Sábado, 21 de enero de 2017

| 1983/12/19 00:00

LOS DELFINES

¿Se han convertido los hijos de los ex presidentes en una institución en el país.?

LOS DELFINES

Es una institución única en el mundo: la democracia hereditaria. O por lo menos así parecen considerarlo los millones de colombianos que ven, entre familiarizados e incrédulos, cómo los hijos de los presidentes comienzan a figurar en la vida pública siguiendo los pasos de sus padres.
Históricamente este fenómeno se había registrado siempre en el país. Gran parte de los presidentes del siglo pasado tenían vínculo de consanguinidad con alguno de sus antecesores en el cargo.
En este siglo, la tradición siguió personificándose en cuatro familias; la de los Ospina -que puso 3 presidentes- la de los López y los Lleras, con dos cada una, y la de los Gómez, con uno y medio. A estas cuatro dinastías tradicionales, se les agregó más adelante una nueva, la del general Rojas Pinilla. El fenómeno dinástico llegó a su máxima expresión en las elecciones de 1974, cuando -caso insólito en el mundo de las democracias- tres hijos de antiguos jefes de Estado se enfrentaron por la presidencia de la república. Alfonso López, Alvaro Gómez y María Eugenia Rojas buscaron el bis presidencial para sus familias, y lo ganó el primero.
El fenómeno del delfinato, que pareció haber encontrado su máxima expresión en este episodio, se ha intensificado a partir de entonces, hasta el punto de que hoy los colombianos cuentan con no menos de ocho herederos que aspiran a ocupar puestos preminentes en la vida nacional.

TIPOLOGIA DEL DELFIN
En la actualidad, los delfines son toda una institución nacional. Ser delfín es casi un título o un cargo, hasta el punto de que en días pasados el gobierno consideró la posibilidad de otorgarles un pasaporte especial a los hijos de ex presidentes en un gesto de reconocimiento similar al que se tiene con los diplomáticos.
Así como en la Edad Media las familias reales disponían que uno de sus miembros debía ocupar el trono, otro ir al Ejército y otro a la Iglesia, de la misma manera se podría decir que hoy día en Colombia existen papeles prestablecidos para cada uno de los hijos de un presidente. La tendencia general parece ser que unos vayan a la política, que otros se dediquen al periodismo, y que otros se coloquen al margen del sistema.
De los delfines políticos, actualmente hay dos en el Congreso, uno en el Concejo de Bogotá, y alrededor de media docena que aspiran a dedicarse de tiempo completo a la política.
En el Congreso están Mariano Ospina Hernández, hijo de Ospina Pérez, Ignacio Valencia López, hijo de Guillermo León, y ha estado Consuelo Lleras de Samper, hija de Lleras Camargo. Esta cifra podría ascender, si se incluye en ella a Daniel Mazuera Gómez, representante a la Cámara, quien sin ser sucesor en linea directa (es nieto de Laureano y sobrino de Alvaro), es quien se perfila como el verdadero heredero de la casa Gómez.
En el Concejo está Andrés Pastrana Arango, el segundo hijo de Pastrana Borrero, y ya se lanzó la candidatura oficial de Diego Betancur, único hijo hombre de Belisario. Además han sonado como posibles aspirantes para esta corporación Alfonso López Caballero, Julio César Turbay Quintero y Samuel Moreno Rojas.
La segunda opción para los delfines es el periodismo. En esto se continúa con una vieja tradición colombiana, que vincula estrechamente esta actividad con la política. Eduardo Santos, Ospina Pérez y Laureano Gómez fueron fundadores de periódicos; Alberto Lleras y Alvaro Gómez han sido dos de los grandes periodistas de su generación; Carlos Lleras es en la actualidad director de su propia revista, y de una u otra forma, casi todos los presidentes han alternado la política con las letras. Si antes por lo general estas dos actividades confluían, hoy, en cambio, parecen excluirse.
Con la excepción de Andrés Pastrana, quien además de concejal es director de noticiero, los delfines periodistas parecen cederle la gloria de las plazas públicas a sus hermanos. Son directores de medios Felipe López -SEMANA- Juan Carlos Pastrana -Guión- Rodrigo Ospina -La República- Andrés Pastrana -TV Hoy- y Mauricio Gómez -24 Horas- . Indirectamente, podría incluirse en esta lista la nueva generación de los Santos, sobrinos-nietos del ex presidente liberal. Uno de ellos, Enrique, tuvo en el pasado su propia revista -Alternativa- e hizo política en la izquierda, y ha sido siempre columnista estrella de El Tiempo. El otro, Juan Manuel, quien ocupa la subdirección del periódico, es considerado un político en potencia por quienes lo conocen.
Si existen delfines, también existen delfinas. Dos de ellas han hecho carrera como tales: María Eugenia Rojas, la mujer que más lejos ha llegado en la política nacional, y Diana Turbay, la controvertida "mujer fuerte" de la administración de su padre.
La cuarta categoría podría denominarse la de los anti-delfines. Son personas cuyas vidas parecen diametralmente opuestas a las que su apellido les destinaba. Un hijo de Alberto Lleras es criador de perros; uno de López Michelsen estudia en Australia; una hija de Alvaro Gómez es directora de un kinder.

