Martes, 21 de febrero de 2017

| 2003/11/17 00:00

'Los farsantes'

El periodista investigativo Alberto Donadío lanza esta semana su libro que afirma, con lujo de pruebas, que no hubo robo en el sonado caso del Banco Andino.

Es muy extraño que una investigacion periodística termine defendiendo a un banquero acusado de robarse 175 millones de dólares. Y es más raro aún que esa investigación la haya hecho Alberto Donadío, un periodista que se hizo conocido por destapar casos de banqueros corruptos en Colombia. En su reciente libro, Los Farsantes. Banco Andino, el fraude que jamás existió, Donadío concluye que el ecuatoriano Nicolás Landes, principal accionista del holding dueño del banco, y Gregorio Obregón, presidente de la junta directiva, son inocentes de las acusaciones que les hizo el gobierno colombiano el 9 de septiembre de 1999.

Casi cuatro meses después de que la Superintendencia Bancaria interviniera el Banco Andino Colombia (BAC), Juan Camilo Restrepo, entonces ministro de Hacienda, y Fanny Kertzman, directora de la Dian, contrataron a una firma de abogados para que demandara al Banco Popular del Ecuador (BPE), a Landes, Obregón y a otros dos directivos del banco en una corte federal de la Florida. Los acusaron de haberse robado, a través de una filial en Miami, 64 millones de dólares de impuestos de la Dian y 111 millones de ahorros de los depositantes. Hoy Landes y Obregón están en Estados Unidos y pesa sobre ellos una solicitud de extradición por parte del gobierno colombiano.

Después de casi un año de investigaciones, consultas de documentos y entrevistas con las autoridades de la Florida, Donadío sostiene que todo fue una farsa. "En el caso de Landes, sencillamente estoy denunciando y desenmascarando una mentira oficial, una mentira oficial del tamaño de una catedral. Eso es todo", dice el periodista en uno de los capítulos. Esa mentira, según Donadío, se hizo evidente ocho días después de que el gobierno demandara al banquero ecuatoriano, cuando el Departamento de Banca y Finanzas de la Florida dijo que por la filial del Banco Andino en Miami nunca pasó el dinero que supuestamente Landes se había robado. SEMANA publica dos de los 34 capítulos del libro, de la Editorial Hombre Nuevo Editores.

Capitulo 2

El fraude jamas existio

La demanda de la República de Colombia contra Nicolás Landes y el BPE fechada el 9-9-99 los acusó de sustraer decenas de millones de dólares de un banco colombiano para ser remitidos al BPE por medio de su oficina de Miami.

El mismo mes de septiembre de 1999 se alzaron dos voces independientes para negar la existencia del delito. Las autoridades bancarias de la Florida protestaron airadamente ante la juez por el cierre ilegal de la agencia de Miami del BPE y afirmaron por escrito que si las hubieran consultado habrían podido informar que allí no hubo fraude.

Por otra parte, una firma internacional de auditoría contratada por el gobierno del Ecuador concluyó que no hubo transferencias indebidas del BAC al BPE.

Las autoridades colombianas sabían dos meses antes del 9-9-99 que no hubo fraude en el BAC. El balance del banco, cortado al 20 de mayo de 1999, fecha en que fue intervenido por la Superintendencia Bancaria, no registra fraudes ni faltantes. Ese balance estuvo listo el 12 de julio de 1999, cuarenta y dos días después del cierre del banco.

El delito de fraude es monetario y por ende ineludiblemente tiene que dejar huellas contables. Por tanto, si en la contabilidad de un banco no se encuentran los rastros del supuesto fraude, necesariamente hay que concluir que el fraude no existió. Según Sara Ordóñez, superintendente bancaria en 1999: ".la contabilidad es la clave fundamental para conocer una entidad.". Ahora, si el fraude denunciado es gigantesco, como en este caso, entonces es absolutamente imposible que haya ocurrido sin aparecer en el balance.

El balance lo elaboraron los funcionarios del banco de consuno con el agente interventor nombrado por la Superbancaria y los colaboradores del interventor. En ese balance y en las notas a los estados financieros no se registran fraudes, faltantes, sustracción de dineros, giros fraudulentos al exterior. Un fraude de 175 millones de dólares en un banco cuyos activos eran 238 millones de dólares equivale al 75 por ciento del patrimonio, es decir, un saqueo mortal. Si hubiera existido ese fraude la comisión visitadora de la Superbancaria tenía obligación legal de dejar constancia de él en el balance y en las notas a los estados financieros. ¿Por qué? No solamente porque implica una infracción a la ley y la comisión de varios delitos sino porque además ese balance es el punto de partida con el cual empezó a trabajar el liquidador nombrado por el Fondo de Garantías de Instituciones Financieras (Fogafin), César Humberto García Jaramillo. El liquidador se convirtió a partir de su nombramiento en el gerente y representante legal del banco en liquidación. Desde ese momento cesaron frente al BAC las funciones de inspección y vigilancia de la Superbancaria.

