23 noviembre 1987

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LOS EXILIADOS

Lo que está comenzando a suceder en Colombia constituye una pieza más del engranaje de la "guerra sucia". Con Daniel Samper, aumenta la lista de los amenazados que tienen que irse del país

El exilio político en América Latina es tan viejo como la política en América Latina. Se pueden rastrear antecedentes en las luchas de la independencia; antes aún, durante la Colonia, y probablemente haya casos más remotos en tiempos precolombinos.
En el siglo XX el fenómeno de los destierros, in
dividuales y masivos, debidos a razones políticas ha sido intenso, dramático, recurrente, y al mismo tiempo cambiante, en nuestro Continente.
Algunos organismos especializados en estos temas, como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), han estudiado las mutaciones que se han ido dando en las distintas épocas, especialmente en lo que toca a la composición social de exilio.
Así, por ejemplo, constatan que entre la década de los 30 y mediados de los 60 predomina el exilio individual, de las figuras políticas que se ven obligadas a abandonar sus países ante la persecución de los dictadores caudillistas y personalistas, ampliamente retratados por la literatura latinoamericana. (Lo cual no quiere decir, desde luego, que en ese período no haya habido algunos ejemplos de desterrados en masa, aunque esa no fuera la tónica principal).
Es la época de los exilios de personalidades muy destacadas como Rómulo Gallegos, fundador de Acción Democrática y presidente de Venezuela; de Juan Bosh, que escapa del terror del "benefactor" dominicano Rafael Leonidas Trujillo; de los líderes peruanos del APRA, perseguidos por la dictadura de Odría, como el cinco veces presidente de Ecuador, Velasco Ibarra; de los políticos liberales Carlos Lleras Restrepo y Alfonso López Michelsen que se refugiaron del régimen conservador en México y del ex presidente Laureano Gómez en España, derrocado por Rojas Pinilla.
En ese marco histórico se inscriben también los exilios de Fidel Castro y Ernesto "Che" Guevara en México.
El primero salido de las prisiones de Fulgencio Batista, tras el frustrado ataque al cuartel Moncada y el segundo procedente de la Guatemala que había caído en poder del coronel Castillo Armas. Aunque este último exilio tiene la particularidad de estar integrado por revolucionarios que viajarán clandestinamente a Cuba a desplegar una lucha armada que acabará con la dictadura batistiana, e instaurará el primer gobierno socialista del Continente.
La bota militar
A mediados de la década del 60, con la implantación de la doctrina de la Seguridad Nacional en varios países de América Latina, pero muy particularmente en Guatemala y Brasil, el exilio de personas individuales comienza a convertirse en exilio masivo, (del mismo modo que la vieja dictadura unipersonal comienza a transformarse en dictadura militar institucional).
Al arribo de los militares al poder en Brasil, en 1964, no sólo deben abandonar el país numerosos dirigentes políticos de primera línea, como el presidente derrocado Joao Goulart, o el líder socialdemócrata Leonel Brizola, sino un sinnúmero de militantes de izquierda y aún personalidades intelectuales de renombre universal como el científico social Celso Furtado o el educador Paulo Freyre, Para citar solamente a dos de los más renombrados.
El fenómeno se irá repitiendo, cada vez de manera más traumática y masiva, con los sucesivos golpes de estado de Bolivia (1971), Uruguay (1973), y, sobre todo, el de Chile en septiembre de 1973.
Casi todos estos exilios suramericanos estarán integrados mayoritariamente por cuadros políticos, académicos o profesionales, que integraron las administraciones depuestas o los partidos de izquierda.
El más vasto y significativo, en número, en repercusión internacional, en capacidad de organizativa y de denuncia, será el exilio chileno, que aún perdura.
Los exiliados del Cono Sur, además, tienen la particularidad de haber sufrido un exilio doble, triple o múltiple.
Un muerto
Suena el teléfono y pego un respingo. Miro el reloj. Nueve y media de la noche. ¿Atiendo, no atiendo? Atiendo. Es el comando José Rucci, de la Alianza Anticomunista Argentina.
--A ustedes los vamos a matar, hijos de puta.
--El horario de amenazas, señor, es de seis a ocho--contesto.
Cuelgo y me felicito. Estoy orgulloso de mí. Pero quiero levantarme y no puedo: tengo piernas de trapo. Intento encender un cigarrillo.
EDUARDO GALEANO "Días y noches de amor y guerra"

