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| 8/14/2017 5:37:00 AM

Las vendettas mafiosas que asustan en Valle y Antioquia

Justo cuando los colombianos creían que las ajustes de cuentas entre ´narcos´ eran cosa del pasado, en Valle y Antioquia aparecen señales de esa sevicia criminal como en los peores tiempos de la guerra entre capos. ¿Qué pasa?

Cali y Medellín tuvieron una de las peores semanas en materia de seguridad. Mientras en la capital del Valle calificaron el pasado puente festivo como uno de los más violentos del año, al sumar once asesinatos; los paisas se lamentaban de 15 homicidios.

Si bien en ambas capitales esas cifras corresponden a hechos aislados, a las autoridades les preocupa que se trate de una tendencia criminal. Si en el pasado esas escaladas sicariales frecuentemente eran conectadas con la guerra entre capos del narcotráfico, hoy esos crímenes suelen atribuirse a ajustes de cuentas entre bandas dedicadas al microtráfico.

Lo cual tiene sentido, ya que desde hace un par de años el negocio del narcotráfico cambió; de grandes capos que manejaban toda la cadena desde el cultivo, procesamiento, tráfico y exportación, (carteles de Cali y Medellín) pasamos a pequeños jefes de bandas concentrados en monopolizar el expendio de alucinógenos en el mercado local. De esa manera se quitaron el fantasma de la extradición que les respiraba en la nuca y siguieron acaparando jugosas ganancias.

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Sin embargo, algunos crímenes de impacto y el estribillo en el bajo mundo criminal en torno a nombres de familiares de viejos capos de la mafia, hacen temer que detrás de esas muertes, se esté consolidando una nueva generación de temidos narcos.

El Valle y la mafia

Por ejemplo, en lo corrido del año en el Valle del Cauca una docena de personas fueron asesinadas en modalidades típicas a vendettas de la mafia. Desde cuerpos desmembrados, pasando por torturas, cadáveres envueltos en bolsas, escondidos en los baúles de los carros y hasta arrojados en las vías, son algunas de las atrocidades.

La más reciente e impactante fue el hallazgo (el jueves 10 de agosto) del cadáver de una adolescente de 16 años, flotando en las aguas del río La Vieja, en Cartago, al norte del Valle. Más escabroso es que al cuerpo de la víctima le faltaban la cabeza y las manos, que fueron hallados horas después en el mismo río. “Lo más insólito es que el cadáver tuvo que ser trasladado a Medicina Legal de Pereira, porque la nevera de aquí está dañada”, denunció Emma Vélez, veedora ciudadana.

El 31 de julio, aparecieron tres cadáveres envueltos en bolsas plásticas y arrojados en la vía que une a Palmira con Cali. Las autoridades reportaron golpes en el rostro y heridas con arma blanca, por lo que presumen que fueron torturados. Tres días antes, el CTI de la Fiscalía hizo el levantamiento de otros dos cadáveres desmembrados y arrojados en la vía que une a Buga con Buenaventura.

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Pero de todos esos hechos macabros, el doble homicidio de una pareja en el barrio El Caney de Cali, llamó la atención de los investigadores. Una de las víctimas resultó ser Kelly Patricia Vacca Castillo, hermana de Juan Carlos Vacca, alias ´Dímax´. Como se recordará, ´Dímax´ es un ex integrante de la temida banda Los R15, fue capturado en 2015 acusado de varios delitos y por ser el jefe de una de las oficinas de cobro en la capital del Valle. Fuentes policiales creen que ese ataque fue una retaliación contra sus finanzas, ya que las víctimas manejaban sus negocios.

Por otro lado, las autoridades temen que familiares de dos reconocidos mafiosos presos en Estados Unidos (Diego Montoya Sánchez, alias ´don Diego´; y Ómar García Varela, alias ´Capachivo´) estén detrás de algunos hechos violentos en el norte del departamento, la región más afectada por el extinto cartel del Norte del Valle.

Varias fuentes de inteligencia militar y policial coincidieron en mencionar los alias de ´Pipe Montoya´, ´Robles´ y ´Cartier´, como los responsables de una guerra territorial en esa zona del Valle y que ya cobra algunos muertos. De ´Pipe Montoya´, se afirma que es un sobrino del capo Diego Montoya y estaría detrás de recuperar su fortín en municipios como Cartago, Ansermanuevo, Alcalá, Ulloa, Obando y Toro.

Mientras que a alias ´Robles´ y ´Cartier´, presuntos hijos de alias ´Capachivo´, los señalan de ser los líderes de una puja territorial en Roldanillo. Además, en La Unión, las autoridades ya hablan de las andanzas criminales de un supuesto familiar de Iván Urdiniola Grajales, ex jefe del cartel del Norte del Valle, asesinado en prisión.

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“Es tan fuerte la puja por el microtráfico, que en Cartago los delincuentes implantaron una especie de ´toque de queda´ para que nadie mueve una papeleta de bazuco o cocaína y de esa manera reclutar a todos los jíbaros”, explicó un oficial de la Sijín, que pidió anonimato por no estar autorizado para dar declaraciones a los medios.