LA GOTA DE MAS
Aunque la mayoría de estas figuras venían actuando de tiempo atrás, y la opinión pública registraba su presencia como fenómenos aislados, en los últimos días una serie de hechos hicieron que el tema saltara sobre el tapete percibido más en términos de problema institucional que de casos individuales. La confluencia en un mismo mes de tres eventos independientes, hizo patente esta situación.
Por un lado, corrieron rumores de que en mitaca las listas oficiales de cada corriente estarían encabezadas por el respectivo delfín. Aunque de estos nombres sólo fueron confirmados los de Andrés Pastrana y Diego Betancur, el hecho de que las dinastías se afianzaran ya no sólo a nivel de partido sino también de facciones, parecía excesivo.
Por otro lado, se dio la adjudicación de los noticieros de televisión, que incluía tres hijos de ex presidentes. La gota que colmó la copa fue el otorgamiento de pasaporte diplomático vitalicio para ellos. Si bien los episodios de las listas y de la televisión eran debatibles en términos de mérito personal y profesional, el caso de los pasaportes tenía claros visos de casta privilegiada.

EL REINO DE FLIPPER
La tónica con que fueron recibidos estos eventos por la opinión pública reflejaba un cambio en la actitud de ésta frente a la repetición de apellidos en la política nacional.
En la sociedad patriarcal y cerrada del pasado el bipartidismo era el pilar incuestionado de la vida nacional, y sus grandes jefes dejaban huella en una generación entera. Este fue el caso de López Pumarejo y Laureano Gómez, quienes eran reconocidos como padres y líderes naturales por sus respectivas colectividades.
A este consenso que existía sobre la bondad de la clase dirigente, se sumaba el hecho de que los herederos ganaron peso propio. Las carreras políticas de López Michelsen y Gómez Hurtado se debieron no tanto a una tradición heredada como a que lograron obtener una legitimidad con base en méritos personales.
Hoy en día, los partidos políticos tradicionales y la clase dirigente han vivido un paulatino deterioro de su prestigio. De ahí que, al no haber consenso en torno al esquema político, menos puede haberlo sobre la imagen de que éste se perpetúe por la vía hereditaria.
Otro factor que pesa en contra del delfinato es la proliferación de sus representantes. Son tantos, que prácticamente no hay ninguna corriente política en el país donde no haya un delfín que se esté abriendo camino. Quizá si no estuvieran actuando simultáneamente no despertarían tantas reticencias. Para el ciudadano común es difícil discernir entre los méritos propios que puedan tener y los que han heredado. Mauricio Gómez es sin duda un buen periodista; nadie le niega a Diego Betancur que su vida ha sido consecuente con su inconformismo, y seguramente se les podrían enumerar virtudes a los demás. Sin embargo, la gente los percibe en montonera, y los considera, primero que todo, delfines.
A los colombianos, que siempre se han sentido incómodos con el síndrome de "los mismos con las mismas", la intensificación del delfinato sin duda les deja un mal sabor.
LOS ANTI DELFINES
Lo opuesto a un delfín es un antidelfín. Se caracteriza por romper bruscamente la tradición, ejerciendo profesiones u oficios completamente opuestos a los que han distinguido su medio familiar. El anti-delfín, por lo general, detesta la política, pero es difícil que le sea indiferente.
