27 julio 2013

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Los conservadores tienen el corazón partido

POLÍTICANo encuentran la brújula para las elecciones: apoyar a Santos o al uribismo, o tener candidato propio.

Los conservadores tienen el corazón partido. El expresidente Andrés Pastrana podría volver a la dirección del Partido Conservador gracias a las gestiones del jefe de la colectividad, Omar Yepes. Mientras tanto,  la exministra Marta Lucía Ramírez y el dirigente ganadero José Félix Lafaurie seguirán haciendo campaña por la candidatura presidencial.

El expresidente Andrés Pastrana podría volver a la dirección del Partido Conservador gracias a las gestiones del jefe de la colectividad, Omar Yepes. Mientras tanto, la exministra Marta Lucía Ramírez y el dirigente ganadero José Félix Lafaurie seguirán haciendo campaña por la candidatura presidencial.

El Partido Conservador enfrenta una encrucijada difícil de resolver. En los próximos meses, mientras todavía permanecerá en la coalición de Unidad Nacional, deberá decidir si respalda al presidente Juan Manuel Santos en un segundo mandato, impulsa una candidatura propia o hace una alianza con el uribismo para escoger a un retador. Como telón de fondo están los diálogos de paz en La Habana y su impacto sobre la Casa de Nariño. 

Los parlamentarios azules tienen claro que lo más urgente es asegurar la reelección de sus escaños en el Congreso. Por eso, el miércoles de la semana pasada después de tres horas de reunión prefirieron bajarle la caña a la campaña presidencial. En una declaración conjunta, la bancada consideró que era prematuro hablar de candidaturas y señaló que más bien se concentraría en la carrera por el Legislativo. Los tiempos son determinantes. 

En marzo serán las elecciones parlamentarias y después, en mayo, la primera vuelta presidencial. En el interregno, los expertos en política saben que cualquier cosa puede pasar y es preferible guardar las cartas hasta el final. 

No obstante, los precandidatos presidenciales que ya saltaron a la arena, la exministra Marta Lucía Ramírez y el dirigente gremial José Félix Lafaurie, advirtieron que seguirán en la campaña. La primera dijo que el partido debía mantener su identidad y el segundo escribió en su cuenta de Twitter: “Siempre hay una opción más dramática para el suicidio. La política se hace confrontando tesis. Los precandidatos ayudan”. Y el propio director del partido, Omar Yepes, insistió en que la mejor forma de conquistar las curules es fortalecer los pilares del conservatismo. 

La escena fue la evidencia de que los azules están deshojando margaritas: no es fácil tener la camiseta de la Unidad Nacional, con los beneficios que eso trae, y al mismo tiempo aspirar a ser competidor de su máximo dirigente.

Un poco de historia ilustra mucho mejor qué es lo que está pasando. Los herederos de Caro y Ospina alcanzaron su mayor logro reciente en 2010, cuando obtuvieron 2,3 millones de votos y conquistaron 22 curules en el Senado y 36 en la Cámara. SEMANA bautizó ese auge como “La resurrección conservadora”. 

Aunque en las presidenciales ocuparon con Noemí Sanín el quinto lugar con el 6 por ciento de los votos, los azules, que venían de ocho años de cogobierno con el presidente Álvaro Uribe, se convirtieron en la segunda fuerza más importante del Congreso, después de La U, y en una pieza clave de la aplanadora santista. Su identidad con Uribe les mereció ese respaldo popular. 

No obstante, desde el principio del gobierno Santos, el Partido Liberal, su rival histórico, obtuvo un mayor protagonismo. Muestra de ello es que mientras los rojos han crecido, los azules han bajado. Eso se tradujo en las elecciones regionales de 2011, cuando el partido pasó de tener 243 alcaldías a conquistar 193 y de cinco gobernaciones a reclamar solo una.