Inicialmente muchos de ellos aterrizaron en la Argentina Peronista de 1973, donde se habían recuperado las instituciones democráticas tras una de las múltiples dictaduras que han agobiado al país austral.
Pero pronto, demasiado pronto, en 1974, la persecución desatada por la Alianza Anticomunista Argentina, (Triple A), obligó a la mayoría a tener que buscar destinos más seguros.
La "guerra sucia" de la Triple A (ver SEMANA No. 278), no sólo diezmó a los opositores del régimen ultraderechista de María Stella Martínez de Perón y José López Rega, sino que también apunto contra los desterrados del Cono Sur. Hubo asesinatos y secuestros, y numerosos chilenos, brasileños y uruguayos fueron entregados por la policía argentina a los cuerpos represivos de sus respectivos países.
Esta política, que se inició con el asesinato en Buenos Aires del general chileno Carlos Prats y su esposa, a fines de 1974, fue ampliada en 1976 por la dictadura militar presidida por el general Jorge Rafael Videla. En esos tiempos iniciales del régimen militar fueron secuestrados y asesinados en Buenos Aires los parlamentarios uruguayos Héctor Gutiérrez Ruiz y Germán Micherin y el ex presidente de Bolivia, general Juan José Torres.

En todos estos casos tuvo una actuación decisiva la división de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal de Argentina, a cargo de los comisarios Antonio Gettor y Juan Gattel, a quienes --según denuncia del periodista asesinado Rodolfo Walsh-- respondían a órdenes directas del jefe de la Estación de la CIA en Argentina, Gardener Hathaway. En todos estos casos comenzó a llevarse a cabo lo que luego por muchos años, sería una práctica habitual: la coordinación de los Cuerpos de Inteligencia y Seguridad de estos países para capturar, asesinar o intercambiarse clandestinamente exiliados políticos.
La Triple A, que precedió al terror generalizado, llegó a asesinar unas 2 mil personas en un año y medio, y provocó el comienzo de un éxodo masivo en Argentina que algunos especialistas estiman cercano al medio millón de personas.
La similitud de este antecedente con el caso colombiano actual es evidente: los escuadrones de la muerte argentinos no se limitaron a asesinar guerrilleros, militantes de izquierda, abogados defensores de presos políticos y dirigentes humanitarios, sino que extendieron su amenaza a intelectuales, periodistas, escritores, artistas y cineastas de renombre; provocando, a finales de 1974, la salida del país de muchos de ellos.
La gran mayoría de los que se quedaron en ese momento tuvieron que emprender el camino del exilio en marzo de 1976, cuando se produjo el golpe de estado.
El éxodo incluyó a escritores como Antonio Di Benedetto, Oswaldo Bayer, Pedro Organdive, Humberto Constantin, Nué Jitrik, Daniel Moyano, Juan Carlos Martínez, Juan Hellman, Vicente Zitorema, David Viña; científicos como Rolando García, Marie Langer, Silvia Berman; historiadores como Rodolfo Puiggros; cineastas como Rodolfo Kuhn, Jorge Denti, Humberto Rios o Jorge González Videla; actores como Norma Aleandro, María Vaner, Héctor Alverio, o Norman Brisky; cantantes populares de la talla de Mercedes Sosa y muchos otros que habían contribuido desde posiciones destacadas o anónimas a una cultura nacional, que a fines de los 60 y comienzos de los 70, estaba en indudable ascenso.
Lo mismo que ocurrió con el destierro español, o con el uruguayo, que alejó de sus tierras a hombres como Eduardo Galeano, Mario Benedetti o Daniel Viglieti, el exilio de esa promoción brillante de la cultura argentina favorecio los planes de la dictadura militar, que quería suprimir el pensamiento crítico.
El resultado fue logrado con tan atroz eficacia que aún hoy, a 4 años de la caída de la dictadura militar, la cultura argentina está empobrecida y desarticulada por la represión padecida.