Tres de los más caracterizados anti-delfines colombianos son Alberto Lleras Puga, María Mercedes Gómez de MacAllister y Fernando Lleras de la Fuente. SEMANA resume en las siguientes líneas algunas de las más espectaculares facetas de su personalidad:
ALBERTO LLERAS PUGA
Hijo de Alberto Lleras Camargo y Berta Puga de Lleras, la sola mención de su nombre electriza a quienes por unos instantes lo confunden con su famoso padre. Hace 19 años está casado con la cantante Matilde Díaz, con quien comparte una gran afición por la música. Con ella canta frecuentemente a dúo, acompañándola con la guitarra. Es, además, un excelente bailarin. Tiene un grado en "Animal Husbandry" (zootecnia) en la universidad de Texas, que ha terminado aplicando en la cría de perros de cacería, que constituye su principal hobby. En los catálogos de perros figura como "criador permanente y confiable". Tiene una empresa de turismo dedicada al nada común oficio de organizar tours de extranjeros que vienen al país a cazar especies avícolas, entre las cuales están las perdices y las palomas. Pero él, dos o tres veces al año, también forma parte de tours de cacería en el extranjero; recientemente llegó de España, donde rompió un record mundial en la cacería de gamos. También es experto en la caza de leones y de cabras.
Tiene la particularidad de que dispara con la izquierda, y quienes conocen su temperamento apolítico afirman que esta sería su única faceta política.
Practica también la fotografía, y posee varias cámaras profesionales. Es muy accesible y simpático, y tiene un gran parecido físico con su padre. Hace 17 años trabaja en el Banco Ganadero, como jefe de relaciones públicas.

MARIA MERCEDES GOMEZ DE MAC ALLISTER
El hecho de ser la única mujer de los tres hijos de Alvaro Gómez Hurtado y Margarita Escobar de Gómez la ha convertido, de cierta manera, en la consentida de su padre, aunque son escasas las aficiones que tienen en común. María Mercedes, casada, con dos
hijos, estudió pedagogía infantil en la Universidad Pedagógica, y hace seis años fundó un kinder, "Mi pequeño mundo", en el que viene aplicando sofisticadas técnicas educativas. Quienes la conocen afirman que es tremendamente ejecutiva y muy autoritaria. Rara vez habla de política. No es una lectora fanática, le gusta mucho jugar a las cartas, es muy amiguera. Durante las últimas semanas ha estado dedicada a aprender a operar un computador, con el que próximamente aspira a manejar su kinder.

FERNANDO LLERAS DE LA FUENTE
Hijo de Carlos Lleras Restrepo y Cecilia de la Fuente, Fernando tiene 7 títulos universitarios; para conseguir un octavo, en Derecho, tan solo le falta hacer un curso de derecho penal.
Casado, con 3 hijos, tiene una oficina de asesorías financieras, legales y económicas. Pero su verdadera afición está en la música. Toca piano, guitarra, y compone baladas, generalmente en francés, que sólo conocen los más íntimos de sus amigos. Es socialmente tímido, posee muy buena expresión verbal. Fue vicepresidente financiero para America Latina del Círculo de Lectores, y en la actualidad es presidente de Aexandes, ya que la académica es otra de sus pasiones. En cierta oportunidad un escrito suyo de corte literario apareció publicado en "Nueva Frontera", publicación que dirige su padre, bajo el titulo "Historia de Frank Lloyd Fountain". Muy pocos se dieron cuenta de que entre el nombre del protagonista y el de Fernando Lleras de la Fuente existía una sospechosa coincidencia. Y aunque algunos sostienen que posee aspiraciones políticas, casi nada en su estilo de vida parece confirmarlo.

