Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2000/04/24 00:00

Los ‘fans’ de Marte

Un movimiento cada vez más importante está apostándole a capitalizar el interés del público en el planeta rojo con el fin de financiar la investigación y ganar apoyo para el envío de una misión tripulada.

Los ‘fans’ de Marte

La Nasa, a-gencia espacial de Estados Unidos, lleva décadas gastando cientos de millones de dólares por cuenta del planeta Marte sin ninguna seguridad de recuperar la inversión. Pero ahora Hollywood está entrando en la acción. El 10 de marzo se estrenó en Estados Unidos Misión a Marte, la primera de una serie de películas sobre nuestro vecino de órbita solar. Más adelante, este año, vendrá Planeta Rojo y en 2001, otros dos proyectos: James Cameron —director de Titanic— presentará una miniserie y una película en Imax 3-D.

En pocas palabras, Marte estará próximamente en su pantalla. Para el movimiento proexploración de Marte, cuyo objetivo es el envío de vuelos tripulados, estas películas son mucho más que diversión. También constituyen una valiosa oportunidad para capitalizar sobre el interés del público por los temas marcianos y lograr mayor apoyo para su exploración. Marte atrae tanto el interés científico y promocional como el popular. Durante una conferencia el año pasado Cameron declaró ante la Sociedad Marte (a la cual pertenecen científicos de primer orden) que esperaba generar en el público un interés enfermizo por Marte.

Todas las películas acerca de Marte se basan en los actuales planes de la Nasa, que tentativamente plantean una expedición tripulada hacia dicho planeta. Esto incluye el envío de una misión no tripulada que entre en órbita alrededor de Marte, estacione allí un vehículo de descenso y envíe a la superficie una son-da robot que fabrique combustible para el viaje de retorno, utilizando químicos que se encuentran entre los componentes de la atmósfera marciana. Una vez estos aparatos lleguen a su destino y pongan ‘manos’ a la obra un tercer vehículo —ese sí tripulado— podría viajar a Marte, transferir la tripulación al vehículo de descenso y poner el primer ser humano en el planeta rojo. Luego de permanecer 500 días la tripulación volvería a colocarse en órbita, se trasladaría a su nave de crucero y regresaría a la Tierra. En otras palabras, en esa misión hay todo el espacio necesario para el drama y no se traiciona un gran secreto si se dice que ambas películas comienzan con misiones que se complican. Otro ingrediente importante es que los directores han utilizado a científicos de verdad.

Numerosos investigadores, incluyendo a Matt Golombek, director científico de la misión Pathfinder en 1997, participaron en la producción de Misión a Marte. Brian de Palma, el director, se propuso crear una nave tan realista como fuera posible. Joe Allen, un ex astronauta que asesoró algunas de las escenas de caminatas espaciales, dice que la cinta es exacta en un 90 por ciento. (Aunque hay que decir que la dramática tormenta de arena no sería posible en la delgada atmósfera marciana. La credibilidad de la película también sufre porque, aunque está situada tan sólo 20 años en el futuro, ya muestra terminada la muy demorada Estación Espacial Internacional.)

Planeta Rojo, que está ambientada en 2050, también basa su enfoque en los planes de la Nasa; aunque el director Anthony Hoffman dice que perdió la aprobación de la agencia debido a una escena en la cual un astronauta mata a otro. Pero lo que le falta a la cinta en aprobación oficial lo va a ganar con creces en atractivo visual: el diseñador del vestuario y el de la producción trabajaron ambos en The Matrix.

Los proyectos gemelos de Cameron, ambientados en 2016, serán los más realistas, sobre todo en lo que tiene que ver con la representación de formas de vida marcianas. Estas serán bacterias visibles solo bajo un microscopio en lugar de los superhumanoides y de los gusanos comehombres que aparecen en las otras películas.