La torre de Babel
Pero el fenomeno no se reduce a la Argentina. En un momento determinado --entre mediados de los 70 y comienzos de los 80-- México, que ha sido confluente con su histórica política de asilo, parecía una curiosa Babel latinoamericana en la que podían encontrarse el ex canciller de Salvador Allende, Clodomiro Almeyda, con el ex presidente argentino Héctor Cámpora, el antiguo líder de las ligas agrarias de Brasil Francisco Juliao, el ex ministro de Jacobo Arbenz, Guillermo Toriello; el director de "Marcha" del Uruguay, Carlos Quijano y, porque no, en muchos momentos por su voluntad y en ciertas circunstancias a la fuerza, el mismísimo Gabriel García Márquez.
A comienzos de esta década, por fin, esa vieja y permanente realidad del exilio latinoamericano, adquirió una nueva modalidad: la de los refugiados en masa.
La "vietnamización" de Guatemala y El Salvador, con sus "aldeas estratégicas" y su política de "tierra arrasada", desplazaron de sus asentamientos tradicionales a miles de campesinos que en parte se reubicaron en nuevas zonas del propio territorio y en parte pasaron las fronteras huyendo de los gigantescos operativos militares primero y de una guerra sin fin, después. En México, solamente, hay 40 mil refugiados guatemaltecos, legalizados por el gobierno y amparados por el ACNUR, que en parte han sido reubicados en estados más alejados de la frontera con Guatemala.
Pero hay muchos miles más que viven como pueden, fuera del registro de las Naciones Unidas y de la Comisión Mexicana de Apoyo al Refugiado (COMAR). La mayoría no ha querido regresar a su país pese al establecimiento del gobierno civil de Vinicio Cerezo. También es incontable el número de salvadoreños que huyeron; México y lo utilizaron como tránsito hacia los Estados Unidos, donde comparten con mexicanos y con otro grupos latinos la dura suerte de los indocumentados.
Masivamente campesinos, en su gran mayoría integrantes de grupo étnicos que reconocen un origen pre colombino, los refugiados no cuentar con las defensas culturales, profesionales o técnicas que permitieron; buena parte de los exiliados suramericanos hacerse a un nuevo lugar bajo el sol para rehacer sus vidas y hasta para disponer de tribunas políticas sindicales, religiosas o periodísticas desde las cuales realizaron activas campañas de denuncias contra los gobiernos autoritarios que los obligaron a abandonar sus países de origen.
Si el exilio es duro para cualquiera, aún para el que logra recuperar su pasado y hasta ser reconocido en el extranjero, para estas legiones de verdaderos condenados de la tierra suele ser un infierno.
En cualquier caso, la existencia combinada y masiva de ambos grupos, revela hasta qué punto la democracia, la paz y la justicia social, siguen siendo quimeras en la mayor parte de nuestra América.

Colombia y el exilio
Lo que está comenzando a vivirse en Colombia, constituye una pieza más del engranaje del fenómeno de la "guerra sucia" en América latina. En el curso de los dos últimos meses --y concretamente a partir del asesinato del médico antioqueño Héctor Abad Gómez, cuando comienzan a circular en el país "listas de la muerte"-- se han ido de Colombia un número indeterminado de personas, que algunos calculan en más de un centenar.
Pero la cifra no es lo único que impresiona. Dentro de los que han tenido que salir no hay solamente militantes activos de la izquierda ni guerrilleros amnistiados. Hay también profesores universitarios, sacerdotes, médicos, artistas y periodistas.
Pero, ¿por qué se están exiliando los colombianos?
Porque se dan cuenta de que la cosa va en serio. Y de que, por lo menos a corto plazo, no existen los mecanismos para desenmascarar a los grupos paramilitares, según unos, "por la crisis total de la justicia", y según otros, "lo que es más grave, por falta de voluntad política".
¿Y quiénes son los colombianos que se están exiliando? Se exilian los que pueden. Y no necesariamente los que tienen con qué (como los ricos amenazados de secuestro que se van a Miami), sino aquellos que no están obligados a quedarse para que lo que hacen tenga sentido. No es el caso de los políticos. Estos no se pueden exiliar, aunque tengan con qué. Por eso Jaime Pardo Leal jamás se fue de Colombia, pudiéndose ir. Ni quiere irse Bernardo Jaramillo Ossa, aunque sepa que figura en las listas negras. Porque no tiene sentido hacer política por fuera, ni hay cómo hacerla. Raramente los gobiernos en el exilio funcionan. De modo que los que se exilian son los que, en la terminología de la "guerra sucia", pertenecen a la periferia: periodistas como Daniel Samper y Alberto Aguirre; profesores universitarios como Eduardo Umaña Luna y Carlos Gaviria; personajes de la farándula como Vicky Hernández.
Como lo escribiera el columnista de El Mundo, Humberto López López, "Antes los exilios los decretaban los gobiernos. Adquirían entonces un tinte político de muy buena presentación en el extranjero. Ahora la fuente de los decretos es diversa, y con pasamontañas. Quien los firma, no da la cara".
El columnista de El Tiempo, Enrique Santos Calderón, también tocó el tema. En su "contraescape" del 22 de octubre, afirma: "Si Barco asume el liderazgo activo que el país le reclama tendría que reclamar a su vez el respaldo de la llamada clase dirigente.
Para comprometerla en la defensa de la democracia y la convivencia civilizada entre colombianos. Porque mientras haya sectores civiles significativos que, desde la industria, las finanzas o la producción agrícola, se imaginen que la salida a la encrucijada nacional puede ser por la vía de la violencia política o el terror psicológico, entonces Colombia proseguirá su rumbo acelerado hacia el despeñadero final".

