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| 6/12/2015 11:00:00 PM

Los días cruciales del proceso de paz

La primera consecuencia de la cruenta ofensiva de las FARC de esta semana es que ya no solo el uribismo, ahora la Unidad Nacional, piden replantear el proceso de La Habana.

Se ha dicho que la paciencia de los colombianos con la guerrilla de las FARC tiene su límite. El proceso de paz de La Habana está a pocos meses de cumplir tres años, y aunque se han producido acuerdos históricos entre gobierno e insurgencia, la firma del pacto definitivo que ponga fin a más de medio siglo de conflicto armado, parece que no está tan a la vuelta de la esquina.

Por el contrario, cada vez se extrañan los gestos de paz de la guerrilla, y a cambio, mientras los jefes subversivos negocian en Cuba, en el territorio colombiano sus hombres incrementan sus acciones criminales.

Después de la semana más cruenta de las FARC desde que suspendieron los cinco meses de tregua unilateral, se incrementan las voces de quienes creen que esa paciencia ha llegado a su límite. Y es que ya no solo es el uribismo, acérrimo crítico del proceso, el único que pide mano fuerte al presidente Juan Manuel Santos. En la Unidad Nacional también coinciden en que es el momento de ponerle mayores condiciones a la guerrilla, e incluso suspender las negociaciones, sin levantarse de la mesa.

Ocho ataques terroristas en menos de 24 horas, el ensañamiento contra la infraestructura eléctrica y petrolera, cinco departamentos agobiados por esta escalada terrorista, y lo peor, el vil asesinato del coronel de la Policía Alfredo Ruiz Clavijo, comandante del Primer Distrito de Policía en Ipiales, Nariño, y un patrullero de la Policía, no solo generaron rechazo e indignación, sino que han puesto en jaque el futuro del proceso de paz.

Por lo menos así lo piensa uno de los senadores santistas, Armando Benedetti (la U), quien considera que tras esta cadena de episodios “ya es hora de que el presidente Santos le ponga el pecho a este tipo de situaciones, ya sea para destrabar el proceso de paz o para acabarlo”.

Es la primera vez que congresistas de la coalición de gobierno contemplan decisiones tan extremas. Mauricio Lizcano, también de la U,  cree que el asesinato a manos de las FARC del coronel Ruiz, sumado a los últimos actos terroristas, “obligan al Gobierno a darle un giro a los diálogos de Paz”.

El viernes, antes de que se produjera el asesinato del oficial de la Policía en Nariño, el presidente del Congreso, José David Name, dijo que de producirse otro hecho violento por parte de las FARC habría motivo suficiente para levantarse de la mesa.

Los liberales, aliados incondicionales del presidente Santos, le pidieron al mandatario “definir términos y criterios” para continuar con el proceso de paz. La senadora Sofía Gaviria, codirectora del Liberalismo, dice que el proceso de negociación de La Habana está pasando por una crisis. “No vemos verdaderos hechos de paz de parte de la guerrilla. Las Farc están cometiendo los mismos delitos de hace 50 años”, dice. Incluso, el senador Juan Manuel Galán asegura que el partido respaldará al presidente Santos si su decisión es la de levantarse de la mesa.

Son posiciones que, incluso, se acercan a las del expresidente Álvaro Uribe. El expresidente consideró que hoy el gobierno debería pensar en suspender el diálogo pero sin levantar la mesa, e insiste en poner como condición la concentración de guerrilleros en una zona del país, y el cese unilateral de actividades criminales, como requisito para reanudar el diálogo.

El Partido Conservador también se pronunció en el mismo sentido. Su presidente, el congresista David Barguil aseguró: “presidente Santos, llegó la hora de suspender los diálogos hasta que haya un compromiso serio de las FARC. (…) No se puede permitir que las FARC manejen la agenda y los tiempos del proceso de paz”.

Pero también hay quienes por encima de estos hechos, que todo el país ha condenado, dicen que se debe mantener la esperanza de alcanzar la paz. Roy Barreras, presidente del partido de La U, y presidente de la comisión de paz del Senado, antes de exigir posturas al gobierno, clamó por poner fin a la guerra. “De coronel en coronel, de policía en policía, de guerrillero en guerrillero, de campesino en campesino, van 230.000 muertos. Hay que parar la guerra”.  

“Cómo más habrá que explicar a las FARC que con su estupidez criminal no consiguen más acuerdos ni concesiones, sino más rechazo y dureza”, consideró la senadora Claudia López. Y es que la guerrilla, con esta escalada, no solo aumenta el escepticismo de los colombianos en torno al proceso de paz, sino que además parece poner en aprietos al presidente Santos, pues desde todos los sectores políticos lo presionan con ponerle un ultimátum a ese grupo guerrillero.

La próxima semana está previsto que inicie un nuevo ciclo de negociaciones en La Habana. Sin embargo, esta nueva ronda está amenazada por la incertidumbre. El presidente Santos tendrá días cruciales para tomar decisiones.
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