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| 3/17/2015 9:40:00 AM

Los efectos colaterales del Estéreo Picnic

Aunque hubo drogas y alcohol de contrabando, no hubo peleas ni accidentes graves. Transporte y seguridad fueron las mayores quejas.

Más allá del guayabo y la sordera, vale la pena hacer un repaso sobre las quejas más recurrentes: transporte, parqueaderos, seguridad y primeros auxilios.
 
Con el riesgo de caer en cualquier generalización, se puede decir que el balance general de la sexta edición del Festival Estéreo Picnic (FEP) fue positivo. Pese a las quejas por la altura de los artistas que vinieron frente al año anterior, cada año gana más nombre, espacio y prestigio. Frente al año pasado, el espacio del festival pasó de 60.000 metros cuadrados a 90.000. En cuestiones de público, el cambio no fue sustancial frente al año anterior: un aproximado de 55.000 personas ingresaron durante los tres días de las ediciones 2014 y 2015.

Aunque puede aparentar lo contrario, según Julian Martínez, director del FEP, aún quedan grandes desafíos en términos de rentabilidad. “El mayor reto para el próximo año es aumentar la asistencia por lo menos en 30 % y los ingresos por patrocinios en 20 % para que podamos mantener el modelo de costos e inversión en artistas, demostrar que el negocio es sostenible en el tiempo y alcanzar la hasta ahora muy esquiva rentabilidad”.

Transporte

“No es un misterio que en Bogotá no existe un lugar con suficientes vías de acceso para recibir y sacar a 25.000 personas en un mismo día sin traumas, trancones y largas filas de espera”, dice a Semana.com Julián Martínez. A pesar de que el evento es en las afueras de la ciudad y que se puede llegar al mismo por dos vías principales de la ciudad (la séptima y la autopista), los trancones son el dolor de cabeza de la mayoría de asistentes.

“El lugar más apto sigue siendo el Parque Simón Bolívar, pero allá no podemos lograr el ambiente mágico y de fiesta que requiere el Estéreo Picnic”, agrega Martínez. Esto debido a que el Distrito no permite que los eventos se extiendan hasta las 3 a. m. como funciona este festival (en el Simón Bolívar no se puede tocar después de las 10 p. m.). “Tampoco se permite el consumo de licor y no dejan usar el parque libremente para plantear la distribución de escenarios y servicios del festival a nuestro antojo. El Distrito deberá cambiar estos tres importantes puntos para que lleguen al parque otros grandes festivales que nosotros tenemos planeado realizar en el futuro próximo en Bogotá”, dice Martínez.

Según los organizadores, a lo largo de las últimas tres ediciones se ha construido un parqueadero que hoy puede albergar más de 2.000 carros, lo cual resulta un avance significativo aunque aún no sea suficiente.

El tema del transporte en esta ocasión fue especialmente coyuntural por el bloqueo que hicieron varias decenas de taxistas el jueves 12 de marzo, primer día del evento. Martínez aclara que se hizo a un “convenio con Smart Taxi y la controvertida Uber y se les asignaron unas zonas amplias y una entrada especial para su funcionamiento y facilitar la llegada y la salida de otros asistentes al festival”.

Seguridad

Otra de las quejas recurrentes está relacionada con los robos adentro del evento. “Este sí que es un tema muy complejo, pues aunque los controles sean muy estrictos en el perímetro, el ladrón siempre tendrá la opción de invertir en una boleta para entrar a robar”.

Como en muchas situaciones, los ladrones se aprovechan de las multitudes para hacer el famoso cosquilleo y sacar de los bolsillos circundantes celulares o billeteras. “Si alguien paga 300.000 pesos por la boleta de un día, y en ese día se roba seis celulares de última generación, pues sigue siendo un negocio bastante rentable”, reconoce Martínez.

Esto, sumado a que muchos asistentes están eufóricos, inquietos y estimulados, hace que el trabajo de los delincuentes sea aún más fácil. Semana.com conoció algunos casos de hurtos, la mayoría de ellos se dieron en el último evento de la noche, en particular en los conciertos de Skrillex, Major Lazer y Calvin Harris.  

“El festival no puede bajar la guardia en el perímetro en materia de seguridad, pero a su vez, el público debe ser el principal actor frente a los ladrones cuidando sus objetos personales. La recomendación es llevar sólo lo necesario, usar el servicio de lockers que presta el festival y denunciar a quienes vean robando”, concluye Martínez sobre este punto.

Alcohol, drogas y primeros auxilios

No es un secreto que en estos festivales se mueven varias sustancias alucinógenas. Los riesgos están principalmente en las drogas adulteradas. Los organizadores son conscientes de los peligros que esto genera. En esta oportunidad, el festival contó con "cuatro puntos de atención estratégicamente ubicados, además de tres ambulancias medicalizadas (una por escenario) y dos máquinas de bomberos. Estos recursos son costosos y actualmente son más de lo que las entidades nos exigen, pero creemos firmemente que en estos temas es mejor no escatimar", explica Martínez.

En cuanto al tema del aguardiente de contrabando, Martínez sugiere evitar su consumo, pues no hay control sobre lo que se está vendiendo. Más de 4.000 personas trabajan diariamente en los distintos frentes del festival, por lo que no es extraño que a través de algunos de ellos las botellas lleguen al medio de los conciertos.

Ante todo se debe destacar que en las seis ediciones del festival no se han registrado peleas entre los asistentes. Tampoco se han reportado accidentes graves ni muertes. “Creo que esto habla muy bien del público que siempre demuestra una actitud de total empatía y civismo hacia los demás asistentes”, dice Martínez.

“Uno no puede saber cómo llega la persona ni qué consume, pero sí podemos apoyarlos en que si van a consumir, lo hagan de manera responsable. Para eso estaba la ONG Acción Técnica Social y su programa ‘Échele Cabeza cuando se dé en la cabeza’”, anota Eugenio Chahín, jefe de prensa del Festival. (Ver: “Somos el último eslabón antes del consumo”)

El programa de esta organización busca  generar y difundir información sobre Sustancias Psicoactivas (SPA) para la reducción de riesgo y mitigación de daño. “Es entonces una estrategia que como Proyecto estimula una cultura de la gestión de riesgo y placer, sin importar si se habla de sustancias legales, ilegales, comportamientos sexuales o hábitos de rumba”, según las palabras de los miembros de este equipo.

Basuras

En este punto, vale la pena recordar que gran parte de la labor está en el civismo de los asistentes. Hubo 22 locales de comida operando más de ocho horas diarias durante los tres días del festival y, sumado a la venta de licor, las cantidades de residuos que se generan son masivas.

“Tenemos canecas para dividir el material entre orgánico y reciclable en el festival intentando educar al público que nos ayude con esta gestión a través de mensajes en las pantallas de todo el evento. Con esto intentamos que el reciclaje empiece en el público emisor de la basura”, dice el director del Festival.


Twitter: @MiguelReyesG23

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