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| 12/21/1998 12:00:00 AM

LOS DELATORES

Tres oficiales de la FAC, entre ellos una mujer, se convirtieron en informantes de la DEA para desenmascarar el 'cartel azul'

La caída del HErcules C-130 de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC), que aterrizó en el aeropuerto de Fort Lauderdale, en Florida, cargado con casi media tonelada de cocaína y 13 kilos de heroína, fue una operación de alta cirugía que inició la DEA en Colombia hace más de ocho meses. ¿Cómo descubrieron las autoridades la operación del 'cartel azul'? A comienzos de marzo los investigadores obtuvieron de sus colaboradores una serie de informaciones fragmentarias que daban cuenta de una red de narcotraficantes que operaban en el aeropuerto internacional El Dorado para enviar droga hacia Estados Unidos. Esas primeras pistas señalaban que el transporte de la coca y la heroína se hacía en aviones de línea comercial y de carga que diariamente cubrían la ruta Bogotá - Miami.
Sin embargo la información no era precisa en señalar quiénes integraban esas redes ni cómo operaban. Entonces los investigadores comenzaron a tirar de la cuerda con el fin de desenredar la maraña del complejo 'negocio' que se manejaba en las propias narices de las autoridades que tenían a su cargo la vigilancia de El Dorado. No fue una tarea fácil y poco o nada lograron establecer en las primeras semanas, en las cuales un grupo de agentes encubiertos logró conseguir trabajo en las plataformas del aeropuerto y en los hangares de varias de las aerolíneas comerciales.

Las pistas
La estrategia no dio resultado alguno. Ni mecánicos ni operarios soltaron la lengua. Parecía que nadie sabía nada de lo que estaba ocurriendo en el aeropuerto. Incluso llegaron a pensar que la información era falsa y que habían perdido el tiempo durante tres semanas. En medio de esa incertidumbre los investigadores tomaron la decisión de dar por finalizada la operación en El Dorado y encerrarse en sus oficinas para analizar a fondo en qué se habían equivocado. Algunos de ellos estaban convencidos de que los informantes estaban mal dateados. Otros, que se trataba de un plan montado por los mismos narcos para desviar su atención mientras ellos realizaban embarques de droga a sus anchas.
En medio del laberinto en que se encontraban los agentes encubiertos, que habían llegado a la conclusión de dar por finalizada la operación de El Dorado, tres personas, entre ellas una mujer, miembros de la Fuerza Aérea Colombiana, habían entrado en contacto con las autoridades de Estados Unidos y ofrecieron colaborar a cambio de protección. Desde el comienzo fueron claros en afirmar que lo que sabían era suficiente para destapar la olla podrida que había en el interior de la FAC. También manifestaron que solo hablarían en el momento en que ellos y sus familias estuvieran a salvo y lejos de las manos de una organización a la que calificaron lo suficientemente poderosa como para competir en igualdad de condiciones con los carteles tradicionales que envían droga hacia Estados Unidos.
Frente a esta información las autoridades estadounidenses decidieron rotular la operación de la FAC con el sello de alta confidencialidad y optaron porque solo sería conocida por sus agentes que operan en Colombia. Los nuevos informantes fueron sometidos a una serie de pruebas, entre ellas la del polígrafo, y de interrogatorios individuales con el fin de establecer que no les estaban metiendo gato por liebre.

