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| 1/13/2007 12:00:00 AM

“Los Gilinski quieren tomarse el banco por asalto”

Por primera vez desde su detención, habla Jorge Londoño, el presidente de Bancolombia.

M. I. R.: Lo primero que tengo que preguntarle es sobre la parte humana. ¿Qué piensa una persona con su prestigio al recibir una orden de detención domiciliaria? ¿Rabia? ¿Humillación?
J. L.: Estuve 13 horas en detención domiciliaria. Pero tengo la fortaleza moral de haber actuado con mucha transparencia. Llevamos 10 años analizando este caso. Y hemos hecho muchas veces el examen integral de la actuación, y concluido que lo que hicimos está pegado a las mayores normas éticas y a las leyes y reglamentos de Colombia. Estos son accidentes, y cuando uno es empleado y maneja estas responsabilidades, cosas como estas pueden ocurrir. No son buenas, pero son parte del oficio.

M. I. R.: ¿No es un poco extraño que ahora el Fiscal admita que se equivocó al tomar esa drástica determinación?
J. L.: Nosotros quedamos satisfechos porque desde el primer momento dijimos que la decisión era absurda. Ya el equipo de abogados estudiará las consecuencias que eso pueda tener.

M. I. R.: ¿Ustedes eventualmente piensan demandar a ese Fiscal?
J. L.: Esa es una decisión de estrategia jurídica de este proceso. Quienes tienen las herramientas para recomendar el camino a seguir son nuestros asesores.

M. I. R.: Concretamente le escuché decir a uno de sus asesores, el doctor Calvete, que había quedado muy extrañado de que el fiscal Iguarán hubiera tomado partido a favor de los Gilinski, dando por hecho que en este proceso hubo hasta 'calanchines', según la investigación que abrió su subalterno…
J. L.: Hemos encontrado que en esas decisiones hay una serie de elementos muy inquietantes. Hay que controvertir esa decisión y vamos a tratar de enfrentarnos a ella.

M. I. R.: ¿Cómo explican que un proceso que ya iba a hacer tránsito a cosa juzgada sea súbitamente reabierto por una tutela, con base en unas pruebas que no obraron en el proceso, pero que aparentemente no prueban nada adicional?
J. L.: Sí, este proceso ya había sido debatido en muchas instancias, pero en particular en la misma Fiscalía. Y todas las oportunidades de reacción, reposición, reconsideración que hubiera podido tener se surtieron, y fue considerado cosa juzgada. Más de un año después se interpone una tutela y el proceso se reabre. Por eso hemos solicitado la nulidad de ese fallo de tutela.

M. I. R.: Pero antes de esa decisión, dos tribunales de arbitramento que fallaron en el mismo sentido los habían condenado a ustedes a favor de los Gilinski...
J. L.: En este proceso ha habido innumerables instancias jurídicas, y concretamente ha habido dos tribunales arbitrales que no nos han condenado en el mismo sentido ni por nada penal. Sí le han impuesto al banco algunas cargas o multas por aspectos civiles en donde lo que se están anotando son algunos defectos en el proceso de capitalización, pero aclarando que no hay en ello ninguna responsabilidad penal, culpa o intención de daño. Y la decisión de esos tribunales no está en firme.

M. I. R.: ¿Pero sí conceptuaron que los accionistas minoritarios recibieron en la fusión un porcentaje del nuevo banco inferior al 3 por ciento de lo que les correspondía?
J. L.: Este negocio fue extraordinario para todo el mundo. Si tomamos a un accionista minoritario que por ejemplo tuviera una acción, si no ha hecho nada más desde la fusión hasta hoy, se ha ganado una tasa equivalente al 22 por ciento al año. Esos fallos de los tribunales en ese aspecto en el que han fallado contra nosotros los estamos controvirtiendo, porque no los compartimos. En realidad ha habido tres fallos de arbitramento. Uno condenó a los Gilinski por 63.000 millones de pesos. Y dos han fallado contra nosotros, uno por 19.000 y otro por 45.000 millones. Pero en ambos casos las decisiones están impugnadas.

