Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 3/21/2015 10:00:00 PM

Los expresidentes le coquetean a la paz

¿Qué buscan los expresidentes con su activismo en el proceso de paz?

Los expresidentes andan alborotados. Aunque el país está acostumbrado a su protagonismo permanente, a su influencia vitalicia y a su aporte a la unidad en tiempos de crisis, rara vez coinciden todos en asumir un papel en el mismo momento y frente al mismo tema. En la última semana eso fue lo que ocurrió frente al proceso de paz.

El expresidente Pastrana picó en punta. Hizo una pausa en su campaña contra el gobierno de Nicolás Maduro –que adelanta de brazo con la oposición venezolana– y aceptó con visible entusiasmo la invitación que le hizo el presidente Juan Manuel Santos para participar en la Comisión Asesora para la Paz con el argumento de que este tema “está por encima de las diferencias políticas”. Poco después se reunió con el miembro más reciente del club de los ex, Álvaro Uribe -el jefe de oposición a Santos-, e hizo pública su posición en el sentido de que este último “debe formar parte de la Asesora para la Paz”.

El río revuelto le dio oportunidad al expresidente Ernesto Samper para asomarse a la foto. No se distrajo mucho de su trabajo como secretario general de Unasur en el punto más complejo de la crisis venezolana, pero sacó tiempo para redactar un diciente trino: “Tan preocupante como la salida de los generales Mora y Naranjo en el proceso de paz, es la entrada del señor Pastrana”. Por la forma y el contenido, es claro que a Samper le molestó la inclusión de su rival de toda la vida, a quien dentro de las limitadas posibilidades de Twitter llamó despectivamente “señor”, y se la cobró al presidente Santos con la insinuación –que no es totalmente cierta– de que marginó a Mora y a Naranjo del proceso de paz.

Y todavía el expresidente Uribe jugó otra carta. Aprovechando una invitación del procurador Alejandro Ordóñez, con quien coincide en muchos puntos de vista, le envió un mensaje público, extenso y muy amistoso, en el que repitió sus críticas a las negociaciones de La Habana “con el terrorismo”, solo una vez en la extensa misiva se refirió a la guerrilla como “el grupo de las FARC”, y lanzó propuestas que captaron la atención de los medios: “Es mejor prolongar el periodo de conversaciones, tanto como sea necesario, para evitar firmar acuerdos dañinos a nuestra democracia”, dijo. También reiteró que debe haber un cese al fuego unilateral, con vigilancia de la comunidad internacional y con la concentración de las FARC en algún lugar. Y dejó claro, también, que permanecerá en la foto: creó una comisión, con participación de Óscar Iván Zuluaga, Carlos Holmes Trujillo, Alfredo Rangel y Luis Carlos Restrepo, que seguirá opinando sobre el proceso de paz.

Todo indica que el protagonismo de los exmandatarios en torno a la paz continuará. El ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, quien se ha enfrentado a Uribe más de una vez, dijo que “la voz de Uribe” siempre será escuchada y el senador Roy Barreras, presidente de La U, invitó al expresidente a un diálogo sobre el proceso de La Habana que se llevará a cabo después de Semana Santa.

Están muy activos, en fin, los exmandatarios. Incluso César Gaviria, quien en las últimas semanas ha eludido su presencia en la foto, es el autor de la teoría de la justicia transicional para todos, combatientes y no combatientes, que se convirtió en una especie de telón de fondo del debate sobre la paz. Y Belisario Betancur, siempre discreto, casi ha abandonado en algunos momentos su obsesiva abstención política para dejar en claro que él –gestor del primer diálogo con la guerrilla en la historia de Colombia– apoya y defiende la negociación actual entre el gobierno y las FARC.

¿Qué es lo que tanto atrae del proceso de paz a los exmandatarios? ¿La voluntad de hacer un aporte patriótico? ¿La vanidad de no perderse una foto que la historia no puso en sus cuatrienios, sino, aparentemente, en el de Juan Manuel Santos? ¿O están simplemente manipulados por el actual mandatario en un intento por salvar el esquivo consenso que le ha faltado al proceso de paz?

En realidad cada uno de los miembros del selecto club tiene sus motivaciones individuales. Las de Andrés Pastrana tienen que ver con su ambivalente actitud hacia el gobierno actual. Las simpatías hacia Santos en 2010 se fueron debilitando hasta llegar a inocultables antipatías en 2014, que llegaron a su punto más bajo con el endoso de Santos a la candidatura de Ernesto Samper para ser secretario general de Unasur. Pastrana se convirtió en un crítico del proceso de paz hasta tal punto que encontró coincidencias con Álvaro Uribe, de cuya reelección había sido enconado enemigo.

Pero Pastrana –gestor, a la vez, de los generosos diálogos del Caguán y de la mano dura financiada por el Plan Colombia– tiene dos cartas para jugar. En el auge de la seguridad democrática recordaba su autoría del Plan Colombia y ahora, en el momento más esperanzador del proceso de Cuba, recuerda que invirtió su Presidencia en intentar una negociación con las FARC. Va sonriente a la Comisión Asesora convocada con Santos, y con la misma expresión va luego a donde Uribe: estar con la paz, y de manera crítica, no es lo mismo que estar con el gobierno.

Puesto que Ernesto Samper y Pastrana siempre van en direcciones opuestas, la presencia de Pastrana en Palacio movió a Samper hacia la crítica al retiro de los generales Mora y Naranjo. A Samper lo acercan al gobierno su simpatía por la negociación de paz y por la política exterior, y lo aleja el hecho de encontrar siempre a César Gaviria, su rival de toda la vida, en un mejor lugar en la fila de acceso al despacho presidencial. Samper apoya, pero a distancia.

Por su parte, Álvaro Uribe ha asumido una actitud que lo sube en el tren de la paz pero que mantiene la crítica al gobierno, a los diálogos de La Habana, y a la estrategia de seguridad. Y que conserva también el lenguaje hostil, eneralmente expresado en 140 caracteres, que utiliza con su expupilo Santos, “elegido con las ideas de la seguridad democrática y ahora amigo del castro-chavismo”. Eso sí, frente al hecho de que un acuerdo en La Habana cada vez parece más probable, su discurso frente a la paz ha evolucionado: de una descalificación total de los diálogos ha pasado a propuestas que, eso sí, contradicen el libreto diseñado por Humberto de la Calle y su equipo.

¿Y Santos? Exministro de los gobiernos de Pastrana (en Hacienda) y de Uribe (en Defensa) tiene lazos comunicantes históricos con ellos, a pesar de sus actuales desavenencias, para construir una base política más sólida para las negociaciones de paz. Sin embargo, los expertos aseguran que lo que Santos tenía en la mira cuando creó la Comisión Asesora para la Paz no eran, propiamente, los ex sino, más bien, el objetivo de construir una legitimidad para el proceso y dejar sin piso la idea de que, a causa de la polarización, el éxito de los diálogos tiene más enemigos y obstáculos en Colombia que en La Habana. Bajo el viejo principio de que los excluidos tienden a ser opositores, creó un instrumento para acercar a quienes han estado en contra de los diálogos.

Y hasta ahora le ha dado resultado, en lo que se refiere al club de los ex. Los que están más cerca del gobierno y de la negociación con las FARC, Belisario Betancur y César Gaviria, están tranquilos. Y los demás, cada uno a su manera, están alborotados pero entraron a la foto: Samper apoya, Pastrana está en la comisión y Uribe habla del tema. Falta ver cuánto dura la escena.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.