Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/10/14 00:00

Los fantasmas de Holguín

¿Hay un hechizo que afecta al ministro del Interior? Cuál es el embrujo que tiene paralizado al Congreso? ¿Tiene el alto funcionario un antídoto para combatirlo?

Los fantasmas de Holguín

En una reunión con la bancada de su partido, el conservador, y con su jefe, el presidente Álvaro Uribe, el ministro del Interior, Carlos Holguín Sardi, dejó a todo el mundo boquiabierto la semana pasada. "Si no aprueban el proyecto de transferencias, renuncio", dijo. El propio Uribe, después y en un rincón, tuvo que calmarlo: "Esto (la relación con los congresistas) siempre será así", lo tranquilizó. La anécdota es apenas una señal del mal arranque que ha tenido Holguín. En su columna de la semana pasada, María Jimena Duzán escribió que "la presencia del Ministro en el Congreso es anodina", y le encimó duros epítetos como "extraterrestre", "mal parado" y "despalomado". La oposición dice que está "cansado" y "lento".

Hay desconcierto. Y lo paradójico es que pocas veces había llegado a esta cartera un Ministro más experimentado y toreado en los ruedos de la política. ¿Qué pasa? Las dolencias del Ministro no son tan graves como diagnostican sus rivales. Pero como se suele decir de las brujas -sobre todo en su mes de octubre-: que las hay, las hay. A Holguín lo persiguen varios fantasmas.
 
 El godo
 
El fantasma de su propio partido es como su sombra. Lo sigue en todos sus movimientos. Un hecho normal en la política, pero que le ha generado problemas a la hora de actuar como coordinador de todas las fuerzas uribistas. ¿Con qué camiseta habla? ¿Cuál prefiere? ¿La azul de su partido o la multicolor de la coalición uribista? En las otras fuerzas -sobre todo en La U y en Cambio Radical- no lo ven como su representante, ni como un vocero, ni como jefe. Aspiran a una interlocución directa con el presidente Uribe, a quien acompañaron en la campaña de la reelección.

Holguín, para colmo de males, no maneja el famoso computador que asigna las cuotas burocráticas. Esta apetecida función está en manos de Bernardo Moreno Villegas, el secretario general de la Presidencia. Los congresistas uribistas prefieren hablar con él, y no con el Ministro, porque es donde se han distribuido las cuotas.
 
La pesada agenta
 
La misión del ministro Holguín, en términos legislativos, es muy difícil. La agenda del Congreso contiene una serie de proyectos impopulares y políticamente costosos, de muy difícil consenso y de evidente polarización. La mayoría de los temas son económicos y tocan, por consiguiente, los bolsillos de los votantes: aumentar impuestos como el IVA, apretar el cinturón de la seguridad social, disminuir las transferencias del presupuesto nacional para las regiones, eventualmente el TLC... estos asuntos son difíciles de aprobar y dividen la coalición pro gobierno.

Para la reforma tributaria, por ejemplo, cada partido de la coalición tiene su propia versión. La reforma de las trasferencias es uno de esos proyectos que, como dicen en el Congreso, "no sale si no se mete el Presidente". Y así ocurrió el jueves pasado: un desayuno con Uribe logró que se aprobara en comisión. Hasta entonces, el mayor éxito alcanzado en el Congreso era el avance de la ley de orden público que fue aprobada en las comisiones de Senado y Cámara... ¡con los votos de la oposición!
 
Los paras
 
Como ministro del Interior y de Justicia, Holguín juega un papel protagónico en el proceso de negociación de las AUC y en la aplicación de la Ley de Justicia y Paz. Un verdadero 'chicharrón'. A Holguín le tocó bailar con la más fea. Mientras en el cuatrienio 2002-2006 el proceso avanzó gracias a las imágenes de los ex comandantes entregándose y de los ex combatientes depositando armas, en el período 2006-2010 vienen los sapos que la justicia tendrá que tragarse para aplicarles penas insignificantes a los autores de gravísimos crímenes.

Holguín buscó que su antecesor, Sabas Pretelt, dejara terminado el famoso decreto que reglamenta la Ley de Justicia y Paz. Pero el tiempo no le alcanzó y a Holguín le cayó la papa caliente. En un momento incómodo: justo cuando se conocieron las escalofriantes revelaciones del computador de 'Jorge 40' sobre cuestionables conductas de los jefes paras cometidas después de su desmovilización.
 
Su propio estilo

Unas de las cualidades más reconocidas de Carlos Holguín, su trayectoria y su experiencia, curiosamente le están jugando una mala pasada. Sus años en el Congreso y su edad -65 años- lo han llevado a asumir posiciones sobre diversos temas y se las toma muy en serio. No sería fácil imaginarlo como a Sabas Pretelt, cuando pronunció su célebre frase -"la política es dinámica"- para justificar el cambio de la opinión de Uribe con relación a la reelección.

Tampoco es un político que les sale a los medios. Su estilo es parco, cauto y hasta tímido. Plantea las relaciones con sus colegas del Legislativo con cierta distancia: con una concepción más profesional que personal. En un momento tan convulsionado, y a la vez tan decisivo (las primeras legislaturas de cada cuatrienio son siempre las más eficientes), este estilo ha dejado la sensación de que a la política le falta conductor

El antìdoto
 
¿Podrá Holguín espantar los fantasmas que encontró en el viejo Palacio Echeverry? Sería un error subvalorar sus instrumentos para hacerlo. Este viejo zorro del Congreso sabe muy bien que los primeros meses de cada legislatura no son para tomar decisiones, sino para el trabajo de las comisiones, el reparto de las ponencias y los primeros pasos para construir alianzas. La hora de la verdad, según la tradición, se reserva para el final. ¿Le está jugando Holguín a los ritmos propios del Congreso? ¿Los entiende mejor que nadie?

El Ministro, además, mantiene firmes las riendas de su partido, el conservador: con el 'cañazo' de su renuncia aseguró la votación en bloque para el difícil proyecto de las transferencias, que fue aprobado en comisión el jueves. Y puso en marcha una reunión semanal, con los presidentes y los voceros de los partidos de la coalición gobiernista.

¿Bastarán estas acciones para enderezar el trabajo del Congreso? La respuesta sería positiva bajo las tradicionales condiciones de la política. Pero con un Congreso ampliamente renovado (sobre todo en la Cámara) y con la Ley de bancadas, el presidente Uribe y su Ministro del Interior están corriendo un riesgo: aplicarle una receta vieja a una realidad cambiada. En otras palabras, que los fantasmas (alimentados por la oposición) sobrevivan más allá de octubre y se tomen la legislatura.


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