Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2015/08/22 22:00

Empresarios se lanzan a la política

Como nunca antes altos ejecutivos decidieron ser candidatos en las próximas elecciones. ¿Quiénes son y qué posibilidades tienen de ganar?

Los empresarios en Colombia siempre han hecho política tras bambalinas. Sus aportes a las campañas han llegado a ser decisivos y muchas de las políticas locales o regionales están inspiradas en sus ideas.

Pero esa tendencia está cambiando. Algunos saldrán del clóset en las elecciones para alcaldes, gobernadores, concejos y asambleas del 25 de octubre próximo y se presentarán como candidatos. Se asoman aspiraciones de empresarios que quieren llegar a lo público con hojas de vida repletas de logros y reconocimientos, y cuya principal bandera de gobierno es acabar con la corrupción y la politiquería, modernizar la administración pública, hacer una eficiente gestión de gobierno y estrechar los lazos público-privados.

El caso más notorio es el de la familia Char, que desde hace dos décadas tiene una inmensa influencia en el Atlántico. El gestor de semejante emporio político-empresarial es el exsenador Fuad Char.

La familia Char es dueña de la cadena de almacenes, droguerías y supermercados Olímpica, al igual que otras empresas como Serfinansa, Laboratorios Best, las emisoras radiales de la cadena Olímpica, constructoras y también son propietarios del Junior de Barranquilla.

Ese músculo financiero le ha servido para hacerse notar en la política: Fuad ha sido ministro, senador y gobernador y se dio el lujo de pasarle la curul en el Congreso a su hijo Arturo Char en 2014.

Desde 2008, la familia Char pone el alcalde de Barranquilla. Alex –hijo de Fuad– fue el mandatario entre 2008-2011; después llevó a Elsa Noguera, y ahora Alex quiere repetir. Y lo está haciendo con tanta ventaja que las encuestas lo dan como el seguro ganador, con un 90 por ciento de favorabilidad.

Es tan inmenso el favorecimiento electoral de la familia Char en la costa Caribe, que están exportando su modelo político a otros departamentos donde afinan alianzas para impulsar alcaldes y gobernadores en toda la región.

El paso del sector privado al público es también la meta de Maurice Armitage en Cali. Este empresario con nombre extranjero –pero que es más caleño que “el pandebono y el chontaduro” como él mismo afirma– se hizo conocer a nivel nacional por su ejemplo de perdón y reconciliación. Perdonó a su secuestrador que era su mayordomo, le pagó el abogado para que lo sacara de la cárcel y mientras estuvo en prisión le sostuvo económicamente a la familia.

Antes de darse a conocer por ese gesto, Armitage causaba roncha entre sus colegas por ser un empresario “políticamente incorrecto”. La razón: desde hace varios años viene sembrando en su empresa Siderúrgica de Occidente (Sidoc), el principio de redistribución de utilidades con todos los empleados y de manera equitativa sin importar el cargo y rango salarial. “La plata la debemos hacer con el capitalismo, pero la debemos gastar con el socialismo”, dice Armitage quien también es socio de compañías como Laminamos SAS, Cementos San Marcos y el Ingenio de Occidente.

Hoy, poderosos cacaos de la capital del Valle como César Caicedo, Alfredo Carvajal y Ernesto de Lima apoyan su candidatura avalada por firmas. “Armitage es el consentido de los gremios caleños y el único candidato que les ofrece la tranquilidad para continuar por la senda de recuperar la gobernabilidad de una ciudad que en el pasado fue duramente golpeada por escándalos de corrupción”, dijo un líder de la ciudad.

Claro que otra parte de los empresarios y cacaos del Valle también están con Roberto ‘el Chontico’ Ortiz, un hombre que se hizo a pulso desde los 11 años vendiendo periódicos, verduras y chance, hasta convertirse en el empresario de las apuestas más importante de Cali y el Valle. Él y su familia son socios de Gane, que maneja apuestas, pago de servicios, facturas y es aliado de 4-72, entre otros. Pese a generar más de 3.000 empleos, de haber sido presidente de la plaza de toros Cañaveralejo y senador, “una parte de los cacaos del Valle no quieren verme como empresario, porque no nací en una cuna de oro. Sin embargo, Álvaro Correa, dueño del Ingenio Mayagüez, Jorge Garcés, de la Constructora Meléndez, y reconocidas líderes como Elsa Dorronsoro y Rosita Jaluf de Castro me acompañan”, dijo Ortiz a SEMANA. “El Chontico es el candidato que quiere gobernar a Cali para todos, y no solo para los ricos o los pobres, porque Cali es una sola ciudad”, dijo un empresario cercano a esa campaña.