M. I. R.: ¿Cómo desvirtuar la acusación de que al no poder completarse la capitalización del banco, los socios minoritarios acabaron cargando con la deuda con la que los estaban comprando?
J. L.: Eso no es así. Esa afirmación es completamente equivocada. Efectivamente, para un banco la capitalización es fundamental. La principal norma que rige la estabilidad de un banco es que tenga el suficiente capital. El banco se capitalizó de manera suficiente. Tan suficiente, que la Superintendencia de Sociedades así lo manifestó en uno de los debates en el Congreso. La prueba es que el banco mantuvo la solvencia en los peores momentos de crisis. Si se hubiera capitalizado más, se habría disminuido de mayor forma la participación de los minoritarios. Lo que se hizo, repito, fue un negocio excelente para todas las partes.

M. I. R.: En el mismo sentido se dice que se había contratado un crédito con el JP Morgan para financiar la compra del Banco de Colombia, pero que el contrato lo hizo el BIC y no el Sindicato Antioqueño, por lo que con la fusión, esta deuda adquirida por el banco comprador terminó siendo pagada por los accionistas de ambos…
J. L.: Esa es una de las muestras de cómo se quiere manipular a la opinión en este caso. El Banco de Colombia lo compró el BIC; obviamente, este fue el que obtuvo los pasivos, los créditos, los préstamos para poder adquirir el banco. Se produjo la fusión y, por supuesto, tuvieron que pagar los pasivos los socios del banco fusionado, pero también se beneficiaron de los activos. El que no entienda esto no entiende nada de negocios.

M. I. R.: Pero lo que se alega es que los estados financieros del BIC, a diciembre de 1997, incluían los créditos en el exterior por 53 y por 265 millones de dólares adquiridos con el BIC Panamá y el JP Morgan, pero estos no figuraban en los balances, por lo que la acción del BIC parecía que costaba más...
J. L.: Ahí no hubo ninguna falta de claridad. El negocio fue absolutamente publicitado. Hablemos del crédito sindicado. El mayor crédito sindicado que hasta ese momento se había contratado en Colombia. Hubo que explicarle a todo el mundo cómo había sido el crédito; ¡huy!, para qué era y por qué era. Esto lo han investigado las autoridades en los procesos anteriores y han concluido que todas las partes tenían conocimiento del crédito. Cosa distinta es lo del BIC Panamá, que no era una deuda externa. Los accionistas de Bancolombia hoy son dueños de igual manera de Bancolombia-Colombia, como de Bancolombia-Panamá.

M. I. R.: ¿Eso no fue un autopréstamo?
J. L.: No. Es como si usted sacara plata del Bancolombia Ibagué o del BIC Ibagué, que se la habían ganado allá. Lo que pasa es que como el BIC Panamá está en otro país, tiene un balance independiente, pero los balances son del banco consolidado. Se trataba de un crédito entre dos bancos que tienen los mismos dueños, que son los accionistas del BIC, o sea que se restaba. En el balance consolidado eso no aparece. Si el Bancolombia de Ibagué le debe plata al Bancolombia de Pasto, eso a los accionistas no les importa. De igual manera, si el Bancolombia-Colombia le debe plata al Bancolombia-Panamá, eso tampoco les importa, porque son recursos propios del banco.

M. I. R.: Jurídicamente habría alguna posibilidad de reversar esta operación, como quiere don Isaac Gilinski?
J. L.: No tengo la mínima duda de que este es un negocio hecho sobre las bases más sólidas, y soy capaz de soportar sus procedimientos ante cualquier escenario jurídico.

M. I. R.: Entonces, en opinión del sector de ustedes, ¿la furia de los Gilinski se produce por un desplome general del mercado, y no porque en los procesos de negociación interna hubiera habido un engaño?...
J. L.: Exactamente. Ellos jugaron dos papeles. Jugaron como vendedores mayoritarios del Banco de Colombia y les fue muy bien: vendieron en 418 millones de dólares el 51 por ciento del banco, en el mejor momento, y se quedaron como socios aproximadamente de un 5 por ciento. Usted no se imagina lo que hoy valdría eso si lo hubieran conservado. Hoy tendrían más de 167 millones de dólares. Pero los negocios no son lineales. Vino una crisis y todo se desplomó, todos perdimos. A este accionista minoritario no le gustó perder.