Un factor que podría explicar parcialmente ese descenso es que el conservatismo se desdibujó en la Unidad Nacional, lo que ha afectado su percepción en la gente. Según el Barómetro de las Américas, un estudio sobre cultura política, mientras que en 2009 el 20 por ciento de los colombianos sentía afinidad con los conservadores, en 2012 el porcentaje bajó al 12 por ciento. Por el contrario, los liberales ganaron una mayor aceptación en ese periodo. 

Los conservadores han participado en el gabinete en las carteras de Agricultura y de Hacienda. En la primera, los resultados políticos no han sido los mejores. La iniciativa que buscaba devolver de las tierras a las víctimas del conflicto quedó absorbida en una ley de los rojos. Y la reforma agraria anunciada con bombos y platillos se postergó y quedó a merced de lo que ocurra en La Habana. Las dos eran apuestas conservadoras. Y Hacienda, pese a ser una cartera de la mayor relevancia, siempre es el patito feo ante la opinión por ser la encargada de ajustar el presupuesto y los impuestos. 

Por eso, hay en las toldas azules quienes extrañan la época en que eran los consentidos y han reclamado un mejor lugar, no solo en cargos burocráticos, sino en la defensa de sus banderas. Para el senador vallecaucano César Tulio Delgado, “el problema es que quienes hacemos política queremos las mieles del poder, pero en este gobierno no tenemos miel. Nos ha arrinconado. Por eso todos buscan la mejor tabla de salvación”. 

La llegada de Yepes a la presidencia del partido en junio pasado supuso un nuevo aire. Como durante el gobierno de Uribe el nuevo jefe fue el único que se opuso a la reelección, es el llamado a atraer al expresidente Andrés Pastrana. Los acercamientos ya han dado resultados. El hijo de Pastrana, Santiago, se reunió la semana pasada con las juventudes conservadoras para explorar su ingreso en la política. Y eso podría amarrar la casa Pastrana a la colectividad. 

Yepes dijo a SEMANA que su propósito es “recuperar la confianza en el partido”. En su criterio, desde el Frente Nacional algunos políticos se acostumbraron a mantenerse en el gobierno y perdieron su capacidad de lucha. 

Mientras el pastranismo revive, otro sector comulga con el uribismo, e incluye a los precandidatos presidenciales. Varios congresistas consultados por SEMANA reconocieron que las bases conservadoras se identifican con el expresidente Uribe y eventualmente una lista al Senado con su nombre podría convertirse en una competencia para algunos. 

Sin embargo, los votos conservadores al Congreso, en su mayoría, son de maquinaria. Por eso no cunde el pánico y antes bien no descartan una alianza en el futuro. En ese escenario quien juega el papel de bisagra es el exgobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos, de origen conservador, quien ha propuesto una consulta entre conservadores y el Centro Democrático para sacar un candidato presidencial.

Pastrana y Uribe, aunque no se lleven bien, son dos caras opuestas de la misma moneda. Los dos se parecen en que han fustigado duramente el proceso de paz, que es precisamente donde está la llave para el dilema del partido. Si Santos asciende en las encuestas y el proceso de paz muestra resultados, los conservadores no tendrían incentivos para bajarse del bus de la Unidad Nacional. Así lo entienden varios congresistas como Gabriel Zapata, Hernán Andrade, Roberto Gerlein, entre otros, que desde ya han expresado lealtad a Santos pero que están a la espera de que pasen las elecciones de marzo para, con las cartas en la mano, barajar de nuevo. 

“El trato de Santos hacia la dirigencia del partido no ha sido el mejor, pero los diálogos de paz marcan la agenda”, señala el senador Andrade. En su criterio no es sano que, si el proceso de paz llega a buen puerto, se cambie el interlocutor con la guerrilla. 

El dilema es triple. Santos, Uribe o Pastrana; cada uno representa un futuro distinto: candidato prestado, candidato uribista o candidato propio. Pero lo que está en juego para el partido no es si apoya a uno u a otro, sino si es capaz de recuperar su vocación de poder. Y eso no se logra solo con la mermelada, sino con ideas. 



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