SEMANA le ha seguido la pista a los colombianos que, en virtud de haber aparecido en listas de la muerte o de recibir permanentes amenazas, optaron por el camino del exilio. Sin embargo, los nombres que publica SEMANA a continuación son apenas un botón de muestra. Existen muchos más colombianos por fuera del país, que no desean revelar su paradero, y hay otros tantos preparando maletas, que pidieron que sus planes se mantuvieran en secreto. Pero igualmente existen otros, no menos amenazados, que en la actualidad se encuentran fuera del país, pero que, localizados por SEMANA, manifestaron su determinación de regresar apenas cumplan con algunos compromisos profesionales. En este último caso se encuentra la actriz de teatro Patricia Ariza, actualmente de visita en Moscú y participando en el Festival Mundial de Teatro. El presidente de Fecode, Abel Rodríguez, que se encuentra en Lima, en un congreso de educación. Y el columnista Antonio Caballero, que viajó a Sevilla a un congreso de intelectuales latinoamericanos, y que prepara su regreso a Colombia para los próximos días.
Interrogado por SEMANA, Caballero dijo: "Cuando el exilio se presenta --como ahora en Colombia-- no como consecuencia de un régimen dictatorial, sino como resultado provisional de una etapa de guerra sucia, existe siempre el peligro de que los exiliados vuelvan".
Colombianos en el exilio
Daniel Samper Pizano 42 años
Para el conocido columnista de El Tiempo, las amenazas anónimas no son nada nuevo. Comenzaron hace 22 años, cuando empezó a ejercer el periodismo. Entonces las tomó como gajes del oficio, pues había escogido una de la especialidades más susceptibles de hacer enemigos: la del periodismo investigativo. Sin embargo, nunca hasta ahora había tenido necesidad de tomar las amenazas tan en serio. En esta oportunidad todo comenzó con llamadas que coincidieron, según le informó Samper a SEMANA, con la renuncia del ministro José Manuel Arias Carrizosa. Le hacían permanentes llamadas a la casa y al periódico. El contenido era el mismo: o se iba, o lo mataban. Y luego comenzaron las cartas y los telegramas que le llegaban a la casa. El último telegrama lo recibió el día del entierro de Jaime Pardo Leal. En él lo amenazaban porque todavía no se había ido. Aprovechando entonces que tenía planeado un viaje a España para noviembre, le aconsejaron anticiparlo. Hasta el mismo día de su viaje, a Daniel le había sido asignada una escolta por el genera Maza Márquez, a la cual no había logrado acostumbrarse. En la actualidad Daniel Samper se encuentra temporalmente refugiado en Madrid, y todavía no ha tomado una decisión concreta sobre su exilio.