LA NUEVA CAMADA
Aun cuando ya hay varios hijos de ex presidentos colombianos actuando en política, los nombres de cuatro de la misma generación están siendo barajados en la actualidad por ser los que más expectativa despiertan en la opinión pública. De ellos hace SEMANA unas breves semblanzas:

DIEGO BETANCUR ALVARES
Diego Betancur Alvarez, agrónomo de 34 años hijo del actual Presidente, acaba de lanzar su candidatura al Concejo de Bogotá, como cabeza de las listas de un partido maoísta. el MOIR. Abnegado y obstinado militante de izquierda, su vida de delfín ha transcurrido lejos del palacio de San Carlos. Ha convivido con los obreros de los ingenios del Valle, con los inquilinos de los barrios del sur de Bogotá e incluso, por un par de días, con los presos de La Modelo.
Pese a sus permanentes y sonoras críticas al gobierno, dice que mantiene excelentes relaciones personales con su padre, basadas en largas horas de desapasionada discusión política y apasionados juegos de ajedrez. Pese al esquematismo con que hace sus planteamientos políticos, no se descarta que dé una sorpresa en mitaca, manejando una fórmula altamente favorable: la combinación de su inconformismo con la popularidad de su padre.

JULIO CESAR TURBAY QUINTERO
Abogado javeriano de 35 años de edad. Posee muchos de los atributos de su padre. Sereno, cordial, algo trascendental, se expresa lenta y pausadamente, desconcertando a muchos y haciendo pensar a otros que es un lobo con piel de oveja. Respira política por todos los poros. Tanto él como su esposa, Marta Noguera, han hecho política por Cundinamarca durante varios años, y pertenecen a varios concejos; Su estrategia política es la de proyectarse como un hombre preocupado por los problemas del municipio y su plataforma para este propósito es el C.l.E.N. (Centro de Investigación de Estudios Nacionales), que dirige. Considera que 1984 no es su año y piensa aplazar sus aspiraciones de ingresar a las corporaciones públicas. En su opinión, "se puede hacer política sin estar en las listas o en la burocracia". Aun cuando es conocido y apreciado en las zonas en las que actúa políticamente, es víctima ante el grueso público del sentimiento anticlientelista reinante que muchos consideran herencia del anterior gobierno.

ANDRES PASTRANA ARANGO
Abogado rosarista, 29 años. Sin duda alguna es el más precoz de los delfines. Desde los 16 años comenzó a ser conocido nacionalmente como el organizador de caminatas para causas nacionales, durante la presidencia de su padre. Gran relacionista público y trabajador infatigable en sus actividades políticas. Además de ser actualmente concejal por Bogotá es director del noticiero "T. V. Hoy", considerado de un alto nivel profesional, no obstante su celo pastranista. Ha confirmado que será cabeza de lista en las próximas elecciones para el concejo y se da por descartado que hará campaña para el Congreso en las próximas elecciones parlamentarias. Es políticamente el más poderoso de los delfines, pero su posición se le atribuye fundamentalmente a la preminencia de su padre.

ALFONSO LOPEZ CABALLERO
Economista de 39 años. Tímido, displicente, distante, evoca inmediatamente la personalidad de su padre. Hombre de conocimientos enciclopédicos, maneja un humor negro que con frecuencia desconcierta a sus interlocutores. No ha tenido, hasta el momento, ninguna participación directa en la política. Su actividad en este campo se ha limitado a recorrer, por diferentes motivos, todo el territorio nacional. Admirado por las personas que lo conocen es prácticamente desconocido por la opinión. Esta falta de trayectoria política ha hecho que los rumores sobre su ingreso a la misma hayan sido recibidos en términos generales con indiferencia o frialdad.

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