Tanto Armitage como Ortiz se han convertido en una amenaza a la candidatura del exvicepresidente Angelino Garzón, quien hasta hace unas semanas parecía imbatible.

En Antioquia, el caso más visible de un empresario lanzado a la política es el de Federico Restrepo, quien desde los años sesenta estuvo vinculado a la reconocida firma de consultoría Integral y se convirtió en un hombre de las entrañas del Grupo Empresarial Antioqueño (GEA). Restrepo comenzó a incursionar en la vida pública como secretario de Planeación en la Alcaldía de Sergio Fajardo (2004-2007), luego de lo cual saltó a la gerencia de Empresas Públicas de Medellín (EPM).

Aunque las encuestas no lo han favorecido en su actual intención de llegar a la Gobernación como carta de Fajardo, Restrepo cuenta con la aquiescencia de los ‘cacaos’ antioqueños, un factor decisivo en el panorama político paisa. Se ha rumorado incluso que en las elecciones de octubre, Restrepo podría recibir eventualmente apoyos del Centro Democrático (CD), partido del expresidente Álvaro Uribe, con quien se reunió hace un par de meses. En el escenario en el que la candidatura de Andrés Guerra Hoyos –candidato oficial del CD– no pegue, algunos uribistas podrían sumarse a la causa de Restrepo.

En Manizales, Luis Roberto Rivas, quien proviene de las entrañas de la casta empresarial del departamento de Caldas y ha cosechado triunfos y dolores de cabeza en el sector privado, está en la batalla por la Alcaldía.

Este abogado especializado en derecho comercial tiene el linaje empresarial en su sangre. Su padre Roberto Rivas Salazar hizo parte de aquella generación elite de Caldas que fundaron varias empresas en la región, a tal punto que Rivas padre fue presidente de Seguros Atlas y el mayor accionista del Banco de Caldas.

Y su hijo Luis Roberto siguió por esa senda en la aseguradora, comercializadora Disgosa S. A., y en la presidencia de la Cámara de Comercio de Manizales; pero en 1995 saltó a la arena política y fue elegido diputado a la asamblea del departamento.

Siempre fue visto como uno de esos políticos cívicos que luchaban contra las maquinarias del polémico yepo-barquismo en Caldas, pese a que él mismo era de estirpe conservadora. Esa pelea lo visibilizó y le permitió ser alcalde de Manizales en 2005 y aún lo recuerdan porque impulsó varias obras. Ahora es la carta de la unidad nacional en Caldas para palearle la Alcaldía a Adriana Gutiérrez, que es la ficha uribista en ese departamento.

Con Rivas sucede algo bien particular. Su mayor dolor de cabeza no es su legado como político, sino como empresario. Sobre su espalda carga el escándalo de Integramos S. A. un descalabro financiero por cerca de 9.500 millones de pesos que dejó 130 damnificados de la elite política y privada de Caldas. Y como entre esos afectados hay familiares de su rival política, desde luego le han sacado los trapos al sol.

Aunque solo en octubre se sabrá cuáles de estos y otros empresarios llegarán a la administración pública, es claro que este fenómeno puede tener puntos a favor y en contra. En Medellín, Bucaramanga, y en los últimos años en Barranquilla, el trabajo unido de empresa-Estado ha hecho que estas ciudades tengan unas dinámicas que les han permitido crecer más rápido y cerrar las brechas sociales. Sin embargo, la tentación de manejar lo público con criterios netamente privados o la tentación que pueden tener de apoderarse de los grandes negocios o empresas oficiales son una amenaza. El secreto está en encontrar ese equilibrio.

De la junta al Concejo

Mauricio Molano decidió saltar de la junta directiva de Productos Ramo a la política. Hoy es candidato al Concejo de Bogotá por el liberalismo.

En Bogotá existe el caso particular de un empresario que se la juega por trabajar en pro de la ciudad y de sus habitantes.

Es el economista Mauricio Molano Camacho, quien aspira al Concejo de la capital por el Partido Liberal, apoyando la candidatura de Rafael Pardo. Su notoriedad se debe, entre otras cosas, a que es miembro de la junta directiva de Productos Ramo y exgerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de la capital.

Sumado a esa trayectoria empresarial, no es menos lujosa la académica, ya que Molano Camacho cuenta con dos doctorados y múltiples títulos en universidades públicas y privadas de Colombia, Estados Unidos, Francia, Holanda, Perú y desde hace 30 años preside la Fundación Social Molano, donde lidera proyectos de emprendimiento en temas sociales.

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