Ambas producciones utilizarán los mismos sets y equipos de simulación y Cameron —que es célebre por su minucia en los detalles técnicos— declara que desea lograr un realismo digno de un documental. Dice, además, que su intención es hacer que el viaje a Marte se torne una realidad en las mentes de los espectadores, acentuando su factibilidad frente a la tecnología retratada en la mayoría de las películas de ciencia ficción. Esto suena como música a los oídos de los miembros de la Sociedad Marte, a la cual pertenece el propio Cameron.

Es que la gran esperanza de ellos radica en que todas estas acciones en la pantalla se traduzcan en un mayor interés por parte del público en la exploración de Marte. También podría conducir a mayores beneficios tangibles para los investigadores. La Sociedad Marte está organizando una estación privada de investigaciones en el seco territorio del Artico canadiense que tanto se asemeja al paisaje del planeta. El diseño del laboratorio está basado en unos planos de referencia para una nave de descenso en Marte que actualmente están siendo desarrollados en las mesas de dibujo de la Nasa. El laboratorio se encuentra a disposición de los investigadores, incluyendo aquellos que laboran en la estación Haughton de investigaciones marcianas de la Nasa. Estos últimos acabarán trabajando allí con equipos adicionales que permitirán evaluar el diseño de la nave de descenso.

Cameron ha mencionado la posibilidad de que, tan pronto termine sus dos películas, él done sus equipos de simulación para el uso de la base canadiense. Puesto que estarán modelados lo más fielmente posible sobre los diseños de la Nasa, ello permitirá realizar pruebas de factibilidad adicionales.

Pascal Lee, del Centro de Investigaciones Ames de la Nasa, quien está construyendo la estación, comenta que esto constituirá una sinergia muy interesante entre la industria del entretenimiento, los grupos de interés y los científicos.

Las películas sobre Marte también podrían ayudarle a los científicos a obtener patrocinio comercial para sus investigaciones. En enero la Sociedad Marte anunció un contrato de patrocinio para su estación de investigaciones con Flashline.com, un vendedor de software en línea. Una oleada de interés en el planeta podría estimular a otras firmas para que suscribieran convenios similares a cambio de publicidad marciana.

En Gran Bretaña la firma M&C Saatchi Sponsorship acaba de ser designada para recaudar fondos a favor de la misión a Marte del robot Beagle 2, de la Agencia Espacial Europea. Según Matthew Patten —presidente de la compañía— el objetivo es conseguir 16 millones de dólares (equivalentes al 40 por ciento del costo total de la misión) durante los próximos cuatro años en forma de patrocinios y comercialización de marcas. Los patrocinadores podrán colocar sus logotipos en la nave espacial y, aunque nadie podrá verla mientras surca el espacio, los logos también figurarán sobre una réplica exacta que se quedará aquí en la Tierra y en animaciones por computador que aparecerán en televisión. También se venderá espacio promocional en los paracaídas y los amortiguadores inflables de la nave. El amartizaje del Beagle 2 en 2003 será literalmente amortiguado por dinero proveniente del sector privado.

Muchos promotores de las misiones a Marte creen que el primer viaje tripulado también será financiado con recursos privados. Es muy diciente el hecho de que los astronautas que aparecerán en Planeta Rojo tengan trajes espaciales adornados con logos.

Una misión privada podría tener muchas ventajas frente a una gubernamental financiada con fondos públicos. Jonathon Karpoff, de la Universidad de Washington, analizó 91 misiones históricas al Artico, que fue la gran frontera de exploraciones que precedió al espacio exterior, y encontró que las expediciones privadas estaban mejor organizadas, eran más adaptables, sufrían menos accidentes fatales y utilizaban mejor las tecnologías más avanzadas de la época. Tal vez en el año 2020 —más o menos— un joven magnate del software o de la biotecnología, inspirado por la pasión juvenil que le hayan fomentado las películas sobre Marte, gire el cheque de 30.000 millones de dólares que los científicos necesitarán para sacar adelante el proyecto.

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