Más allá de quiénes están detrás de esas vendettas, la realidad es que en materia de cifras al Valle le fue mal 2016. El informe forense de Medicina legal de ese año ubica a esa departamento en el primer puesto como el más violento con 2.444 homicidios y una tasa de 52.44 asesinatos por cada cien mil habitantes.

Para ese año, en 23 de los 42 municipios se presenta una tasa superior a la departamental y llama la atención que la mayoría de esos pueblos son del norte del Valle y con rutas de acceso al mítico cañón de Garrapatas, considerado el santuario cocalero del suroeste del país.

Sin embargo, hay que reconocer que hasta julio de 2017, las cifras favorecen a las autoridades regionales, ya que se registró una reducción de homicidios del 7.2 por ciento en todo el Valle; eso en carta blanca quiere decir que la cifra de asesinatos estuvo por debajo en 103 casos, comparado con los siete primeros meses de 2016. Y una reducción leve sucede en Cali, la capital.

Noralba García, secretaria de Gobierno del Valle, argumentó que si bien el fenómeno es preocupante, “en los consejos que hemos hecho llegamos a la conclusión que una de las causas del problema de violencia son los ajustes de cuenta por el control del microtráfico”, dijo la funcionaria departamental.

Los combos de Medellín

En dos semanas, Medellín volvió a recordar los días aciagos de las guerras entre los combos. Después del 14 de julio los asesinatos se dispararon en la capital, que registra 327 casos a la fecha, ochos más que el año pasado por la misma época.

Las técnicas han sido las mismas que usaron las bandas para saldar viejas venganzas. Dado lo escabroso de los hechos, un grupo de ciudadanos decidió teñir de rojo las aguas de algunas fuentes de la ciudad y hasta el comandante de la Policía Metropolitana, general Oscar Antonio Gómez, dijo al periódico El Colombiano que “aquí a la gente de bien no la asesinan”. Se refería, claro, a que los muertos eran presuntos criminales.

Según la Secretaría de Seguridad de Medellín, de todos los asesinatos que se han presentado en la ciudad este año, el 55 por ciento corresponden a la lucha entre estructuras delincuenciales, el 25 por ciento a problemas de convivencia, intolerancia y violencia intrafamiliar, y el 20 por ciento restante hechos aislados donde las autoridades aún tratan de establecer las causas.

Para algunos analistas, la explosión de asesinatos empezó con la captura del secretario de Seguridad, Gustavo Villegas, pues allí se reveló que planeaban un proceso de entrega con los miembros de la zona sur de Envigado, pero dejando a un lado los grupos de alias Tom que tienen presencia casi en el 70 por ciento del Valle de Aburrá.

Esto habría generado una disputa interna y arreglos de cuentas. Y en medio de toda esa violencia quedó en el centro de la discusión la política de seguridad de Gutiérrez, que cuesta 159.000 millones de pesos al año, siendo uno de los rubros más altos en el gasto público.

En las últimas semanas, los asesinatos han aparecido en las montañas occidentales de Medellín, las mismas que comunican la capital paisa con la vía al mar y el Urabá antioqueño, uno de los corredores estratégicos para entrar y sacar cocaína. Hace veinte años las AUC enfrentaban a las milicias guerrilleras para quedarse con esta zona; hoy lo hacen el Clan del Golfo, apoyado en los hombres de alias Tom, para sacar a los combos de la Oficina de Envigado.

Sin embargo, no sólo las vendetas están al orden del día. Los organismos de seguridad detectaron que en los casos del barrio Roble Aures 2, El Diamante y La Agonía, comunas 7 y 13, donde han sido capturados varios cabecillas de combo que han terminado en casa por cárcel o pagado condenas rápidas, salieron a recuperar el botín que dejaron afuera.

Esto le costó varias disputas al alcalde Gutiérrez con la rama judicial; sólo hace unos días dijo: “aquí, justo en el corregimiento de Altavista el Ejército captura a alias Camilo a altas horas de la noche, estaba armado y le dan casa por cárcel en la misma zona”.

Por el mismo caso de Altavista, donde el Clan del Golfo atemoriza a la población pintando casas y cobrando extorsiones a los conductores de buses, el alcalde supuestamente fue amenazado. Según la Fiscalía, iban a atentar contra él con un lanzagranadas, lo raro es que las mismas autoridades dijeron que no sabían quién fraguaba el plan y desde las redes sociales muchos vieron el tema como una cortina de humo.

Para Jorge giraldo, decano de la Escuela de Humanidades de Eafit, la situación de seguridad no ha cambiado mucho, “lo que pasa es que para una ciudad como Medellín, con una taza de 21.92 homicidios por cada 100.000 habitantes, con una inversión en seguridad tan enorme, y con un alcalde que la pone como el único tema, ese resultado es muy malo”, argumentó tras agregar que el mejor ejemplo de las equivocaciones de Gutiérrez es el helicóptero, “solo sirve para perseguir fleteros, porque para coger a los capos del crimen no sirve”.

Más allá de las resposanbilidades políticas y la contundencia de las autoriodades en su lucha contra el narcotráfico (tres carteles del narcotráfico desarticulados) lo cierto es que en materia de criminlaidad el pasado no perdona; por eso en Valle y Antioquia parece repetirse el ciclo macabro de las vendettas mafiosas.

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