En un banco el balance es lo que para un médico son los exámenes de sangre, los rayos X y la ecografía de un paciente que debe ser diagnosticado. Juan Camilo Restrepo, que fue superintendente bancario, y Sara Ordóñez Noriega, que ejercía en 1999 el cargo de superintendente bancario, sabían que el diagnóstico del BAC se hacía por el balance cortado a la fecha de la intervención. Sin embargo, el gobierno procedió a acusar de fraude en Bogotá y en Miami cuando el balance indicaba que no había fraude. Esa es la farsa.

Por lo demás, con base en el balance inicial, el liquidador ha venido expidiendo balances mensuales y anuales con destino al Fogafin, auditados por la firma Kpmg. En ninguno de esos balances posteriores se habla de fraude masivo o de faltante de fondos.

Lo que han venido haciendo los gobiernos de Andrés Pastrana y de Alvaro Uribe al acusar a Nicolás Landes y a otros banqueros de fraude es como si un banco entablara una demanda contra un supuesto deudor sin que exista un pagaré que ampare la obligación y sin que el crédito esté registrado en la contabilidad. ¿Qué diría el juez que conozca de la demanda? Lógicamente no podría condenar a un deudor que no lo es, que no firmó pagaré alguno y cuya presunta deuda no está registrada en los libros del banco.

Como se demostrará detalladamente en este libro, el fraude jamás existió. Pero el gobierno de Andrés Pastrana y el de Alvaro Uribe han venido sosteniendo lo contrario desde 1999, en contravía del único medio técnico e imparcial que existe para conocer la realidad de un banco, el balance.

Capitulo 26

El casino de Gregorio Obregon

Andrés Pastrana, Juan Camilo Restrepo y Fanny Kertzman acusaron a Gregorio Obregón Rubiano de robarse 64 millones de dólares de la Dian, más 111 millones de dólares de los depositantes del BAC. La acusación lo cobija a él como presidente de la junta directiva del BAC, al presidente del banco Carlos Cuevas Garavito, al vicepresidente financiero Mario Yepes y al principal accionista del holding dueño del banco, Nicolás Landes.

Si la acusación fuera cierta, sería lógico suponer que una banda que se roba 175 millones de dólares repartiría el botín y que a Obregón le corresponderían varios millones de dólares. Pero la acusación es falsa de toda falsedad. Y prueba irrefutable de su falsedad se encuentra en las condiciones en que él vive con su esposa. Desde el año 2000 Gregorio Obregón Rubiano trabaja en el casino de un pequeño pueblo del suroeste de los Estados Unidos. Devenga 9,75 dólares la hora. "Físicamente marco tarjeta y después de polvo y paja me llegan 1.100 dólares al mes, después de impuestos, seguro social y seguro médico", dijo Obregón en una entrevista telefónica. Si este banquero se hubiera robado lo que Colombia dijo que se robó habría comprado un casino, pero no estaría trabajando, para sobrevivir, seis días a la semana en un casino cargando bolsas de treinta libras de monedas para llenar las máquinas traganíqueles. "Si me hubiera robado 64 millones de dólares estaría en Montecarlo", dijo.

Gregorio Obregón Rubiano es una persona muy conocida en los círculos sociales de Bogotá. Nacido en 1944, su padre, Gregorio Obregón Pochet, recibió la Cruz de Boyacá, al igual que su abuelo, Gregorio Obregón Arjona, que fue embajador de Colombia en Francia durante el gobierno de Eduardo Santos Montejo (1938-1942). Su abuelo era hermano de Pedro Obregón, el padre de Alejandro, el pintor oriundo de Barranquilla. "Nosotros los Obregón somos bastante petulantes cuando hablamos de nuestro apellido", indicó. Obregón Rubiano es muy conocido en Bogotá como banquero. Tan conocido que, según una fuente, en octubre de 1998 el ministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo le ofreció el cargo de director general de Crédito Público. Sí, el mismo Juan Camilo Restrepo que un año más tarde lo acusó en Miami de robarse 175 millones de dólares.

Obregón trabajó veinte años en la oficina de representación del Bankers Trust de Nueva York, en un cargo que lo llevaba a viajar por la región andina para hacer préstamos a entidades gubernamentales o a otros bancos. Conoció a raíz de esos viajes a Nicolás Landes, director del Citibank en Ecuador en los años ochenta. Fue Landes quien lo invitó a participar en las negociaciones para adquirir el BAC de propiedad de los Gilinski y quien luego lo nombró como presidente de la junta del banco.

En 1999, dijo, estaba en San Antonio, Texas, cuando su esposa Becky le avisó desde Bogotá que habían allanado el apartamento donde residían en la carrera novena con calle 78, en el piso de encima del apartamento del ex ministro de Hacienda Rudolf Hommes, y que uno de los funcionarios que hizo el registro comentó: "Este tipo ya se nos voló". Obregón señaló: "Yo no me fugué, fui a San Antonio, donde vive mi hija, a conocer mi nieta". No regresó a Colombia. "Decidimos que no valía la pena organizar la vida allá".

