya ejecutadas se incluyen aquellas que ya se resolvieron no hacer porque los ministerios o las entidades competentes las consideraron inviables.

El porcentaje de las promesas presidenciales cumplidas no aumentará, a menos que se avance en una coordinación previa de prioridades entre los ministros, el Presidente, el Departamento Nacional de Planeación (DNP) y los gobernantes locales. Adicionalmente, sólo así, el Presidente evitará el riesgo de proponer gestiones imposibles.

Efectos secundarios

Los consejos comunitarios reflejan el estilo del presidente Uribe y más allá de los compromisos presidenciales, han producido efectos secundarios en las formas de hacer política en el país. Algunos de estos, positivos. Otros, inquietantes.

Para el gobierno, los consejos acercan las autoridades a los ciudadanos, fortalecen las prioridades de las regiones en la agenda nacional y evitan las peregrinaciones a Bogotá que tenían que hacer los alcaldes con los presupuestos municipales, para visitar a los ministros y funcionarios. Por eso favorecen la descentralización y crean una nueva cultura política. Así lo considera Santiago Montenegro, director del DNP, para quien estos ejercicios "en ningún momento rompen la institucionalidad democrática, sino que la refuerzan".

En contravía de lo que podría pensarse, los alcaldes y los gobernadores no sienten que en los consejos el Presidente los pase al tablero y se imponga a su autoridad. Buena parte de los mandatarios locales coincide en la validez de los consejos, ante todo porque son espacios democráticos y participativos. "Los consejos son un mecanismo novedoso de participación ciudadana que rompe con un esquema de orden y mando al que se habían acostumbrado los presidentes de la República", afirmó el alcalde de Barranquilla, Guillermo Hoenisberg.

Pero no deben sobredimensionarse las repercusiones que pueden tener los consejos en la calidad de vida de las poblaciones en las que se realizan. En la medida en que los consejos del Presidente deben limitarse a las metas y presupuestos del Plan de Desarrollo, las únicas promesas que pueden hacerse en ellos son de gestión y coordinación entre instituciones de gobierno. Además, a los colombianos les cuesta trabajo pensar en colectivo y, en muchos casos, los participantes terminan contándole al Presidente sus problemas particulares y no los del municipio o la región.

Por la imposibilidad de cumplir todas las expectativas que se despiertan, y porque en varios consejos, como el de San Andrés o el de Neiva, el Presidente ha entregado subsidios en efectivo a algunos participantes, varios congresistas consideran que en los consejos se reproduce el paternalismo. "La única función de los consejos es tener a la comunidad incauta. El Presidente parece un señor feudal, repartiendo dinero por todo el país", afirmó el senador Carlos Robledo.

De otra parte, es evidente la existencia de una tensión entre aclarar el alcance de los consejos o modificar las prioridades de gasto de la Nación. Según el senador Camilo Sánchez, "menos del 5 por ciento del presupuesto de este año corresponde a prioridades que hayan surgido de los consejos comunitarios".

Al riesgo de generar expectativas incumplibles se suma la ruptura en las reglas de juego de la política que estaría dada por el papel del Presidente en los consejos comunitarios. A pesar del cuidado con que se han manejado las relaciones con el poder político regional, la frontera entre el respeto a los mandatarios locales y la intromisión del gobierno central en sus agendas es difusa. Es difícil negar que con los consejos el Presidente les ha puesto su ritmo de trabajo a alcaldes y gobernadores, pero queda en la gente la impresión de que el único que puede resolver los problemas es el Presidente y mientras él no asista nada se puede hacer o, peor aún, que los gobernantes locales no tienen la competencia suficiente para hacer lo mismo.

Aunque los consejos son marca registrada del presidente Uribe, mientras sigan siendo un insumo importante de credibilidad política, el próximo gobernante del país probablemente tendrá que recurrir a ellos. En últimas, su impacto ha sido sobre todo político. Sin embargo, en una eventual campaña por la reelección, los consejos tendrían que suspenderse. De lo contrario, el gobierno parecería estar consiguiendo votos con las ventajas que le da administrar los recursos del Estado.
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