M. I. R.: ¿Y la pregunta que se hace ahora el Fiscal, de qué hacía un banco tan pequeño como el BIC de la época cotizando sus acciones en la Bolsa de Nueva York, permite concluir que era para inflar el precio?
J. L.: ¡Qué tal eso! Decir que uno es capaz de hacerle trampa a la Bolsa de Nueva York, el mercado más líquido del mundo, es absurdo. Allá, en 15 minutos se transa lo que en la Bolsa de Colombia en un año. Tendría uno que tener la fortuna que no posee nadie para ser capaz de ponerle un precio irreal a una acción inscrita en la Bolsa de Nueva York. Lo que hace ese mercado es eso. Una bolsa es un mecanismo de formación de precios. Y el de Nueva York es muy poderoso. Me da mucha satisfacción llegar a sitios totalmente desconocidos cuando la gente me pregunta si yo soy el de Bancolombia. La participación en la Bolsa de Nueva York es una de las grandes fortalezas de esta entidad.

M. I. R.: ¿O sea que no le tienen miedo a la demanda que instauraron los Gilinski contra ustedes en Nueva York? Si la tienen perdida, ¿para qué la instauraron?
J. L.: Precisamente, porque esto es un proceso en el que un accionista minoritario, por unas pérdidas que calcula que le ocurrieron en determinado momento, decide irse contra el banco. Esto no lo compró Jorge Londoño ni Nicanor Restrepo, sino una entidad pública por acciones, que era el BIC. Los que estamos ahí como funcionarios no nos beneficiamos con la operación. El doctor Nicanor no se enriqueció con la venta del banco. Él vive de su pensión, de unos ahorritos y de unos honorarios que obtiene por ahí cuando se lo permiten los estudios que actualmente realiza. Esa es la verdad de este negocio.

M. I. R.: ¿De donde sale esa cifra de 2,5 billones que los Gilinski les están reclamando?
J. L.: No tengo ni idea. Nunca he entendido cómo calculan ellos las indemnizaciones.

M. I. R.: ¿No es como un desafío contra la regulación prudencial que sostiene nuestro sistema financiero, que en medio de un proceso usted haya regresado a la presidencia del banco?
J. L.: De ninguna manera. Este es un proceso que está en sus comienzos. Nos falta interponer un cúmulo de recursos, y finalmente no será el Fiscal sino un juez el que resuelva. Faltaba más que tuviera que inhabilitarme yo como administrador porque se está iniciando un proceso que apenas está a este nivel.

M. I. R.: ¿Tienen razón los medios en comparar este caso con el de Jaime Michelsen? ¿Existe alguna similitud?
J. L.: No hay ninguna. Nosotros actuamos con toda transparencia, con unos objetivos claros, construyendo empresa y el banco más importante de este país. ¿Cómo me va a dar a mí algún reato haber tomado un banco hace 10 años que era el 3 y medio por ciento del mercado financiero y haberlo transformado en uno que hoy representa el 22 por ciento? Yo sé que eso pisa callos, pero estoy muy orgulloso de ello.

M. I. R.: ¿Además de los Gilinski, hay algún otro accionista minoritario que se haya acercado a ustedes a quejarse de que perdieron con la operación de fusión?
J. L.: Sí, entre las acciones que se han presentado hay algunas encabezadas por otros accionistas minoritarios. Maximiliano Echeverry, un señor Durán, gente que yo no conozco. Pero por la coherencia de los argumentos, siempre hemos entendido esto como parte de un mismo proceso, y no como procesos verdaderamente independientes.

M. I. R.: Si le entendí bien, ¿usted me puede asegurar que ningún accionista minoritario perdió por cuenta de este negocio, excepción hecha de los efectos de la influencia de las fuerzas externas del mercado?
J. L.: Un accionista del Banco de Colombia que hubiera permanecido como accionista del Bancolombia ha incrementado su fortuna a una tasa del 22 por ciento al año. Nadie puede reclamar con esa cifra. Reconozco que ha habido momentos muy duros por cuenta de la economía, pero no por cuenta del negocio. Eso se lo puedo asegurar. Aquí lo que pasa es que hay unas personas que se quieren tomar el banco por asalto, porque les pareció que pudieron perder en este negocio. Eso no lo he podido entender.

M. I. R.: Pero hay que reconocerles a los Gilinski que han sido muy persistentes en su reclamo durante ocho años…
J. L.: Como ellos dicen que nunca pierden...
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