Eduardo Umaña Luna 64 años
Abogado, autor, junto con Orlando Fals Borda y monseñor Germán Guzmán, del libro "La violencia en Colombia". Cofundador, con Camilo Torres y Orlando Fals Borda, de la Facultad de Sociologia de la Universidad Nacional. Decano de derecho y profesor durante muchos años en esa misma universidad. Jurista de trayectoria, fue uno de los invitados por el gobierno para conformar el frustrado "tribunal especial", pero no aceptó. Aunque no está en la lista de los 34, aparece en otras listas y las continuas llamadas y amenazas por carta lo llevaron a pedir su "año sabático", una especie de licencia a la que tiene derecho por antiguedad, en la Universidad Nacional. Salió hace dos semanas del país, con destino a Europa.

Sergio Acevedo 38 años
Director de la Orquesta Sinfónica de Medellín durante 10 años. Había estado en Cuba recientemente como director invitado de la Sinfónica de ese país. Estudio música en Italia y realizaba conciertos populares en barrios marginados de Medellín. El 25 de septiembre, con motivo de la inauguración del Centro Administrativo de Medellín, fue víctima de un atentado del que resultó ileso. No aparecía en ninguna lista, pero la directora administrativa de la Sinfónica, Anita Bravo, declaró a varios medios de comunicación que, "durante todo este año lo estaban molestando". La semana pasada salió del país. Se desconoce su destino.

Vicky Hernández 39 años
Actriz de teatro, cine y televisión. Comenzó su carrera desde muy niña cuando su madre la matriculó en la Escuela de Teatro José Agustín Téllez. Hizo parte del Teatro Artístico Popular, TAP, en donde se dieron cita los pioneros del actual teatro colombiano. Fundó con Santiago García la Casa de la Cultura, conocido hoy como el Teatro La Candelaria. Sus desnudos en las películas "Cóndores no entierran todos los días" y "La mansión de Araucaima" despertaron polémica en el medio artístico. Sus papeles en "El Chinche", "El confesor", "Romeo y buseta", series de televisión en las que venía participando así como en la obra de teatro "Hay que deshacer la casa", la habían convertido en la actriz más cotizada del momento en Colombia. En la lista de los 34 amenazados aparece acusada de: "Altoparlante de las FARC-UP, creciente imagen de simpatía entre el público".
El 28 de agosto Vicky Hernández salió de Colombia, rumbo a Madrid, sin tener muy claro su futuro. Pero por una de esas extraordinarias coincidencias de la vida, se encontró con que en Madrid también está en cartelera la obra de teatro "Hay que deshacer la casa", y la actriz que hacía el papel de Laura, el mismo que a ella le correspondió interpretar en Colombia, se enfermó. Contrataron a Vicky. Y así pasó de ser una actriz en el exilio a ser una actriz en ejercicio.
El 21 de septiembre, Vicky envió desde su exilio al diario El Tiempo una carta en la que explicaba los motivos de su partida. En uno de sus párrafos decía: "¡Temo que en medio de este absurdo devenir, mi vida también sea segada! ¡Me aterroriza morir asesinada, dejando a mis pequeños hijos, a los mios, a los amigos!".

Jaime Borrero Ramírez 62 años
Médico salubrista de la Universidad de Antioquia, especializado en los Estados Unidos. Fue el primer médico que realizó trasplante de riñón en América Latina. Profesor universitario durante 30 años y director de la Unidad de Trasplantes del Hospital San Vicente de Paúl de Medellín. En una columna aparecida el 18 de septiembre en el diario El Mundo, Jaime Borrero escribió: "Al pisar los Estados Unidos, iniciando un exilio violentamente impuesto, no pude evitar las lágrimas de profunda tristeza, de sorda rabia y de impotencia. . .
¿Qué hice para tener que irme? Escribir y luchar para que nuestra medicina encontrara el esquivo sendero de la ciencia. Gritar porque nuestros hospitales permanecieran abiertos. Trabajar porque sofisticadas tecnologías de más avanzadas latitudes llegaran a mis hermanos sin que ello representara un fácil enriquecimiento para mí y para quienes me rodeaban". Y concluía: "Sí, ya sé porque quieren matarnos. Quienes pretenden implantar una dictadura, necesitan amordazar los cerebros y desangrar las universidades".
El doctor Borrero Ramírez abandonó el país la primera semana de septiembre, rumbo a los Estados Unidos.