Con su esposa, que es ciudadana americana y fue profesora del Colegio Nueva Granada en Bogotá, había adquirido 25 años atrás una casa en un pequeño pueblo del suroeste de los Estados Unidos, de la cual afirma que debe 135.000 dólares. Dijo que con su sueldo del casino pagan la hipoteca (920 dólares al mes) y que viven con el sueldo de su esposa, que devenga 25.000 dólares al año como profesora de español. Antes de ser profesora, Becky Obregón trabajó en McDonald's. "Fue extremadamente humillante para mí ver a mi señora de uniforme en McDonald's recibiendo órdenes. Me salí al carro y me puse a llorar". Ciertamente la de los Obregón es una vida apretada en comparación a como viven los millonarios en los Estados Unidos, y una vida que no llevaría alguien que se hubiera alzado con varios millones de dólares. En el año 2002 declararon ingresos conjuntos por 38.000 dólares, suma casi idéntica al ingreso per cápita promedio en los Estados Unidos, que es algo superior a los 37.000 dólares al año.

Obregón recordó que él también estuvo a punto de tener que trabajar en la misma cadena de comida rápida, porque después de limpiar jardines y vender agua y helados estaba desempleado y la vecina, que era la gerente de McDonald's, le dijo: "El mexicano que limpia la basura se fue para México, el puesto es suyo". El día en que debía reemplazar al aseador le ofrecieron el trabajo en el casino, donde inicialmente tenía que presentarse de uniforme. "Por primera vez en mi vida me hicieron poner uniforme. Hoy soy importantísimo, me siento importantísimo porque soy supervisor y voy de saco y corbata".

En Bogotá, Obregón tenía carro con chofer para ir a las citas con los clientes del banco y era socio del Gun Club y del Jockey Club y, según dice, tomó trago con el ex presidente Julio César Turbay.

Por iniciativa del fiscal Vieda, el juez Luis Hernando Calixto Paipa solicitó la extradición de Gregorio Obregón, que el gobierno de Alvaro Uribe Vélez tramitó oficialmente ante el Departamento de Estado el 25 de julio de 2003. En el expediente del juez en Bogotá, dijo Obregón, no hay pruebas de contabilidad, no se hizo estudio de fuentes y usos para demostrar que los administradores del banco sustituyeron pasivos con el público con pasivos con la Dian. Reiteró que no hubo robo o fraude. "Mi situación es tenebrosa. Un día llegan los alguaciles y me llevan esposado y llego a Colombia esposado. El drama es que voy a perder la casa. Es inverosímil que una persona que no le ha robado plata a nadie, acabe en la cárcel".

Los abogados de White & Case que acusaron a Obregón del robo multimillonario nunca le notificaron la demanda, una muestra más de que se trataba de una acusación deleznable y demostración adicional de la falta de ética de esta firma. La notificación personal era indispensable. Ese es uno de los escasísimos puntos en que estamos de acuerdo el autor de este libro y Fanny Kertzman, que dijo ante el Congreso: ".en Estados Unidos cuando a uno le llega una demanda civil de este tipo, hay que presentársela personalmente a la persona demandada.". ¿Por qué entonces Fanny Doberman no se ocupó usted de que sus abogados le notificaran la demanda a Obregón? ¿O es que lo demandó usted sin la intención de notificarle, que era como no demandarlo, como usted misma reconoce, en cuyo caso para qué incluir su nombre? Esta ambigüedad suya es una falta de lealtad con la justicia, con el demandado y con la opinión pública. Con la justicia porque se anuncia lo que no se cumple, la notificación. Con el demandado porque quien busque en Pacer, el sistema electrónico de acceso a los expedientes de los tribunales federales, encontrará el nombre de Obregón como uno de los acusados. Y con la opinión colombiana porque la inclusión del nombre de este banquero era una farsa premeditada desde el primer momento, igual a cuanto sucedió con Mario Yepes y Carlos Cuevas, a los cuales nunca se les notificó la demanda.

En una ocasión un banquero colombiano que conoce a Obregón estuvo en las oficinas de White & Case en Miami, indicó Obregón, y salió en defensa suya. Le pidieron el teléfono de Obregón y le dijeron que querían hablar con él. Como Obregón mandó a decir que él no decía mentiras nunca lo llamaron, anotó. La intención de los abogados, supuso Obregón, era para ver si el presidente de la junta del BAC declaraba contra Landes.

"Yo también voy a escribir un libro, se va a llamar 'Del Jockey Club a la mierda", dijo Obregón. "Y cuando vuelva a Bogotá espero volver al Jockey, porque yo no me he robado un centavo".

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