Los colaboradores
La operación que se adelantó en Colombia fue dividida en varias fases. La primera estuvo centrada en una dependencia conocida como agencia de compras, que tiene a su cargo la adquisición de repuestos y partes para las aeronaves que operan al servicio de la FAC. Según los oficiales que comenzaron a colaborar en calidad de informantes con las autoridades estadounidenses, alrededor de esa agencia giraba la red de narcotraficantes que sacaba la coca y la heroína hacia la Florida.
La segunda fase fue ejercer un estricto control sobre las aeronaves de la FAC que llegaban a los aeropuertos de la Florida. Un equipo de especialistas en requisas fue designado para esta tarea. Cada vez que un avión de la FAC llegaba al aeropuerto de Fort Lauderdale era sometido a una rigurosa inspección, la cual era realizada por tres equipos de investigadores. La primera la hacían hombres del servicio de Aduana acompañados de perros. Después el avión era sometido a un control con rayos X y, por último, ingresaba un equipo de especialistas que revisaban la aeronave palmo a palmo de manera manual.
Pero el trabajo no sólo se limitó a los aeropuertos de la Florida. En Colombia también se realizaron una serie de investigaciones que tenían como finalidad establecer cómo operaba la organización y quiénes estaban a la cabeza de la misma. Los tres oficiales que habían decidido colaborar con las autoridades estadounidenses habían suministrado información en el sentido de que la red era tan compleja que no sólo se movía como pez en el agua en el aeropuerto sino que habían montado en las zonas aledañas una serie de talleres donde se fabricaban las caletas que posteriormente se montaban dentro de las aeronaves.
A medida que avanzaba la investigación los agentes encubiertos fueron atando los cabos de una compleja organización que llevaba varios años operando en los hangares de la FAC. Estaban divididos en dos grupos. El primero tenía a su cargo meter la droga dentro de la aeronave de tal manera que no pudiera ser detectada en las inspecciones de rutina. El segundo grupo operaba en talleres que fueron montados en las zonas aledañas al aeropuerto. Allí desarrollaron una sofisticada técnica, que consistía en diseñar paredes de doble fondo en los 'carros' que se utilizan para repartir la comida a bordo y los extintores para incendio. También adaptaban las bolsas de desagüe de los baños. Para los narcos estos accesorios de las aeronaves eran prenda de garantía por cuanto nunca son sometidos a una inspección en tierra.
Los tres oficiales también suministraron información en el sentido de que en la FAC operaban dos organizaciones que tenían claramente delimitado su espacio. Una de ellas se encargaba del manejo y envío de coca y la otra tenía bajo su responsabilidad el negocio de la heroína. Las dos, según los informantes, trabajan en llave con mecánicos, aforadores y varios oficiales adscritos a la agencia de compras.

La distribución
El otro tema que inquietaba a las autoridades estadounidenses era cómo operaba la organización una vez llegaba la droga a la Florida. Los oficiales de la FAC tenían la respuesta. Allí la labor era igual de compleja a la que se desarrollaba en los hangares del aeropuerto de Catam en Bogotá. Según los informantes, la FAC tenía asignados 15 oficiales activos que manejaban la agencia de compras que tenía su oficina en el aeropuerto de Fort Lauderdale. De acuerdo con la información obtenida por los agentes gringos, todos ellos estaban implicados en el negocio. Una vez que la droga era desembarcada comenzaba a operar una red de distribuidores en el sur de la Florida, conformada en su mayoría por colombianos y cubanos, quienes se encargaban de negociar una parte en Miami y otra era enviada hacia Nueva York y Los Angeles.
Con los nombres suministrados por los tres informantes las autoridades estadounidenses desplegaron otra operación para seguirle la pista a los distribuidores. Todavía no se conocen oficialmente los resultados de la misma, pero desde hace más de dos meses agentes encubiertos tienen a su cargo esa misión.
Los informantes no sólo se limitaron a entregar datos de la organización que se tomó a la FAC. También aportaron los nombres de más de una docena de oficiales activos que hacían parte del negocio. SEMANA estableció que desde la semana pasada la Fiscalía General de la Nación ordenó una investigación patrimonial a una serie de oficiales de la FAC con el fin de establecer si hay o no enriquecimiento ilícito. De igual manera las agencias de inteligencia colombianas tienen a su cargo localizar los talleres en los cuales se camuflaba la droga y hasta ahora cerca de 10 personas están siendo sometidas a una rigurosa investigación. Por lo pronto se tiene establecido que la coca era adquirida en el Llano y que no pertenecía a ningún cartel sino que la propia organización que operaba dentro de las instalaciones de la FAC negociaba directamente con los distribuidores de cocaína y heroína.
La detención del Hércules en la Florida es apenas la punta del iceberg de una compleja organización que tiene en el banquillo a la FAC. Ahora el turno es para la Fiscalía, que tendrá a su cargo la investigación para establecer hasta dónde llegaban los tentáculos de esa red de narcos. ¿Qué tan comprometida podría estar la oficialidad de esa institución y por qué razón el día en que salió el avión de Catam el circuito cerrado de televisión para la vigilancia estuvo fuera de servicio? ¿Por qué los perros rastreadores no encontraron la droga y por qué varios de los oficiales de turno no estaban a esa hora en sus sitios de trabajo? No será tarea fácil pero el país queda a la espera de la solución de muchos de esos interrogantes, en especial porque a la FAC se le conoce con el remoquete del 'cartel azul'.
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