Alberto Aguirre 61 años
Periodista, abogado de profesión y librero de oficio. Columnista del periódico El Mundo durante ocho años. Fue la primera persona que publicó "El coronel no tiene quien le escriba" de Gabriel García Márquez en Buenos Aires. Liberal. Profesor universitario de periodismo en la Universidad de Antioquia. Dueño de la "Librería Aguirre" en Medellín. El 4 de septiembre, días antes de irse del país, escribió en El Mundo: "Hay un exilio peor que el de las fronteras: es el exilio del corazón". Aparece en la lista de 34 amenazados, en la que se le acusa: "Profesor universitario formador de futuros calumniadores de la Institución Armada, desprestigiador en su columna en El Mundo, de la Iglesia, las sanas costumbres y apologista de las ideas subversivas"
La semana siguiente del asesinato de Héctor Abad Gómez, Alberto Aguirre salió del país, rumbo a Europa.

Miguel Angel Osorio 41 años
Ingeniero agrónomo y máster en Economía de la Universidad del Valle Subdirector de Política Social del Sena, en cuyo cargo había diseñado y redactado cartillas de enseñanza para diferentes programas, que fueron vapuleada por un editorial de El Tiempo, que las calificó de "subversivas". Del Sena donde le solicitaron que renunciara, se fue a trabajar al Instituto de Crédito Territorial. A la salida de María Eugenia Rojas, nuevamente le pidieron la renuncia. No aparece en la lista, pero era amenazado diariamente por teléfono. Hace un mes salió de Colombia. Rumbo desconocido.

Jorge Child 52 años
Periodista y economista. Columnista de los periódicos El Espectador y El Mundo. Autor de varios libros y ensayos económicos. Perteneció al MRL Embajador durante el gobierno de López. Aparece en la lista de los 34, acusado de: "Sujeto inmoral, idiota útil de la subversión a la que apoya con sus críticas económicas y políticas". Viajará próximamente fuera del país a dictar algunas conferencias y asegura que se quedará por fuera un tiempo, aún cuando le dijo a SEMANA que todavía no sabe dónde. Según Child, "los exilados sólo sabemos de dónde nos vamos. Lo que no sabemos, es a dónde vamos".

Antonio Iglesias 37 años
Médico traumatólogo, especializado en México y Francia. Director del Departamento Médico de la Universidad del Norte. En dos ocasiones ha sido merecedor al Premio Nacional de Medicina. En el año 79, durante el gobierno de Turbay Ayala, fue encarcelado bajo la acusación de ser un médico auxiliador de la guerrilla. Muy simpático y extrovertido, es conocido en toda la Costa Atlántica por sus calidades científicas y sus cualidades humana. Llamadas telefónicas y cartas en las que se le decía que debía abandonar el país en menos de quince días, lo obligaron a irse hace dos meses del país. Destino desconocido.

Carlos Gaviria 48 años
Abogado, intelectual y profesor universitario. Sin militancia política conocida, había colaborado en el Comité por la Defensa de los Derechos Humanos de Medellín hasta llegar a ser su vicepresidente. Dictaba charlas y conferencias sobre la filosofía del derecho, tema que le apasionaba. Estudioso de Platón realizó varios trabajos sobre filosofía para los estudiantes de derecho de la Universidad de Antioquia. No aparecía en la lista de amenazados pero recibió múltiples llamadas telefónicas y cartas, en las que se le conminaba a salir del país lo más pronto posible. Salió del país en la primera semana de septiembre con rumbo desconocido.

Eduardo Díaz 38 años
Cura párroco en un barrio popular al nororiente de Barrancabermeja. Era muy estimado, y tenía una influencia reconocida entre la población barranqueña. Hace mes y medio había parqueado su campero Land Rover frente a su parroquia, y unos encapuchados le prendieron fuego. Algunas personas acudieron en su auxilio y le ayudaron a apagar el vehículo. Este acto de agresión unido a una gran cantidad de amenazas que había venido recibiendo, lo hicieron decidirse por el exilio. Aparece en la lista de los 34 después de Abab Gómez y Pardo Leal, acusado de: "Auxiliador de guerrillas en el Magdalena Medio, responsable de todos los paros cívicos". El padre Díaz, sin embargo, no alcanzó a leer esta sindicación. Para el momento en que la lista se dio a conocer a la opinión pública, el sacerdote ya había salido del país con rumbo desconocido.
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