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| 10/1/2001 12:00:00 AM

Los que se fueron

Otro año en el que hubo, por desgracia, demasiados muertos y muy pocos fallecieron en forma natural

Alfredo Vázquez Carrizosa



Murio a los 93 años en Bogotá. Nació en Manizales, se graduó en el Gimnasio Moderno y estudió en la Universidad de Lovaina. Fue un destacado columnista, profesor, defensor de los derechos humanos, constituyente y ejerció varios cargos públicos, como el de canciller y miembro de varias comisiones de paz.



Consuelo Araújo Noguera



Mas conocida como ‘La Cacica’ y esposa del procurador, Edgardo Maya Villazón, fue asesinada por las Farc el 29 de septiembre en una estribación solitaria de la Sierra Nevada de Santa Marta. Había sido secuestrada cinco días antes en una ceremonia religiosa y llevada a marchas forzadas, junto con otras personas, hacia una zona montañosa. Ante la presión del Ejército los guerrilleros decidieron matarla. Fue una muerte vil para una mujer de 61 años, madre de seis hijos, que había sido ministra de Cultura del actual gobierno. Todo el mundo la recuerda como una intelectual autodidacta, columnista de prensa, periodista radial y, sobre todo, por ser cofundadora del Festival Vallenato.



Andrés Felipe Pérez



Es probable que ninguna muerte haya sido tan sentida este año en Colombia como la de Andrés Felipe Pérez. Tenía 12 años y falleció el 18 de diciembre pasado, a las 11:25 de la mañana, por insuficiencia respiratoria. Murió en Buga después de suplicarles seis meses a las Farc para que liberaran a su padre, el suboficial de la Policía José Norberto Pérez, retenido por esta organización desde marzo del año pasado. Todos sus ruegos y sus pedidos fueron en vano. Su dolor, acrecentado por la ausencia de su padre, no conmovió a los guerrilleros. Andrés sufrió cáncer desde pequeño. Por causa de esta enfermedad tuvieron que extirparle un riñón y un pulmón. Este año su condición se agravó, pero ni aún así las Farc se condolieron. Andrés rogó que soltaran a su padre para poder cumplir con él un sueño: visitar el Museo de los Niños en Bogotá. Murió sin poder hacerlo y su padre aún permanece en manos de unas Farc más indolentes e intransigentes que nunca.



Enrique Santos Castillo



Murio de un infarto, a los 84 años, en la tranquilidad de su casa. Todo un lujo en los tiempos que corren. Hace poco se había retirado de El Tiempo, el diario familiar en el que durante 63 años manejó la información con guante de hierro, bien como jefe de redacción o editor general. Este abogado de El Rosario, amigo entrañable de los obispos y los militares, fue uno de los periodistas más importantes y representativos del país, aunque durante toda su vida no escribió sino unos cuantos artículos.



Delia Zapata Olivella



Murio el 24 de mayo, a los 75 años. La mató un paludismo que contrajo en Africa, adonde había ido a continuar la búsqueda de sus raíces. Nació en Lorica, creció en Cartagena, pero reivindicaba como patria el territorio de la danza. Delia estudió artes plásticas pero con el tiempo encontró que el mejor medio de expresión era su cuerpo. Durante 47 años estuvo al frente del grupo de danzas folclóricas que lleva su nombre.



Jairo Enrique Rojas



El representante a la Cámara Jairo Enrique Rojas se jugó a fondo por el proceso de paz con las Farc. El 5 de septiembre de 2001, a los 37 años, un comando de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) lo asesinó a la entrada de su casa en Bogotá. Rojas era una de las personas más cercanas a Alvaro Leyva y se desempeñaba como vicepresidente de la comisión de paz.
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